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	<title>No le cuentes a mi padre &#187; mujeres</title>
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		<title>La carga está lista</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Oct 2010 00:58:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Comida]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[negras]]></category>

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		<description><![CDATA[El arte de cortar sandías.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El calor inundaba la recámara.  Jorge salió con la computadora portátil bajo el brazo y se dejó caer sobre uno de los sillones de la sala. Dos semanas antes, Jorge había firmado un contrato en el que se comprometía, durante seis meses, a cagar en el mismo baño que Carmen y Gustavo.  Ni pedo, pensó. Las rentas en la Narvarte eran un lujo que tenía que compartir.</p>
<p>Jorge necesitaba tranquilidad y eso, sólo lo conseguía en su cuarto. Ocasionalmente, esa tranquilidad era interrumpida por gemidos y pujidos de sus compañeros de departamento. No sabía que eran pareja, le dijo Jorge a Gustavo una mañana mientras preparaba el café.  No lo somos, contestó guiñándole el ojo.</p>
<p>Sentado en el sillón beige, miró esa pequeña caja gris que tenía sobre las piernas y que guardaba a la pinche tesis eterna.  Depositó esos 3 kilos de computadora sobre la mesa de centro.  Sintió como si fueran 10. Jorge se levantó y arrastró los pies para abrir la ventana que estaba a la derecha.  Atravesó toda la sala, llegó al comedor y abrió otra ventana.  El aire de medio día atravesó el departamento y levantó la cortina semitransparente.  Jorge se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos para sentir la corriente de aire.  Cuando abrió los ojos, Carmen salía de la cocina.  Usaba calzones, camiseta y sonrisa blancos.</p>
<p>-¡Hola! -dijo Carmen. -Voy a cortar la sandía aquí en el comedor.  Es muy grande y no cabe en la cocina.</p>
<p>Carmen dejó la enorme sandía sobre la mesa.  Ni el golpe de la fruta contra la madera alejó los de Jorge del cuerpo negro.  El encaje blanco de la ropa contrastaba histéricamente contra la piel morena.  Jorge bajó los ojos y vio algunos rizos negros que se escapaban del calzón.  Otros rizos, largos y negrísimos se movían con el viento.</p>
<p>Deteniendo la sandía con una mano y con la otra en la cintura, Carmen hablaba con Jorge como si fuera la última oportunidad que tenía de hacerlo.  Hablaba del clima, de la guerra contra el narco o de los gastos del bicentenario.  En realidad, Jorge no sabía de qué hablaba Carmen.  Sólo podía pensar en qué tono obscuro tendrían los pezones ocultos bajo esa tela.</p>
<p>Jorge volvió a la computadora.  Se acomodó en la sala y escondió la erección tras el monitor.  La mano empujaba el tronco a clics desesperados.  Archivo, Abrir, la sandía verde, la puta tesis eterna, el enorme cuchillo al que poco falta para ser un machete.</p>
<p>Carmen salió de la cocina empuñando una hoja filosa del mango negro.  Le dio la espalda a Jorge y se dispuso a cortar.  La mano izquierda sostenía la sandía con fuerza, el cuerpo echado ligeramente hacia adelante, las nalguitas apretadas.  Agarrando el cuchillo con el puño completo, lo levantó sobre la cabeza.  Bajó el brazo con rapidez y lo clavó en la fruta.  El pelo negro se movió hacia adelante y un <em>ugh</em> salió la boca.  Las nalgas se tragaron parte del calzón cuando ambas manos empuñaron el mango.  Jorge se mordió los labios.  Con un pequeño brinco introdujo el cuchillo más a fondo. El ritmo de los clics aumentó.   Un sonido hueco se escuchó cuando Carmen nalgueó tres veces a la sandía. Clavó el cuchillo para hacer una cortar hacia abajo.  Tomó aire y lo expulsó con otro <em>ugh</em> mientras desgarraba la fruta.  La sandía comenzó a chorrear de la herida y le ensució los dedos.  Carmen se limpió la mano en el calzón que cubría una de las nalgas.</p>
<p><a><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-1148" title="Sandía" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/10/sandía-150x150.jpg" alt="Sandía" width="150" height="150" /></a></p>
<p>En vez de voltear la sandía para continuar con la herida, Carmen rodeó la mesa. Jorge, que sólo había estado haciendo clics durante el proceso, pudo ver la sandía con una raja, pero prácticamente entera.</p>
<p>-¿Necesitas ayuda? -Le dijo a Carmen.</p>
<p>-No, ya casi está- contestó mientras clavaba el cuchillo en la entrada de la herida.  La mano izquierda volvió a sostener la corteza verde y el cuerpo, echado hacia adelante, hizo colgar los pechos.  El cuchillo continuó con la incisión recta.</p>
<p>-Parece que no se deja cortar completa- dijo Jorge al ver que la sandía aún tenía forma ovalada.</p>
<p>-Ahorita vas a ver- contestó Carmen.</p>
<p>Dejó el cuchillo sobre la mesa y colocó todos los dedos de ambas manos a cada una de las aberturas de la fruta. Con fuerza, jaló los codos hacia afuera.  La sandía, se quejó al romperse en dos y enseñó la carne roja y jugosa.</p>
<p>-¡Está en su punto! ¿No vas a querer? -dijo Carmen, sosteniendo el cuchillo.</p>
<p>-No gracias -contestó Jorge intentando desviar los ojos de los pechos salpicados de jugo. Un pelotón de hormigas comenzó a transitar por los testículos.</p>
<p>Decepcionada, Carmen levantó los hombros y volteó una de las mitades hacia la tabla.   Hizo un corte perfecto justo en medio de esa mitad.  Apartó un pedazo y volvió a cortar.  Sostuvo el pedazo de sandía con forma de media luna frente su cara y exclamó. ¡Por fin!</p>
<p>Los pies desnudos de Carmen rebotaron contra el piso, hacia la sala.  Levantó las rodillas y, estirando las piernas, bailando una canción que existía sólo en su cabeza.  La sandía dejó un rastro líquido sobre el piso, pero Jorge no se percató de ello; estaba atento a los pezones que subían y bajaban.</p>
<p>Carmen se desplomó sobre un <em>puff</em> con las piernas abiertas y flexionadas.  Comía con los ojos fijos en la pared, dejando chorrear la sandía sobre la camiseta.  Los rizos negros se asomaban y escondían detrás de las rodillas bailadoras.  El pelotón de hormigas cruzó al tronco.</p>
<p>La lengua eligió las semillas negras de entre la carne roja.  Carmen se levantó y comenzó a dispararle a Jorge.  Tenía la boca mojada y contraída.  ¡Hey! ¡Para! gritó él cubriéndose el rostro con las manos abiertas. Las municiones se terminaron y Carmen le ofreció sandía con el brazo extendido. ¡Toma! Prepara tu carga.</p>
<p>Al inclinarse, los pechos colgaron, meciéndose en su hamaca. Jorge descubrió de qué tono obscuro eran los pezones.  La carga estaba lista.</p>
<hr />
<p><small>© Rox for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>La noche perfecta</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 00:44:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
		<category><![CDATA[amante]]></category>
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		<description><![CDATA[A veces los planetas parecen alinearse y, por lo menos una vez en la vida, todo sale a pedir de boca.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay ocasiones en que los planetas se alinean y todo parece salir perfecto.</p>
<p>3er año de preparatoria. A esa edad uno juega a ser adulto y las responsabilidades son mínimas.</p>
<p>El claxon familiar sonó como tantas otras veces. Bajé las escaleras y salí por la puerta de la cocina. Afuera estaban el Jawi y el Pirru en el carro del último.</p>
<p>Mis papás se fueron a Culiacán y mi casa está sola –dijo el Pirru.</p>
<p>Tenemos una botella de whisky –agregó el Jawi.</p>
<p>Eso bastó para convencerme. Era viernes por la tarde. Metí ropa a una mochila y le avisé a mis papás que iba a quedarme a dormir en casa del Pirru. Salí sin problemas.</p>
<p>En realidad nada fuera del otro mundo. El Jawi es mi mejor amigo y el Pirru es un chilango que había llegado a Mazatlán hacía tan sólo unos meses y que se hizo amigo de ambos rápidamente. Los tres vivíamos en la misma colonia, a escasas 3 cuadras uno del otro. Llegamos a su casa, pusimos algo de música y nos servimos unos pistos. Salimos a la terraza para fumar un porro y unos cigarros. Estuvimos platicando de pendejada y media, como casi siempre. Hablé con la que era mi novia en ese entonces, le comenté que estaba en casa del Pirru con él y el Jawi y que nos íbamos a quedar ahí a pistear hasta el día siguiente, ella me dijo que iba a ir a un evento con su mamá de no sé qué chingados, algo de beneficencia por lo que esa noche no nos veríamos. Me preguntó si pensábamos salir y yo con toda naturalidad le dije que no, pues estábamos muy tranquilos ahí sin sus papás.</p>
<p>Ya entrada la noche llegó la hermana del Pirru con una amiga. Las dos son menores que nosotros por un año; llevaban todavía el uniforme de la escuela.</p>
<p>La hermana del Pirru siempre se me hizo muy atractiva. No era la más guapa pero tenía una cara de cachonda, de cara larga, labios gruesos y un lunar cerca de la boca. Era alta con un cuerpo delgado y bien delineado. Con busto pequeño pero firme y unas largas y delgadas piernas. De pelo castaño y piel dorada, siempre parecía bronceada. Su amiga, Claudia, era de cuerpo similar pero más blanca, casi rubia, ‘güera de rancho’ dirían en mi pueblo. No era muy bonita pero tampoco era fea.</p>
<p>Las dos salieron a la terraza y su hermana dijo que Claudia se iba a quedar a dormir ahí también. Nos robaron algunos tragos y luego se subieron al cuarto de la hermana.</p>
