Tener un orgasmo no es difícil. Es cosa de aprender a controlar los músculos, buscar la posición exacta contra el clítoris y si es necesario, a hurgar dentro de la imaginación por alguna fotografía que garantice el gran final.
Antes, me gustaba pensar que de nada sirvieron las amenazas de las monjas, cuando a los 19 años ya estaba teniendo sexo en un bocho verde. Entonces, me creía toda una fémina liberada. Sin embargo, estaba a muchos hombres-luz para entender la definición que el diccionario debiera tener bajo la palaba coger.
Pero los años aparte de grasa en la cintura traen sabiduría y ahora me he vuelto mucho más selectiva en lo que “amores” se trata. Ayer podía haberlo hecho, ¿por qué no? Besaba del nabo, por eso no. Y es que a punta de malas cogidas aprendí que nunca hay nada bueno detrás del exceso de baba o de la falta de besos. Para esos idiotas que llegan a los treinta sin saber besar o que sólo se dedican a manosear, el dejarlos con las bolas azules me causa más placer que un orgasmo a su lado.
Pero hoy es otro día. Hoy estoy sola y enciendo la radio. Hoy no te necesito y apago la luz. Hoy… cierro los ojos.
No hay sábanas ni almohadas. La habitación tiene sólo un par de mesas, todo está en el piso. También están las últimas prendas arrancadas en nuestra urgencia por sentirnos. Los primeros rayos del sol entran en hilitos por la persiana e iluminan los músculos de tu cuerpo.
No necesito verte para admirarte sin vergüenza, sin pedirte permiso, dejando aparecer uno a uno los lunares de tu cuerpo. Mis dedos casi sienten tu barba raspándolos, mi lengua casi acaricia la tuya, tu respiración agitada es ahora la mía. No necesito palabras bonitas o juramentos de amor eterno si tus manos (que son las mías) recorren mis muslos.
Y es que se te olvida que te tengo grabado. Que sé perfectamente la cantidad de sudor que desborda ese canal que tienes la espalda y que llega a esas pequeñas nalgas. Que puedo sacar fórmulas matemáticas de la proporción que guardan tus hombros contra tus flacuchas caderas. Que soy experta enóloga de las secreciones de tu cuerpo, porque ya te dije, no huele igual tu cuello, tus axilas o tus testículos. Y que ordeno de claro a obscuro los colores de tu cuerpo en un segundo.
Cierro mis ojos y me concentro en el placer que da la sangre arremolinándose en la vagina, en mi respiración agitada, en tu corazón (que es el mío) y que se azota con prisa contra el pecho. Mi pelo revuelto, la boca semiabierta y las piernas temblando contra la cama fueron el inicio de aquellos espasmos que arquearon mi espalda y detonaron intensas descargas por todo mi ser.
Es lo que tienen los orgasmos, te recorren el cuerpo y te obligan a dejar lo que eres para convertirte en un animal. Eres todo hipotálamo, neuronas frenéticas, conexiones sobrecargadas. Eres egoísmo puro: no importa que la vecina escuche, la economía se caiga o el trabajo que te espera por la mañana. Solo importa el placer. Mi placer.
Dicen que con los orgasmos se enseña el alma. Si es así, mi alma está en la garganta, porque comencé gritar tu nombre. Y para cuando el orgasmo llegó a mis ojos, comencé a llorar.
En un instante, mis párpados se separaron y las imágenes se fueron. Apagué el vibrador y lo aventé contra la pared. Un sonido seco asustó al perro que dormía en el piso y que huyó con la cola entre las patas. Acurrucada y en posición fetal, aún sentía el remanente del placer que unos segundos antes había alcanzado.
Pero mi garganta se había abierto y no había vuelta atrás. Continué gritando tu nombre, aunque ahora los gemidos eran de dolor. Las lágrimas salieron como si hubieran estado amontonándose en mis ojos durante muchos días. Me di cuenta que te extrañaba más de lo que alguna vez iba a aceptar.
Hay quienes en el dolor encuentran placer. Pero pasar del placer al dolor debe ser algo antinatural, ¿cierto? ¿Por qué los músculos antes relajados ahora se tensan y mis puños golpean? ¿Por qué ahora tiemblo y siento mi estómago apachurrando los pulmones evitándome respirar?
En realidad, eran preguntas que no buscaban respuestas. Eran demandas que se sabían perdidas desde antes de ser redactadas.
El acorde más ochentero que existe interrumpió mis pensamientos. La voz del Gahan gritaba que no puede tener suficiente. Yo tampoco pude y por querer de más, ahora no puedo tenerte.
Foto: Linhngan
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Chicharron!! y con cueritos…es mejor !! »
Muy emotivo el relato, me hizo estremecer al recordar que algunas, o mas bien muchas veces utilice a rojito, despues me lo cambiaron por negrito, fueron ambos una delicia, y es curioso, en algunas ocasiones tambien a mis ojos llegaron las lagrimas, si, justo despues de volar y desintegrarme, (lease despues de un orgasmo), ayyyyyyyyyyyyy, ya me dio calor. Estoy pidiendo al Amore Mio me obsequie uno para mi cumpleaños que esta muy cerca, yo puedo comprarlo, pero, pero, pero, definitivamente no sera lo mismo.
Besos de la Bruja Bonita*.
Sopas!, palmas para ti Querida Rox, asi se escribe mujer! =D
Solo aclarame algo, esa rola llegadora y ochentera es la del Barrigon; Can’t get enough of your love, Babe?. Esa rolita es tan shidita como lo fue tu relato… golosota!
Abrazos.
Corrígeme si estoy mal pero… ¿ya lo habías publicado antes? Tengo la idea de haber comentado antes este post… pero si no es así: Tienes un +10, es muy bueno el escrito.
fan tuya declarada, cada vez menos anónima 
Esa rola me encanta, fascina, estremece, etc. etc. etc
Ya sé donde lo leí antes. Caray, tiene ud sus mañas!
NO!! ES DEPECHE MODE!!
Sabina: jajaja así es. Es un secreto que comparto para los que me leen por el ciberspeis =)
¡Yo también reconocí el relato! Y me da harto gusto porque me había quedado con la espinita de no saber quién lo escribió.
Muy bueno. Yo también soy fanz.
oh! primera vez que me animo a comentar una entrada tuya!
muy muy buena!
y pasar del placer al dolor sucede mas a menudo de lo que se puede creer…
Y eso Jezz? si no muerdo (fuerte)
Gracias por comentar, saludos