Tenía 16 años cuando la conocí, era un mocoso sin idea de los placeres carnales, la neta, era inocente (muy) y lo que quería era conquistarla “a la antigua” cosa que no hubiera funcionado, tenia 16, y por mi mente ya analizaba como ligarme a una mujer 10 años más grande que yo.
La conocí cuando estaba en mi primera banda, y si, adivinaron, de Mérol mismo, nos consiguió una tocada en su recinto (quesque muy influyente ella, pero meh). En esos días ella estaba con un bato de otra banda, igual de ruco que ella, así que la desilusión inmediata llegó y continué con mi vida, no antes sin pedirle el dichoso mail (para poder cotorrear en privado, ajá) en ese tiempo le hablé muy contadas veces, además de que otra esporádica platica pero bien X.
Pasaron 4 años de ese encuentro, ya tenía yo 20 años, estaba en una tercera banda y se hizo una especie de déjà vu, los contacté para tocar en su recinto (Un bar bien rascuache en comparación de la antigua bodega que tenia) y fue ahí donde ocurrió lo que se puede llamar “El Reencuentro” me pregunto cómo estaba y que había sido de mi.
Pero ¡Hey! Este es una narración de sexo ¿Por qué nos estas contando la parte aburrida? Es para que se den una idea, total, pasaremos por alto las múltiples invitaciones a su recinto, de cómo fue que nos cachondeamos y nos fajamos en la trastienda de su bar, ahora, pasemos a lo que les interesa realmente: El día que me la tiré…o que ella me tiró, como gusten nombrarlo.
No les diré que recuerdo cada detalle, pero si específicamente el día: 19 de Agosto, nos citamos en la tarde para besuquearnos, hicimos tiempo para que su roomate se fuera a sus clases de Yoga, llegó la hora, y nos fuimos a su depa, al llegar, el perro de su roomie empezó de jodón, pero luego desapareció y fue para otro lado, en cuanto hizo eso, la aventé al sillón, la besé un momento, y luego luego a lo bueno, le bajé los pantalones y como siempre había querido probar los placeres de la entrepierna, me hundí ahí mero para hacer el trabajo.
Mi estancia ahí abajo fue demasiado breve, era completamente inexperto en esos terrenos, me reacomodé, la desnudé, me dijo que me aguantara, que no me comiera el mundo de una sola mordida, siquiera que la hiciera sentir especial, que cachondeara, etc. Muchas recomendaciones que algunas sigo hoy (soy muy acelerado, la verdad, cuando llego a lo bueno, voy al grano, sin detenerme a ser “romanticón” como le dicen) pero ese día si estaba muy verde.
Viendo y sufriendo las incomodidades del sillón de la sala, nos pasamos a su cuarto, ya estando ahí, me puse el condón, en cierta manera se enojó, pero ya para hacerla de pedo, se tardó en cerrar las ventanas y en prender una vela, fue en ese momento cuando me apoltroné en su cama y dejé que ella me montará, les digo, re-verde e inexperto, así fue cuando empezó con sus movimientos de cadera (el viejo mete saca, pero ella efectuándolo) ahí fue cuando me quedé viendo como se movía sobre mí, viendo su disque cara de placer y de cómo era esa expresión de disfrute.
Yo por mi parte estaba como en shock (del bueno, no se espanten), no sabía que pedo, estaba nervioso y me preocupaba más por que el maldito condón no se rompiera y demás pensamientos en ese sentido, preocupaciones de primerizo, ustedes saben, no cualquiera se da a una Mature o MILF en su primera vez.
Después de un rato, decidí tomar las quesque riendas y volví a su entrepierna, de nueva cuenta, muy brevemente estuve ahí, me abalancé y creyendo ya tenerla dentro, pregunté si así era, dijo que no, me la acomodó y empecé el trabajo, me dijo que me relajara, que fuera despacio, que si seguía haciéndolo “corto y rápido” me iba a cansar luego luego… y pasó, me cansé, a pesar de acomodarla de manera que me sintiera cómo, pero sí, me cansé y dejé que ella de nuevo me montará, pasó otro rato y me dijo que me relajara, que me desinhibiera, que estaba chido que durara un rato, pero no para tanto, fue ahí cuando me relajé y empecé a sentir una excitación que nunca había ocurrido, fue tan intenso y chido, me gustó mucho… fue ahí cuando le dije que ya había ocurrido, checó el condón con sus dedos y dijo, efectivamente, había ocurrido.
Me desmontó y ahí ocurrió un besuqueo post-coito, luego metí mis dedos en su entrepierna y preguntó si eso me excitaba, dije que sí, nos seguimos besando y ahí fue cuando decidimos dar por terminada nuestra velada, siguió con ponernos nuestras ropas, manoseos por ambas partes, más besuqueos y la posibilidad de vernos de nuevo.
Saliendo de ese lugar de “pecado y lujuria” (o como le llamaba yo: casita de las travesuras) tenía una sonrisa de oreja a oreja comparable a cuando una morra de la prepa que me gustaba me besó monumentalmente (no me juzguen, recuerden que no había vivido mucho…bueno, tampoco hasta hoy) me sentí como un completo ganador, había perdido la virginidad con una mujer 10 años más grande que yo, y ese gusto nadie me lo ha quitado (ni me lo quitará) hasta ahora.
Foto: Nickxske
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