<p>Pasadas unas 2 horas nos entró el monchis y decidimos salir a comer a McDonald’s. El que está enfrente del Bora Bora. Entramos al local y estaba vacío; nos dirigimos directamente al mostrador y cada quien ordenó su comida. Mientras el Pirru estaba ordenando llegaron unas gringas y se pusieron detrás de nosotros. Las estaba escuchando platicar detrás de mí sin que yo volteara a verlas. En eso una de ellas menciona la marca de los pantalones de mezclilla del Pirru que siempre ponen en la parte posterior –no recuerdo la marca –y luego hace una exclamación de ‘mmmmhmm’ como  cuando uno prueba algo y sabe muy bueno. Las 3 rieron. Me giré para verlas, ellas me vieron y me sonrieron. Mientras caminábamos hacia una mesa les comenté lo sucedido y los 3 bromeamos con que no estaban nada mal y que era una para cada uno.</p>
<p>Las tres se sentaron en la mesa de al lado. No recuerdo bien ni cómo pero terminamos platicando con ellas. Estaban ahí por el spring break, venían en un grupo de su escuela, y tenían planeado ir al Bora Bora o al Valentinos, nos preguntaron cuál estaba mejor y respondimos que el Bora. Una de ellas preguntó que qué íbamos a hacer nosotros y los tres nos volteamos a ver con signo de interrogación, luego dijo que si queríamos podíamos buscarlas ahí y entonces se fueron.</p>
<p>Salimos del McDonald’s con cara de incrédulos sin estar muy seguros de qué había pasado. El Jawi propuso ir al Bora, pero yo no estaba muy convencido. Mi novia era bastante celosa y estaba seguro que me iba a encontrar a algún conocido y entonces se me iba a armar en grande. Los dos se burlaron de mi condición de mandilón resignado y en el camino de regreso siguieron insistiendo con la posibilidad de terminar regresando del antro con ellas a la casa del Pirru, que era prácticamente para nosotros.</p>
<p>Al salir del carro recuerdo haberle dicho al Jawi que para qué nos hacíamos pendejos, que tanto él como yo sabíamos que lo más seguro es que no íbamos a lograr cogérnoslas. Entramos a la casa y la música seguía sonando en toda la casa. Al salir a la terraza vimos que la hermana del Pirru y su amiga estaban bañándose en la alberca. La visión de ambas en bikini hizo que tuviera una erección involuntaria y casi por reflejo me senté para tratar de disimularla. Podía ver los pezones de la hermana del Pirru a través de su top que se transparentaba un poco, estaban erectos supongo que por el viento y el agua fresca, y eran pequeños y de color marrón oscuro.</p>
<p>Preguntó por qué no entrábamos a la alberca. El Jawi comentó que no traíamos traje de baño y ella contestó que podíamos bañarnos en calzones. Los tres volteamos a vernos y sin mediar más palabra comenzamos a desvestirnos. Ambas nos veían con mirada traviesa, como de mosquitas muertas. Los tres usábamos bóxers por lo que no nos cortamos ni nada de eso e inmediatamente entramos al agua. Las dos comenzaron a reírse con las típicas bromas de que se nos veía el paquete debajo del agua por la abertura que tienen los bóxers.</p>
<p>Ya las conocíamos cómo eran las cabronas. Aún cuando la hermana del Pirru se me hacía bastante cachonda yo le sacaba la vuelta porque era una morra medio conflictiva. Era una de esas fémmes fatales a las que suelen dedicarles canciones como la ‘Veneno en la Piel’ y en más de alguna ocasión le causó problemas a alguien por andarse metiendo con ella, cosa que no era muy difícil. Yo, no es que fuera muy conservador, pero tampoco quería meterme en pedos con el Pirru, que era mi amigo, y él algo celoso con su hermana.</p>
<p>Conforme los pistos avanzaron aumentaron los intentos del Jawi para convencerme de salir al Bora y terminó convenciéndome. Salimos de la alberca y fuimos a cambiarnos para irnos al bar.</p>
<p>Una hora más tarde estábamos entrando al Bora Bora. Había bastante gente. Mucho gringo por aquello del spring break. Nos dirigimos a una de las barras y ordenamos unas cervezas. Luego de brindar comentamos sobre las gringas del McDonald’s, ni rastro de ellas. Nos quedamos sentados en los bancos de la barra y estuvimos platicando muy a gusto. Estábamos en la segunda chela cuando veo en la entrada una morra que me dejó boquiabierto. Rubia de cabello rizado, no muy alta, de cuerpo con curvas y piel dorada, piernas y caderas anchas. Traía un vestido oscuro pegado al torso, sin tirantes y con falda corta, tableada con vuelo. No era delgada pero tampoco gorda, tenía un cuerpo y un tipo parecido a Claire, la cheerleader protagonista de Heroes. Gringa, obviamente.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/04/hayden-panettiere.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-931" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/04/hayden-panettiere.jpg" alt="hayden panettiere" width="450" height="333" /></a></p>
<address>Foto: <a title="Link to  colvanz718's photostream" rel="dc:creator cc:attributionURL" href="http://www.flickr.com/photos/44847311@N05/4308484296/"><strong>colvanz718</strong></a></address>
<p>Venía acompañada de una amiga que ni recuerdo bien físicamente. Ambas caminaron por el costado opuesto de la barra circular y siguieron caminando por detrás nuestro hasta pasar por un lado de nosotros mientras yo la seguía con la mirada. Al pasar por un lado mío volteó a verme y me sostuvo la mirada. Sus ojos eran verdes y me sonrió con su dentadura blanca impecable. Yo me sentí hechizado. Flechazo, lo juro.</p>
<p>Siguieron su camino hasta el espacio que divide las dos barras circulares del bar y ahí se quedaron platicando. Estaban como a unos 10 o 15 metros frente a nosotros. Yo seguía embobado con esa visión.</p>
<p>El Jawi y el Pirru seguían entrados en una discusión a la que no puse atención, ambos ignorantes de lo que yo estaba viendo.</p>
<p>Y en ese momento sucedió lo impensable.</p>
<p>Nunca he sido un hombre que ligue mucho en los bares. Y menos a esa edad. Tenía amigos de todo tipo, incluso los que casi siempre ligaban en los antros, a veces lograban coger, a veces no sacaban más que algún teléfono y la promesa de salir nuevamente. Yo no era uno de esos tipos. Tampoco voy a decir que nunca ligué pero definitivamente no era lo normal en una salida al antro.</p>
<p>Pero aquella noche fue diferente.</p>
<p>Yo seguía embobado viendo a la rubia de ojos verdes y melena rizada mientras ella platicaba con su amiga y de repente volteó a verme y nuevamente me sostuvo la mirada. Yo la verdad no lo podía creer, juro que incluso me giré para ver si no estaba viendo a alguien más detrás de mí, pero nada. Me estaba viendo a mí.</p>
<p>Ambas seguían platicando cuando observo que ella le comenta algo a su amiga y las dos voltean a verme, luego se ven y se ríen.</p>
<p>Una sensación extraña me invadió. Era una mezcla entre euforia y nervios. No sabía bien cómo reaccionar, pero tenía que hacer algo.</p>
<p>De repente, como si alguien hubiera encendido un switch, decidí que tenía que ir a decirle algo. Apuré mi cerveza de un trago para darme valor.</p>
<p>Señores –dije mirándolos muy seriamente –yo ahorita vengo, ahí me dicen quién ganó la discusión. –solté ante una mirada de extrañeza de parte de ambos.</p>
<p>Comencé a caminar hacia la gringa y su amiga. Mil cosas se agolpaban en mi cerebro, no tenía idea de qué decirle. Ése era mi problema, nunca sabía bien qué decir para sacarle plática a una chica, las veces en que lo había logrado todo sucedía muy naturalmente, como por ejemplo que a una de ellas se le cayera un bolso al piso o algo por el estilo. Nunca me gustó usar las típicas líneas que todo mundo ya conoce, y ahí radicaba la dificultad de la situación.</p>
<p>¿Qué decir? Era mi pensamiento conforme esos metros se extinguían como cable de pólvora rumbo a la dinamita. Estaba a punto de morir explotado. De auto inmolarme. Y nada llegó a mi mente.</p>
<p>Estaba frente a ella y ella me observaba fijamente con una sonrisa. Pasaron 2 segundos que parecieron una eternidad. Y nada salía de mi boca.</p>
<p>Entonces lo único que se me ocurrió fue acercarme a ella hasta el punto de darle un beso, y así lo hice. Fue un beso ‘de piquito’ como se dice. Uno de esos besos lentos pero que te agarran por sorpresa. Pude sentir un poco de humedad sobre sus labios. Al separarme de ella su cara era un poema. Sus ojos estaban muy abiertos y su mirada era de sorpresa y nerviosismo. Ambos reímos. No podía creer lo que había hecho. Su amiga estaba entre risueña y yo diría que hasta un poco espantada.</p>
<p>Le pregunté su nombre.</p>
<p>Regan –fue su respuesta.</p>
<p>Luego comenzamos a platicar lo típico. De dónde era, qué hacía en Mazatlán, cuantos años tenía, etc. Me presentó a su amiga, y cuando estaba a punto de quedarme sin preguntas se acercó el Jawi para hacer de copiloto y platicar con la amiga. Los cuatro subimos a una pequeña pista de madera que tenían hacia la playa y comenzamos a bailar.</p>
<p>En realidad más que bailar a mí me sirvió para acercarme a ella y rozar mi cuerpo con el suyo, como la música era tan alta me acercaba y le hablaba al oído. Su cuerpo y su pelo olían a bronceador de coco. No pasó mucho tiempo cuando comenzamos a besarnos.</p>
<p>Me di cuenta que era una gringa bastante ‘normal’ diría yo. No era una pinche loca que venía a embriagarse hasta la inconsciencia y encuerarse a la menor provocación como algunas veces me había tocado observar en spring break. Tenía 16 años. Estaba en la prepa y vivía con su familia en Michigan, una familia común y corriente como muchas otras. Ella estaba de vacaciones en Mazatlán con algunas amigas porque un año antes había estado de intercambio con una familia mexicana y se había hecho muy amiga de una de las hijas de su familia postiza y este año había regresado a visitarlas. Su hermana postiza y otras amigas había decidido ir al Canta Bar que está dentro del Valentinos y ella y su amiga había bajado a ver qué tal estaba el Bora.</p>
