Y yo estaba en mi quinto sueño cuando escuché el timbre del depa. Se me hizo raro y por eso medio me desperté, pasaban de las 3 de la mañana. Escuché al Herbert hablar con alguien en la puerta y luego a él tocar en mi cuarto. –Te hablan –me dijo a través de la puerta.
Luego de ponerme unos shorts y una playera y agarrar unas chanclas, salí del cuarto. Para ser sincero me habría esperado muchas cosas antes que ver la silueta de la que parecía ser la vecina nueva del 3.
–Hola –me suelta riendo nerviosamente como quien no acaba de creer lo que está pasando. La examino de pies a cabeza. Tacones y falda corta, top brillante en azul y bolsa al hombro. Cara de borracha pero consciente. Le devuelvo el saludo y pongo cara de sorpresa mezclada con confusión.
– ¿Estabas dormido? –me pregunta sin esperar una respuesta.
– ¿Vienes de alguna fiesta? –inquirí todavía sin reponerme de la confusa situación.
–Vengo del Boca, fui con algunos amigos –me dice volteando los ojos en ademán de decepción.
– ¿Y qué tal te fue? –pregunto para alargar la plática.
–La verdad más o menos – ¿ah sí? –Pues sí, pero bueno ya no me importa –contesta. Me sonríe.
Los nervios me ganan y me río. Nunca sé bien cómo actuar en estas situaciones, y no es que me haya sucedido muchas veces –quizás por ello mi incertidumbre –pero es que uno se imagina que fácilmente podría protagonizar una película porno y a la mera hora de la hora las dudas asaltan de volada.
–¿Cómo me dijiste que te llamabas? –finalmente le pregunto.
–Daniela –contesta ella.
Recuerdo bien el día que la vi llegar a ese edificio de estudiantes. Manuel Acuña. Departamentos “amueblados” para estudiantes. En el lugar el común denominador eran los estudiantes de medicina de la autónoma de Guadalajara. Estaba yo sentado en las escaleras bocetando a lápiz en un cuaderno que había comprado y que llevaba conmigo a todos lados. Trataba de retratar la fachada del kínder en la acera de enfrente cuando vi llegar una Cheyenne color verde con placas de Tamaulipas. Me llamó la atención porque de semejante camionetón se bajó una chava de ropa deportiva, lentes oscuros y paliacate en la cabeza. Iba y venía cargando cajas. Era una chava alta, de tez morena clara y cabello largo. Minutos después se acercó para pedirme que le ayudara a bajar el televisor y yo, fascinado con sus enormes tetas, acepté gustosamente.
Cargué el televisor hasta su recámara y me fijé que ya había estado decorándolo. El estudio olía a aromatizante de flores y vainilla. Cajas y ropa sobre la cama. Revistas de moda tiradas en el piso. Me dio las gracias mientras yo trataba de adivinar la forma de sus tetas y los pezones que se marcaban en su playera. Me despedí amablemente y me alejé pensando en su cara. No era una muñeca pero sí diría que tenía una belleza rara un poco exótica, era guapa.
Los días fueron y vinieron y de vez en cuando nos saludábamos cuando nos cruzábamos en la entrada. Un domingo cualquiera se me apareció en el marco de la puerta, que casi siempre estaba abierta, para pedirme una ollita en donde hacer una sopa. Días más tarde me preguntó si no tenía unos envases de caguama que le prestara. Hola y adiós eran el protocolo.
–Vamos a mi depa y te invito un pisto –me dice Daniela.
–Vamos –contesté yo todavía incrédulo de que esto me estuviera sucediendo a mí.
Más que depa era un estudio, o mejor dicho, era una recámara con una cocineta con una barra pequeña y un baño al lado. Nos sentamos en los bancos junto a la barra. De la alacena sacó una botella de Bacardí blanco y un gatorade sabor pera. Brindamos.
