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	<title>No le cuentes a mi padre &#187; Deseos escondidos</title>
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	<description>(ni a mi esposa)</description>
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		<title>¡Dilo!</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jun 2010 15:34:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mlkvn</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Secretos]]></category>
		<category><![CDATA[Deseos escondidos]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasías]]></category>
		<category><![CDATA[monstruos]]></category>
		<category><![CDATA[Orgasmo]]></category>

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		<description><![CDATA[

Los latidos del corazón a mil por hora y la mente hecha un caos por completo. Bajo instrucciones precisas fue directo al elevador y al momento de entrar en él, apretó el botón del tercer piso. Caminó por el pasillo que la llevaría a la habitación designada; el número de esa puerta bombardeaba su cabeza.
-No [...]]]></description>
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<p>Los latidos del corazón a mil por hora y la mente hecha un caos por completo. Bajo instrucciones precisas fue directo al elevador y al momento de entrar en él, apretó el botón del tercer piso. Caminó por el pasillo que la llevaría a la habitación designada; el número de esa puerta bombardeaba su cabeza.</p>
<p>-No te vayas a equivocar – se repetía a si misma rodeándose de los demonios mas comunes ante un primer encuentro. Definitvamente, las mismas preguntas que a través de los años han rondado en el sencillo miedo de los humanos.</p>
<p>Al tocar la puerta esperó sólo unos segundos antes de que unos ojos cansados y de alma vieja le abrieran la puerta.</p>
<p>- Pasa – le dijo con una voz suave, el hombre que ya la esperaba. Adentrándose en la improvisada cueva, ella escuchaba algunas palabras y contestaba otras pero estaba tan turbada que no sabía ni lo que decía. Dejó sus cosas en donde pudo y pasó hasta el final de la habitación. Un pequeño canje de miradas y risas nerviosas fueron el rompehielo de la esperada situación. Él se fue acercando un poco e intercambiaron algunas otras frases, que para relajar, no sirvieron de mucho.</p>
<p>No había imaginado la situación así del todo. Cuando se dio cuenta y depués de un húmedo beso, ya estaba totalmente desnuda a disposición del amo. Esposas en las muñecas para inmovilizar, ojos vendados para la incertidumbre, collar para la perra que ahora era, mordaza para ahogar el gemido, pelo enredado y las ideas torcidas la disfrazaban de pies a cabeza. Eso era en ese momento: una perra, una puta a la merced del dueño que ya reclamaba con derecho de autoridad.</p>
<p>A medida que iba pasando el tiempo las indicaciones cambiaban una y otra vez; sentada con las piernas abiertas, de pie en noventa grados, las manos marcadas en las nalgas y los nervios líquidos en la piel eran la orden del día. La sumisión, el susto y la ansiedad del siguiente castigo, la tenía al borde de la demencia. Siempre excitada, siempre saltando entre sorpresas al tacto.</p>
<p>- ¡Mira nomás!- exclamó el hombre al meter su mano en la entrepierna y notar toda la humedad de la hembra. La acarició, la manoseó, la observó.  Ella solo tenía que obedecer y no había pauta para escapar, para decir un “no quiero más”.  ¿A qué hora? Si lo que menos quería ella era parar.</p>
<p style="text-align: center"><img class="aligncenter size-medium wp-image-984" style="border: 0pt none" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/3175_01-300x201.jpg" alt="3175_01" width="497" height="332" /></p>
<p>- ¡En cuatro, puta!– ordenó entonces el hombre – ¿quieres mamar, verdad perra? – le preguntaba con un tono burlón.</p>