<p>Pasadas algunas canciones y algunas cervezas le propuse ir a sentarnos y ella aceptó. La tomé de la mano y nos fuimos rumbo a unos escalones que había al lado del Bora donde tenían antes una alberca y una cancha de arena para jugar voleibol.</p>
<p>Me senté en un escalón y ella se sentó por delante de mí, entre mis piernas, en un escalón más abajo. Recostó su cabeza en uno de mis brazos y yo comencé a besarla mientras acariciaba sus senos. Tenía unos pechos de tamaño mediano pero muy firmes al tacto. Ella no decía nada, sólo respiraba agitadamente. Se notaba muy cachonda. Yo, acostumbrado a que las mexicanas siempre te lo pongan más difícil, traía una erección considerable que poco podía disimular. Comenzó a pasar su brazo por mi entrepierna, como si estuviera apoyada en mi pierna pero lo movía de un lado a otro acariciándome. Yo estaba en la gloria, aunque sabía que no podíamos pasar mucho más allá de eso ahí en el bar. En esa zona incluso había vigilantes que estaban al pendiente de qué pasaba y no dejaban coger descaradamente.</p>
<p>Pensé en avanzar. Me bajé al mismo escalón donde estaba ella para poder alcanzar sus piernas por debajo de sus brazos y posé una mano sobre su pierna. Comencé a acariciarla avanzando y retrocediendo lentamente. Cada vez un poco más hacia el interior de su pierna. La metí por debajo de su falda y me encontré con la tela de sus panties, había un poco de humedad en ellos. Mientras la besaba quise apartar con la mano ese pequeño pedazo de tela que me separaba de su puchita pero su mano me detuvo. Yo estaba a mil y mi erección era muy evidente.</p>
<p>Quise insistir pero nuevamente me detuvo. Comencé a sentirme frustrado pero para mi sorpresa sentí que su mano se deslizaba hacia atrás y comenzó a acariciar el tronco de mi verga por encima de mi pantalón. Eso me devolvió la sonrisa y quedé satisfecho con la negociación.</p>
<p>Ya hacía rato que nos habíamos terminado la cerveza y ella quería ir al baño así que ella fue mientras yo ordenaba otras chelas. Al salir me dijo que si podíamos ir a bailar nuevamente y así lo hicimos sólo que lo hicimos muy pegaditos uno del otro y comenzamos ahí a fajar un poco. Yo estaba en el cielo hasta que alguien me sacó de mi mundo de fantasía cuando sentí una mano que me tocaba la espalda.</p>
<p>Era Karla, una compañera de la escuela.</p>
<p>Ya te vi, eh –fue lo primero que me dijo mientras me señalaba con el dedo y se reía.</p>
<p>Yo no sabía dónde meterme y me puse colorado como tomate. Ella conocía a mi novia, aunque distaban mucho de ser amigas porque Karla era más bien amiga de una ex-novia que tuve.</p>
<p>No hay pedo, yo no digo nada –dijo ante mi evidente cara de vergüenza –pero tú tampoco, eh –añade señalando al tipo con el que estaba bailando. Era un gringo.</p>
<p>Comprendí la situación: quería evitar que hablaran de ella porque andaba con un gringo; en la prepa se entendía que las locales que andaban con gringos eran morras facilonas, porque los gringos no son de manita sudada y se asumía que se las están cogiendo o no andarían con ellas.</p>
<p>Ya con confianza yo seguí en lo mío. Bailar y fajar. Pero nada pasaba más allá de pegarme a ella y hacerle sentir mi erección y de besarla como loco. Recuerdo que su lengua tenía un sabor muy dulce y yo me perdía en sus ojos.</p>
<p>Al rato el Jawi me hizo señas y me acerqué a ellos para ver qué pasaba.</p>
<p>Se me hace que acabo de ver a tu cuñada por ahí en la entrada –me dijo entre risas. Yo no sabía si era una broma o se reía de nervios.</p>
<p>¿Me vio? –le pregunté nerviosamente.</p>
<p>No tengo idea, la vi rápido y luego desapareció entre la gente –me contestó.</p>
<p>Me dirigí hacia la entrada tratando de buscarla pero había demasiada gente y no podía ver bien. Llegué hasta la entrada y no se veía por ningún lado. Me preocupé un poco pero pensé que quizá no me había visto porque nosotros estábamos al fondo, pegados a la playa, y la pista estaba llena.</p>
<p>Regresé y Regan me preguntó que qué pasaba, yo le dije que creí haber visto a alguien pero que ya no la había encontrado. Seguimos bailando un poco más. Al rato vimos pasar a las gringas del McDonald’s pero iban acompañadas de otros gringos. Yo pensé en que había salido mejor no haberlas encontrado cuando llegamos.</p>
<p>Pasó a lo mejor una hora más cuando se acerca a su amiga y algo le comenta. Ella me ve y me dice que se tenía que ir. Le pregunté la razón y ella me explicó que sus amigas ya se querían ir y que iban a ir al Frog’s. Busqué la hora en mi reloj y vi que eran pasadas las 2 y media de la mañana así que le comenté que no tenía caso ir al Frog’s porque lo cerraban a las 3 y después de eso lo único que quedaba abierto era el Bora. Obviamente yo no quería que así se acabara la noche. Le pedí que se quedara otro rato pero me dijo que no podía y sólo se acercó para darme un beso y despedirse. Su amiga la tomó de la mano y la vi alejarse entre la gente. Yo no podía creerlo.</p>
<p>Me sentí un poco extraño. Necesitaba tiempo para procesar lo que había pasado en toda la noche. Sentía una gran euforia y al mismo tiempo algo de frustración por no haber podido hacer nada más. Me acerqué a mis amigos y les propuse ir al Frog’s pero los dos me comentaron lo mismo que ya sabía, que no tenía caso ir al Frog’s si ya lo iban a cerrar. Me sentí impotente. Tenían razón.</p>
<p>Terminamos las cervezas y decidimos dar por terminada la noche.</p>
<p>Ya en la salida insistí en que habría podido seguirla al Frog’s y terminar cogiéndomela pero mis amigos me calmaron asegurándome que había tenido mucha suerte y que me conformara con lo que había pasado. A lo mejor tenían razón, seguro que no terminaríamos en la cama. Y dicho lo dicho enfilamos rumbo al carro.</p>
<p>Ya de regreso a casa del Pirru de repente se me ocurrió que tenía que ir al Frog’s así que le dije al Pirru que me prestara su carro, que los dejaba en su casa y luego me iba yo solo al Frog’s. Trataron de convencerme de que no lo hiciera pero ya lo había decidido y no perdía nada con intentarlo.</p>
<p>Su casa estaba muy cerca del Bora así que en cuanto los dejé aceleré rumbo al Frog’s en un carro que no era mío a buscar a una gringa de la que solamente conocía su nombre de pila. Al llegar al Frog’s vi que todavía había mucha gente adentro y alguno que otro afuera. Le pedí chance al de la entrada pero me dijo que ya habían cerrado y ya no estaban dejando entrar a nadie, que ya iban a desalojar.</p>
<p>Puta madre –pensé yo mientras veía como mi buena suerte comenzaba a terminarse.</p>
<p>Mis pensamientos estaban en eso cuando veo que la amiga de Regan estaba sentada ahí en la entrada, debajo del toldo en una de las jardineras. Luego de llamar su atención volteó a verme y luego se fue hacia la entrada haciendo señas de que aguantara. Minutos más tarde vi la cabeza de Regan con esa melena rubia rizada y esos ojos verdes asomándose por la puerta. Me vio y salió caminando hacia mí.</p>
<p>Luego de explicarle que ya no me dejaban entrar y que ya iban a cerrar se quedó pensando y me dijo que la esperara ahí afuera, que iba a decirle a sus amigas que se iba a ir conmigo porque ya iban a cerrar y yo la llevaría a casa de su hermana postiza.</p>
<p>Salimos rumbo al carro tomados de la mano. Subimos y lo primero que hicimos fue comenzar a besarnos y a acariciarnos. Luego me explicó dónde vivía su familia postiza y enfilamos para allá.</p>
<p>Me sentía muy nervioso porque no sabía qué hacer, si llevarla a su casa o intentar otra cosa aunque tampoco traía dinero como para llevarla a un motel, pensé que a lo mejor podíamos ir a casa del Pirru y pedirle el cuarto de sus papás prestados para coger.</p>
<p>Me sudaban las manos. A mis 17 años habían pasado tan sólo unos meses desde que había perdido mi virginidad con mi novia. Nunca lo había hecho con nadie más.</p>
<p>Ya en el camino ella comenzó a sobarme la verga por encima del pantalón. Yo estaba cachondo a más no poder. Entre la palanca de cambios y poner atención al camino comencé a tocar su puchita por entre sus calzones.</p>
<p>Le comenté de la casa de mi amigo pero inmediatamente me dijo que no, que le daba pena. Yo no sabía qué más hacer. Ella no decía nada.</p>
<p>Luego se me ocurrió que podía parar en un lugar que conocía que quedaba de camino a su casa, era una calle cerrada muy corta con lotes baldíos que daba a la barda del fraccionamiento del Cid, pero del lado del Dorado. Algunas veces había llevado ahí a mi novia y habíamos tenido relaciones en el asiento trasero del carro. No le comenté nada a Regan pero ya tenía un plan.</p>
<p>Claro que una vez la policía nos cachó cogiendo a mi novia y a mí en ese lugar y les tuve que dar mordida pero eso no ocurriría sino hasta dentro de unos meses así que me pareció buena idea.</p>
<p>A esa edad en la que comenzaba a tener relaciones siempre traía un condón en la cartera. Sé que no es muy seguro que digamos guardarlo ahí pero en esa época era algo muy común así que por eso no habría problema.</p>
