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	<title>No le cuentes a mi padre &#187; Rox</title>
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		<title>Elefantimacho</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Oct 2010 22:43:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>

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		<description><![CDATA[No hay que ganar todas las apuestas]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo sé que te acuerdas de nuestra apuesta.  Ya sabes, esa que hicimos aquella vez que nos pusimos borrachas en casa de tus papás y terminaste encuerada en el jardín.  Espero que tu memoria no haya sido afectada por oler tanta caca de bebé.  Te recuerdo la apuesta por si la olvidaste: la primera que se cogiera a un espécimen de cada uno de estas subespecies de pito ganaba.</p>
<ol>
<li>Puercoespinvarón: con piercings en la cara y pelos parados.  El piercing en la lengua era obligatorio.</li>
<li>Quintiño: puntos extra si era desvirginado en casa de su mamá.</li>
<li>El Tres-Pelos: (en la cabeza).</li>
<li>Osombre: con pelos en la espalda, que le llegaran hasta el cuello.</li>
<li>Elefantimacho: que estuviera elefantosamente gordo.</li>
</ol>
<p>Ya sé. Ganar la apuesta no tiene mucho sentido porque hace tiempo que la abandonaste.  Cambiaste de juego y ahora te diviertes en la cocinita.  Pero soy una mujer de palabra y no me complace ganar por default.  Por eso cuando vi a al único espécimen que me faltaba -Elefantimacho-, me apunté.</p>
<p>Lo conocí cuando me hice el último tatuaje a la clínica del Pollo.  Noté al Elefantimacho desde mi llegada.  Era imposible no notarlo.  Su enorme y desparramado cuerpo insultaba a los 3 espejos que cubren las paredes de la clínica. Sentado en banquito, hacía sabediosqué en la computadora.  Parecía una vaca gorda en la cima de un banco, haciendo equilibrio con las patas de atrás.</p>
<p>¿Te duele? Me preguntó el Pollo mientras rayaba mi talón con florecitas.  Un poco, pero sigue, contesté.  Las manos del Pollo acariciaban mi pie derecho con un trapo.  Volteé a verlo y estaba lleno de lleno de negro y rojo.  Era mi sangre.   Las flores comenzaron a dolerme.  Quise detener la tortura en tinta, pero los ojos pequeños del Elefantimacho me veían a través de un espejo.  Tengo que ser macha, pensé.  Él tenía los brazos tatuados con figuras japonesas.  Un pedazo de metal le atravesaba la nariz y un par de rines le colgaban de las orejas.  No podía dejarlo pensar que era una maricona.</p>
<p>El Pollo terminó mi tatuaje y me dirigí a la recepción.  Elefantimacho seguía sentado en su banquito. Oye, te quedo muy bien, me dijo.  Me encantó, respondí.  Al fondo del salón, el Pollo limpiaba la zona de tatuajes, así que aproveché para estar más cerca de Elefantimacho.  ¿Quieres verlo? Le pregunté mientras levantaba mi pie desnudo a su muslo.  Él lo tomó del tobillo y levantó un poco más.  Mi falda se recorrió hasta asomarse más de la mitad del muslo.  Las pezuñas recorrían las flores cuando el Pollo nos sorprendió con un ¿Cómo quedo? Alabé la maestría y el arte del tatuaje.  Vomité alabanzas hacia el Pollo y hacia la clínica; creo que hasta genio de la tinta le llamé.  Pinche ridícula.</p>
<p>Algunos días después, volví a la clínica.  El pretexto era tomarle una foto al tatuaje para incorporarlo en la galería de la clínica.  Llegué tarde con la esperanza que Elefantimacho estuviera solo.  Y así fue.  Hasta se ofreció a tomar la fotografía.</p>
<p>Me quité los pantalones, para estar más cómoda.  Él entendió mi (in)directa, aventó la cámara a uno de los estantes y se desnudó.</p>
<p>Primero se quitó su bata-playera roja y sus tetas, más grandes que las mías, tenían un piercing en cada pezón.  Le colgaban hasta las costillas. En un reflejo vi la grasa que le colgaba de la espalda, otro par de pechos sin pezón pero con pelos.  La enorme panza se desparramó como manteca en bolsa al sentirse libre del pantalón.  La mezclilla cayó con todo y calzones. La cabeza del pito se asomaba con timidez por debajo de esa bola de manteca.  Quiero pensar que estaba parado, pero no podía verlo bien.  El pito gritó: ¡ayúdenme!, no puedo sostener tanta manteca! Su dueño levantó esa bolsa con las manos hechas cuchara. El pito se levantó agradecido.  Me agaché para verlo de cerca.</p>
<p>Su pito era gordo, muy gordo y cabezón. Parecía uno de esos samuráis que tiene tatuados en el brazo.  Me acerqué para olerlo. Elefantimacho tomó mi cabeza con una mano y los dedos regordetes de la otra mano envolvieron el pito.  El sabor a miados me llegó hasta la garganta. Supongo que el pobre no se lo alcanza a lavar bien.  Salivé hasta limpiarlo, el viejo truco de escupirle para que sepa menos feo.</p>
<p>Elefantimacho estaba excitado: un leve gruñido asmático salía de su garganta.  Algo entre jadeo de perro y enfisemoso.  ¿Estás bien? Le pregunté.  Me respondió bajándome los calzones.  La fuerza de sus manos me hizo sentar en el piso.  Mis nalgas se quejaron del frío y las manos recogieron el polvo del día.  Las sacudí con palmadas y le dije que estaríamos más cómodos en uno de esos sillones de piel donde hacen los tatuajes.  Pero su cuerpo de elefante ya estaba sobre el mío y me penetró sin contestar.  Vi su rostro; tenía la boca contraída, los ojos cerrados.  Un montón de arrugas se formaron en la frente.  Con cada empujón, el peso que colgaba de las orejas las hacía mover como péndulos. La oscilación de esos rines metálicos me tenían casi hipnotizada.  Casi.  Ojalá y me hubiera hipnotizado, para no sentir nada.  Y es que la vagina me dolía con cada empujón que daba; no soportaba tener esa cosa gorda llenando sus paredes.  Pero no dije nada.  En realidad, no podía hacer nada.  Su cuerpo de elefante me oprimía y el poco aire que entraba lo utilicé para respirar.</p>
