Travel Sex

Mi líder espiritual, Antony Bourdain (el chef mas malo y delicioso del mundo), dice que la comida y la bebida unen culturas, aunque sus integrantes no tengan nada en común.  Puedes ignorar el idioma de la persona que te acompaña, pero si comparten una buena comida (y un excelente vino), es muy probable que en corto tiempo compartan mucho más.  Y eso algo más, podría ser sexo.

Comer, tomar y coger van juntos con pegado desde el principio de los tiempos y sus manifestaciones culturales son tan diversas como fascinantes.  Ahora tenemos porno, aparatitos eléctricos, fetiches, etc.   ¿Qué había en épocas no-eléctricas?

Para fortuna de esos viajeros calientes que se andan fijando en los pitos de estatuas precolombinas de los museos de antropología, estas honorables instituciones han incorporado a sus salas las exhibiciones sexuales.

Egypt Love

Egypt Love

Por ejemplo, en el Louvre la exposición de pornografía y objetos eróticos del Egipto Antiguo me atrapó mucho más que la disque misteriosa sonrisa de la MonaLisa.  En dicha exposición, había tablitas de madera y piedra con dibujitos cachondos.  Era muy divertido ver a un monito egipcio, de esos famosos de lado, con el pito parado.  También había rústicos “vibradores” de madera. Ouch.

En el Museo del Prado también me tocó la colección erótica de los reyes durante los XVII y XVIII.  Esa no estaba tan cachonda, puesto que no había nada explícito. Más bien era utilizada para explicar que entonces, como no había porno y los reyes eran mochísimos, ordenaban pinturas “clásicas” haciendo que lo clásico sea sinónimo de “en pelotas”. Como sea, se me hizo divertidísimo imaginarme a los reyes chaqueteándosela ante la Maja Desnuda y exhibiendo Maja la Vestida en la sala.

Vaya, que culturosa salí.  Está bien, iré al grano: Los Museos del Sexo y las zonas rojas.

Más baratos que los museos “bien”, los museos del sexo son entretenidos y educativos.  Yo he ido al de Barcelona, Amsterdam y Nueva York (el más chafita).  La exposición va en orden cronológico, con reproducciones de algunas estatuitas antiguas y su uso, hasta las primeras fotos y películas pornográficas, así como instrumentos de placer como sillas, vibradores, amarres, etcéteras.

Por cierto, los vibradores comenzaron como tratamiento psicológico para tratar la histeria femenina.  Y en la antigua Roma había moneditas especiales para pagar a las prostis.  La verdad, lo que aprendes en estos museos es harto interesante y un gran tema de conversación con las suegras.  Además puedes tomarte fotos que nadie más tiene:

Abrazame...

Abrazame...

Las zonas rojas, donde están las sexshops y la prostitución son lugares muy interesantes.  Más que una vista al pasado (como en los museos) ves el presente de la ciudad en la que estás.  La primera zona roja por la que pasé fue la de Londres.  Había un trasvesti dando folletines y las tiendas estaban totalmente expuestas.  Me dio un poquito de miedo, porque ya saben, tienes a una madre mexicana diciéndote en el subconsciente corras a un lugar decente, no te vayan a hacer algo.  Pero poco a poco, agarras confianza y te das cuenta que no pasa nada.

Obviamente, la más sexual que he visto es la de Ámsterdam y más porque un negro marigüano me perseguía con obscuras intenciones.  En la de París, por el Moulin Rouge vi los peep shows y había mucho fetichismo por el látex.  Casi me compro unos únicos y originales calzones con raja. Pero era ca-rí-si-mo. (Por cierto, ¿Alguien los ha visto aquí en México?). Las sex shops tienen, además de películas porno, juguetes, ropa, etcéteras, algunos recuerditos sexosos para ese especial que dejaste abandonado y triste en tu país.  Por ejemplo, ositos tiernísimos disfrazados de sado, con todo y su partecita lista.

I LOVE Madrid

I LOV Madrid

Por último y no menos importante, queda el sexo en los hostales.  La administración del mejor hostal del mundo (Wombats Hostel en Munich), ya se resignó a que hay un montón de viajeros calientes en sus habitaciones, por lo que venden condones en las máquinas dispensadoras de refrescos y papas.

No sé si viajo mucho o tengo mucha (¿buena, mala? no sé) suerte, pero he escuchado dos-veces-dos las literas movedoras.  Y quien diga que los hombres no andan en pelotas en lo obscurito, es porque eligen cuartos de puras viejas.

¿Entonces, ya saben qué hacer en sus próximas vacaciones?  Dicen que Tokio es la capital Kinky del planeta…

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