Todos los fines de semana era una rutina para Fernando subir a tender la ropa, más que una obligación en verdad le gustaba. Él vivía en un primer piso de los 5 del edificio, así que cada sábado subía la ropa de su esposa y la de él. Se había casado con María que era una mujer robusta, frondosa, de caderas amplias y por ende su complexión era más grande que la de Fernando. Pero eso a él le fascinaba, amaba la silueta de las mujeres robustas.
Su vida era monótona y en el aspecto sexual también. Al inicio de su matrimonio lo hacían tantas veces como querían y en cualquier lugar de la casa. Ahora les resultaba aburrido hacerlo, el pretexto era el cansancio, la televisión en el cuarto, la gripa o siempre cuando estaban uno encima del otro alguien terminaba por aburrirse y se hacían las típicas preguntas de ¿Qué pasa? ¿Esta todo bien?. Ambos se dieron cuenta que ese deseo se estaba apagando y María siempre le reclamaba que fuera más sensual. Él como todo buen hombre no le agradaba eso, era del típico que quería ir al grano, iba directo a las tetas, a las caderas y a penetrar. Hacerlo así no era el Hit de María, ella quería sentirse deseada.
Siempre se tardaba más de lo normal tendiendo la ropa y es que se asomaba al borde para ver los demás departamentos aun cuando su 1.52 metros le pedían pararse de puntillas para ver lo que sucedía a su alrededor. Le llamo la atención una silueta en el tercer piso que pasaba de un lado a otro rápidamente entre las cortinas, lograba ver una toalla blanca en el pelo de una chica morena. Ya la había visto pero no sabía su nombre y siempre que la veía pasar le llamaba la atención la redondez de sus curvas, aún cuando fuera de la mano con María y se la encontraran en la calle o en los pasillos buscaba un pretexto para voltear a verla.
La escena era cachonda y la sensación de que fuera a ser visto por estar espiando inmediatamente se reflejó en sus latidos del corazón y en su respiración. Aquella vecina quitada de la pena paseando desnuda en su departamento le devolvía esa sensación placentera de antaño, como cuando veía una revista porno en el baño y que de repente fuera a entrar alguien a descubrirlo, era lo que le generaba un placer que ya había olvidado por su monótona vida de casado y quiso volver a experimentar aquel placer olvidado.
No tardó ni 10 segundos en sacárselo del pantalón y empezar a masturbarse. Le bastaron sólo dos minutos para correrse, para sentir aquel endurecimiento de las pantorrillas y en las nalgas que precedía a un escalofrió que iba desde su trasero y que recorría toda la espalda y con un esfuerzo más llegaba incluso hasta los dientes, esa sensación de rechinar los dientes y dejar los ojos en blanco era el máximo placer, -puta!! uff!!! estuvo poca madre- se decía.
Esos dos minutos le fueron eternos: la imagen de la vecina con el teléfono en mano y toalla en la cabeza mirando hacia fuera sin siquiera saber que estaba siendo observada; desconociendo que sus formas habían llevado al éxtasis a alguien que ni siquiera conocía, y que ni lo imaginaba.
Fue una imagen recurrente para Fernando, la ocuparía en las noches con María y para aquellas ocasiones en la regadera. Que deleite.
Ahora los sábados no sólo era el típico día para lavar sino que también los miércoles y jueves eran los días para salir por las noches y tender ropa. Después de trabajar llegaba con un pretexto perfecto, el refresco derramado en la ropa, el espagueti en la camisa preferida, la cerveza o la miel, lo que fuere, lo importante era lavar e ir a tender…
Foto: Alexajaye
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Felicidades amigo… un abrazo….
Felicidades¡ Lograste un viaje con algo sencillo, eso esta pa Felicitarse¡¡¡
Hola Hola amiwuito, FElIciDadEs!!! q barbaro kien lo diria…..he leido algo d x aki y me sosprendes y a veces #&=?/&% No mAnChEs….jiji….SAlu2
….m forma tan GNIAL d describir “eso” q c siente….te robare la idea okas?
Wow y super Wow felicidades escribes muy bien, te dejo muchos besos y abrazos. feliz navidad y año nuevo