<p>-Yo-o a-a-rri-ba-a supliqué.</p>
<p>No supe cómo se salió, me tomó de la cintura y me volteó de perrito.  Mis rodillas sonaron contra el piso y escuché que aclaraba su garganta.  Hasta eso, tuvo la decencia de echarme un gargajo en el culo antes de penetrarlo.  La manteca de su panza estaba sobre mis nalgas y la grasa me nalgueaba con cada empujón.  Su pito de samurái masacraba mi ano.  Comencé a llorar y a quejarme a gritos.  El idiota pensó que me estaba viniendo y aceleró el ritmo.  Supe que estaba terminando cuando los jadeos se aceleraron.</p>
<p>Cuando por fin se quitó de encima, mis rodillas y codos crujieron.  Ahora, están llenas de moretones.  Pero no son los únicos.  También tengo en el coxis, en las alitas de la espalda y en la cadera.  Un pulgar torcido completa el cuadro clínico. Pero eso es lo “menos pior”.  Tengo la vagina y el culo destrozados.  Con decirte que apenas y puedo estar sentada y tengo miedo hasta de estornudar.</p>
<p>Así que ya sabes, gané esa apuesta y me debes una comida.  Como te imaginarás, ésta te va a salir cara.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/10/elefante.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1154" title="Elefantimacho" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/10/elefante-285x300.jpg" alt="Elefantimacho" width="285" height="300" /></a></p>
<hr />
<p><small>© Rox for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>La carga está lista</title>
		<link>http://www.amipadre.nolecuentes.com/sandia/</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Oct 2010 00:58:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Comida]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[negras]]></category>

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		<description><![CDATA[El arte de cortar sandías.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El calor inundaba la recámara.  Jorge salió con la computadora portátil bajo el brazo y se dejó caer sobre uno de los sillones de la sala. Dos semanas antes, Jorge había firmado un contrato en el que se comprometía, durante seis meses, a cagar en el mismo baño que Carmen y Gustavo.  Ni pedo, pensó. Las rentas en la Narvarte eran un lujo que tenía que compartir.</p>
<p>Jorge necesitaba tranquilidad y eso, sólo lo conseguía en su cuarto. Ocasionalmente, esa tranquilidad era interrumpida por gemidos y pujidos de sus compañeros de departamento. No sabía que eran pareja, le dijo Jorge a Gustavo una mañana mientras preparaba el café.  No lo somos, contestó guiñándole el ojo.</p>
<p>Sentado en el sillón beige, miró esa pequeña caja gris que tenía sobre las piernas y que guardaba a la pinche tesis eterna.  Depositó esos 3 kilos de computadora sobre la mesa de centro.  Sintió como si fueran 10. Jorge se levantó y arrastró los pies para abrir la ventana que estaba a la derecha.  Atravesó toda la sala, llegó al comedor y abrió otra ventana.  El aire de medio día atravesó el departamento y levantó la cortina semitransparente.  Jorge se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos para sentir la corriente de aire.  Cuando abrió los ojos, Carmen salía de la cocina.  Usaba calzones, camiseta y sonrisa blancos.</p>
<p>-¡Hola! -dijo Carmen. -Voy a cortar la sandía aquí en el comedor.  Es muy grande y no cabe en la cocina.</p>
<p>Carmen dejó la enorme sandía sobre la mesa.  Ni el golpe de la fruta contra la madera alejó los de Jorge del cuerpo negro.  El encaje blanco de la ropa contrastaba histéricamente contra la piel morena.  Jorge bajó los ojos y vio algunos rizos negros que se escapaban del calzón.  Otros rizos, largos y negrísimos se movían con el viento.</p>
<p>Deteniendo la sandía con una mano y con la otra en la cintura, Carmen hablaba con Jorge como si fuera la última oportunidad que tenía de hacerlo.  Hablaba del clima, de la guerra contra el narco o de los gastos del bicentenario.  En realidad, Jorge no sabía de qué hablaba Carmen.  Sólo podía pensar en qué tono obscuro tendrían los pezones ocultos bajo esa tela.</p>
<p>Jorge volvió a la computadora.  Se acomodó en la sala y escondió la erección tras el monitor.  La mano empujaba el tronco a clics desesperados.  Archivo, Abrir, la sandía verde, la puta tesis eterna, el enorme cuchillo al que poco falta para ser un machete.</p>
<p>Carmen salió de la cocina empuñando una hoja filosa del mango negro.  Le dio la espalda a Jorge y se dispuso a cortar.  La mano izquierda sostenía la sandía con fuerza, el cuerpo echado ligeramente hacia adelante, las nalguitas apretadas.  Agarrando el cuchillo con el puño completo, lo levantó sobre la cabeza.  Bajó el brazo con rapidez y lo clavó en la fruta.  El pelo negro se movió hacia adelante y un <em>ugh</em> salió la boca.  Las nalgas se tragaron parte del calzón cuando ambas manos empuñaron el mango.  Jorge se mordió los labios.  Con un pequeño brinco introdujo el cuchillo más a fondo. El ritmo de los clics aumentó.   Un sonido hueco se escuchó cuando Carmen nalgueó tres veces a la sandía. Clavó el cuchillo para hacer una cortar hacia abajo.  Tomó aire y lo expulsó con otro <em>ugh</em> mientras desgarraba la fruta.  La sandía comenzó a chorrear de la herida y le ensució los dedos.  Carmen se limpió la mano en el calzón que cubría una de las nalgas.</p>
