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	<title>No le cuentes a mi padre &#187; punto G</title>
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		<title>el regreso de la gran &#8216;O&#8217; pt. final</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 00:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Secretos]]></category>
		<category><![CDATA[Clítoris]]></category>
		<category><![CDATA[lluvia]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[Orgasmo]]></category>
		<category><![CDATA[punto G]]></category>
		<category><![CDATA[the big O]]></category>

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		<description><![CDATA[la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... de cómo comprobé que la eyaculación femenina no es un mito.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba yo diciendo en la primera parte que durante aquella época, cuando estábamos en plena acción y yo sentía que la puchita de la Puchona (parece pleonasmo, o ¿es pleonasmo?) parecía contraerse y sentía que sus músculos me empujaban hacia afuera (a veces pensaba que era porque la estaba lastimando) yo le pedía que continuara, que se hiciera pipí, era porque yo pensaba que lo que venía era su orgasmo&#8230; ya alguna vez he mencionado que a mí me encanta la pornografía, y como todo buen pornófilo tengo entre mi pornoteca varios géneros, muy normalitos la verdad, nada demasiado bizarro o ¿ilegal? –quizá no en todos los países– en realidad nada de qué preocuparse. Yo había leído algo del tema y había visto en varias películas acerca de la eyaculación femenina, aunque también había leído cuestionamientos en los que se decía que todo era fingido y que las actrices porno en realidad se hacían pipí, etc, etc. Además nunca había conocido a una morra que le pasara, pero yo presentía que quizá podía ser algo así ¿por qué no? ¿por qué no pensar que el squirting existe? quizá la puchis era de las morras que eyaculaban.</p>
<p>Estábamos de vacaciones en Mazatlán y ese día habíamos salido a pistear un rato y regresamos ya bastante pedones, una vez encerrados en el cuarto y al amparo del ruidoso aparatejo del aire acondicionado empezamos a cachondear, y los dos estábamos muy excitados, más que de costumbre. Empezamos con sexo oral, haciendo un 69. Una vez que ella se vino me coloqué encima de ella y la penetré, notaba que estaba muy excitada, los dos lo estábamos. Al cabo de unos minutos se colocó en 4 patas y me pidió que la penetrara (le encanta esa posición). Llevábamos un rato así cuando noté que su puchita comenzaba a contraerse &#8216;empujándome&#8217; hacia fuera y nuevamente le dije al oído que no parara, que siguiera hasta el final, pero me contestaba que cómo se iba a hacer pipí en la cama&#8230; entonces aceleré el ritmo y nuevamente sentí cómo arqueaba la espalda y sus músculos se tensaban pero me pedía que parara, que ya no aguantaba&#8230; entonces tomé un tapete que había en el cuarto y lo coloqué sobre el piso frente a la cama y entonces le pedí que se arrodillara en el piso y que recostara los brazos sobre el borde de la cama y nuevamente comencé a penetrarla, esta vez con más fuerza y más rápido, sentía como mi verga topaba con la pared anterior de su puchita y eso la hacía gemir bastante, justo cuando sentí que su vagina se contraía se me ocurrió hacer lo que siempre he visto en las películas que hacen&#8230; se la saqué y comencé a restregarle la verga en el clítoris, como masturbándola dándole golpecitos sobre el botón y eso hizo que rápidamente arqueara la espalda, las piernas le temblaban y parecía que no la sostenían mientras su vagina expulsaba un chorro de líquido caliente a presión, al mismo compás de las contracciones que estaba teniendo. Yo pensé que nos iban a escuchar porque prácticamente estaba gritando. Cuando terminó de eyacular había un charco de considerables dimensiones de un líquido con consistencia acuosa, no era espeso ni muy viscoso, parecía entre transparente y blanquecino, lo olí&#8230; no olía a orina, de hecho no olía a nada en particular si acaso tenía un aroma un poco dulzón, casi imperceptible&#8230; la Puchona estaba como desmayada, no tenía fuerzas ni para recostarse en la cama, le temblaban las piernas y se perdió por unos segundos, cuando vio el charco se quiso morir de la pena –¡Y en casa de tus papás!– me decía. El tapete quedó empapado así que fui a tenderlo afuera y de paso tomé un trapeador para borrar la evidencia.</p>
<p>Cuando estábamos acostados a la Puchona le daba risa nomás de verme, de esas risas nerviosas&#8230; no sabía qué decir, ni que pensaba yo. –¿te gustó?– le pregunté. –nunca había sentido un orgasmo tan intenso– me contestó. –es muy diferente&#8230; ¿a ti te gustó?– me preguntó ella.</p>
