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Levantarse a las 4 o 5 AM tiene sus frutos se decía Elizabeth, a las 12 del día ya tenia toda la tarde libre para hacer lo que más le gusta que era sentarse y tejer hasta las 8 de la noche. Ocasionalmente se encontraba de esas revistas de bordado en el basurero. Siempre se decía que las cosas buenas llegaban de madrugada y así lo constataban el refrigerador de medio uso, su colchón y alguno que otro par de zapatos y ropa que le quedaba a la perfección con esas caderas tan suyas. Lo que no se lo quedaba lo lograba vender en el mercado de Santa Cruz los miércoles, ahí también todo empezaba de madrugada.
Para Gonzalo su día empezaba un poco más tarde a las 7 AM, disfrutaba su trabajo y le encantaba, primero le gustaba pasar a zonas más concurridas como escuelas o centros recreativos ahí obtenía más cosas por la basura, pagaban más y para finalizar su recorrido se dirigía a una unidad habitacional donde si no sacaba su cuota diaria al inicio aquí se recuperaba. Pero a él le gustaba ir más por otra cosa, él sabia como se le quedaban viendo las señoras cuando sonaba su campana y cuando recorría los andadores de la unidad y más de una se le quedaban viendo a su pecho y su espalda ancha. Gonzalo había desarrollado un interés por las revistas donde salían aquellos hombres mamadísimos y que sirvieron para hacer de él otra persona, además de que nadie se metía con él. Auto didacta por las tardes hacia las repeticiones y los ejercicios que venían para desarrollar glúteos, pantorrillas y espalda. Le encantaba. Él único pero que le ponían las doñas era su olor, no era el típico olor que se impregnaba por ir al basurero, no era el hedor de macho añejado por al menos 3 o incluso hasta una semana y la verdad es que eso no les gustaba, pero más de una señora si le hubieran dado un buen baño de esponja además de reflejaba una inocencia que las hacia pensar cosas de lo más sucias. Muchos también hubieran deseado la suerte de Gonzalo.
Los miércoles era día de cambiar revistas en el puesto de don Pifas, sin querer y sin buscarlo Elizabeth y Gonzalo siempre se encontraban ahí. Ella con sus 42 años y viuda desde hace 2 años había notado que ese día era común para ambos, ocasionalmente cruzaban miradas, si uno de ellos platicaba con don Pifas el otro se esperaba a que acabara y platicar con él, era el confidente de ambos. La verdad es que eran muy tímidos, de hecho, todos los que pepenaban en el tiradero se conocían, pero pocos sabían algo de Gonzalo y de Elizabeth. Otro día común para ellos eran los jueves, era una especie de día de descanso porque llegaban al final del día después de la 1 PM- a la central de abasto a recoger verdura que practícamele iba de salida, les gustaba llegar a esa hora porque no había mucha gente y lo que quedaba era solo para consumo personal no como las familias que llegaban temprano a las 4 AM cuando lo mejor de los comestibles podían ser obtenido de forma gratuita.
Buscando aquí y allá entre rábanos, nabos, lechugas, cebollas y pepinos Gonzalo volteo a ver a Elizabeth y tenia abierta la blusa a la altura del pecho lo que dejaba ver de perfil un seno blanco grande que se movía de derecha a izquierda queriéndose escapar de la blusa. Quedo perplejo al ver aquella silueta redonda blanca, se los imaginaba tan blancos que los rayos del sol brillaban a través de sus pequeños vellos, al imaginarse eso sintió ese latido y su miembro latía al ritmo de su respiración, se incorporo para descansar un poco y saco un pañuelo para quitarse el sudor. Elizabeth sintió aquella mirada pero solo fue perceptible por la gota de sudor que le recorría el cuello y que bajaba lentamente para quedarse en medio de sus senos, recordó como en épocas más calurosas el sudor se depositaba por debajo de sus senos y esa sensación cuando al caminar esos pliegues se pegaban y contraían a causa del sudor, solo al final del día despues de bañarse sentía una frescura tal al secarse pero sobre todo esa sensación de mirarse al espejo y verlos con esa expresión de ser tomados y acariciados como antaño su esposo lo hacia o mejor aun cuando su primer amor la poseyó pero mas que poseerla recuerda la cara de él embobado por sus senos, le encantaban. Se ruborizo y opto por limpiarse ese sudor que recorría su frente con la palma de su mano y seguir con su labor.
