Gaspar

Cuando lo conocí en noche vieja pensé que era un idiota más con un script de ligue mediocre. Ojalá sólo hubiera sido eso. Cinco días después ese individuo me estaría jodiendo el día de reyes para siempre.

Todo comenzó un 31 de diciembre en Madrid, cuando después del clásico conteo regresivo de las 12 en Puerta de Sol, La Julia y yo nos fuimos de marcha a los antros del centro. Para tan especial ocasión, ambas decidimos ocultar nuestro pelo obscuro con pelucas de colores brillantes a la usanza local: plata para La Julia, morada para mí.  Ambas usábamos vestido negro y entallado, botas altas y, después de dos años de ser estudiante de intercambio, acento gachupín.  Sin embargo, nuestra cara nunca dejó de gritar “soy mexicana”, por lo que teníamos como bonita costumbre fingirnos turistas al momento de ligar.

En Europa ya estrenábamos 2006, por lo que decidí celebrarlo con una cubata de tequila.  El bar elegido fue la Monalisa, un lugar obscuro de música pop y corriente al que acudían principalmente extranjeros buscando un cuerpo igual de corriente al cual repegarse.  Yo estaba en la barra cuando se me acercó: moreno y cejudo, tenía el pelo negrísimo y los ojos (enmarcados por violetas ojeras) lo eran aún más. Su cara gritaba soy árabe y soy malote. Además olía a Falafel.

Me enamoré. Bueno no.

Me calenté.

Comencé a fantasear con tener sexo en una de esas tiendas de campaña café del desierto, entre pan árabe y cerveza sin alcohol. En la cabecera pondríamos sus pistolas de terrorista e ignoraríamos las alarmas de bombardeo en el campamento por estar haciendo el amor. Moriríamos en un abrazo apasionado y mentándosela al todas las generaciones de Bush que existen y existirán.

Mi fantasía se vio cortada cuando el árabe me aseguró que nunca había visto a la Monalisa en vivo, que no le gusta ir al Museo del Prado. –Está en el Musée du Louvre- Le recriminé su ignorancia, mientras acentuaba las “ges” de mi avanzado francés. Chingado, y yo que ya estaba pensando en inscribirme en esas clases de danza del vientre.

En eso se acercó La Julia y me pidió mi celular (¡móvil!, dijo móvil), acción que mandó por la borda nuestra mentira de ser turistas. Ella se dio cuenta de su error por la cara de “ya la regaste” que le puse y no le quedó más que ayudarme a huir. Sin embargo, el árabe falafelero me atrapó y con su teléfono en mano, comenzó a anotar el mío.

Cinco días después me llamó el terrorista caído en desgracia, invitándome a salir en esa víspera de día de reyes.  Como la rosca madrileña no tiene ese delicioso pedazo de azúcar de la mexicana, algunas copas de alcohol con refresco eran un buen sustituto para la ración calórica de la noche.  Supuse que lo peor que podía pasar fuera una plática plana y aburrida, nada con lo que no haya lidiado antes, ¿Cierto?

No.

A la una de la mañana estaba despertando a Lina para que me ayudara. Con voz desesperada y al borde del llanto, le contaba mi desgracia. Mi colombiana y adorada roomie, siempre tan comprensiva, comenzó a reírse. El nivel de carcajadas llegó a ser tan fuerte, que había dejado de ser burla muchos minutos antes.

- Ayúdame a ver si se quedó dentro – le suplicaba.

- ¿Estás loca? No me voy a poner a ver tu chocha! Jajajaja. Eso te pasa por andar de arrecherra, ¡jajajaja!

Por supuesto, a mí no me causó ni tantita gracia cuando a la mitad de una pésima cogida con el árabe falafelero, bajé mi mano y no sentí el condón. Histérica, le recriminé entre insultos de varias nacionalidades el habérselo quitado. Cohibido y sin erección, el puto árabe falafelero me aseguraba que ni lo había movido, mientras yo buscaba el pinche hulesito ese por la habitación. No lo encontré.

Apenas amaneció, mis zapatitos y yo estábamos en la Seguridad Social gachupina. Para mi mala suerte, el 6 de enero es día festivo y todo está cerrado. Tuve que ir a urgencias del Hospital 12 de Octubre en donde el asunto de “un condón perdido” no era importante. Para aumentar mi desgracia, la sala estaba retacada de niños llorones que habían sufrido accidentes varios por el uso indebido de los juguetes de reyes. “Sí, hay que usar bien los juguetes” pensaba yo.

Fue hasta después de un niño que se había metido un mini-Chewbacca a la oreja que me llamaron al consultorio. “A ver, la señora con el condón perdido en la vagina que pase”. Ya ni vergüenza me dio.

Cuando por fin lo sacaron, me dirigí a mi casa deprimida y recriminándome todas y cada una de mis actividades libertinas. Me prometí ser más juiciosita, seleccionar con más cuidado a mis amantes y olvidarme de los one-night-stands.  Toda la tarde me tiré a ver la televisión sin poner realmente atención y a comer tortilla española con salsa Valentina. Para animarme, Lina me invitó a ver la cabalgata de reyes al centro. “Anda Cari, y te invito un chocolate con churros… o un kebab”. Pinche Lina, al menos me hacía reír.

A pesar de estar retacada de enanos diabólicos, la mentada cabalgata de reyes no estaba tan mal. Había varias caravanas, en las que los reyes eran el centro de atención. También desfilaron animales de verdad –incluso un elefante- vestidos de terciopelo rojo y tiritas doradas, con su respectivo rey mago encima. Del cielo caían papelitos, había muchas luces y se escuchaban villancicos de los altavoces.

Comencé a recordar mis días de reyes mexicanos: cuando de escuincla me levantaba antes de la salida del sol y buscaba mis zapatitos para ver los regalos que me habían dejado esos míticos y bondadosos seres. O cuando partíamos la rosca en familia y yo volvía a meter el monito que me había salido por abajo del pan. Y de lo rico que sabe la rosca mexicana, con ese cachito azucarado, que es mi preferido.

En esos alegres pensamientos me encontraba cuando reconocí al pinche árabe falafelero subido en un camello y disfrazado de Gaspar. Agaché la cabeza y con un suspiro de resignación supe que me habían jodido el día de reyes para siempre.

Foto: Jexweber

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4 Comentario to “Gaspar”

  1. perrodelmal says:

    no pues después de eso ya nada es igual, nches reyes magos.

    Me hiciste recordar algo parecido, de hecho eso me ha sucedido 2 veces pero las 2 logré sacarlo, con mucho trabajo y en posiciones muy raras, con mis deditos largos usándolos de tenazas, jajaja.

  2. Deandra says:

    I will be putting this dazzling inihsgt to good use in no time.

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