<p><a><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-1148" title="Sandía" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/10/sandía-150x150.jpg" alt="Sandía" width="150" height="150" /></a></p>
<p>En vez de voltear la sandía para continuar con la herida, Carmen rodeó la mesa. Jorge, que sólo había estado haciendo clics durante el proceso, pudo ver la sandía con una raja, pero prácticamente entera.</p>
<p>-¿Necesitas ayuda? -Le dijo a Carmen.</p>
<p>-No, ya casi está- contestó mientras clavaba el cuchillo en la entrada de la herida.  La mano izquierda volvió a sostener la corteza verde y el cuerpo, echado hacia adelante, hizo colgar los pechos.  El cuchillo continuó con la incisión recta.</p>
<p>-Parece que no se deja cortar completa- dijo Jorge al ver que la sandía aún tenía forma ovalada.</p>
<p>-Ahorita vas a ver- contestó Carmen.</p>
<p>Dejó el cuchillo sobre la mesa y colocó todos los dedos de ambas manos a cada una de las aberturas de la fruta. Con fuerza, jaló los codos hacia afuera.  La sandía, se quejó al romperse en dos y enseñó la carne roja y jugosa.</p>
<p>-¡Está en su punto! ¿No vas a querer? -dijo Carmen, sosteniendo el cuchillo.</p>
<p>-No gracias -contestó Jorge intentando desviar los ojos de los pechos salpicados de jugo. Un pelotón de hormigas comenzó a transitar por los testículos.</p>
<p>Decepcionada, Carmen levantó los hombros y volteó una de las mitades hacia la tabla.   Hizo un corte perfecto justo en medio de esa mitad.  Apartó un pedazo y volvió a cortar.  Sostuvo el pedazo de sandía con forma de media luna frente su cara y exclamó. ¡Por fin!</p>
<p>Los pies desnudos de Carmen rebotaron contra el piso, hacia la sala.  Levantó las rodillas y, estirando las piernas, bailando una canción que existía sólo en su cabeza.  La sandía dejó un rastro líquido sobre el piso, pero Jorge no se percató de ello; estaba atento a los pezones que subían y bajaban.</p>
<p>Carmen se desplomó sobre un <em>puff</em> con las piernas abiertas y flexionadas.  Comía con los ojos fijos en la pared, dejando chorrear la sandía sobre la camiseta.  Los rizos negros se asomaban y escondían detrás de las rodillas bailadoras.  El pelotón de hormigas cruzó al tronco.</p>
<p>La lengua eligió las semillas negras de entre la carne roja.  Carmen se levantó y comenzó a dispararle a Jorge.  Tenía la boca mojada y contraída.  ¡Hey! ¡Para! gritó él cubriéndose el rostro con las manos abiertas. Las municiones se terminaron y Carmen le ofreció sandía con el brazo extendido. ¡Toma! Prepara tu carga.</p>
<p>Al inclinarse, los pechos colgaron, meciéndose en su hamaca. Jorge descubrió de qué tono obscuro eran los pezones.  La carga estaba lista.</p>
<hr />
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		<title>Quema</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Sep 2010 22:28:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre aviso no hay engaño, ¿cierto?

No.  Sí.  No seas idiota, claro que hay engaño.  Te engañaste a ti misma creyéndote superior a las demás.  Te engañaste con excusas pedorras de “no importa de donde venga, mientras venga a mí”.  Y para acabar de chingarla, te engañaste creyendo que chupándosela a José, lastimarías a Valdez.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sobre aviso no hay engaño, ¿cierto?</p>
<p>No.  Sí.  No seas idiota, claro que hay engaño.  Te engañaste a ti misma creyéndote superior a las demás.  Te engañaste con excusas pedorras de “no importa de donde venga, mientras venga a mí”.  Y para acabar de chingarla, te engañaste creyendo que chupándosela a José, lastimarías a Valdez.</p>
<p>“Valdez va a chingar a su madre” era tu ridícula fantasía.  José también tiene piernas, manos y rodillas.  José también tiene pito.   Sí, tal vez su pito es más pequeño que el de Valdez, pero eso no te importa.  Por eso estás ahí, de rodillas y deslizando tu boca sobre el pequeño pene de José.  Crees que eres lo suficiente liberada, muy acá <em>open mind,</em> que no importan las marcas que dejarán en tus rodillas desnudas el cemento del piso. Las paredes amarillas despostilladas y el olor a basura podrida no te molestan.  Eso hace a tu venganza mamadora más chingona.</p>
<p>Te detienes un momento y miras hacia arriba, directo a la cara de José.  Sostienes el pene con tu mano derecha, moviéndola sobre el tronco ensalibado.  José tiene los ojos verdes clavados en un juego de futbol americano que está en el televisor.  La imagen está llena de puntos, lo que hace difícil distinguir las jugadas.  Aún así, José sonríe y se acaricia el bigote.  Tratas de saber si la sonrisa es de satisfacción o de burla.  La respuesta te la da su mano, que se enreda en tus pelos descoloridos y que te empuja la cabeza hacia abajo.</p>
<p>Su pito es un Rey Enano que te tiene a sus pies y en la cabeza lleva una corona de espinas.  Cuando se mueve hacia adentro, clava; cuando se mueve hacia afuera, desgarra.  Jirones de tus entrañas caen en pedazos y salen por tu boca.  Las arcadas comienzan y cierras tu garganta para no vomitar.  José se da cuenta que quieres retirarte y agarrándote del pelo, empuja cada vez más.  Con los ojos bien abiertos, sientes los pelos púbicos en la nariz.  Comienzas a orinarte en los últimos empujones y por fin, sientes el semen amargo sobre tu lengua.</p>
<p>Quema.  El semen de José arde y quema.  Vomitas en el piso dejando una mezcla naranja de gargajos y comida con mocos.  Empujas esa mezcla viscosa con la cavidad de tus manos hacia abajo del sillón y llorando, sales de esa habitación que se cae.</p>
