Contemplaba a la enorme luna llena de octubre asomarse al final de la calle cuando a mis oídos llegó el llamado de guitarras y batería. El ritmo me sedujo por lo que sin siquiera preguntar, jalé a mi acompañante de la mano y entramos a aquel bar. La obscuridad del lugar cedía ante luces blancas y azules que iluminaban el escenario donde los cuatro integrantes de Bestias Míticas dominaban su territorio.
Lobo cantaba con la garganta, con las manos, con las piernas; con todo él. La gente coreaba sus canciones y las mujeres aullaban. Yo observaba desde la barra del bar y entré en celo, bajo su poder y escuchando sin oir… Vestido de pantalón negro, camiseta de Judas Preist –negra-, converse –negros-, muñequera de cuero –negra- y guitarra al hombro, el vocalista era sin duda, el macho alfa de la manada. El micrófono de metal rozaba sus labios mientras sus dedos acariciaban la guitarra con intensidad, con una mezcla de sexualidad y ternura de esas con las que comienzas a chorrear. Es sudor le comenzó a escurrir por esa melena mal cortada y a contra luz, las gotas brillaban con cada brinco que daba en la plataforma de madera.
Mi respiración ya estaba agitada, por lo que me acerqué al escenario, para ver esos ojos negros y brillantes de cerca. A empujones, logré estar a centímetros de él, sin embargo, no me podía mover. Todos mis órganos y sentidos se dedicaron a ver.
Cuando la canción se lo permitía, comenzó a acicalar ese pelo despeinado con sus dedos y comencé a imaginar que eran mis dedos los que lo recorrían y que después bajaban por su barba y su delgado pecho. Mi mente estaba a punto de desabrochar su pantalón cuando una banda de rockeros haciendo slam me tiró al piso de nalgas. Mi novio acudió en mi auxilio.
–¿Qué estas tonta? –me dijo.
–Sí. -Contesté yo –¿No crees que el vocalista se parece a Dave Grohl?- añadí.
–Ah, ya comentaste de pinche grupie –me respondió enojado.
Sí, ya había comenzado de pinche grupie y mi prioridad era deshacerme de él. Me lancé directamente a su yugular y le clavé mis colmillos.
–¿Y tu esposa te dio permiso hasta las doce, Ceniciento? Porque yo no me pienso ir. –le dije con saña. Por respuesta obtuve un chillido lastimoso y dinero para pagar la cuenta. Con la jaula abierta, sonreí.
Volví a la barra del bar para así acechar sin perder detalle. Con suspicacia, mis ojos recorrieron la manada que rodeaba a mi grounchiezco vocalista. Sin duda, entrar al círculo por el mánager hubiera sido muy efectivo pero para mi mala suerte, ese gordo sólo miraba a los lobeznos.
El bataco lucía un poco solitario, por lo que fue mi elección. Me lancé a la caza con el escote descubierto y con la seguridad que da un litro de cerveza. Mi BlackBerry me dio la carnada a utilizar: le aseguré que también había asistido a las tocadas de los días pasados en León, Celaya y Salamanca.
Algunos roces de mi mano contra su pecho y brazos después, el bataco me reveló el hotel y la habitación que alojaría al after. –Ahí estaré –Le aseguré muy cerca de su oído.
Pero antes huí a mi casa. Los pantalones de mezclilla y los calzones de abuelita que llevaba no eran el ajuar requerido para acosar rockeros. Necesitaba maquillaje, necesitaba negro, necesitaba tequila.
Saludé al recepcionista del Real de Minas con los tacones y me dirigí a la cueva indicada. En la penumbra de la cueva, una densa nube de humo cargada de feromonas me recibió. Me tomé unos segundos para que mis ojos se acostumbraran a la obscuridad. Sin embargo, mi tacto despertó antes cuando un par de manos me levantaron la minifalda y recorrieron con fuerza mi trasero. Todos los vellos de mi cuerpo se levantaron al sentir el vaho de una respiración en mi cuello y un gemido se atoró en mi garganta cuando fue aprisionada por unos largos dedos. En mi nuca, un par de colmillos se clavaron y mis rodillas empezaron a flaquear. Justo a tiempo otro par de manos me sostuvo de la cintura mientras su húmeda lengua me abrió la boca. Cerré los ojos y sentí una melena a través de mis dedos.
En ese momento decidí no abrir nunca más los ojos, rendirme y ser su presa.
Mi tanga comenzó a rozar mis muslos, pero las cuatro manos seguían en mi cuerpo. ¿Cómo era posible? Supuse entonces que era un predador mitológico, un chupacabras, un caliente demonio cazador, una Bestia que sin misericordia me iba a despojar de mi ropa, de mi piel, de las míseras cogidas que hasta ese momento había tenido en mi vida.
En un rápido movimiento, la Bestia me tomó de las piernas y la espalda, arrojándome en un montón de pieles que estremecieron la desnudez de mi cuerpo. Una serie de lenguas comenzaron a lamerme, a morder cada una de las protuberancias de mi cuerpo, a succionar mis pechos, a rasgar la piel cercana a los huesos. “Soy el alimento de la noche” pensé cuando las mordidas fueron más salvajes y supuse que iba a morir. De pronto, escuché un aullido ensordecedor que detuvo las mordidas.
Mi piel estaba al rojo vivo y sentía con intensidad los pelos del cuerpo de mi Bestia, de la que no distinguía –ni me importaba hacerlo– si eran manos o piernas. El olor a sexo me picaba la nariz y los ojos, mientras no se cuántos penes entraron por todas las cavidades de mi cuerpo.
Fiel a mi promesa, nunca abrí los ojos y tampoco supe la cantidad de orgasmos que tuve antes de caer desmayada.
Desperté al sentir un chorro caliente resbalar por mi mejilla. El olor a orina llegó a mi nariz y supuse que la Bestia estaba marcando su territorio. Pero cuando volteé, un panzón era el que orinaba. Al día siguiente, las Bestias se convierten en cerdos.
Foto: Rox Grupo: Disidente
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Son fantásticas las sensaciones que pueden despertar algunos músicos, por eso para mí las grupies no son solo golfas, es desear a la persona solo por escuchar lo que es capaz de crear, solo porque es un chingon y eso es muy comprensible.
¡Ja! una lástima la manera en la que puedes terminar.
Por cierto el Alex tssssss papito
Y si le hacemos llegar esto a los Disidente?…
Natalia: Yo soy regrupie y si… Alex PAPASOTE!!
Poeta: No, que wewencha
SALUDOS