Cita con la esposa de Salazar

café

La esposa de Salazar llevaba 15 minutos de retraso.  Ella tenía el anillo de oro en el anular y por consiguiente, era su privilegio disponer de mi tiempo.  Del tiempo de la amante, de la otra, de la puta buscona de maridos.  Encendí el segundo cigarro mientras ojeaba aquel libro.  Sin embargo, leía sin poner atención.

En todos estos años de soltería he aprendido la importancia de cargar siempre con un libro.  Un libro de autor desconocido, de esos que consigues por menos de 100 pesos en el Fondo de Cultura.  Y si en la portada hay un dibujo obsceno o artísticamente incomprendido, mejor.  Mi libro es mi coraza, mi escudo; con mi libro me alejo de esos aprendices de Don Juan que interrumpen un buen café –sin leche y sin azúcar- presumiendo que han leído lo último de Idelfonso Falcones.  Por eso, le huyo a los Best Sellers y al matrimonio.

La lluvia comenzó a caer en la terraza de aquella cafetería del centro.  El agua rebotaba contra los adoquines y ensuciaba mis zapatos, por lo que decidí cambiarme de mesa.  Con cortesía mal disimulada, un mesero lleno de granos me indicó que adentro no podía fumar.  En este pueblo mocho, sólo la gente sin vicios puede disfrutar de su café en un confortable sillón y bajo techo.  Di una última y larga fumada y con la mirada fija en el mocoso, sonreí al exhalar el humo. Arrojé el cigarro encendido al centro de la terraza mojada; al de granos no le quedó más que ir por él.

-¿A poco ya te vas? Qué poca paciencia tienes… se nota que no te has casado- me dijo la esposa de Salazar cuando me dirigía a un sillón.

-Sólo me cambiaba de lugar- le contesté mirándola a los ojos. -Soy una mujer de palabra y te dije por teléfono que no faltaría a esta cita.

La esposa de Salazar era tal como me la imaginaba.  Confieso que alguna vez la espié por facebook, lo que ayudó en completar la imagen que Salazar me daba aquellas noches en las que el exceso de tequila le producía cargo de conciencia.  “Eres un pinche infiel y yo una cualquiera, las cosas por su nombre, Salazar”.  En mi mente, podía verla caminando por Mazarik, con una bolsa Dolce&Gabbana en el brazo y las tetas postizas rebotando al ritmo de sus Manolo Blahnik.   En esa imagen no podía faltar un puto caramel macchiato extra light.  Large como su ego y descafeinado como su vida.

Sentada en el sillón frente al mío estaba ella, la esposa: las piernas cruzadas bajo una minifalda, la espalda derecha y el rostro ligeramente levantado.  Sus tetas de silicona me apuntaban; los pezones estaban listos para disparar a matar.  Ella se veía relajada, con las manos descansando sobre sus pequeños muslos. En su mano derecha un enorme diamante le provocaba una torcedura en el anular.

-Me lo trajo de Houston- me dijo agitando los dedos cuando notó mi mirada sobre la piedra.

-Ya lo sé- contesté sorbiendo un poco de café. -Me lo dio a mí primero y se lo regresé-

PUM.  Uno – cero, favor la amante.

La frente de la esposa de Salazar se arrugó un poco nada más.  Vaya, esas cirugías de la cara son buenas; y es que a nuestra edad, las cremas sólo sirven para humectar la vagina. Tengo que admitir que es hermosa. Yo sabía de su legendaria belleza por un primo suyo; un maricón de clóset con el apellido mamón que ella le agrega al corriente Salazar cuando sale en la sección de sociales.

Aún recuerdo las palabras del mariconcito cuando se enteró que yo era la amante. “Vieras como se cuida mija: masajes, tintes, dietas, tratamientos en el cuerpo.  No hay mes que no vaya a un spa de desintoxicación.  Pero no te fíes, no todo es falso en ella; la puritita verdá es que siempre fue her-mo-sa.  Rubiecita, de piel blanca y tersa.  ¡Uy! la vieras en la prepa del Fray Luis, mija.” Y juntó todos los dedos de la mano me dijo: “Un titipuchal de pretendientes.  Eso sí mija, tú tienes más nalgas y piernas.  Y eso, por más gimnasio que haga, la pobre no va a tener”

A mí me gustaba que no fuera una de esas espositas fodongas que huelen a cochambre y a caca de bebé.  Me tiraba al esposo de una socialité de belleza descomunal.  A huevo.

-Aléjate del él, tengo todas las de ganar. -su dedo índice me disparaba. -Yo tengo a sus hijos y sin ellos no puede vivir.  Supongo que ya lo sabes.

PUM. Uno – Uno, favor la esposa y madre.