Platicamos un poco de todo, como dos personas que no saben nada del otro y que se preguntan de todo. Me platicó que salía con un tipo, pero que no tenían una relación formal. Al parecer ella se molestó porque se lo encontró en el antro y se portó con ella con indiferencia. Ella al ver que él no la iba a pelar esa noche decidió irse del lugar y regresar a su depa. Supongo que estaría cachonda y con el desinhibe del alcohol decidió tocar a la puerta de su vecino para consolarse. Casi estoy seguro que en ese momento fue cuando realmente me cayó el veinte de que no iba a dormir sólo esa noche.
Apuré el trago que tenía en la mano. Le pedí permiso para servirme otro. Abrí la nevera para sacar la cartera de hielos. Estiré mi brazo para soltar el vaso sobre la barra y nuestras caras se encontraron a pocos centímetros, entonces decidí aventar el volado. Todo o nada.
Daniela posó su mirada en mis labios conforme éstos se acercaban a los suyos, noté que me deseaba. Era la respiración. Yo también la deseaba. Nuestras lenguas se juntaron y nos abrazamos desesperada y torpemente, tal cual se abraza una pareja que se desea pero no se conoce.
Bajé mis brazos palpando su cadera y acariciando sus nalgas en círculos. Mordí su labio inferior mientras ella soltó un gemido. Tracé un camino con la lengua hacia su cuello y su escote. No podía creer que esto me estuviera sucediendo a mí. Subí las manos por debajo de su blusa para alcanzar los ganchos del escote y los solté. Ella con maestría pasó los tirantes por sus brazos y sacó el escote por debajo de la blusa y lo tiró al piso.
Mientras la besaba tomé sus tetas y las acaricié con los dedos. Eran enormes y se sentían duras al tacto. Sus pezones estaban erectos. Era la primera vez que tocaba y besaba unas tetas operadas.
La tomé de la cintura y la alcé en brazos para sentarla sobre la barra. Acaricié sus muslos en mi camino hacia su tanga que segundos más tarde caía sobre uno de los bancos. Acaricié su vulva, estaba empapada. Chupaba uno de sus pezones cuando bajé mi cabeza hasta encontrarme con su puchita y encima una línea de vellos bien recortaditos. La probé, tenía un sabor dulzón que me recordaba a las moras. Me perdí entre sus piernas durante unos minutos en los que me dediqué a saborear y explorar pliegues. Me pidió que la penetrara y ahí mismo con ella sobre la barra y con sus piernas sobre mis brazos comencé a martillarla. Bajé mis brazos por el cansancio de estar de puntillas y con las manos libres me dediqué a masajear y besar sus lolas.
Esa noche no dormí realmente. En un momento nos pasamos a la cama. Había colgado unos trozos de tul con clavos en el techo y entre clavo y clavo la tela colgaba un poco para terminar en las esquinas como los se ven en las camas con cielo de tela. Toda la noche fue una revoltura entre dormir abrazados, coger, ir al baño y platicar con los ojos cerrados hasta el amanecer. Por la mañana me despertó porque tenía que ir a clases pero me dijo que me quedara dormido mientras regresaba. Me dormí profundamente hasta que escuché la puerta abriéndose pasadas las 10 de la mañana. Me vestí y salimos a comer unos tacos a unas cuadras. Al regresar hicimos el amor en la regadera.
Con el paso de las semanas nos fuimos conociendo. Supe que Daniela era originaria de Tampico, que se había ido a estudiar a Monterrey y que allí había conocido a un par de amigos, hombre y mujer, con los que vivía en un departamento. Los 3 decidieron cambiar de aires y solicitaron un cambio al campus de Guadalajara por un semestre. Rentaron un departamento aquí y al principio todo iba bien pero finalmente ninguno se logró adaptar al ambiente jalisquillo. Al final de semestre sus amigos decidieron regresar a Monterrey pero Daniela quería cursar una materia más aquí en Guadalajara por lo que se quedó y como no congeniaba con nadie realmente terminó rentando ese estudio para ella sola durante un semestre más.