<p>- Si, señor – respondió la sumisa. Dudosa se acercaba para intentar reconocer el sabor de la verga de su amo. Tenía como tarea aprenderlo de memoria.</p>
<p>Las órdenes eran fuertes y los movimientos atrevidos. Entre juguetes jamás vistos por ella, se le escapaban los gemidos, los espasmos y el placer. Tal vez el hombre no era real y era salido de algún bizarro guión de una película de corte tipo bondage; de esas extrañas tipo hentai –pensaba ella-. Tal vez todo era parte de una graciosa página pornográfica; de esas que inmediatamente tienes que cerrar por la etiqueta de enfermo que puedes adquirir si alguien te descubre el gustito. Todo se quedaba en tal vez cuando de nuevo se estremecía ante una nueva caricia o ante un nuevo ataque del hombre.</p>
<p>- ¡Di que eres una puta! – le ordenó su Señor.</p>
<p>- Soy una puta.</p>
<p>- ¡Más fuerte!</p>
<p>- Soy una puta.</p>
<p>- ¡Dilo más fuerte, puta!</p>
<p>- ¡Soy una puta, Señor!</p>
<p>- Asi, putita. – contestaba complacido el amo. Un poco sorprendida por lo que veía de lo que era capaz, se dejaba llevar. Quería aprovechar la oportunidad de saber bien lo que era obedecer, donde lo mas íntimo y bien mostrado se manejara a placer. Ahora ninguna parte de su cuerpo le pertenecía, todo era de él. Ni su boca, ni su vagina, tampoco su ano era suyo. Todo era regalado al hombre que la rondaba y que ahora le ordenaba ponerse en cuatro una vez más.</p>
<p>No habría por que entrar en más detalles después del orgasmo que le causó el amo a la sumisa dándole duro por el culo. No habría que mencionar lo que se retorcía la mujer de éxtasis cuando la tenía bien agarrada de las caderas sin dejarla escapar mientras ella se venía. Mucho menos se tienen ustedes que enterar de los interminables segundos en los que entre convulsiones se le escapaban las lágrimas de puritito placer.</p>
<p>Dice ella que lo último que recuerda es hacerlo terminar a él. Torpemente metió el miembro del hombre en su boca para intentar regresar un poco de lo que ella seguía sintiendo. Primera vez, primeras sensaciones. Nunca antes tan puta, tan zorra y tan sumisa. Nunca antes tan expuesta y violada.</p>
<p>- Hasta el fondo, perra – le dirigió por último el hombre. Atragantándose un poco con él, tomando el anhelado líquido, logró que culminara todo.</p></div>
</div>
<hr />
<p><small>© Mlkvn for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Entre sístole y diástole</title>
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		<comments>http://www.amipadre.nolecuentes.com/entre-sistole-y-diastole/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 04:19:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Deseos escondidos]]></category>

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		<description><![CDATA[Dos protagonistas de la misma historia. Dos puntos de vista opuestos.  Del control al descontrol. De la razón a la sinrazón.  Cuando el juego termina, no queda claro si es jaque al rey.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: bold;">1. CONTROL</span></p>
<p><span style="font-style: italic;">Mónica</span><br />
El reflejo de lo que fuimos aún me acosa por las noches. Aparece sin necesidad de asomarme al espejo, cuando estoy sola en mi cama y mis manos me tocan mientras fantaseo que son las tuyas. No hay problema, por la mañana sigues estando ahí donde te guardé, siendo ese aprendiz de amante con pretensiones de marido. El iluso aquel que pensaba que era lo suficientemente bueno para desdibujarme y convertirme en esa especie de mujer que cambia su vida por un poquito de seguridad.</p>
<p>Sabía que te iba a ver. Por eso me puse ese vestido gris ajustado que revela mis nalgas y que odiabas que usara, si no era sólo para ti. Quería torturarte y que vieras lo que nunca más podrás tener. Siento un placer enorme provocarte, saberme dueña de tus deseos y del control que tengo sobre ti.</p>