<p>Al dar la vuelta en la cerrada ella me preguntó que qué hacía pero yo no le contesté nada. Al llegar al final de la calle, pegado a la barda estacioné al carro y apagué el motor y las luces. Todo estaba tranquilo, sin rastro de nadie, sólo se escuchaba la música en el estéreo. Le dije que me encantaba, que estaba hermosa y sin más comencé a besarla. Lentamente mi mano fue bajando hasta desaparecer en sus calzoncitos y esta vez no me dijo nada. Y así mientras nos besábamos y yo le acariciaba el clítoris ella llegó al orgasmo, sentí como sus caderas comenzaron a convulsionarse y sus gemidos se incrementaron. Abrió los ojos y me sonrió, luego de eso tomo mi cinturón y comenzó a desabrocharlo con desesperación, abrió mis bóxers y mi pene saltó como resorte y entonces comenzó a hacerme la mejor mamada que me habían hecho hasta ese momento, mucho mejor que mi novia. Con mi mano levanté un poco su vestido por detrás y estuve tocándola hasta que le propuse pasarnos al asiento de atrás. Nos brincamos e inmediatamente le bajé el vestido para tener acceso a sus senos. Todo fue muy rápido, como si los dos estuviéramos desesperados por hacerlo y asustados de que alguien pasara y nos viera. Luego me bajé los pantalones y los bóxers y ella se quitó sus calzones. Saqué el condón de la cartera que tantas veces me hizo el paro. Yo permanecí sentado y ella se montó en mis piernas para hacerlo frente a frente y comenzamos a acelerar el ritmo como si el mundo se fuera a acabar. Me imagino que si alguien hubiera pasado por ahí no habría forma de que no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo dentro del carro. No aguanté mucho tiempo hasta que me vine dentro de ella con el condón puesto. Ni me enteré si ella había llegado otra vez al orgasmo. Rápidamente comenzamos a arreglarnos las ropas y a tranquilizar la respiración. Se sentía la humedad dentro del carro. Nos pasamos a los asientos de adelante y encendí el motor. Nos reíamos de nervios. La casa a donde la llevaba estaba a unas pocas cuadras.</p>
<p>Hasta eso no hubo dramas ni grandes despedidas. Ella estaba nerviosa porque no quería que la cacharan los señores de la casa y yo estaba todavía apendejado de todo lo que había pasado en la noche. Nos despedimos con un beso y un bye-bye y listo.</p>
<p>En ése entonces todavía ni se usaban los correos electrónicos, las largas distancias al extranjero salían carísimas y a mí me daba hueva escribir cartas así que no había mucho que agregar a algo que pasó en una noche con una persona que vivía a miles de kilómetros de donde yo vivía.</p>
<p>Regresé a casa del Pirru y les conté lo sucedido pero como que nunca me creyeron si era cierto o no. Dormí como angelito esa noche.</p>
<p>Al día siguiente nos despertamos ya cerca del mediodía. Sentía algo de cruda moral. Además no se me había olvidado que a lo mejor mi cuñada me había visto. Visto lo sucedido no podía creer que toda la buena suerte que había tenido fuera a estar manchada con ese pequeño detalle. A lo mejor y ni había sido ella, yo nunca la vi.</p>
<p>Decidí marcarle a mi novia. Me contestó como si nada. Buena señal. Le pregunté cómo le había ido y ella me platicó el rollo pero ni le puse atención pensando en la posibilidad de que mi cuñada me hubiera visto. Luego ella me preguntó cómo nos había ido a nosotros.</p>
<p>Bien, tranquilo –le contesté yo.</p>
<p>¿Seguro? –insistió ella. Comencé a sentirme interrogado por la PGR. Era terrorismo.</p>
<p>Sí ¿por qué? –dije haciéndome pendejo.</p>
<p>¿Y no saliste? –comentó con tono sarcástico.</p>
<p>No –contesté –nada más fuimos a cenar y luego nos regresamos para acá.</p>
<p>Mentiroso –alcancé a escuchar antes de que colgara.</p>
<p>Ya valió madres –pensé. Me habían cachado.</p>
<p>Me fui caminando a la casa. Mientras caminaba iba pensando en todo lo que me dijo por teléfono. En realidad nunca mencionó a ninguna morra ni nada por el estilo. Lo único que me había preguntado fue si había salido. Evidentemente sabía que habíamos salido, pero hasta ahí, o eso creía yo. No estaba seguro.</p>
<p>Ya por la tarde le marqué y no estaba en su casa. Decidí marcar a casa de su mejor amiga y obviamente ahí estaba. Fui a buscarla y sin discutir ni nada me dijo que si la acompañaba a caminar. Le expliqué que habíamos ido al McDonald’s a cenar y que al salir habíamos visto a unos amigos de la escuela y que nos convencieron de entrar al Bora. Ella me reclamó el por qué no le había dicho y sólo me comentó que le dijeron que me habían visto entrando al Bora –cual pueblo de señoras mitoteras –pero nada más. Encajó con mi historia y ahí terminó la cosa, no sin antes pedirle perdón por haberle mentido.</p>
<p>De la gringa nunca más volví a saber nada.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<hr />
<p><small>© Perro for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Daniela</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 02:29:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[amante]]></category>
		<category><![CDATA[besos]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[vecina]]></category>

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		<description><![CDATA[De las relaciones raras que no parecen relaciones.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y yo estaba en mi quinto sueño cuando escuché el timbre del depa. Se me hizo raro y por eso medio me desperté, pasaban de las 3 de la mañana. Escuché al Herbert hablar con alguien en la puerta y luego a él tocar en mi cuarto. –Te hablan –me dijo a través de la puerta.</p>
<p>Luego de ponerme unos shorts y una playera y agarrar unas chanclas, salí del cuarto. Para ser sincero me habría esperado muchas cosas antes que ver la silueta de la que parecía ser la vecina nueva del 3.</p>
<p>–Hola –me suelta riendo nerviosamente como quien no acaba de creer lo que está pasando. La examino de pies a cabeza. Tacones y falda corta, top brillante en azul y bolsa al hombro. Cara de borracha pero consciente. Le devuelvo el saludo y pongo cara de sorpresa mezclada con confusión.</p>
<p>– ¿Estabas dormido? –me pregunta sin esperar una respuesta.</p>
<p>– ¿Vienes de alguna fiesta? –inquirí todavía sin reponerme de la confusa situación.</p>
<p>–Vengo del Boca, fui con algunos amigos –me dice volteando los ojos en ademán de decepción.</p>
<p>– ¿Y qué tal te fue? –pregunto para alargar la plática.</p>
<p>–La verdad más o menos – ¿ah sí? –Pues sí, pero bueno ya no me importa –contesta. Me sonríe.</p>
<p>Los nervios me ganan y me río. Nunca sé bien cómo actuar en estas situaciones, y no es que me haya sucedido muchas veces –quizás por ello mi incertidumbre –pero es que uno se imagina que fácilmente podría protagonizar una película porno y a la mera hora de la hora las dudas asaltan de volada.</p>
<p>–¿Cómo me dijiste que te llamabas? –finalmente le pregunto.</p>
<p>–Daniela –contesta ella.</p>
<p>Recuerdo bien el día que la vi llegar a ese edificio de estudiantes. Manuel Acuña. Departamentos “amueblados” para estudiantes. En el lugar el común denominador eran los estudiantes de medicina de la autónoma de Guadalajara. Estaba yo sentado en las escaleras bocetando a lápiz en un cuaderno que había comprado y que llevaba conmigo a todos lados. Trataba de retratar la fachada del kínder en la acera de enfrente cuando vi llegar una Cheyenne color verde con placas de Tamaulipas. Me llamó la atención porque de semejante camionetón se bajó una chava de ropa deportiva, lentes oscuros y paliacate en la cabeza. Iba y venía cargando cajas. Era una chava alta, de tez morena clara y cabello largo. Minutos después se acercó para pedirme que le ayudara a bajar el televisor y yo, fascinado con sus enormes tetas, acepté gustosamente.</p>
<p>Cargué el televisor hasta su recámara y me fijé que ya había estado decorándolo. El estudio olía a aromatizante de flores y vainilla. Cajas y ropa sobre la cama. Revistas de moda tiradas en el piso. Me dio las gracias mientras yo trataba de adivinar la forma de sus tetas y los pezones que se marcaban en su playera. Me despedí amablemente y me alejé pensando en su cara. No era una muñeca pero sí diría que tenía una belleza rara un poco exótica, era guapa.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/depas.JPG"><img class="aligncenter size-medium wp-image-790" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/depas-300x211.jpg" alt="depas" width="300" height="211" /></a></p>
<p>Los días fueron y vinieron y de vez en cuando nos saludábamos cuando nos cruzábamos en la entrada. Un domingo cualquiera se me apareció en el marco de la puerta, que casi siempre estaba abierta, para pedirme una ollita en donde hacer una sopa. Días más tarde me preguntó si no tenía unos envases de caguama que le prestara. Hola y adiós eran el protocolo.</p>
<p>–Vamos a mi depa y te invito un pisto –me dice Daniela.</p>
<p>–Vamos –contesté yo todavía incrédulo de que esto me estuviera sucediendo a mí.</p>
<p>Más que depa era un estudio, o mejor dicho, era una recámara con una cocineta con una barra pequeña y un baño al lado. Nos sentamos en los bancos junto a la barra. De la alacena sacó una botella de Bacardí blanco y un gatorade sabor pera. Brindamos.</p>
<p>Platicamos un poco de todo, como dos personas que no saben nada del otro y que se preguntan de todo. Me platicó que salía con un tipo, pero que no tenían una relación formal. Al parecer ella se molestó porque se lo encontró en el antro y se portó con ella con indiferencia. Ella al ver que él no la iba a pelar esa noche decidió irse del lugar y regresar a su depa. Supongo que estaría cachonda y con el desinhibe del alcohol decidió tocar a la puerta de su vecino para consolarse. Casi estoy seguro que en ese momento fue cuando realmente me cayó el veinte de que no iba a dormir sólo esa noche.</p>