En efecto, ya sabía del amor obsesivo de Salazar por sus pinches mocosos.  A mi mente vino aquella tarde en un motel, cuando subiéndose los calzones comenzó a disculparse: “sólo tengo tiempo para uno mi amor, es cumpleaños de Pablito y hay fiesta en la casa”.  Me levanté de la cama con un brinco y comencé a gritarle: “Para esta puta cogidita de mierda, mejor te hubieras quedado con tus pinches hijos”.  Mis brazos aventaron su ropa a los pies.  Ofendido, Salazar golpeó los interruptores con las palmas de las manos y encendió la luz.

La habitación se llenó de gente. Y no sólo por haber mencionado a su adorada familia, si no por los múltiples espejos en paredes y techo, que nos multiplicaron al instante.  Así comenzaron, una vez más, los insultos y las recriminaciones.  Ya sé que tienes familia, no necesitas repetirlo.  Eres una insensible, no entiendes que no puedo dejarlos.  Ni quiero que los dejes, por eso me gustas, porque tienes quien te planche la ropa.  Te crees muy pinche moderna, ¿verdad? No puedo creer que no tengas sentimientos y puedas coger así.  Claro que tengo sentimientos, ¿quieres que te diga lo que aún siento por mi ex? Las manos golpeando al aire, los ojos con lágrimas, la ropa volando, las gargantas desgarradas, los rostros desfigurados.  Todo eso y multiplicado nos regresaron  los espejos.

Con un “chinga a tu madre” le aventé los condones a la cara.  Salazar caminó hacia mí y la vena en su frente estaba más grande que nunca.  Su mano derecha frenó mi palma extendida, cuyos dedos se quedaron a centímetros de su cara.  ¿Ya nos llevamos a golpes amorcito? Su aliento rosaba mi rostro.  En sus ojos había coraje y lágrimas.  Aunque mi brazo se resistía, Salazar logró ponerlo en mi espalda y me aventó a la cama boca abajo.  Y así, a la fuerza y sin caricias previas, lo hicimos aquella tarde por segunda vez.  Aún tengo grabado en mi nariz ese aroma a tela polvorienta y húmeda de la colcha del motel.

Me tallé la nariz al recordar ese olor y estornudé.  La esposa de Salazar me ofreció un pañuelo, que yo rechacé moviendo mi mano izquierda desnuda.  Con suavidad, ella depositó la bolsita de kleenex en la mesa y continuó diciendo:

-Estamos embarazados otra vez y como te imaginarás, él está feliz.  Por eso es que no te ha buscado. -La estúpida sonrisa que tienen las embarazadas se dibujó en su rostro burlón y tomó un trago de su té de frambuesa.

PUM.  Dos – Uno, favor la futura gorda con anillo.

No sé que me dolió más, el que Salazar se la siguiera cogiendo habiéndome jurado que yo era su mujer y ella “la mamá de sus hijos” o el que otro mocoso se metiera en nuestra cama.

-Me da mucho gusto por ustedes, espero que esta vez sí me deje de buscar- respondí.  Pero mi voz estaba débil y el disparo rebotó en su silicona.  Ella saboreó su triunfo y brindó bebiendo de un jalón todo el té.  Aprovechando que no tenía defensa agregó: –No me agradezcas nada, que lo mismo diré a las otras.

PUM. Tres – Uno, favor la familia.

La esposa de Salazar se levantó dejando un billete de doscientos pesos sobre la mesa y con un “hasta nunca” se fue.  Yo me quedé mirando el billete y pensando en las otras.  ¿Sería verdad o un simple bluf? De cualquier manera, que gran hijo de puta había resultado el tal Salazar.

Comencé a recriminarme por haber aceptado esa cita.  ¿Qué buscaba ganar? No necesitaba nada de ella.  Debía hacerle caso a los consejos de su primo maricón y buscarme un hombre bueno, tener casa, hijos y un nombre respetable antes de que se me cayeran las nalgas.  La sangre me hervía en todo el cuerpo y pedí un tequila para aminorar el calor.  “No servimos alcohol sin alimentos señorita” me respondió el mocoso con barros.

PUM. Cuatro – Uno.  Marcador final.

Foto: Helium273

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5 Comentario to “Cita con la esposa de Salazar”

  1. Rojo says:

    Me encanto el final, el marcador a lo largo de la historia le da ese toque dinámico, ese Salazar! jaja.

    Saludos

  2. Ann says:

    pinche Salazar, los que un buen cogedor aveces nos hace pasar…..

    saludos,

  3. Rox says:

    Pinches hombres, snif

    SALUDOS :)

  4. natmon says:

    esta de webooos!!! ja ja no mams rox no paro de leerte soy tu fan, me reflejo en ti bien cabron

  5. Estimada Rox,

    Como siempre, shidito el relatito!, no manches Rox, nomas comienzo y me atrapas, no paro (sin albur =D)

    Se llaman MODERNAS y adictas a la adrenalina, no lo sabias?.

    Ps ‘ta re’ facil!, NO SE METAN CON CASADOS!, habiendo TANTO putito solterito…(yic!)

    Saludos.

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