<p><span style="font-style: italic;">Raúl</span><br />
Sabes que tengo a alguien más. Alguien te lo tiene que haber dicho. Ella es buena y me quiere. Deja a un lado los orgullos y berrinches y me da tranquilidad. Tranquilidad que rompo algunas noches por semana, cuando me masturbo con las fotos que me mandaste alguna vez. La secuencia entre ellas es perfecta, aunque debo aceptar que más de alguna vez, en mi urgencia por tenerte en mi cabeza, brincaba hasta esa foto de la tina, donde estás boca abajo con el trasero y piernas revelados.</p>
<p>Nunca te busqué y se que eso te corroe. No pensaba arriesgar otra relación comercial por tu coñito, por mas embriagador que me sea su olor. Además que al no buscarte se que tengo el control.</p>
<p><span style="font-weight: bold;">2. RAZÓN</span></p>
<p><span style="font-style: italic;">Mónica</span><br />
¿Porque los hombres insisten en creer que sólo a través de ellos crecemos y vivimos? De lejos los veía ahí. Todos tan trajeados, tan correctos, tan llenos de razón por el hecho de tener una copa de cogñac en una mano y un cigarro en la otra. La pose perfecta para dominar al mundo y a nosotras, las mujeres.</p>
<p>No nos saludamos enseguida, incluso lo hicimos sólo de lejos a cejas y media sonrisa. De esos saludos fríos, sin rastro de habernos echado de menos. No sentí nada, ni siquiera deseo. Inmediatamente me di cuenta que no la trajiste. Me hubiera encantado conocer a esa criatura celestial, a esa virgen casi divina y angelical. Al parecer y por vez primera, la razón dominaba a mi deseo. Me alegré.</p>
<p><span style="font-style: italic;">Raúl</span><br />
Mientras hablaba con mis colegas, te vi pasar enfundada en ese vestido que llenas a la perfección. Me dio gusto ver que mi pene no respondía a ese estímulo, ni siquiera cuando de lejos me dirigiste una tímida sonrisa. ¿Será que has cambiado al estar lejos de mí? Lo mismo da cualquier respuesta.</p>
<p>Quizá en otro momento, esto me hubiera atormentado. Pero esta noche no. Esta noche tenía alguien que me esperaba, que quiere un futuro conmigo y que esta dispuesta a ceder para ser feliz. La razón había triunfado.</p>
<p><span style="font-weight: bold;">3. SINRAZÓN</span><br />
<span style="font-style: italic;"><br />
Mónica</span><br />
Maldito vino tinto. Comencé a sentirme relajada, dueña de lugar, segura y confiada de mi cuerpo, de mis movimientos. Bailaba de forma sugestiva con otros porque quería, porque soy mi dueña y no me debo a nadie. De pronto, mis ojos se detuvieron en los tuyos y la penumbra del salón se iluminó con tu mirada atascada de deseo. Al yo saberlo me excité aun más. Me mojaba estando tan cerca de otro y sintiendo tu mirada en mí.</p>
<p>Supongo que lo notaste, porque no guardaste el menor decoro al bailar conmigo con semejante erección. No te importó que estuvieran todos tus clientes. Supongo que ya éramos chisme pasado o estaban todos alcoholizados, o ambos. Después del ¿Bailamos? sólo dijiste ¿Nos vamos?</p>
<p><span style="font-style: italic;">Raúl</span><br />
Mi mirada se encendió ante el encuentro con la tuya. Mis sentimientos se confundieron y entré en un estado de abstracción, en el que el ruido, la gente, las luces apenas encendidas estaban en segundo plano. Me dirigí hacia ti y comenzamos a bailar sin siquiera saludarnos, hablar del clima, de la cena o de cualquier otra pendejada. Nuestros cuerpos se movían al unísono. No necesitaron nuestro cerebro para saber lo que es estar juntos, cómo moverse y qué centímetros de piel tocar recorrer para prolongar el placer.</p>