<p>Apuré el trago que tenía en la mano. Le pedí permiso para servirme otro. Abrí la nevera para sacar la cartera de hielos. Estiré mi brazo para soltar el vaso sobre la barra y nuestras caras se encontraron a pocos centímetros, entonces decidí aventar el volado. Todo o nada.</p>
<p>Daniela posó su mirada en mis labios conforme éstos se acercaban a los suyos, noté que me deseaba. Era la respiración. Yo también la deseaba. Nuestras lenguas se juntaron y nos abrazamos desesperada y torpemente, tal cual se abraza una pareja que se desea pero no se conoce.</p>
<p>Bajé mis brazos palpando su cadera y acariciando sus nalgas en círculos. Mordí su labio inferior mientras ella soltó un gemido. Tracé un camino con la lengua hacia su cuello y su escote. No podía creer que esto me estuviera sucediendo a mí. Subí las manos por debajo de su blusa para alcanzar los ganchos del escote y los solté. Ella con maestría pasó los tirantes por sus brazos y sacó el escote por debajo de la blusa y lo tiró al piso.</p>
<p>Mientras la besaba tomé sus tetas y las acaricié con los dedos. Eran enormes y se sentían duras al tacto. Sus pezones estaban erectos. Era la primera vez que tocaba y besaba unas tetas operadas.</p>
<p>La tomé de la cintura y la alcé en brazos para sentarla sobre la barra. Acaricié sus muslos en mi camino hacia su tanga que segundos más tarde caía sobre uno de los bancos. Acaricié su vulva, estaba empapada. Chupaba uno de sus pezones cuando bajé mi cabeza hasta encontrarme con su puchita y encima una línea de vellos bien recortaditos. La probé, tenía un sabor dulzón que me recordaba a las moras. Me perdí entre sus piernas durante unos minutos en los que me dediqué a saborear y explorar pliegues. Me pidió que la penetrara y ahí mismo con ella sobre la barra y con sus piernas sobre mis brazos comencé a martillarla. Bajé mis brazos por el cansancio de estar de puntillas y con las manos libres me dediqué a masajear y besar sus lolas.</p>
<p>Esa noche no dormí realmente. En un momento nos pasamos a la cama. Había colgado unos trozos de tul con clavos en el techo y entre clavo y clavo la tela colgaba un poco para terminar en las esquinas como los se ven en las camas con cielo de tela. Toda la noche fue una revoltura entre dormir abrazados, coger, ir al baño y platicar con los ojos cerrados hasta el amanecer. Por la mañana me despertó porque tenía que ir a clases pero me dijo que me quedara dormido mientras regresaba. Me dormí profundamente hasta que escuché la puerta abriéndose pasadas las 10 de la mañana. Me vestí y salimos a comer unos tacos a unas cuadras. Al regresar hicimos el amor en la regadera.</p>
<p>Con el paso de las semanas nos fuimos conociendo. Supe que Daniela era originaria de Tampico, que se había ido a estudiar a Monterrey y que allí había conocido a un par de amigos, hombre y mujer, con los que vivía en un departamento. Los 3 decidieron cambiar de aires y solicitaron un cambio al campus de Guadalajara por un semestre. Rentaron un departamento aquí y al principio todo iba bien pero finalmente ninguno se logró adaptar al ambiente jalisquillo. Al final de semestre sus amigos decidieron regresar a Monterrey pero Daniela quería cursar una materia más aquí en Guadalajara por lo que se quedó y como no congeniaba con nadie realmente terminó rentando ese estudio para ella sola durante un semestre más.</p>
<p>Comenzamos a tener una de esas relaciones en las que uno no sabe cómo catalogar. A veces ella me buscaba, a veces yo iba y tocaba a su puerta. Otras tantas nos encontrábamos en la entrada o el patio central y ella me decía que pasara más tarde. No nos veíamos diario, sólo cuando queríamos hacerlo. Bebíamos, fumábamos, nos poníamos pachecos, veíamos películas, platicábamos y cogíamos como locos durante esas noches. Teníamos un código. Las noches en que venía el tipo con el que ella salía no nos veíamos. Aunque pocas veces lo vi en el departamento. Recuerdo una incluso en que ella fue a buscarme, yo lo había visto abajo pero me dijo que ese día no tenía ganas de verlo y que le había pedido que se fuera. Yo la verdad nunca le pedí explicaciones de nada, como yo tampoco le daba ninguna explicación de nada.</p>
<p>No había nada qué explicar. Yo no esperaba nada de ella ni ella de mí tampoco.</p>
<p>Fue una de esas genuinas y raras relaciones en las que ninguno de los dos nos enamoramos. Ni queríamos estarlo.</p>
<p>A decir verdad, la relación que Daniela y yo tuvimos fue una de las pocas relaciones que he tenido en las que las dos personas están de acuerdo y conformes con su papel de amantes y nada más. Fuera de su departamento nos comportamos como amigos en todo momento. Ni siquiera las veces que salimos a tomar a algún bar cambiamos los papeles. Pero de la puerta hacia dentro éramos dos amantes que pasaban  casi todo el tiempo desnudos.</p>
<p>El semestre pasó volando. Era diciembre y yo iba a pasar navidad con la familia en Mazatlán. Al regresar pensaba mudarme con otro amigo y dejar ese depa. Unos días antes de irme llegué al edificio y la vi cargando maletas en su camioneta. Regresaba a Monterrey. Nos despedimos rápidamente. Nos prometimos que seguiríamos en contacto, intercambiamos correos y ahí, por primera vez valiéndonos madre, nos besamos en público.</p>
<p>Todavía un año después me contactó en el messenger y me dijo que iba a venir unos días de vacaciones, quedó en llamarme para vernos. Nunca llamó. Yo perdí sus datos y nunca más supe de ella.</p>
<p>Pero nunca olvidaré esos sándwiches de queso en la madrugada, enredados en las sábanas. Sin saber qué esperar el día siguiente.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<hr />
<p><small>© Perro for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>el regreso de la gran &#8216;O&#8217; pt. final</title>
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		<comments>http://www.amipadre.nolecuentes.com/el-regreso-de-la-gran-o-pt-final/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 00:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Secretos]]></category>
		<category><![CDATA[Clítoris]]></category>
		<category><![CDATA[lluvia]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[Orgasmo]]></category>
		<category><![CDATA[punto G]]></category>
		<category><![CDATA[the big O]]></category>

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		<description><![CDATA[la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... de cómo comprobé que la eyaculación femenina no es un mito.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba yo diciendo en la primera parte que durante aquella época, cuando estábamos en plena acción y yo sentía que la puchita de la Puchona (parece pleonasmo, o ¿es pleonasmo?) parecía contraerse y sentía que sus músculos me empujaban hacia afuera (a veces pensaba que era porque la estaba lastimando) yo le pedía que continuara, que se hiciera pipí, era porque yo pensaba que lo que venía era su orgasmo&#8230; ya alguna vez he mencionado que a mí me encanta la pornografía, y como todo buen pornófilo tengo entre mi pornoteca varios géneros, muy normalitos la verdad, nada demasiado bizarro o ¿ilegal? –quizá no en todos los países– en realidad nada de qué preocuparse. Yo había leído algo del tema y había visto en varias películas acerca de la eyaculación femenina, aunque también había leído cuestionamientos en los que se decía que todo era fingido y que las actrices porno en realidad se hacían pipí, etc, etc. Además nunca había conocido a una morra que le pasara, pero yo presentía que quizá podía ser algo así ¿por qué no? ¿por qué no pensar que el squirting existe? quizá la puchis era de las morras que eyaculaban.</p>
<p>Estábamos de vacaciones en Mazatlán y ese día habíamos salido a pistear un rato y regresamos ya bastante pedones, una vez encerrados en el cuarto y al amparo del ruidoso aparatejo del aire acondicionado empezamos a cachondear, y los dos estábamos muy excitados, más que de costumbre. Empezamos con sexo oral, haciendo un 69. Una vez que ella se vino me coloqué encima de ella y la penetré, notaba que estaba muy excitada, los dos lo estábamos. Al cabo de unos minutos se colocó en 4 patas y me pidió que la penetrara (le encanta esa posición). Llevábamos un rato así cuando noté que su puchita comenzaba a contraerse &#8216;empujándome&#8217; hacia fuera y nuevamente le dije al oído que no parara, que siguiera hasta el final, pero me contestaba que cómo se iba a hacer pipí en la cama&#8230; entonces aceleré el ritmo y nuevamente sentí cómo arqueaba la espalda y sus músculos se tensaban pero me pedía que parara, que ya no aguantaba&#8230; entonces tomé un tapete que había en el cuarto y lo coloqué sobre el piso frente a la cama y entonces le pedí que se arrodillara en el piso y que recostara los brazos sobre el borde de la cama y nuevamente comencé a penetrarla, esta vez con más fuerza y más rápido, sentía como mi verga topaba con la pared anterior de su puchita y eso la hacía gemir bastante, justo cuando sentí que su vagina se contraía se me ocurrió hacer lo que siempre he visto en las películas que hacen&#8230; se la saqué y comencé a restregarle la verga en el clítoris, como masturbándola dándole golpecitos sobre el botón y eso hizo que rápidamente arqueara la espalda, las piernas le temblaban y parecía que no la sostenían mientras su vagina expulsaba un chorro de líquido caliente a presión, al mismo compás de las contracciones que estaba teniendo. Yo pensé que nos iban a escuchar porque prácticamente estaba gritando. Cuando terminó de eyacular había un charco de considerables dimensiones de un líquido con consistencia acuosa, no era espeso ni muy viscoso, parecía entre transparente y blanquecino, lo olí&#8230; no olía a orina, de hecho no olía a nada en particular si acaso tenía un aroma un poco dulzón, casi imperceptible&#8230; la Puchona estaba como desmayada, no tenía fuerzas ni para recostarse en la cama, le temblaban las piernas y se perdió por unos segundos, cuando vio el charco se quiso morir de la pena –¡Y en casa de tus papás!– me decía. El tapete quedó empapado así que fui a tenderlo afuera y de paso tomé un trapeador para borrar la evidencia.</p>