<p>Sólo así te das cuenta que en esa puta venganza, la única que terminó jodida eres tú.  Que esa auto-flagelación con un minúsculo pene hasta causa gracia.  Hubiera sido más sencillo que Valdez te agarrara a madrazos, pero no, te gusta complicar todo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/09/violence.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1142" title="violence" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/09/violence-253x300.jpg" alt="violence" width="253" height="300" /></a><br />
Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/etienne_valois/with/2472282077/" target="_blank">Erminig Gwenn</a></p>
<p>Y te tienes tan poco respeto que te vas a llorar a la casa que compartes con Valdez.  Manejas en automático, sin pensar en el camino; tantas veces lo has recorrido que manos y ojos tienen cerebro propio y dirección.  Tomas las llaves de la guantera del automóvil y cruzas la calle brincando los charcos del aguacero de la tarde.  Abres la puerta y te recibe el suelo pegajoso que no limpiaste.  La mesa del comedor está repleta de  botellas de cerveza vacías y algunos vasos jaiboleros con marcas de lipstick color rojo-putita.</p>
<p>Dejas tus cosas sobre una silla y arrastras los pies hasta la habitación.  No quieres luz.  Tus manos jalan hacia el centro ambas lados de esas pesadas cortinas.  El polvo acumulado que vuela al mover la tela te incomoda, pero continúas pegando ambos extremos para callar ese hilo de luz.  Por fin, te recuestas en la cama, dentro de las sábanas.  Tomas la almohada de Valdez y cierras los ojos.  El olor a grasa de su pelo te llega de golpe.  Necesitas más.  En las sábanas están sus axilas, su pecho, su pene y otra vagina aún más amarga que la tuya.</p>
<p>Tu cuerpo de serpiente se mueve entre esas capas de tierra en las que se han convertido las sábanas de su cama.  Te cubres, te descubres, te amarras y te sueltas.  Intentas ahogarte con tu llanto, sientes morirte con la garganta quemada.</p>
<p>El cerrojo de la entrada anuncia la llegada de Valdez y su voz, tan serena, tan hipócrita, tan no pasa nada, te llama.  Pero no contestas. No le dices, eres un hijo de la chingada.  No le dices, vengo de chupársela a José. Sólo te desenredas de entre las sábanas y te quedas como muerta.  La puerta se abre y la luz del pasillo te ilumina.  Enmudeces el llanto bajo la almohada,  Valdez te toma por dormida y se va.</p>
<p>Ya es de noche cuando por fin sales de la habitación.  La garganta te arde y buscas, sin éxito, un vaso limpio para tomar agua.  Del comedor tomas aquel vaso con marcas rojas y lo llenas de agua de la llave.  El agua pasa con dificultad y te llevas las manos al pecho cuando comienzas a toser.</p>
<p>Tengo hambre, te grita Valdez desde la sala.  “Tengo hambre” repites en tu cabeza.  Casi avientas los pulmones al suelo y sólo eres digna de un “tengo hambre”. Del refrigerador sacas queso y tortillas, que avientas a un comal negro de tanto quemarse.  Las quesadillas huelen a leche rancia; quien sabe cuando compraste el queso.  “Que se muera, que se intoxique Valdez” dices en voz baja frente al fogón.  Las sirves sobre un plato sucio y con un aventón, las dejas en la mesa de la sala.</p>
<p>Que vas a cenar tú, te pregunta Valdez mientras se lleva una quesadilla a la boca y le da una gran mordida.  De un bocado, se comió media quesadilla.  Puedes ver la masa de maíz y queso revolverse entre sus dientes amarillos.  No dices nada, sólo mueves la cabeza diciendo “No”. Andas jetona o que ya comiste, insiste Valdez.</p>
<p>Cené los mecos de José, contestaste.  ¿Te sentiste muy valientita diciendo “mecos”, cierto? ¿Creíste que lo herías hablando de “José”? Que estúpida.  Tan estúpida la pendeja.</p>
<p>Tu mejilla recibe el plato con todo y quesadillas.  Valdez te toma de los pelos y pone su cara muy cerca de la tuya.  Tan cerca, que la baba que escupe al hablar te ensucia la nariz.  ¡Repite que dijiste, perra, repítelo! grita Valdez agitándote el cráneo.  No te queda más que repetir con voz cada vez más alta ¡se la mamé a José!  El sonido del zipper y los pantalones cayéndose te hicieron abrir los ojos, que habían vuelto a llorar.  ¿A si putita? ¿Y te gustó más que ésta? A centímetros de tu cara, la verga semidura de Valdez se movía de lado a lado.</p>
<p>Pruébala putita, abre bien la boca de puta, te decía.  Ahora sabes que debiste obedecer.  Que debiste abrir grande y succionar como perrito recién nacido.  Pero no.  Apretaste la quijada mordiendo los labios. Apretaste la boca hasta sentir la punta de la bota negra de Valdez golpearte en la panza.  Doblada en el piso, abriste grande y pediste verga.  Pero todo lo que obtuviste fueron patadas en los pechos y las piernas.  Tus brazos no fueron suficientes para cubrirte la cara, por lo que de tu boca salió un ¡ya déjame, te la chupo!</p>
<p>Valdez dio un paso atrás y dijo: Eres tan fea que ni me la pones dura.</p>
<p>Desde el piso, empapada en tus orines y la cara llena de sangre y lágrimas, viste a Valdez coger su enorme pito con la mano izquierda y moverla de arriba-abajo.  Minutos después, tu cara recibiría un baño de semen.</p>
<p>No tuviste que esperar a que te ensuciara las pestañas, ya sabías también quemaba.</p>
<hr />
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		<title>Morado Obsesión</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 01:42:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Que es lo que hace a una niña, una mujer?
