La mordida en la nuca. Es el punto al que quiero llegar siempre de forma totalmente consciente. Para eso, normalmente tienen que pasar de cuatro a ocho semanas. Luego de una película, un paseo o alguna sesión de juego de mesa en que la velada se adereza con un par de horas charlando sobre filosofía, política, libros, el trabajo, experiencias estéticas varias, formas de ver la vida, clarificación de conceptos básicos para comprender el existencialismo en el que se sumen nuestras vidas cuando no estamos apareándonos sin la intención de procrear. Y antes del final feliz, luego del cual nos abrazamos hasta dormirnos, hay un mínimo de una hora, leyó usted bien, UN MÌNIMO DE UNA HORA entre caricias, besos, toqueteos, frotamientos, juegos en que uno domina al otro y viceversa, se desviste y se medio viste de nuevo… y es entonces el momento de la mordida en la nuca, que es cuando pierdo todo sentido de voluntad y control.
En ese instante, él podría hacer que pusiera todas mis propiedades a su nombre, cederle mis cuentas en Suiza y entregarle la combinación de la caja fuerte con todas mis joyas. Por supuesto lo más valioso que tengo son mis libros y mi música y sí con todo gusto los compartiría con él.
Pero estábamos en lo del juego de seducción que invariablemente termina con una escena en la que nos aparearnos sin tregua y, repito, sin la menor intención de procrear. Eso suena monótono y sí, es siempre un riesgo. Pero, gracias a Sade, hay tres ingredientes “mágicos”: perversidad, creatividad y observación.
Perdón por hablar de cosas que no les interesan, estábamos en la mordida en la nuca. Dicho impulso animalístico, en nuestro caso, tiene un triple plus, el estímulo a las terminales nerviosas, el sentido explícito de dominación que nos erotiza tremendamente y el que nos gusten los felinos, a él los grandes ya mí los chiquitos, lo cual conserva la sana proporción, el buscado equilibrio.
Lo sé, para muchos de ustedes la mordida en la nuca puede ser cosa de todas las cogidas, pero para mí tiene un sentido muy romántico: la primera ocasión en que me mordió de esa forma, había logrado una de esas situaciones límite en la que si me soplaba en las pestañas, me estremecía de placer. Y entonces cuando llegó la mordida, técnicamente, el orgasmo se trasladó a la nuca.
No sé si le arañé el brazo izquierdo con el que me tenía inmovilizada contra la cama, pero seguro sí moví el piecito derecho al más puro estilo del conejo Tambor.

Cuando un amante hace algo así por ti, lo primero en lo que piensas es en la venganza.
Y mientras continuábamos con la segunda caída, procuré acercarlo al punto de no retorno, queriendo y no, porque ese preámbulo siempre es placentero, pero también quería hacerlo desfallecer, que le temblaran hasta las uñas.
Así que invertimos los papeles -yo arriba, él abajo- mientras besaba su pecho y estimulaba sus pezones, mi cadera coqueteaba con la suya. Él se dejaba hacer, cerrando los ojos. Con besos intermitentes bajé por su costado y mordí suavemente su cadera, subí rozándolo con la nariz y dejando un poco de la humedad de mis labios en su piel. Me detuve a la altura de su axila y me encargué de que me observara detenidamente mientras inhalaba el olor de su sudor. Creo que hubo una sonrisa cómplice. Y digo creo porque al inhalar era yo la que tenía los ojos cerrados. Besé su boca y subí lentamente hasta besar su frente, metió su rostro en el espacio entre mis senos y entonces, con mis brazos sobre sus hombros, aprisioné su cabeza, bajé la mirada y me encontré con sus ojos cerrados. Fue muy claro. Esa era la oportunidad que estaba buscando y me lancé con la mejor de mis armas. Toqué con la lengua suavemente y de un lado a otro su párpado izquierdo y al siguiente segundo di dos lengüetazos rápidos en el párpado derecho.
Sus manos, que hasta segundos antes se posaban suavemente en mi cadera, me sujetaron con fuerza y respiró violentamente.
Siguió el final feliz por todos conocido. Me sorprendí gratamente por la avidez con la que tomaba posesión de su lugar en el interior de mi cuerpo, luego de que llegara mi orgasmo y de los segundos en que se detiene para verme disfrutarlo, nos ocupamos del suyo, que llegó entre jadeos que rayaban el espectro sonoro de los gruñidos.
Mientras disfruto nuevamente de la experiencia al escribir esto, recuerdo las palabras de una amiga, “resulta que Cosmo y Veintitantos son como los nuevos instructivos para el sexo.” En definitiva yo creo que no hay nada como leer a los clasicos, y en especial a Bataille. Si bien es cierto que muchas de esas lecturas relatan trasgresiones a las que legalmente no podemos llegar, son puntos de referencia obligados en el esquema erótico único de nuestra especie. No digo que aquellas otras lecturas sean despreciables o prescindibles, es que simplemente se basan en lo técnicamente efectivo, cómo una fórmula, y pasan de lo común a lo sórdido, sin hacer el necesario énfasis en que lo importante, son los detalles que hacen volar la imaginación.
Foto: Arnolouise
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Tienes mucha razón, una mordida bien dada, en el momento que debe ser, es una gozada.
GRRRR
Vaya que sí, lo bueno es que en ese tipo de cosas, el instinto no nos abandona, jaja.
Cual felinos y Sade suena tan bien que no me suena extraño la vdd, aderezado con palabras al oido todo el dia de lo que se hara en ese momento puede ser todavia mejor
también las mordidas en los labios son muy ricas, y una buena nalgada por qué no.
Flamehearth
Y más si es por messenger y en el trabajo, eso de ser descubierto diciendo peladeces es muy estimulante,
Perro del Ma
O la mordida en la nalga, de una vez.
Y qué tal cuando estás desprevenida y te abraza por detrás y respira en tu nuca?
Arghhhh!!! Morir!
Miss Hunt, shidisimo, erotico y sexi tu relato! =D
Lo salvaje es lo mio, seeeee!, pero me tienen limitado por que la lastimo un poquito y ella es MUY delicadita la nena.
So, ya estoy en terapia de control de mordidas y succiones rudas de piel, y es que lo salvaje es lo MIO, Groarrr!!!, jeje!
Saludos.
Ana,
Entiendo perfecto, tú si sabes, jaja.
Rey Hidrógeno
Pues siempre hay que buscar el equilibrio, porque sino, tú disfrutas pero ella no y termina siendo contraproducente.
Y no creas, también el lograr el dominio de los impulsos más básicos, puede tener su contenido erótico.
Muy bueno! Seksay!
Otra mordedera recomendable es el tendón de Aquiles, aunque aquí hay que dosificar la fiereza.
asi es las mordidas son ricas sabiendolas aplicar en los lugares mas especiales, ya mencionaron algunas pero es rico morder todo con delicadesa aunque por a algunas chicas les gusta lo salvaje, pues ahy q dar y recibir, q a gozar se a venido a estar en este planeta en el cual debemos estar…. q nop