<p>Cuando estábamos acostados a la Puchona le daba risa nomás de verme, de esas risas nerviosas&#8230; no sabía qué decir, ni que pensaba yo. –¿te gustó?– le pregunté. –nunca había sentido un orgasmo tan intenso– me contestó. –es muy diferente&#8230; ¿a ti te gustó?– me preguntó ella.</p>
<p>La verdad es que me gustó mucho, fue algo muy intenso sentir un chorro de líquido caliente sobre mi verga, fue una sensación muy agradable y excitante. Sonrió cuando se lo dije.</p>
<p>¿Y después? Bueno, hemos aprendido poco a poco sobre este pedo. Para empezar no es orina, de eso sí estoy seguro, no se ve, ni tiene la misma consistencia, ni es del mismo color, ni huele a orina. También que sale de la uretra, no de la vagina, así que no es flujo vaginal ni es espeso, ni huele igual tampoco. No es una secreción, es un chorro de líquido que sale a presión como lo hace la orina. No hace mucho escuché por ahí una queja de una chava que decía que no conformes con la presión que sienten por alcanzar un orgasmo ahora resulta que la exigencia para que una mujer eyacule es cada vez más frecuente&#8230; me dió risa. Según esta persona, esta &#8216;moda&#8217; de las mujeres que hacen aguas se da gracias a la pornografía, donde un malévolo grupo de actrices se orinan a manera de complot fingiendo tener un orgasmo&#8230; bola de putas desgraciadas. Y bueno, a mí me da risa porque esto no es una &#8216;exigencia&#8217; ni nada por el estilo, es simplemente la única forma en la que la Puchona puede experimentar un orgasmo durante el coito, así de fácil. Y además a mí me encanta, claro, pero según la información que hemos encontrado no a todas las mujeres les pasa esto. No se trata de que con perseverancia lo conseguirán ni nada por el estilo, algunas mujeres eyaculan, otras no y punto. Ahora no es que sea la octava maravilla, ni que sea mejor o peor, repito: es la única forma que conozco en que la Puchona puede experimentar un orgasmo mientras la estoy penetrando y además tiene sus inconvenientes porque detalles como mojar la cama muchas veces detiene a la Puchona, a veces se trata de encontrar el momento y el lugar adecuado (gracias moteles de paso), pero en general es algo que disfruto mucho porque luego la Puchis parece multiorgásmica cuando le abre a la fuente.</p>
<p>Increíblemente no se sabe mucho del tema. Aparentemente ya desde la antigüedad se hablaba de la eyaculación femenina pero fue hasta 1960 cuando Ernest Gräfenberg documentó algo al respecto, el mismo que descubrió el Punto G. Aún así nadie parece ponerse de acuerdo y existen incluso los que piensan que todo esto es falso, negando que tal cosa exista. Al parecer la eyaculación se trata de un líquido claro que es generado por las glándulas de Skene o Parauretrales y al ser estimulado el Punto G provoca la expulsión del líquido a través de la uretra. La explicación del por qué no todas las mujeres experimentan esto se debe a que el tamaño de las aperturas de las glándulas varían de mujer a otra, llegando a desaparecer en algunas.</p>
<p>Ya hemos ido agarrando experiencia con el tiempo, no es algo muy complicado, puede eyacular con penetración o con estimulación manual, ¿dónde hay que estimular? bueno, lo que hay que hacer es insertar un dedo (de preferencia el índice) dentro de la vagina en posición recta como apuntando hacia la cabeza de la mujer y después estimular hacia uno, es decir, hacia la pared anterior de la vagina, se siente como un poco rugosa, ahí mero es donde hay que estimular suavemente y conforme ella se excita hay que incrementar la presión y el ritmo, cuando notes que su vagina se contrae y que las piernas se tensan la mujer deberá sentir unas incontrolables ganas de orinar y sus músculos empujarán tu dedo hacia afuera, en ese momento hay que estimular el clítoris un poco fuerte y rápido y entonces saldrá un chorro disparado de líquido caliente. Bravo, lo has conseguido. Y recuerda, la práctica hace al maestro.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/lluviadorada.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-644" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/lluviadorada.jpg" alt="lluviadorada" width="322" height="364" /></a></p>
<p style="text-align: center">Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/santander/2130776960/" target="_blank">SATANAZ</a></p>
<p>Por eso la Puchona siempre dice que con ella sí hay evidencia física y tangible de su orgasmo, pero quién sabe, según esto las actrices porno lo fingen orinándose ¿no? la realidad es que para todo hay mañas.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<hr />
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		<title>Te quiero, puta</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 00:02:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amante Bandida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[amante]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[puta]]></category>

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		<description><![CDATA[Para los hombres sólo hay dos tipos de mujeres: las que sirven para esposa y las amantes. ¿A cuál le apuestas?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para los hombres sólo hay dos tipos de mujeres: las que sirven para esposa y las amantes.</p>
<p>Las que son esposas&#8230;bueno, ellas tienen el cielo del buen nombre comprado y la legitimidad de la alcoba ganada. Son aquellas buenas mozas, cuya fuerza de voluntad infinita, les permite cerrar las piernas y apretar la boca con tal de portar dignamente un bonito anillo de cuatro kilates, casarse de blanco y tomarse fotos en carrozas tapizadas de moños color hueso.</p>
<p>Las amantes, son personas más divertidas; esparcimiento que la gente de buenas costumbres ya no se permite tener. A ellas, igual que a toooodas las mujeres, claro que les importa el <em>Qué dirán</em>, pero son féminas capaces de sobrellevar el momento aciago que provocan los desaires femeninos de aquellas que no se atreven, y los desamores masculinos de aquellos que se aprovechan. Su secreto: renunciar al miedo escalofriante del ¿Me va a llamar? un día después de enamorarse durante un cuarto de hora.</p>
<p>La cajita de monerías culturales que le pesa al género masculino, no les permite expresar sus emociones plenamente porque…<em>En este pueblo los machos no lloran, cabrón</em>. Cuando alguien no es capaz de expresar lo que siente, mucho menos puede saber, a ciencia cierta, de qué forma ubicar a la gente por lo que le hace sentir. Triste aunque cierto, a veces los hombres no tienen la culpa de ser patanes.</p>
<p>Para las mujeres la realidad es diferente. Las ladies son especialistas en lo que a las relaciones consta. Una mujer, dependiendo de lo que su frontera cultural y visión social le permiten es capaz de formular en menos de cinco minutos una tabla taxonómica de los tipos de arpías que rodean a su macho alfa.</p>
<p>Las hay aquellas que le apuestan fuerte al cuerpo: se conocen bien, saben moverse y conocen el secreto milenario de cómo caminar en tacones sobre empedrado: hacen del buen vestir una forma de vida. Otras más, le apuestan todas sus fichas a las letras, la razón y la Retórica. Hay muchas, muchas más, que delegan su éxito al chantaje para dominar al hombre, y otras cuantas, se disfrazan de un halo inocentón; que, si me preguntan a mi, no importa cuán hipócrita sea, siempre hace vibrar la ropa interior de los caballeros.</p>
<p>Lo curioso del caso es que, una mujer, como sea y<em> se acueste lo que se acueste</em>, puede ser esposa y amante, aunque no siempre para el mismo hombre. Todo depende del cristal con que se mire y lo que este dispuesta a sacrificar en la vida.<br />
Yo me quito de pedos con categorías baratas y mejor ubico a la gente no por su vestir, ni por su hacer, sino por su palabra. Yo soy retro que piensa que el lenguaje es el único horizonte que tiene el hombre para entenderle al mundo. La vida existe siempre y cuando pueda ser nombrada. Incluso, las letras dicen más de nosotros mismos que nosotros de las cosas.</p>
<p>Por eso, yo siempre dudaré de un caballero que le llame puta a la dama que alguna vez amó, y pasar sin ver cuando una mujer de cariño dice: Te amo, zoquete.</p>
<p>También, me declaro incapaz de confiar en los chinos desde que respondió: -¡<em>Nah, mucha carne! </em>- aquel pinche día en que le preguntaron  a uno si yo le gustaba, (gracias por leer eso, me ahorraron millones de pesos en psicólogos que utilizaré mejor para dispararle chelas  a mis cuates) pero bueh!!  esa&#8230;  ya es otra historia.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/te-quiero-puta.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-511" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/te-quiero-puta-199x300.jpg" alt="Te quiero puta" width="199" height="300" /></a></p>
<p>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/devilpato_x/2455543064/">DevilPato1</a></p>
<hr />