<p>Cuando te propuse salir de ahí, caminaste sin contestar, como si el irnos al motel de siempre hubiera sido tu idea. Caminabas dos pasos adelante de mí. Decidida, sin voltear atrás. Por eso no viste cuando te alcancé y te agarré por detrás contra el coche, subiéndote el vestido y sintiendo tus nalgas contra mi duro pene, mis manos en tus pechos y mi boca en tu cuello.</p>
<p><span style="font-weight: bold;">4. DESCONTROL</span><br />
<span style="font-style: italic;"><br />
Mónica.</span><br />
El rancho en el que estábamos estaba muy lejos de nuestro motel favorito. Nuestras manos hurgando por debajo de la ropa tampoco guardaban cordura, por lo que no pude estar más de acuerdo cuando te saliste de la carretera y me dijiste ¿Aquí?</p>
<p>Abriste el quemacocos de tu coche y por un momento, las estrellas se colaron y me hipnotizaron. Me levanté y salí a verlas. Decidiste recorrer mis piernas, quitarme la ropa interior y recorrer con tu boca ese pasaje hasta mi sexo. Cuando bajé a la seguridad de tu coche, ya no tenía ropa y tu sólo tenías la necesaria.</p>
<p>Nunca he comprendido esa dualidad entre sentirme tan libre y tan amarrada al mismo tiempo cuando estoy contigo. Completamente desnuda ahí, a la orilla de la carretera me sentía como niña corriendo, como ave volando. Pero al sentir tu miembro hinchado dentro de mí me sentía más tuya que mía.  Como si lo que deseaba cuando era joven aun tuvieran cabida en mi realidad.</p>
<p><span style="font-style: italic;">Raúl</span><br />
Cuando te levantaste, tu aroma inundó mi cerebro y procedí a saborearlo. No te veniste, pero comenzabas a gotear cuando bajaste desnuda, con tu sonrisa torcida y la mirada encendida. Te sentaste sobre mí, no sin antes acomodarte para recibirme como tantas madrugadas en las que quedabas rendida en cuerpo y alma.</p>
<p>Me movía dentro de tí con fuerza, a pesar de la dificultad del volante. Mis manos y boca recorrían tu boca, cuello y pechos, buscando que todos los centímetros de piel que pudieran tocarse lo hicieran. Sabes donde encontrar el placer y lo buscas. No tienes vergüenza en sentirlo y mucho menos en dejar que tu garganta lo exprese.</p>
<p>Me tomé unos instantes para mirarte abandonada al placer, para reconocer tu existencia en la mía y a la vez, tan fuera de mí. En la que el largo de tu cuello y tus pezones erectos son más reales e imponentes que los sentimientos que te llevaron a estar en este momento refugiando tus ansias en mí.</p>
<p><span style="font-weight: bold;">EPÍLOGO</span></p>
<p><span style="font-style: italic;">Mónica</span><br />
No nos dijimos una sola palabra cuando volvíamos a la fiesta. Me arreglaba el cabello y el maquillaje buscando ocultar los residuos de lo que acababa de pasar. Me alegré al saber que aun tengo esa influencia. Que para hacer que te rindas ante mi cuerpo, <span style="font-style: italic;">soy mejor que tu</span>, cuando buscas que mi alma se rinda ante ti.</p>
<p><span style="font-style: italic;">Raúl</span><br />
No es necesario decirme algo para saber que cada vez que lo hacemos muevo tu universo. Se que el maquillaje que arreglaste fue causado por alguna lágrima derramada. Una quizá de melancolía otra de ver tus barreras caer. Como sea, sabes que soy el único que puede hacerte pensar que puedes ser diferente y aceptar lo que te ofrezco, porque aunque lo niegues, <span style="font-style: italic;">soy mejor que tu</span>.</p>
<div id="attachment_50" class="wp-caption aligncenter" style="width: 235px"><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2009/10/Jaque.jpg"><img class="size-medium wp-image-50" title="Jaque al rey ¿o a la reyna?" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2009/10/Jaque-225x300.jpg" alt="Jaque al rey ¿o a la reyna?" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Jaque al rey ¿o a la reyna?</p></div>
<hr />
<p><small>© Rox for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2009. |
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