Ninguno de los dos le hubiera hablado al otro, de hecho no lo hicieron pero a Gonzalo la iniciativa y esa sensación de probablemente ser vistos porque a esa hora no había ni estibadores, ni cargadores ni chóferes que se asomaran al deposito le hacían sentir los latidos del corazón en su cabeza y en su respiración que se hacia más agitada y sin control lo que a su vez lo estimulaba porque no había tenido esa sensación nunca aunque también estaba la prudencia que le decía que pensara mucho lo que fuera a hacer, era esa conciencia que le calmaba pero la verdad es que le inquietaba más levantarle la falda y rasgarle las bragas sin ningún permiso ni consentimiento.
No tuvo que pasar eso que él tanto deseaba y que a la vez le conflictuaba, mientras pensaba y se imaginaba como abordarla una mano agarro su camiseta y lo jalo cayendo hacia delante, sobresaltado y con los latidos del corazón al mil y su respiración intensa casi sin pausas se daba cuenta de que era ella quien había tomado la iniciativa y lo jalaba contra su cuerpo cayendo los dos sin pensarlo en una cama verde de lechugas y berros que al ser aplastados le daba otro aroma a sus cuerpos. No tardo mucho en recorrer sus piernas comenzando con los pies y llegando a la cadera, desesperado como un animal recorría su cuerpo rápidamente, ella con sus manos en la cabeza lo restregaba contra sus senos y su cuello quería ser devorada con ansia, le gustaba esa respiración intensa y ese jadeo en su cara y en su cuello. Mientras este frenesí se desarrollaba, nuevos aromas se hacían presentes, se detuvo sólo para sacarse la camisa levantando los brazos decidió un aroma a sudor intenso concentrado que a ella le trajo los recuerdos de su esposo cuando se volvía loco porque le pedía que se aseara lo menos posible su vagina y como la desnudaba y se satisfacía oliendo sus bragas y como las colocaba alrededor del pene y se masturbaba, será este un nuevo placer acaso, el olor a sudor de Gonzalo le excito y lo noto en la forma en como poco a poco sentía esa sensación calida y húmeda que era acompañada por la presión y los movimientos acompasados de él como queriendo invadir esa intimidad.
Basto deslizar su mano simplemente para desabrochar el pantalón y sentir en sus manos aquel pene duro en sus manos mientras veía como sus senos apuntaban al sol al ser despojados de su prisión. Hábilmente recorriendo sus senos con la mano derecha posándose en su vientre deslizo su mano por debajo de las bragas para sentir esa humedad que lo invitaba a entrar, la tomo por la cadera y la recargo en un tambo para que así sentada pudiera tenerla de frente pero más aun ver sus senos mientras el se movía lentamente, con el simple hecho de que tomara la iniciativa le volvió loca y con su mano aun aferrada al pene lo condujo lentamente hacia ella. Era gordo, el ritmo lento la excito al grado de pedirlo todo, pero no lo dijo solo lo pensó se dejo llevar y él poco a poco sentía como era devorado poco a poco y como esa humedad hacia más fácil su labor, no tardaron en cambiar de ritmo, al final fue tan rápido el movimiento de ambos que ella fascinada con sus manos en sus hombros y él no dejaba de mirar ese par de senos que al ritmo de ambos brincaban como queriendo escapar y para evitarlo en ocasiones ponía las manos en ambos. No falta decir que ambos llegaron al clímax.
Dos semanas pasaron con esta dinámica ininterrumpida los jueves, para después convertirse en una costumbre cotidiana.
Imagen tomada de: Imhara
http://www.flickr.com/photos/imhara/3554597235/
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