<p><small>© Amante Bandida for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Siempre serás&#8230; tú.</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 13:16:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Spider</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[pinches viejas]]></category>

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		<description><![CDATA[El primer amor siempre es delicioso, y siempre duele.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/cheerleader11.jpg"><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-392" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/cheerleader11-150x150.jpg" alt="cheerleader1" width="150" height="150" /></a></p>
<p><em>&#8220;Recortei a luz da lua<br />
E colei num papelão<br />
Escrevi assim &#8217;sou suo&#8217;<br />
E te fiz um coração&#8221;<br />
</em><br />
El primer amor siempre es delicioso, y siempre duele.</p>
<p>A mí me cagaba esa canción.</p>
<p>En los noventas tempranos, yo tenía muy poca carne en los huesos, y cuando la conocí, tenía bastantes pecas y todavía no me habían quitado los frenos.</p>
<p>Sabía que no le gustaba. No como yo hubiera querido. Primero pensé que le caía mal, pero después me di cuenta de más bien no me prestaba atención: una parte de ella vivía en su propio mundo, para el cual se necesitaba boleto, un boleto que no se podía vender ni comprar: había que ganárselo.</p>
<p>Era bonita. Tal vez mucho más bonita que otras que causaban más sensación. Pero después de conocerla te dabas cuenta de que sus senos, bastante grandes para una adolescente de doce años más desarrollada que sus compañeras, eran un engaño: Elizabeth era todavía inocente. No le gustaban los niños. La adolescencia la sorprendió en un momento en el que ella quería seguir siendo como era, y creyendo en la gente. Hasta en personas como yo, que la soñaban en un mundo en el que ella se resistía vehementemente a ser transportada.</p>
<p><em><br />
</em></p>
<p><em>&#8220;Encontrei você na rua<br />
você nem deu atenção<br />
eu não sei qual é a sua!<br />
coração de papelão&#8230;&#8221;</em></p>
<p>Me di cuenta de que los lentes que necesitaba para leer, que yo odiaba, resultaban atractivos para algunas niñas, y que los cambios que a mí me preocupaban y me avergonzaban, a los ojos de ellas me iban haciendo más hombre. En la escuela comencé a escuchar rumores de que tal o cuál niña empezaba a fijarse en mí. A verme de distinta manera. Pero yo solo pensaba en ella. En ella, que no tenía lugar para mí en su mente.</p>
<p>A esa edad nadie sabemos mucho en realidad de religión, pero la rebeldía viene sola hacia cualquier cosa que te impongan, y yo empecé a negarme a ir a misa. Por supuesto, eso terminó cuando la vi salir de la iglesia, sonriendo y platicando con su abuela, amiga de la mía, envueltas ambas en una felicidad que yo quería compartir. Y mi mamá, poco después de algún tiempo, comenzó a preguntarse por qué yo ya no rezongaba cuando me mandaba con mi abuela los fines de semana, que antes le correspondían a mi papá, antes de que se fuera de la ciudad.</p>
<p>La veía desde lejos, y ella ni siquiera me notaba.</p>
<p>A pesar mío empecé a arreglarme cuando sabía que iba a verla. Mi hermano se burlaba un poco de mí y mi hermana, complacida de que ya no me ponía pesado para que quitara sus canciones azucaradas, primero no se dio cuenta de nada, para después, en un momento, adivinarlo todo. Era fácil reírse, no sabían lo que les esperaba cuando tuvieran mi edad, y tuvieran que tener cuidado con su voz (porque es evidente que a las mujeres también les cambiaba, aunque sin cruzar de tal manera el valle de la vergüenza), y miedo del acné, e inseguridad, y fobia del ortodoncista.</p>
<p>&#8220;Me siento mejor que mis amigos&#8221;, pensaba. &#8220;Elizabeth, por qué no volteas a verme? Por qué no me das importancia, por qué me haces sentir así?&#8221;</p>
<p><em>&#8220;Então chorei<br />
E até pensei<br />
Amor assim p&#8217;ra quê?&#8221;</em></p>
<p>Entonces llegó alguien más.</p>
<p>Megan era gringa, y eso elevaba su status. Nuestro inglés de colegio dizque bilingüe de niños popis parecía de programa de la barra &#8220;cómica&#8221; de Televisa cuando hablaba con nosotros e intentábamos responderle. La verdad es que yo también quería parecer <em>cool</em> a su lado. Según nosotros sabíamos muchas cosas, pero ella, a sus dieciséis años, les daba cátedra a los quesque grandes del fútbol sobre la vida. Ni se diga a mí, que aunque me veía (por lo menos en mi mente) más grande, apenas tenía trece. Evidentemente, o las chavas de Estados Unidos estaban mucho más adelantadas, o también allá, Megan era de las avanzaditas de su clase.</p>
<p>Yo no despegaba el oído aunque estuviera en otra conversación. Quería saberlo todo. Pero por lo menos algunas cosas había aprendido de mi papá. Si no eras cabrón, había que tratar de serlo, o por lo menos, parecerlo. Pero al mismo tiempo, combinarlo con un toquecillo de romanticismo. Eso hasta a Megan la tenía que desarmar. Y lo hizo. Mi fachada de niñete bravucón, con un piquetillo de sensibilidad aquí y allá, combinado con la ilusión de que &#8220;me ablando porque eres tú&#8221;, resultaban bastante buenas para abrir casi todas las puertas. Hasta las difíciles. Hasta las de Megan.</p>
<p>Las difíciles, quise decir. No las imposibles. Mientras Megan se acercaba a mí, Elizabeth seguía sin quererme. Mientras mis logros empezaban a ser notados, y Megan parecía interesada, sucedían otras cosas, en mi mente, de mayor importancia: había empezado a hablar con Elizabeth, que había pasado, según todos, al status de bonita, pero no dispuesta, y llegado al punto en que casi nadie hacía esfuerzos por conquistarla, porque estaba en otra cosa. Solamente algunos idealistas, usualmente clasificados como feos o nerds no se habían dado cuenta y seguían intentándolo. A ella (ella) le gustaba que yo supiera hablar portugués. Después me enteré que ella creía que era poco atractiva cuando comenzaron a interesarle los hombres, y ya nadie la buscaba. All right, eso, y además que tenía cara de mamona.</p>
<p>Y cuando estás en lo tuyo, literalmente, interesado en lo que a ti de verdad te interesa, es que las personas caen con más facilidad. Todos se preguntaban quién sería el afortunado. Y fui yo. Y ni siquiera tuve que hacer tanto esfuerzo: Megan me besó como nunca a mi corta edad me habían besado, en el campo de fútbol, frente a todos, e inmediatamente, a los ojos de las decenas de adolescentes que miraban, subí, no uno, sino diez escalones.</p>
<p>Los adolescentes podemos ser muy pendejos.</p>
<p><em><br />
</em></p>
<p><em>&#8220;Meu bem, não sei<br />
fingir que nem te olhei<br />
sempre quis<br />
namorar<br />
com você<br />
(meu amor, sempre quis namorar com você&#8230;)&#8221;</em></p>
<p>Empecé a andar con Megan para ver si a Elizabeth le daban celos, y después seguí porque me gustó, porque sí. Elizabeth ni siquiera  le dio importancia al asunto, como si en su vida aquello no fuera relevante, y decidí que sería una gran idiotez seguir peleando una batalla perdida cuando en mi mano estaba la llave que muchos habían deseado.</p>
<p>Todavía me faltaban un par de meses para cumplir los catorce, aunque a Megan le decía que para los quince, cuando tuve, con ella, mi primera vez. Ella ya lo había hecho, con güeyes de su edad, y hasta del <em>college</em>, pero nunca con alguien más chico que ella, lo que me hizo sentir importante, aunque nunca se lo dije. Me enseñó muchas cosas que aún me siguen sirviendo, porque Megan no nada más era puta: era la reina de las putas, la más popular. Una vez le llamó por teléfono su ex de dieciocho años desde Texas, y yo, alegrándome por primera vez de los cambios en mis cuerdas vocales, le menté la madre. Y a su lado, aunque me esforcé por que no lo advirtiera, aprendí muchas cosas. Aprendí que a las chavas de senos grandes les gusta que se los alabes, aunque ellas los den por sentado, porque aunque a veces se acomplejen en la adolescencia temprana, la mayoría acaban sintiendo que tienen algo más que las demás, una ventaja sobre las otras. Aprendí, con la no tan fina cintura de Megan (y con su vagina, que yo, primerizo, no noté que no era precisamente la más cerrada, hasta que a ella se le escapó decírmelo), que a todas, absolutamente todas las mujeres, quizá como a nosotros, les gusta que aprecies sus fortalezas &#8211; y creer que ellas te prenden tanto (a ti y al grueso de los hombres) , que hasta valga la pena pasar por alto sus debilidades. Tanto, que hasta parezca que en realidad son cosas que a tí (una vez más, y al grueso de los hombres), no te importan demasiado. Aprendí que todos queremos sentirnos especiales frente a alguien deseable, y el valor de estas dos cosas: hacer sentir al otro como alguien especial, pero al mismo tiempo, mostrarte a ti mismo como a alguien respetable. Si es posible, deseable. Estar en la mira de alguien codiciado tiene importancia doble en la escala del deseo. Primero, te hace sentir especial por lo que eres. Segundo, te proyecta como alguien deseable y especial ante los demás. Revalida tu estatus de persona especial. Una vez más, por lo que eres. Y sentirnos especiales, y además, que los demás lo sepan, es algo que a todos, o por lo menos, a la mayoría, nos desarma.</p>
<p><em>&#8220;Se essa rua fosse minha<br />
Eu mandava ladrilhar<br />
Com o brilho dos seus olhos<br />
Só pro meu amor passar&#8221;</em></p>