No, no es el himen... piénsenlo bien.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De pie y a un lado del aparador, la tarde se eterniza con cada chancluda que irrumpe en la zapatería sólo para soñar.  Alguna, la más arriesgada, toma una flamante zapatilla del aparador de vidrio y pregunta su precio.  Mi voz, seca pero amable, le informa el costo de aquel par.  La chancluda hace cuentas mentales mientras ve a su prole.  Con ese dinero, compra tenis escolares a todos sus mocosos.  Cuando está por disculparse, extiendo mis manos para recibir la zapatilla.  La limpio con el paño que guardo en la bolsa de mi chaleco y le susurro acariciando la piel que todo está bien; que sólo ha sido un susto.</p>
<p>Lo acepto.  Estar aquí, justo cuando comienza la temporada escolar es lo más cercano a caminar descalzo.   Eres un pinche soplanucas, dirán unos.  No tiene nada de malo ser puto, dirán otros.  No señoras, que no los engañe este cuerpo delgado vestido de gris y con el pelo engominado.  Que mi voz falta de emoción no las confunda.</p>
<p>Sostengo la zapatilla en mi espalda mientras dos de mis dedos penetran entre las cintas.  Cierro los ojos y siento mi piel que se eriza.  Ese modelo, morado y de pares de cintas entrelazadas es el que más me excita de esta temporada.  Incluso, tengo un par oculto en el almacén.  Un número 2 sin uso, al que pego mi nariz y mis labios cuando el encargado se va a comer.</p>
<p>Entonces resbalo mis yemas por esa piel.  Recorro el tacón de abajo a arriba; de arriba abajo. El índice y el pulgar son los únicos que juegan con el tacón, pero el cordial entra para recorrer el resto del zapato. Los dedos recorren la piel hasta la punta, memorizando cómo las cintas moradas se entrelazan como serpientes que resguardan un nido.  Un nido al que mis dedos acceden a través de un pasadizo.  A veces, bajo el zapato al bulto que se ha formado en mi pantalón y lo restriego contra el casimir.  Tengo que tener cuidado: a veces, no hacen falta muchos empujones para echarme a andar.</p>
<p>El tiempo se detiene en el instante que ella entra a la zapatería tras su madre.  Su vestido de lino, con capas blancas y moradas, cae vaporoso entre sus muslos.  Sus pasos son lentos y en sus pies lleva, para mi desgracia, tenis blancos.  Estos zapatos, los morados de cintas entrelazadas, son para ella.</p>
<p><em>Estos zapatos son para ti</em>, le dije sin reparar en el bulto que comenzaba a formarse en el pantalón.  Sobre las palmas de mis manos llevaba el par morado, ese que, hace apenas unos instantes antes, era penetrado por mis dedos.</p>
<p>Sus ojos, casi sin maquillaje, me miran con sorpresa.  Agita las largas pestañas y sus labios forman algo así como sonrisa. Al parecer, no está acostumbrada a que un hombre la vea tan cerca.  Que le ofrezca  regalos de diosa.</p>
<p>-Aún no uso tacones, gracias –me dice.</p>
<p>Me doy cuenta de la causa su vergüenza: es casi una niña, una virgen de zapatillas.</p>
<p>-Ven, siéntate sin compromiso en lo que tu mamá va a la otra tienda -le digo mientras le guiño un ojo.  Con una mano, la tomo de un codo para guiarla a un asiento de piel.  Ella accede y sin que se lo pida se descalza.</p>
<p>Los horribles tenis blancos de niña descubrieron unos pies limpios y pequeños.  Los dedos delgados, sin llegar a huesudos, son perfectos.  El gordo es el más grande y el tamaño disminuye armónicamente en cada dedo, hasta llegar al meñique.  Ansiosos, los pequeños dedos se mueven tamborileando la alfombra.</p>
<p><em>Definitivamente, estos zapatos son para ti.</em> Le digo a ella, a mi musa de pies blancos, uñas rosas y un lunar en el dedo gordo derecho.</p>
<p>Así que corro al almacén por ese par.  Ese número 2 que la había estado esperando tanto como yo.</p>
<p>-¿Me permites?- Le digo a mi musa.</p>
<p>Ella asiente con la cabeza y los labios apretados.</p>
<p>Me pongo de rodillas, con la zapatilla morada en una mano y su pantorrilla derecha en la palma de la otra.  Mi musa aprieta sus muslos ante el contacto de mi piel con la suya.  Sonrío para calmarla. Ella baja los hombros y me ofrece, sin reservas, un pie sobre mi muslo.</p>
<p>De la punta al talón, embono la zapatilla en su pie derecho.  Con ambas manos, bajo su pie y apunto mis manos al cielo, para recibir el otro pie.  Veo ambos pies vestidos y un “extraordinario” sale de mi boca mientras me levanto sin quitarles la mirada.</p>
<p>-¿Lista?- Le pregunto ofreciéndole mis manos para levantarse. Ella aprieta sus puños en mis manos.  Yo no despego la vista de las zapatillas moradas y las uñas rosas que se alcanzan a asomar.</p>
<p>-Permíteme un segundo- le digo y caigo rendido a sus pies.  Acaricio y acomodo esas cintas entrelazadas.</p>
<p>Sin advertírmelo, ella comienza a caminar.  Los primeros pasos son tambaleantes y requieren de equilibrio con las manos.  Entonces mi musa se detiene, endereza su espalda y levanta su rostro.  Los muslos y caderas se aprietan, dando pasos firmes, seguros, altaneros.</p>
<p>Sigo en el piso, endiosado con esos pies.   Entonces, volteo a ver su cuerpo.  A cada paso, nalgas, pecho y caderas le brotan en su cuerpo.</p>
<p>Las zapatillas moradas la hicieron hecho mujer. Yo la hice mujer.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/09/shoegirl.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1131" title="shoegirl" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/09/shoegirl-198x300.jpg" alt="shoegirl" width="198" height="300" /></a></p>
<p>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/moonauto/" target="_blank">Mauro Luna</a></p>
<hr />
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		<title>Cita con la esposa de Salazar</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Aug 2010 01:59:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[chingaderas]]></category>
		<category><![CDATA[infidelidad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.amipadre.nolecuentes.com/?p=1055</guid>
		<description><![CDATA[Cuando la amante y la esposa se encuentran, una de ellas tiene que perder.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/08/cafe.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1057" title="café" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/08/cafe-300x199.jpg" alt="café" width="300" height="199" /></a></p>
