Hombres Calamardo en el planeta Pucha

gorda martinesPor Ricardo del Billar

Foto: Christi Nielsen

Aún siento pelos en la garganta. Ya van dos noches que sueño con esa enorme cosa peluda que me traga. Despierto sudando y con ganas de sacarme la lengua con una mano y rascarme con la otra. Pero sobre todo, lleno de ansias que me recorren el cuerpo. Ya sabes, eso a lo que le llaman ñañaras. Qué son ñañaras, no lo sé. No creo que mis ñañaras sean iguales a tus ñañaras. Pero si tuviera que describirlo de alguna manera, diría que es como estar metido en la oscuridad de un tinaco húmedo y lleno de cucarachas que recorren mi cuerpo para después entrar a mi boca.

Todo esto de las pesadillas es por culpa de las películas españolas. La última que conseguí fue “Huevos de Oro”. Desde tiempo atrás andaba en busca de esa película. Se me había quedado bien grabada la portada: Bardem enfundado en unas garras como de padrote, pose retadora y con la mano derecha (o era la izquierda, qué importa), apretándose con güevos los güevos. Parece como un John Travolta latino en Sarurdey Nait Fiva.

Entonces quise aplicar la de Bardem con la Gorda Martines. Así que el miércoles por la noche me encontraba picando el timbre del departamento número uno, una y otra vez, de la vecindad de la calle Juárez. Volteaba de un lado a otro, para pelarme en caso de que a algún conocido se le ocurría aparecer por ahí a esas horas. No soportaría el carro y ni siquiera la pregunta obvia: a poco te andas cogiendo a la Gorda. Tuve suficiente con la señora del puesto de gordas de la entrada. Con esa mirada de ojos entornados que no sé qué putas quieren decir: “Uh, pobre güey” o “Pinche Gorda puta”.

La Gorda Martines abrió. Llevaba el vestido de mezclilla que le daba un toque infantil. Sería porque siempre que usaba ese vestido le daba por recogerse el poco pelo en dos colas. El plisado sobre las piernas le dejaba ver la gordura y flacidez más allá de las rodillas.

-Hola, Carlitos. ¿Qué milagro? -Sonrió.

Siempre que sonreía me recordaba a los tres cochinitos del cuento. Cachetes inflados, dientes grandes, nariz chata.

-Nada. Nada más pasaba por aquí.

-¿Quieres un cafecito?

-Ahorita vengo de un café. Mejor dame chance de pasar a tu baño. Traigo la vejiga a punto de reventar.

-Pus ya qué, pásale… No te creas eh, es una bromis. Ya sabes cómo soy.

Como quinceañera a mitad del vals, se giró en una sola sandalia. El pasillo estaba oscuro. Me fui guiando por la silueta de la Gorda Martines. Al pasar al lado de la pileta, pise un charco. El agua me salpico hasta la lengüeta. Sacudí el pie en el aire. Llegamos al baño, la Gorda Martines sacó su decena de llaves. Abrió la puerta como si le hiciera un pase al toro y entré. La Gorda Martines encendió el foco y cerró la puerta.

-Ya se te está haciendo costumbre pasar a mi baño como si fuera público eh, Carli-tos.

Levante el asiento y comencé a orinar. Las tres tazas de americano le dieron a mi orina un tono de Nestea y un olor a Corn Pops. Me sacudí la verga, después alcance tres cuadros de papel.

-Es que eres la única que conozco por acá. Pero para la próxima paso al baño del café. Es que ya me estaban corriendo.

Me limpié primero el brillo de la cara y después la orina restante. Bajé la palanca sólo lo suficiente para aclarar la orina. Me lavé las manos y con el agua me acomodé los pelos antes de apagar la luz y abrir la puerta.

-No es cierto. Ya sabes que puedes venir cuando quieras. También cuando quieras puedes traerme unos chocolates. Ay, no es cierto, es bromis. Mira, hasta rojo te pusiste.