<p>La verdad es que me gustó mucho, fue algo muy intenso sentir un chorro de líquido caliente sobre mi verga, fue una sensación muy agradable y excitante. Sonrió cuando se lo dije.</p>
<p>¿Y después? Bueno, hemos aprendido poco a poco sobre este pedo. Para empezar no es orina, de eso sí estoy seguro, no se ve, ni tiene la misma consistencia, ni es del mismo color, ni huele a orina. También que sale de la uretra, no de la vagina, así que no es flujo vaginal ni es espeso, ni huele igual tampoco. No es una secreción, es un chorro de líquido que sale a presión como lo hace la orina. No hace mucho escuché por ahí una queja de una chava que decía que no conformes con la presión que sienten por alcanzar un orgasmo ahora resulta que la exigencia para que una mujer eyacule es cada vez más frecuente&#8230; me dió risa. Según esta persona, esta &#8216;moda&#8217; de las mujeres que hacen aguas se da gracias a la pornografía, donde un malévolo grupo de actrices se orinan a manera de complot fingiendo tener un orgasmo&#8230; bola de putas desgraciadas. Y bueno, a mí me da risa porque esto no es una &#8216;exigencia&#8217; ni nada por el estilo, es simplemente la única forma en la que la Puchona puede experimentar un orgasmo durante el coito, así de fácil. Y además a mí me encanta, claro, pero según la información que hemos encontrado no a todas las mujeres les pasa esto. No se trata de que con perseverancia lo conseguirán ni nada por el estilo, algunas mujeres eyaculan, otras no y punto. Ahora no es que sea la octava maravilla, ni que sea mejor o peor, repito: es la única forma que conozco en que la Puchona puede experimentar un orgasmo mientras la estoy penetrando y además tiene sus inconvenientes porque detalles como mojar la cama muchas veces detiene a la Puchona, a veces se trata de encontrar el momento y el lugar adecuado (gracias moteles de paso), pero en general es algo que disfruto mucho porque luego la Puchis parece multiorgásmica cuando le abre a la fuente.</p>
<p>Increíblemente no se sabe mucho del tema. Aparentemente ya desde la antigüedad se hablaba de la eyaculación femenina pero fue hasta 1960 cuando Ernest Gräfenberg documentó algo al respecto, el mismo que descubrió el Punto G. Aún así nadie parece ponerse de acuerdo y existen incluso los que piensan que todo esto es falso, negando que tal cosa exista. Al parecer la eyaculación se trata de un líquido claro que es generado por las glándulas de Skene o Parauretrales y al ser estimulado el Punto G provoca la expulsión del líquido a través de la uretra. La explicación del por qué no todas las mujeres experimentan esto se debe a que el tamaño de las aperturas de las glándulas varían de mujer a otra, llegando a desaparecer en algunas.</p>
<p>Ya hemos ido agarrando experiencia con el tiempo, no es algo muy complicado, puede eyacular con penetración o con estimulación manual, ¿dónde hay que estimular? bueno, lo que hay que hacer es insertar un dedo (de preferencia el índice) dentro de la vagina en posición recta como apuntando hacia la cabeza de la mujer y después estimular hacia uno, es decir, hacia la pared anterior de la vagina, se siente como un poco rugosa, ahí mero es donde hay que estimular suavemente y conforme ella se excita hay que incrementar la presión y el ritmo, cuando notes que su vagina se contrae y que las piernas se tensan la mujer deberá sentir unas incontrolables ganas de orinar y sus músculos empujarán tu dedo hacia afuera, en ese momento hay que estimular el clítoris un poco fuerte y rápido y entonces saldrá un chorro disparado de líquido caliente. Bravo, lo has conseguido. Y recuerda, la práctica hace al maestro.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/lluviadorada.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-644" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/lluviadorada.jpg" alt="lluviadorada" width="322" height="364" /></a></p>
<p style="text-align: center">Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/santander/2130776960/" target="_blank">SATANAZ</a></p>
<p>Por eso la Puchona siempre dice que con ella sí hay evidencia física y tangible de su orgasmo, pero quién sabe, según esto las actrices porno lo fingen orinándose ¿no? la realidad es que para todo hay mañas.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<hr />
<p><small>© Perro for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Creo que era sábado&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2009 00:06:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Invitado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[necios]]></category>
		<category><![CDATA[piernas]]></category>
		<category><![CDATA[punto G]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Luis.