<p>La esposa de Salazar llevaba 15 minutos de retraso.  Ella tenía el anillo de oro en el anular y por consiguiente, era su privilegio disponer de mi tiempo.  Del tiempo de la amante, de la otra, de la puta buscona de maridos.  Encendí el segundo cigarro mientras ojeaba aquel libro.  Sin embargo, leía sin poner atención.</p>
<p>En todos estos años de soltería he aprendido la importancia de cargar siempre con un libro.  Un libro de autor desconocido, de esos que consigues por menos de 100 pesos en el Fondo de Cultura.  Y si en la portada hay un dibujo obsceno o artísticamente incomprendido, mejor.  Mi libro es mi coraza, mi escudo; con mi libro me alejo de esos aprendices de Don Juan que interrumpen un buen café –sin leche y sin azúcar- presumiendo que han leído lo último de Idelfonso Falcones.  Por eso, le huyo a los Best Sellers y al matrimonio.</p>
<p>La lluvia comenzó a caer en la terraza de aquella cafetería del centro.  El agua rebotaba contra los adoquines y ensuciaba mis zapatos, por lo que decidí cambiarme de mesa.  Con cortesía mal disimulada, un mesero lleno de granos me indicó que adentro no podía fumar.  En este pueblo mocho, sólo la gente sin vicios puede disfrutar de su café en un confortable sillón y bajo techo.  Di una última y larga fumada y con la mirada fija en el mocoso, sonreí al exhalar el humo. Arrojé el cigarro encendido al centro de la terraza mojada; al de granos no le quedó más que ir por él.</p>
<p>-¿A poco ya te vas? Qué poca paciencia tienes… se nota que no te has casado- me dijo la esposa de Salazar cuando me dirigía a un sillón.</p>
<p>-Sólo me cambiaba de lugar- le contesté mirándola a los ojos. -Soy una mujer de palabra y te dije por teléfono que no faltaría a esta cita.</p>
<p>La esposa de Salazar era tal como me la imaginaba.  Confieso que alguna vez la espié por facebook, lo que ayudó en completar la imagen que Salazar me daba aquellas noches en las que el exceso de tequila le producía cargo de conciencia.  “Eres un pinche infiel y yo una cualquiera, las cosas por su nombre, Salazar”.  En mi mente, podía verla caminando por Mazarik, con una bolsa Dolce&amp;Gabbana en el brazo y las tetas postizas rebotando al ritmo de sus Manolo Blahnik.   En esa imagen no podía faltar un puto caramel macchiato extra light.  <em>Large</em> como su ego y descafeinado como su vida.</p>
<p>Sentada en el sillón frente al mío estaba ella, la esposa: las piernas cruzadas bajo una minifalda, la espalda derecha y el rostro ligeramente levantado.  Sus tetas de silicona me apuntaban; los pezones estaban listos para disparar a matar.  Ella se veía relajada, con las manos descansando sobre sus pequeños muslos. En su mano derecha un enorme diamante le provocaba una torcedura en el anular.</p>
<p>-Me lo trajo de Houston- me dijo agitando los dedos cuando notó mi mirada sobre la piedra.</p>
<p>-Ya lo sé- contesté sorbiendo un poco de café. -Me lo dio a mí primero y se lo regresé-</p>
<p>PUM.  Uno – cero, favor la amante.</p>
<p>La frente de la esposa de Salazar se arrugó un poco nada más.  Vaya, esas cirugías de la cara son buenas; y es que a nuestra edad, las cremas sólo sirven para humectar la vagina. Tengo que admitir que es hermosa. Yo sabía de su legendaria belleza por un primo suyo; un maricón de clóset con el apellido mamón que ella le agrega al corriente Salazar cuando sale en la sección de sociales.</p>
<p>Aún recuerdo las palabras del mariconcito cuando se enteró que yo era la amante. “Vieras como se cuida <em>mija</em>: masajes, tintes, dietas, tratamientos en el cuerpo.  No hay mes que no vaya a un spa de desintoxicación.  Pero no te fíes, no todo es falso en ella; la <em>puritita verdá</em> es que siempre fue her-mo-sa.  Rubiecita, de piel blanca y tersa.  ¡Uy! la vieras en la prepa del Fray Luis, <em>mija.”</em> Y juntó todos los dedos de la mano me dijo: “Un <em>titipuchal</em> de pretendientes.  Eso sí <em>mija</em>, tú tienes más nalgas y piernas.  Y eso, por más gimnasio que haga, la pobre no va a tener”</p>
<p>A mí me gustaba que no fuera una de esas espositas fodongas que huelen a cochambre y a caca de bebé.  Me tiraba al esposo de una <em>socialité</em> de belleza descomunal.  A huevo.</p>
<p>-Aléjate del él, tengo todas las de ganar. -su dedo índice me disparaba. -Yo tengo a sus hijos y sin ellos no puede vivir.  Supongo que ya lo sabes.</p>
<p>PUM. Uno – Uno, favor la esposa y madre.</p>
<p>En efecto, ya sabía del amor obsesivo de Salazar por sus pinches mocosos.  A mi mente vino aquella tarde en un motel, cuando subiéndose los calzones comenzó a disculparse: “sólo tengo tiempo para uno mi amor, es cumpleaños de Pablito y hay fiesta en la casa”.  Me levanté de la cama con un brinco y comencé a gritarle: “Para esta puta cogidita de mierda, mejor te hubieras quedado con tus pinches hijos”.  Mis brazos aventaron su ropa a los pies.  Ofendido, Salazar golpeó los interruptores con las palmas de las manos y encendió la luz.</p>
<p>La habitación se llenó de gente. Y no sólo por haber mencionado a su adorada familia, si no por los múltiples espejos en paredes y techo, que nos multiplicaron al instante.  Así comenzaron, una vez más, los insultos y las recriminaciones.  <em>Ya sé que tienes familia, no necesitas repetirlo.  Eres una insensible, no entiendes que no puedo dejarlos.  Ni quiero que los dejes, por eso me gustas, porque tienes quien te planche la ropa.  Te crees muy pinche moderna, ¿verdad? No puedo creer que no tengas sentimientos y puedas coger así.  Claro que tengo sentimientos, ¿quieres que te diga lo que aún siento por mi ex?</em> Las manos golpeando al aire, los ojos con lágrimas, la ropa volando, las gargantas desgarradas, los rostros desfigurados.  Todo eso y multiplicado nos regresaron  los espejos.</p>
<p>Con un “chinga a tu madre” le aventé los condones a la cara.  Salazar caminó hacia mí y la vena en su frente estaba más grande que nunca.  Su mano derecha frenó mi palma extendida, cuyos dedos se quedaron a centímetros de su cara.  ¿Ya nos llevamos a golpes amorcito? Su aliento rosaba mi rostro.  En sus ojos había coraje y lágrimas.  Aunque mi brazo se resistía, Salazar logró ponerlo en mi espalda y me aventó a la cama boca abajo.  Y así, a la fuerza y sin caricias previas, lo hicimos aquella tarde por segunda vez.  Aún tengo grabado en mi nariz ese aroma a tela polvorienta y húmeda de la colcha del motel.</p>