<p>Como sabía que tenía que suceder, Megan se fue. Pero las cosas habían cambiado. Dana, la chava más bonita y con más pegue de todas (también un poco mayor que yo) estaba, para entonces, enamorada de mi, o más bien, de lo que yo aparentaba ser, aunque después se enamoró de las dos cosas. Y yo la complací. Dana me entregó a mi su preciada virginidad, y yo llegué, en cierto modo, a quererla, aunque una parte de mí seguía preguntándose si hubiéramos llegado a estar juntos si nos hubiéramos visto como éramos, sin las luces de la reputación que nos precedía y la popularidad y los rumores que nos rodeaban, y también me preguntaba si en realidad la totalidad de mi había llegado a quererla. Me convertí en objeto de deseo, y se me subieron los humos, aunque dentro de mi sabía que no era necesario que la vida tratara, a golpes, de bajármelos.</p>
<p><em>&#8220;Se essa rua fosse minha<br />
Eu mandava ladrilhar<br />
Com o brilho dos seus olhos&#8230;<br />
Só pro meu amor passar&#8230;<br />
Só pro meu amor passar&#8230;&#8221;</em></p>
<p>Este relato ha terminado, y quiero decir algo aunque buena parte de este relato no es ficción. Elizabeth de verdad existe, y es hoy una mujer adulta. Sé que sus senos llegaron a alcanzar la talla 36DD. Y sé que la mitad de su mente y su corazón siguen en este planeta, y la otra mitad, en su propio mundo.</p>
<p>Música: &#8220;Coraçao de Papelão&#8221;, Turma do Balao Magico.</p>
<p>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/ph-stop/2240132958/">ph-stop</a></p>
<hr />
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		<title>Me gustas por mamona</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Dec 2009 13:55:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Spider</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[besos]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[necios]]></category>
		<category><![CDATA[pinches viejas]]></category>
		<category><![CDATA[venganza]]></category>

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		<description><![CDATA[El que por su gusto es buey... que lama hasta el fin de los tiempos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><img class="aligncenter" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2009/12/kiss-300x228.jpg" alt="kiss" width="300" height="228" /></p>
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center">
<p style="text-align: right"><em>&#8220;Cause a real man knows a real woman when he sees her<br />
and a real woman knows a real man ain&#8217;t &#8216;fraid to please her<br />
And a real woman knows a real man always comes first<br />
And a real man just can&#8217;t deny a woman&#8217;s worth&#8230;&#8221;</em></p>
<p style="text-align: right">- Alicia Keys, &#8220;A Woman&#8217;s Worth&#8221;<em><br />
</em></p>
<p style="text-align: right"><em><br />
</em></p>
<p style="text-align: right"><em>&#8220;<span><span>&#8230;Y en la esquina de un bar<br />
yo te vi, que te estaban besando<br />
junto a la pared&#8230;</span></span><span><span>&#8220;</span></span></em></p>
<p style="text-align: right"><span><span>- Diego Torres, &#8220;No Lo Soñé&#8221;</span></span><em><span><span><br />
</span></span></em></p>
<p>&#8220;Me gustas por mamona&#8221;. Me caga la madre esa frase, que tú has escuchado hasta el cansancio. Creo que hay que ser muy pendejo, o muy masoquista, para pensar así. Ese modo de pensar te ha traído gran cantidad de  comidas, bebidas y regalos costosos: flores de las caras, perfumes, como los que tanto te gustan pero de los que no sabes nada, bolsas, a las que o les haces el feo o las llenas inmmediatamente de pendejadas. Todos cortesía de un montón de babosos a los que les gustas, según ellos, por bonita, y por mamona.</p>
<p>La verdad es que ni estás tan bonita. Eres bonitilla, con esa cara que recuerda un poco a Gasparín el fantasma amistoso. Pero una nariz de botón, ojos grandes y labios de puchero son suficientes para desarmar un montón de pendejos. Juegas con todos ellos al mismo tiempo, te crees muy lista porque gastan dinero en ti y a muchos ni les das nada, y para cuando se dan cuenta (claro, suponiendo que llegan a darse cuenta), ya los despelucaste. Cómo te gusta venderte barata.</p>
<p>Yo no sé cómo es que no se dan cuenta de lo que quieren las mujeres. A todas las viejas les encantan los regalos y que las traten como reinas. Pero los que usan esas pendejadas por toda estrategia por lo general fracasan. Pocos logran que la fulana en cuestión se enamore nada más con eso. La que cae es porque ya le gustaba el güey en cuestión o porque también es un poco pendeja. Dirán que hay mujeres que aprecian los esfuerzos, mujeres que valen la pena. Pero a esas no te las compras con dinero. Esas caen hasta con un poema, que es gratis, mientras sea sincero y escrito desde el fondo del corazón.</p>
<p>No, las viejas no quieren un tipo que sienta que tenga que estar haciendo esfuerzos para ganársela. Las viejas quieren al macho alfa, al líder de la manada. Dicen que no, pero les encanta que las traigan botando. El güey que no les habla cuando les dijo, es en el que piensan y del que hablan con sus amigas. Hasta parece que les gusta batallar.</p>
<p>Uno de esos pendejos, tal vez el más pendejo, se lució especialmente contigo. Te llenó la sala de tu casa de flores y el carro de globos en tu cumpleaños. Te regaló ropa, discos, accesorios, todo para recibir en recompensa tus sonrisas llenas de <em>gloss</em> transparente, de ese que crees que te vuelve sensual pero hace tus besos asquerosos y pegajosos. Y el pendejo pensaba darte aún más, todo quería dártelo hasta el día en que te vio besándote abajo de un arbol, afuera de un bar, con una rosa roja en la mano, con un idiota patético del que hasta tus amigas se burlaban, y al que hace mucho que dejaste de ver. ¿Te acuerdas?</p>
<p>A tí ya se te olvidó, no piensas en ellos mientras me miras y me sonríes coquetamente desde el otro lado de la mesa, donde comimos la comida que tú misma preparaste, y que estaba más bien mala, porque tú, no creas que me engañas, no cocinas nunca. Dices que te gustan mis ojos y mi boca, pero sé que podías haberme pasado de largo. Caíste conmigo porque te pongo en tu lugar, porque te llamo cuando me da la gana. Porque ni me gustas, pero te lo preguntas, porque me ves en control de la situación. Te trato bien, pero hay algo de lo que no estás segura, y eso es nuevo para tí. No me molesto en esconder que me gustan las mujeres de gran inteligencia, un atributo que tú no sabes lo que se siente tener. Dejo de ponerte atención por ver el futbol, aunque hay partidos que ni me interesan tanto pero son mejores que tu plática: absorben más mi atención, y a las mujeres cualquier cosa que atrape la atención de un hombre las enoja y las hace sentir inseguras. Quiero una vieja que sepa la diferencia entre Mikka Hakkinen, Mika Penniman y Mika Waltari, y tú lo único que sabes es que el segundo es puto. Eres tan bruta que ni te has fijado que mi nombre, Carlos Rodríguez, es demasiado común, tan común, que tengo el mismo apellido de Antonio Rodríguez, el pendejo más grande de todos a los que les has visto la cara. Pero resulta que Antonio Rodríguez es mi hermano menor, y por eso estoy aquí. Para darte a probar una de las tuyas, pinche puta barata.</p>
<p>Llevabas ya un par de meses saliendo contigo cuando lo organicé todo, y sé que estabas empezando a enamorarte. Por eso te iba a doler. Tú ibas a salir del bar con tus amigas, y yo estaba esperando con mi amiga Marcela, ella con la correspondiente rosa en la mano, listo para que me vieras besándola cuando salieras. Pero no estaba listo para lo que siguió.</p>
<p>Cuando me viste con Marcela me jalaste y gritaste mi nombre. Querías estrujarme, pero te agarré de las muñecas, con tanta fuerza que el color escapó de tu cara, y creí ver algo que había visto antes. Excitación&#8230; no lo creí probable&#8230;</p>
<p>Ese minuto de sorpresa me costó que te zafaras, y con la mano libre, intentaste darme la cachetada que tú te merecías que te dieran la primera vez. Fallaste, eres derecha y tenías libre la mano izquierda. Pero a mí ninguna vieja me iba a golpear, ni siquiera a intentarlo. Tus intentos fallidos y tu boca, segun tú lista para escupirme, me cayeron tan en el hígado que no medí mis acciones y mi mano se estampó en tu mejilla blanca, algo que nunca había hecho ni pensé hacer jamás.</p>
<p>Aún con el desprecio que sentía por tí pensé en disculparme. Tú ya sabes cómo soy, pero respeto a las mujeres como me gusta que respeten a mi madre y a mi hermana. Pero apenas había abierto la boca, y tenía la mano a medio bajar, cuando te lanzaste sobre mí y me besaste como nunca me habías besado. No sentí nada por tí desde el corazón, pero aquel primer beso real, apasionado, me despertó algo adentro. Ante la mirada atónita de Marcela y de tus amigas, mis manos y tus manos encontraron el mismo ritmo, y comenzaron acciones para las que el mejor lugar no es la calle. Todo terminó en un motel, de esos a los que decías que nunca ibas, y el sexo, plagado de las bofetadas que ya sé que disfrutabas, sí que fue algo diferente. Tanto, que mi venganza se fue al diablo.</p>
<p>No te quiero, pero te sigo viendo, porque esto se está convirtiendo en una adicción, y tengo que excusar mis golpes en tu cara y cuerpo en el hecho de que sé que te gustan, y las horas que he pasado con las manos esposadas o la cintura amarrada con las largas erecciones que terminan en tu boca. No sé qué es lo que sigue, pero sé que estás enamorada de mí, y, ¿sabes qué? me vale verga. Pero sé bien que ahora mismo, no soy capaz de enamorarme de nadie más. De nadie.</p>
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