Cuando las piernas comenzaron a tocarse, no se imaginaron el entendimiento que llegarían a tener]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <a href="http://elhuevo.blogspot.com" target="_blank">Luis, nada más</a></p>
<p>Creo que era sábado, supongo que así fue, porque pasaban la entrega de los Oscares en la televisión.</p>
<p>Estábamos sentados en mi sofá, o por lo menos ella estaba sentada. Yo estaba acostado, con mis piernas sobre sus rodillas, lo cual, por si sólo, ya era un avance tremendo.</p>
<p>La había conocido un par de meses atrás, y en una noche de alcohol, intente meterla en mi cama (de hecho me metí en la suya, pero me mando al carajo). Luego lo dejé por la paz; por lo menos lo había intentado.</p>
<p>Hasta ese día, que veíamos los Oscares, yo acostado en el sofá, ella sentada a mi lado.</p>
<p>Creo que el pretexto fue que me entumía, así que dije algo como &#8220;Lo siento, pero es mi sofá, ahí te van mis piernas&#8221; y eso fue todo. Un poco indecisa, puso su mano sobre mis espinillas.</p>
<p>Yo usaba un pants bastante flojo (y no fue preparado) y al moverme y acomodarme se me subía por las piernas, dejando al descubierto mis peludas pantorrillas. No dejaba de hacer mis clásicos y extraños comentarios fuera de lugar criticando la transmisión, cuando ella empezó a rascarme y a jugar con mis vellos; yo no acusé recibo sobre ello y seguí cagoteadome en los Oscares.</p>
<p>En un momento dado, se hizo hacia adelante para cambiar su postura y estirarse un poco, yo aproveche el momento para pasar mi pierna hacia el respaldo, ella se recargó de nuevo y yo no la quite; mi pie quedaba a la altura de sus nalgas.</p>
<p>Y así, mientras que ella me rascaba, yo frotaba suavemente su espalda y cóccix. Luego empecé a mover más la pierna que tenia sobre su regazo.</p>
<p>Aunque parezca increíble, todo esto había sido subconscientemente, fue hasta ese momento en que caí en cuenta de lo que estaba haciendo. Pensé: &#8220;Si me batea de nuevo, va a ser el papelón de mi vida&#8221; pero la calentura es necia y decidí que no tenia nada que perder. Sintiendo como poco a poco, con solo pensarlo, la adrenalina recorría mi cuerpo, moví la pierna hasta que mi talón quedo a la altura de su vientre.</p>
<p>Este era el momento: si me quitaba el pie, ya fuera con una broma o seriamente, caput, eso sería todo. Pero no, no hizo nada para que yo lo quitara, así que lo baje aun más. Para este momento, mis comentarios sobre el programa se habían reducido drásticamente y también había dejado de hacer contacto visual con ella; sólo miraba hacia la pantalla, con el corazón latiéndome cada vez mas rápido (vamos, yo quería hacerlo con ella desde hacia tiempo y la emoción de la primera vez con alguien es ilógicamente desproporcionada, sobre todo teniendo un rechazo como antecedente)</p>
<p>Bajé mi pie sobre su muslo.</p>
<p>Mi talón ahora quedaba exactamente sobre su pubis; primero sólo lo recargue, luego aumente la presión y enseguida comencé a moverlo en pequeños círculos.</p>
<p>Ahí me di cuenta (o mas bien, deje de sentir) que sus manos ya no estaban tocando mi pierna; fue cuando gire la cabeza y la miré.</p>
<p>Ella ya no estaba mirando la televisión; tenía la cabeza echada hacia atrás y se mordía los labios mientras giraba lentamente su pubis contra mi talón. Aumente la presión y entonces abrió totalmente las piernas.</p>
<p>La iluminación del entendimiento es un momento grandioso.</p>