<p>Me tallé la nariz al recordar ese olor y estornudé.  La esposa de Salazar me ofreció un pañuelo, que yo rechacé moviendo mi mano izquierda desnuda.  Con suavidad, ella depositó la bolsita de kleenex en la mesa y continuó diciendo:</p>
<p>-Estamos embarazados otra vez y como te imaginarás, él está feliz.  Por eso es que no te ha buscado. -La estúpida sonrisa que tienen las embarazadas se dibujó en su rostro burlón y tomó un trago de su té de frambuesa.</p>
<p>PUM.  Dos – Uno, favor la futura gorda con anillo.</p>
<p>No sé que me dolió más, el que Salazar se la siguiera cogiendo habiéndome jurado que yo era su mujer y ella “la mamá de sus hijos” o el que otro mocoso se metiera en nuestra cama.</p>
<p>-Me da mucho gusto por ustedes, espero que esta vez sí me deje de buscar- respondí.  Pero mi voz estaba débil y el disparo rebotó en su silicona.  Ella saboreó su triunfo y brindó bebiendo de un jalón todo el té.  Aprovechando que no tenía defensa agregó: –No me agradezcas nada, que lo mismo diré a las otras.</p>
<p>PUM. Tres – Uno, favor la familia.</p>
<p>La esposa de Salazar se levantó dejando un billete de doscientos pesos sobre la mesa y con un “hasta nunca” se fue.  Yo me quedé mirando el billete y pensando en <em>las otras</em>.  ¿Sería verdad o un simple <em>bluf</em>? De cualquier manera, que gran hijo de puta había resultado el tal Salazar.</p>
<p>Comencé a recriminarme por haber aceptado esa cita.  ¿Qué buscaba ganar? No necesitaba nada de ella.  Debía hacerle caso a los consejos de su primo maricón y buscarme un hombre bueno, tener casa, hijos y un nombre respetable antes de que se me cayeran las nalgas.  La sangre me hervía en todo el cuerpo y pedí un tequila para aminorar el calor.  “No servimos alcohol sin alimentos señorita” me respondió el mocoso con barros.</p>
<p>PUM. Cuatro – Uno.  Marcador final.</p>
<p><a href="http://www.flickr.com/photos/helium273/4125081476/">Foto: Helium273</a></p>
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<p><small>© Rox for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Padre e Hijo: Manual de Higiene</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jun 2010 03:55:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.amipadre.nolecuentes.com/?p=1016</guid>
		<description><![CDATA[Hurgando donde no debía, encontré una joyita titulada “Padre e Hijo, Manual de Higiene Para Hombres y Jóvenes”.  Cuando Higiene es sinónimo de Sexo, una sabe que está ante un libro muy divertido.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace algunos días andaba de metiche entre libros viejos de mi familia.  Pero cuando digo viejos, me refiero a los tiempos de juventud de mi abuelo.  Me encontré una joyita titulada “Padre e Hijo, Manual de Higiene Para Hombres y Jóvenes”.</p>
<p>Cuando Higiene es sinónimo de Sexo, una sabe que está ante un libro muy divertido.  A continuación, transcribo algunos párrafos del libro para su deleite y al final, las imágenes de partes del libro y una profunda reflexión.</p>
<div id="attachment_1018" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN5924.JPG"><img class="size-medium wp-image-1018" title="Pubertad" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN5924-300x225.jpg" alt="DSCN5924" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Pubertad</p></div>
<p><span style="color: #808080;">Cuando él experimente su primera erección indudablemente se sentirá ya todo un hombre y querrá tener todos los derechos y prerrogativas del hombre, sus placeres y sus obligaciones.  Usted debe hacerle comprender entonces que no ha llegado a su completo desarrollo y que si abusa ahora de sus órganos sexuales, ya sea por masturbación o por intercambio sexual, ciertamente le traerá malas consecuencias más adelante en su vida.  Enséñele el valor de la continencia que es la abstinencia de relaciones sexuales hasta después del matrimonio.</span></p>
<p><span style="color: #808080;">Al prevenirlo contra las prostitutas profesionales, no deje de hacerle ver los peligros de las “aficionadas”. La muchacha de su misma clase que es liberal con su cuerpo.  Esa muchacha es probable que haya dado su cuerpo a otros jóvenes y ahí está uno de los mayores orígenes de las infecciones venéreas.</span></p>
<p><span style="color: #808080;"><span style="text-decoration: underline;"> </span></span></p>
<div id="attachment_1019" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN5925.JPG"><img class="size-medium wp-image-1019" title="Masturbación" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN5925-300x225.jpg" alt="Masturbación" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Masturbación</p></div>
<p>Cómo reprimir la masturbación</p>
<p><span style="color: #808080;">Cuando llega la época de la pubertad, el problema presenta un aspecto algo diferente de cuando el niño es aun pequeño.  Durante estos años difíciles, es inspirado más a menudo  por el deseo sexual y ofrece el medio más fácil de satisfacción.  Tendrá usted que ser muy franco también esta vez, no exagerando mucho los malos resultados que puedan seguir a su práctica constante.  Enseñe a su hijo que la masturbación puede debilitar tanto los nervios en sus órganos sexuales que más tarde en la vida el intercambio no podrá darle ninguna satisfacción o no podrá practicarlo por completo.  Dígale a su hijo que por su honor trate de evitarla tanto como sea posible y dígale que cuando sienta el deseo de masturbarse, intente inmediatamente de desviar su mente hacia otras actividades alejadas del tema sexual o estar con otras personas hasta que cese el deseo.</span></p>
<p><span style="color: #808080;">Antiguamente se creía que la masturbación era causante de la imbecilidad y la locura.  Aunque ya no es una creencia común, el hábito es considerado como peligroso.  Su práctica frecuente puede traer una completa postración nerviosa.  El masturbador habitual puede experimentar deslumbramientos o puede eventualmente ser víctima de serios disturbios en sus funciones sexuales. Se volverá melancólico, falto de energía, desmemoriado y con el tiempo puede llegar a la completa impotencia sexual.</span></p>
<p><span style="color: #808080;"><span style="text-decoration: underline;"> </span></span></p>