-Es el calor.

-¿Quieres ver una peli?

-Mejor invítame a ver un rato la tele.

La Gorda Martines le volvió a echar llave a la puerta del baño. Regresamos unos cuantos pasos sobre el pasillo hasta la puerta de su cuarto. En cuanto abrió sentí el olor a humedad y el calor encerrados. En la pared del frente, a un lado de la cama, estaba enchufada una de esas lamparillas aromatizantes, color verde olivo, pero no era suficiente para vencer el olor a humedad. Me tumbé en la cama y agarré el control de la tele. Me puse a ver el resumen de la jornada futbolera.

-No tienes calor.

-Ya estoy acostumbrada.

-Mmm…

-¿Quieres un vasito de agua con hielo?

-No, ya tomé mucho.

-También tengo coca.

-Mucha azúcar.

-Sí, verdad.

No había ni una pinche ventana en el cuarto. Apenas uno de esos agujeros que hacen en las casas viejas para que haya ventilación, pero que en realidad no sirven para nada. Pinches cuarto de vecindad: apenas cabía la cama, el ropero y la tele encima de éste. La Gorda Martines abrió la puerta del ropero y saco uno de sus perfumes. Comenzó a rociar por todo el cuarto. Una mala imitación de uno original. Un olor dulzón, como a bombón.

-No, no me eches de esa madre.

-Ay, es para que güelas rico.

-Mejor ponte a ver la tele.

-Pérame tantito, ya voy.

Lo único bueno del perfume fue que me pude quitar los tenis sin preocupación. La Gorda Martines se acercó de nuevo al ropero. Escuché cómo rociaba más perfume antes de guardar la botellita. Giró para subir a la cama y comenzó a gatear como una femme fatale. Avanzaba lenta, con la cabeza un poco gacha, la mirada sin parpadeos y la boca semiabierta. Trató de arrancarme el control.

-Espera. Déjame ver qué más hay.

-Ay, eres un aburrido.

Infomerciales, ficheras, soft porn, diputados, telejuegos, monjas, padres, negros cantando alabanzas, programación, Barney, tarot, hotlines, fútbol, videos, Gorda Martines sobando mi verga por encima del pantalón. Metí el control debajo del vestido y continué flipping channels en la pucha. La Gorda Martines metió la mano en mi pantalón y empezó a jalar y apretar mi verga, después a jugar con mis güevos como bolas chinas. Se acercó a mi cara como para darme un beso, sentí un exceso del perfume dulzón mezclado con el sudor. Comenzó a lamer toda mi cara. Me sacó la playera, desabotonó el pantalón y dejó el cierre a medio camino.

Mientras la Gorda Martines seguía apretándome la verga, me lamía el pecho y chupaba mis tetillas. Dejé el control para meter la mano debajo de los calzones e iniciar una acción análoga. Empecé a picarle el chícharo, después le metí el dedo en forma de gancho para tratar de alcanzar el otro timbre. Por estirar tanto los dedos que quedaban fuera, la uña del dedo meñique se fue a clavar al ano de la Gorda Martines.

-Ay, qué haces.

-Nada. Hoy es dos por uno.

-Ay, que chistosito. Mejor quítate el pantalón.

-Qué nunca te han cogido por el culo.

-Ay, qué grosero.

-Es broma, como tú dices.

-Mmmmm…

Me levanté. Me quité el bóxer, el pantalón y las calcetas. La Gorda Martines se desabrochó el vestido estando de rodillas sobre la cama; dejando ver la combinación de brassier café y calzones amarillo cerveza. Después tomó el control de la tele y subió el volumen. La Gorda Martines se comenzó a tambalear al ritmo de la música de Madonna. Continuó con sus movimientos mientras se desabrochaba el brassier. Dos enormes tetas, como dos bolsas llenas de agua, aparecieron para acompañar la cadencia de la barriga. Dejó de moverse y se recostó, apoyando la cabeza en su mano izquierda.