<p>Ahí supe que sí pasaría, así que ya sin dudas, sentí todo su sexo con mi pie; ella estiro la mano y me agarro el pene, que para ese entonces ya formaba una bonita tienda de campaña con mis pants.</p>
<p>Pero sólo fue un momento; como yo estaba boca arriba, giró y se me fue encima. Nos empezamos a besar mientras yo trataba de aferrarme a sus nalgas. Eso tampoco duro mucho; casi inmediatamente se incorporo un poco y me bajo el pants, después se lanzo inmediatamente sobre mi pene para devorarlo con un furor que me sorprendió.</p>
<p>Aquí tengo que hacer un paréntesis; nunca he conocido a una mujer que disfrute tanto al hacer sexo oral; lo hace no por obligación, ni siquiera por retribución, no, lo hace por que verdaderamente le gusta; le causa placer y una excitación increíble meterse una cosa de aquellas en la boca.</p>
<p>Pero no me malinterpreten; yo no me quejo, ¿A quien no le gusta que lo trabajen así?, pero sucede que yo también soy fan de clavarme de cabeza entre las piernas de una mujer; el sabor, el olor, la esencia de lo que es una mujer sólo se encuentra ahí, entre los pliegues de un sexo que puede tener miles de formas, pero que al final uno acaba reconociendo como propio, aunque sea por unos instantes.</p>
<p>La levante en vilo y literalmente la arrojé sobre el sofá, boca arriba. Le saqué los pants con todo y tanga de un sólo jalón (tiempo después me reclamaría en broma que yo era un salvaje antiromántico, lo cual no puedo negar), la abrí de piernas y me recibió de lleno el olor, la tibieza y la humedad de su sexo. Me hundí en ella, la probé, la bebí, me impregne de su olor, tanto que me saturé de el, y mientras que con la lengua jugaba con su clítoris, mis dedos entraban y salían de ella; empapados de ella.</p>
<p>Así estuve un buen rato; creo que se vino una o dos veces, la verdad no recuerdo muy bien. Después me incorporé, la jalé de las caderas y la penetre; estaba tan húmeda y dilatada que la hendí (y hundí) hasta el fondo. Entraba y salía de ella cambiando el ritmo, pasando sus piernas por mis caderas, por mis hombros y recargando sus pies sobre mi pecho. Mentiría si dijera que recuerdo cada detalle; si en algún momento nuestra parte animal se hace presente con mas fuerza, es al momento de tener sexo; que los necios se crean las imágenes sensuales de las películas con parejas que no sudan y que se acarician con movimientos que de tan estudiados se delatan falsos. No, el verdadero sexo es animal, salvaje, es un frenesí sudoroso; un azotarse hasta dejar la piel hecha jirones, empapados en un olor enervante.</p>
<p>Los embates cobraron su cuota; revente y me vine sobre su vientre. Tengo una peculiaridad al momento de venirme que, afortunadamente, siempre ha sido bien recibida: gruño y contraigo todos los músculos que puedo de una manera, digamos, un tanto ruidosa. A ella le encantó.</p>
<p>Aun después de todo lo que dije, no quiero que piensen que fue perfecto, no, de hecho, fue bastante extraño.</p>
<p>Siempre he sostenido que la primera vez con alguien por fuerza sale, si no mal, si extraña, porque uno apenas empieza a conocer las mañas, tiempos y cadencias del otro, ya es hasta la tercera o cuarta vez que uno se deja ir a fondo, ahora sí, dueño de la situación.</p>
<p>Terminamos y reímos; yo dije: &#8220;¿No que no?&#8221; y se cago de risa. Me dijo que en realidad, después de aquella vez que me había corrido de su cama, se le había metido a la cabeza el hacerlo conmigo, pero que no había habido oportunidad, hasta ese día.</p>
<p>Lo hicimos un par de veces más, y fue entonces cuando tuve una epifanía sexual.</p>
<p>Me fue revelada la verdad sobre la existencia del mítico Punto G.</p>
