La semana siguiente ya que nos habíamos entrevistado con nuestra asesora nos asignaron casos. Me toco “Don José”, hice la entrevista de los datos generales y justo cuando llegamos al tema en cuestión, es decir, el porque asistía a terapia fue porque él deseaba tener una vida sexual más satisfactoria con su pareja actual. Guau!!!, quede sorprendido, sorprendido en buen pedo porque dije a huevo, el don trae la actitud. Me empezó a platicar que en Chapultepec hay un parque donde es área especial para ancianos, especial en el sentido de que se sientan a jugar domino, ajedrez o simplemente platicar. Esta zona como más adelante me enteraría era el lugar ideal para los señores arriba de 60 años para ligar. Así le había pasado a “Don José” no había pasado más de un año de la muerte de su esposa y pues él ya andaba saliendo con una amiga, era la señora de las gelatinas a la que llamaremos “Doña Cande”. De como se conocieron y esas ondas me enteraría después, pero el tema de las relaciones sexuales cuando se trata de un hombre macho y chapado a la antigua casi siempre o la mayoría de las veces centrara la culpa en ella, en la pareja. No dejaba de hablar de ella y que ella tenia la culpa, que ya no lo excitaba como antes, que ya no se arreglaba, que ya no se vestía como antes y bla, bla, bla.
Le propuse que vinieran ambos a terapia para poder encontrar una solución. Cuando le conté el caso a mi asesora en lugar de darme una asesoría sobre como poder detectar una solución eficaz entre ambos para bien de la pareja en cuestión, quedo sorprendida de mi caso y fascinada porque un par de ancianos querían tener una mejor calidad de vida sexual a su edad. Los casos de mis compañeros de un chico que no se identificaba en cuestiones de genero, de un joven alcohólico, de una niña con problemas de atención y al menos 10 casos diferentes de depresión no fueron suficientes para que le llamara mi atención por encima de los demás, pero no en cuestiones éticas sino como chisme de salón de clases.
La segunda entrevista diseñe un plan previo de trabajo, este era tentativo porque también me interesaba conocer la opinión de “Doña Cande” y cual fue mi agrado y sorpresa, al presentarse una señora de casi 70 años jovial disfrutando de su etapa de vida, en si una señora alegre, eso si con una gelatina a las 9 AM dos veces por semana riquísimas, no podía decirle que no porque me la regalaba con toda la generosidad que le caracterizaba. Lo que más me gusto fue su actitud clara, directa y sincera, “a mi me gusta salir, me gusta bailar, me gusta que mi pareja prepare todo previo a una noche de placer, que me trate como una dama, que me lleve a cenar, que me lleva a bailar que me agarre de mis caderas que en cada movimiento de mi cuerpo sienta que me desea, pero sobretodo que estoy viva”, “no que José es de aquellos que no les gusta salir, que quieren estar en casa echados viendo la televisión tomándose su cerveza o que cuando salimos a su edad no le gusta bailar, y no se diga al hacerlo, llega directo, no hay ni siquiera un besito de por medio y peor aun ya le dijiste que por tu edad ya casi no se te para”. Balde de agua fría, la señora siempre en terapia fue directa y “Don José” ahora era el regañado. Después de esa entrevista donde salio el tema ya especifico y después de haberles mostrado mi propuesta decidieron tomarla. Evaluamos los medicamentos que estaba tomando “Don José” para la diabetes previa evaluación médica.
A las dos semanas tuvimos avances con el esquema que habíamos diseñado con autorización del médico de cabecera. La relación se torno más abierta y clara, pero el problema eran los celos de “Don José” sobretodo porque decía que muchos de los asistentes al parque le echaban los canes a su mujer. Ella no tenia problema alguno era lógico su argumento, ella atendía su puesto de gelatinas y le gustaba hacer amigos, era platicadora. De las tutorías ya ni hablar, pedí mi cambio de profesor y este en lugar de admirarse por el tema como mi primer asesora colaboro para el desarrollo de un plan estratégico. Tuvieron avances pero a la 8ava semana no llegaron, a la 9na tampoco y les llame a ambos y nadie contestaba. Al fin de cursos ya cuando daba carpetazo al expediente llego “Doña Cande” y me dijo, ni se preocupe que terminamos y ahora soy mas feliz. Me agradeció y me dejo una de sus famosas gelatinas de sabores…

Haz clic en la imagen para leer más escritos de Rojo
Sigue leyendo:
WOW! Si llego a esa edad quiero ser igual de calzonuda que Doña Cande.
Que padre que nos compartes esto
Cuando dijiste que no habían llegado pensé que ibas a decir que uno de los dos ya se había puesto la pijama de madera…
Un aplauso a Doña Cande. Una mujer que se valora y disfruta de la vida (la edad no es importante) es suficiente para iluminarle el día a cualquiera.