-Ven, ayúdame.

Me acerqué y empecé a jalarle los calzones, Cuando los tuve en mis manos, los hice bolita y los aventé como ramo de novia.

-Trai ese chiquito pa´ acá –dijo antes de golpearse los labios con el dedo índice.

-¿Qué pasó? ¿Cómo que chiquito?

-Ay, es de cariño.

-¿Qué te parece si ora echamos cambio?

-¿Cómo?

-Ahorita vas a ver.

Desde donde estaba, me aventé con los brazos extendidos para alcanzar una almohada. Me acosté boca arriba. Doblé la almohada por la mitad y me la acomodé bajo la cabeza.

-Ora sí, déjate venir.

-¿Qué quieres?

-Tú móntate.

-Ay, travieso. ¿Así?

-No, más acá, más arriba.

-¿Aquí te gusta?

La Gorda Martines se montó a mitad de mi pecho.

-No, así no. Quiero chupártela aquí. Esto lo vi en una película.

-Ay, qué te tomaste, hoy vienes muy juguetón.

La Gorda Martines se arrastró de rodillas hasta llegar a mi cara. Sentí el estropajo raspándome y dejando un residuo baboso. Apoyó las manos sobre la cabecera. El olor intenso a orines sacudió mi nariz. Me quedé frío y apreté los ojos. La Gorda Martines empezó a sacudir la cabecera como un mono enjaulado. Abrí los ojos. Le apreté las nalgas para darme un poco de valor. Se asomó una lengua tímida y temblorosa entre mis dientes. El sabor ácido, el olor a orines, el moco amarillento entre sus pliegues. La garganta se me llenó de asco cuando además sentí bajar el olor del perfume. Esto era muy diferente a la imagen de Bardem y la española esa en la película. Qué pude haber hecho o dicho: Mejor sí mámamela; Oye, límpiate bien, te apesta la pucha; Lávatelo, te sabe re culero.

La Gorda Martines no me dejó pronunciar ninguna frase. Liberó el peso de las piernas y lo depositó sobre mi cara. Así, de golpe, mi nariz, boca y barbilla, se hallaron ahogadas por la masa de carne peluda y babosa. Seguí dando lengüetazos por la desesperación de respirar. La pinche Gorda Martines parecía que montaba un toro de feria. Se mecía como una maldita poseída. Sacudía la cabeza, la lonja y también los brazos. Entre tanto brincoteo hasta la tele se apagó. Escuchaba los gemidos de la Gorda Martines y mis propios gemidos dentro de la chocha. Por un momento me cruzó por la mente aguantar y fingir que también gozaba, pero el fin llegó cuando sentí un vello en la orilla de la garganta y fui testigo de cómo los tragos de saliva lo ayudaban a bajar por mi esófago. No podía gritar, no podía darle un madrazo, así que lo único que se me ocurrió fue agarrarle las tetas y apretarle machín la derecha. Como reacción instantánea, la Gorda Martines se cogió la teta con ambas manos y se dejo caer en la cama.

Las rodillas me temblaban, no sentía las piernas. Parecía que todo el aire que por fin respiraba estaba inundado por ese olor intenso a pescadería, ese olor a panocha, pero sólo era mi cara la que apestaba. No lo soporté más, me hinqué y comencé a vomitar ahí mismo. Con una mano me apoyé en la teta izquierda de la Gorda Martines y con la otra trataba de aguantar los retortijones de la panza. A un lado de su barriga vomité los tres americanos, y ahí entre ellos, pude ver ese pinche pelo grueso y chino.

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Un comentario to “Hombres Calamardo en el planeta Pucha”

  1. marco says:

    jajajaja, no mames que aventura pasastes. pero me encanto la forma en que lo describes, son de esas lecturas que no puedes dejar de leer, seria magnifico encontrar un libro con tus aventuras descritas como lo has hecho con la gorda martines, exelente!!

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