<p>De nuevo me encontraba hurgando con mi boca entre sus piernas cuando introduje mis dedos en ella, y buscando, recorriéndola, encontré una pequeña protuberancia; una pequeña zona con una textura diferente, la presione un poco y de pronto, se incorporo a medio jadeo, alarmada. &#8220;¡¿Que estas haciendo?!&#8221; preguntó con los ojos desorbitados, &#8220;¿Te gusta?&#8221; pregunté mientras presionaba más fuerte.</p>
<p>Ya no pudo responder; se vino entre manotazos, gritos y una humedad que me empapó hasta la muñeca.</p>
<p>Ya con el conocimiento de la incuestionable existencia del Punto G (¡Gracias Dios!) me dedique a comprobar sus alcances&#8230;</p>
<p style="text-align: right;">&#8230;nos detuvimos a los doce orgasmos.</p>
<p>De hecho ella ya no quería seguir; me llamaba &#8220;tramposo&#8221; porque con sólo manipularlo unos cuantos segundos, el orgasmo venia inmediatamente, ahorrándome el 80% del trabajo.</p>
<p>También fue la primera vez que tuve contacto con una verdadera eyaculación femenina, verdadera eyaculación; el que la ha visto entenderá, el que no, tiene que hacerlo.</p>
<p>Me montaba a horcajadas moviendo su pelvis de arriba hacia abajo y de adelante hacia atrás. Después se giro, dándome la espalda mientras yo miraba sus nalgas ir y venir sobre mi vientre. Empezó a temblar, un temblor incontenible; luego se agarro la frente con una mano mientras con la otra se sostenía de mis piernas. De pronto sentí algo tibio bajar por mi muslo; me incorporé un poco y pase mi mano sobre su cuerpo y hasta su vulva, en donde algo salía a chorros, como agua de un surtidor. Ella dijo asustada &#8220;¿Que es eso?&#8221; pero no podía dejar de temblar; supe que no era orina, porque sentía el chorro escurrir desde adentro, sobre mi pene. Además, no olía a tal, tenia un olor fuerte, penetrante, pero excitante. La obligué a seguir moviéndose mientras con mi mano le frotaba el clítoris; volvió a convulsionarse y sentí de nuevo la humedad escurrir por mis piernas, incluso a cada embiste salpicaba un poco. Sé que así contado puede parecer grotesco, pero en realidad es increíblemente excitante y placentero; es como compartir su calor, su humedad, sentir su interior por fuera.</p>
<p>Cuando terminamos apenas podía moverse; las sabanas estaban empapadas. Yo estaba empapado. El cuarto olía tanto a sexo que picaba en los ojos.</p>
<p>Lo hicimos de nuevo.</p>
<p>Con el tiempo, con algunas personas, uno coge (sí, en todos los sentidos) un ritmo, un timing, un entendimiento que es difícil encontrar en otra actividad. Con ella, después, tuve muchos de los mejores momentos en la cama (y en el sillón, y en el suelo, y contra la pared, y en el baño, y en la cocina, etc, etc) que he tenido en mi vida.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2009/12/piernas.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-144" title="." src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2009/12/piernas-237x300.jpg" alt="." width="237" height="300" /></a></p>
<blockquote><p><em>A los doce años Luis se unió a un circo que lo abandonó en Querétaro, donde reside actualmente (lo que explica algunas de sus aficiones sexuales). Tiene 5 años con su <a href="http://elhuevo.blogspot.com" target="_blank">blog personal</a> y regentea a los <a href="http://recolectivo.com" target="_blank">Recolectivos</a></em></p></blockquote>
<hr />
<p><small>© Invitado for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2009. |
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