Comenzamos a tener una de esas relaciones en las que uno no sabe cómo catalogar. A veces ella me buscaba, a veces yo iba y tocaba a su puerta. Otras tantas nos encontrábamos en la entrada o el patio central y ella me decía que pasara más tarde. No nos veíamos diario, sólo cuando queríamos hacerlo. Bebíamos, fumábamos, nos poníamos pachecos, veíamos películas, platicábamos y cogíamos como locos durante esas noches. Teníamos un código. Las noches en que venía el tipo con el que ella salía no nos veíamos. Aunque pocas veces lo vi en el departamento. Recuerdo una incluso en que ella fue a buscarme, yo lo había visto abajo pero me dijo que ese día no tenía ganas de verlo y que le había pedido que se fuera. Yo la verdad nunca le pedí explicaciones de nada, como yo tampoco le daba ninguna explicación de nada.
No había nada qué explicar. Yo no esperaba nada de ella ni ella de mí tampoco.
Fue una de esas genuinas y raras relaciones en las que ninguno de los dos nos enamoramos. Ni queríamos estarlo.
A decir verdad, la relación que Daniela y yo tuvimos fue una de las pocas relaciones que he tenido en las que las dos personas están de acuerdo y conformes con su papel de amantes y nada más. Fuera de su departamento nos comportamos como amigos en todo momento. Ni siquiera las veces que salimos a tomar a algún bar cambiamos los papeles. Pero de la puerta hacia dentro éramos dos amantes que pasaban casi todo el tiempo desnudos.
El semestre pasó volando. Era diciembre y yo iba a pasar navidad con la familia en Mazatlán. Al regresar pensaba mudarme con otro amigo y dejar ese depa. Unos días antes de irme llegué al edificio y la vi cargando maletas en su camioneta. Regresaba a Monterrey. Nos despedimos rápidamente. Nos prometimos que seguiríamos en contacto, intercambiamos correos y ahí, por primera vez valiéndonos madre, nos besamos en público.
Todavía un año después me contactó en el messenger y me dijo que iba a venir unos días de vacaciones, quedó en llamarme para vernos. Nunca llamó. Yo perdí sus datos y nunca más supe de ella.
Pero nunca olvidaré esos sándwiches de queso en la madrugada, enredados en las sábanas. Sin saber qué esperar el día siguiente.
Ahí se ven, perros.
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Hola a tod@s.
Woooooow, simplemente de envidia por Daniela aclaro y todo el respeto mio para ella por saber ser una AMANTE PERFECTA, que asi como dice alguien que conozco: LA NETA, me encantaria ser yo, soy LA AMANTE como antes les dije, solo que en ocasiones me gana el amor que siento por ese Amore Mio, nos hace falta ponernos bien pachecos, ja, ja, ja, pero Amore Mio no quiere, (le da miedo), los sándwiches, se los he cambiado por tortas de cochinita o del chavo del 8 que le encantan y algunas otras comidas mejor preparadas, tambien enredados entre las sabanas floreadas de algun hotel, con un vino o cuando el apetece cerveza INDIO.
Muy deli-deli tu cronica, PERRITO DEL MAL porfa, que no me hagan esto en miercoles, estoy en mi casita y sola, y ademas deseando al Amore Mio.
Besos de la Bruja Bonita*
excelente relato, si de esas relaciones en donde si solo se genera una relacion de amaciato y no mas de ahy cada quein hace su vida normal, tan bueno eso lastima q muy pocos lo entiendan asi y siempre se compliquen las cosas al enamorarse, no es q no me gusten los compromisos pero a poco no es bueno solo asi como se es amigo ser amantes….
Esas son de las relaciones más honestas que se pueden tener en la vida.
Vientos perro. Y yo he pasado por esos depas, ja!
Hola Perr@s! =D
Esta vez no coincido con la BB. Pues segun entendi el Perro fue el amante de la piru de su vecina que tenia compa., ke no?
En fin, shidito tu relato, cierto o medio cierto… puro perro y salvaje sexo, eso me gusto! =D
Perros saludos para vos.
Ay wua wua del mal, usted me hace suspirar de más
Perroooo…
Esas amistades son de las buenas, deberia haber menos prejuicios y mas sinceridad, asi las personas serian mas felices. Buen relato!