<div id="attachment_1020" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN5941.JPG"><img class="size-medium wp-image-1020" title="¡Peligro!" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN5941-300x225.jpg" alt="¡Peligro!" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">¡Peligro!</p></div>
<p>Las caricias son peligrosas.</p>
<p><span style="color: #808080;">Uno de los más grandes males de la edad moderna son las caricias y la razón es que parecen tan inofensivas.  ¿Qué mal puede venir sólo por acariciar y besar a una muchacha? Puede ser la pregunta del joven.  Hay mucho peligro.  Primero hay el peligro de contraer una enfermedad venérea porque los gérmenes de la sífilis son muy contagiosos cuando entran en contacto con la membrana mucosa superficial.</span></p>
<p><span style="color: #808080;">Pero hay otro peligro que puede venir de las caricias excesivas entre seres humanos perfectamente sanos, muchachos y muchachas jóvenes que no tienen intención de ir más allá de las caricias.  Los seres humanos están construidos en tal forma, que si las caricias amorosas traen placer, se despierta el deseo y produce después muy inquietantes resultados.</span></p>
<p><span style="color: #808080;">Cuando la naturaleza prepara al cuerpo para la propagación de la raza a través del amor, congestiona toda el área genital porque la naturaleza no toma en cuenta que ustedes sólo se están acariciando. (…) Hay miles de casos de insomnio crónico, postración nerviosa, histeria, malos sueños e irritación nerviosa que son debidos a la peligrosa práctica de las caricias.</span></p>
<p>Y lo que falta… Menciona pruebas de embarazo en la piel de sapos, el aborto, aunque está explicado no deja de estar satanizado.  Aunque es un libro para hombres, da consejos para los maridos como el comprender a sus mujeres en “esos días” y también explica el ciclo menstrual y las partes de la mujer.  Exhibicionistas y homosexuales son catalogados de anormales y hay textos machistas como el de “cómo embarazarla de un hombre”.  Y por supuesto, a alejarse de la “tentación”.</p>
<p>Ya sé, han pasado miles de años desde la publicación de este texto y no hay razón para tomarlo para otra cosa que para burla.  ¿Cierto?</p>
<p>No lo sé.  Los “libros” de <em>juventud en éxtasis</em> se siguen vendiendo y cuando se escuchan dudas de adolecentes se nota que hay una enorme desinformación al respecto.  Esta “guía de higiene” considera a las enfermedades venéreas como la peor consecuencia de practicar sexo.  Sólo la moral victoriana puede salvarnos de tan horrible mal.</p>
<p>La desinformación, el desconocimiento de nuestro cuerpo, la violencia entre la pareja, el usar el sexo para razones diferentes al placer, me parecen temas mucho más preocupantes que el “peligro de las caricias”</p>
<p>Y no, este blog no es sexoeducativo, pero no está de más mencionarlo.</p>
<hr />
<p><small>© Rox for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Mamacita, ¿A quioras sales al pan?</title>
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		<pubDate>Thu, 20 May 2010 19:16:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.amipadre.nolecuentes.com/?p=966</guid>
		<description><![CDATA[Los piropos guarros son parte de la Identidad Nacional Mexicana y en este año del Bicentenario deben ser rescatadas, de lo contrario, corremos el riesgo de convertirnos en finlandeses.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los nacionalismos me cagan.  Los humanos somos una sola raza y la calentura, cogedera y metedera son más internacionales que las misses universo. Malos y buenos amantes hay en todos lados, que feo es discriminar o preferir una sola raza y largura.</p>
<p>Sin embargo, estoy a favor de los estereotipos nacionalistas / sexosos: son divertidos y originales.</p>
<p>Y algo muy mexicano es el tan controvertido piropo guarro.  Para los moralistas es una cosa obscena y hasta animal… como si el sexo no lo fuera.  Otras, las feministas sobre todo, consideran a la<em> mamaseada</em> una falta de respeto e inteligencia.</p>
<p>Seamos realistas. Los hombres son una especie primitiva dominados por 10 a19 centímetros de carnita varicosa. Ya sé, van a decir que en <em>las europas</em> son más civilizados y eso no pasa, que donde está el derecho de las mujeres a caminar a gusto.  Yo opino que mientras no haya manoseo o persecución de esas que dan miedo, los argumentos salen sobrando.</p>
<p>Los piropos guarros son parte de la Identidad Nacional Mexicana y en este año del Bicentenario deben ser rescatadas, de lo contrario, corremos el riesgo de convertirnos en finlandeses.</p>
<p>A continuación, una recopilación de algunos piropos sucios que por la red andan.</p>
<p>1. Tratos, promesas y recompensas.  Porque es mejor hablar claro y directo.</p>
<ul>
<li>Mi reina, traigo tanta leche que si no te hago un hijo, te hago un queso (<a title="@edgartopless" href="http://twitter.com/edgartopless" target="_self">@edgartopless</a>)</li>
<li>Te voy a dar un cojidón tan salvaje que el niño nos va a salir vikingo (<a title="@mlkvn" href="http://twitter.com/mlkvn" target="_blank">@mlkvn</a>)</li>
<li>Princesa, te voy a proponer un trato, tú te levantas la falda y yo te meto el aparato</li>
<li>Cada minuto que pasa, me pones mas cachondo, ¿Quieres venirte a mi casa, pa’ metértela hasta el fondo?</li>
<li>¡Si tú me la chupas, yo te la meto!</li>
<li>Déjame besarte el cuello&#8230; pero del útero</li>
<li>Dime quien te la metió para mamársela</li>
<li>Si te loncho mamacita, si te loncho</li>
<li>Cómo quisiera ser sol, para darte todo el día</li>
<li>Te invito al box&#8230; spring</li>
<li>Güera, güera si me muero ¿quién te encuera? ¿quién te mete la manguera? ¿y quién te sube a la litera?</li>
<li>Juguemos a la basurita, tú te tiras al suelo y yo te recojo</li>
</ul>
<p>2. Religiosos.  Porque lo guadalupano no esta peleado con lo cachondo</p>
<ul>
<li>¡Bendito el clavo, que poncha esa llanta!</li>
<li><em>Mamacita, ojalá fueras panteón, para enterrarte mi tieso</em></li>
<li>Si quieres te la mamo hincado pa’ que veas que soy cristiano</li>
<li>Ese culo debería de estar en una iglesia&#8230; ya me imagino que milagritos que hace</li>
</ul>
<p>3. Alimentación.  Porque la diferencia entre comer y coger es de una letra.</p>
<ul>
<li>¿Qué onda? ¿No quieres que te dispare unos ostiones en el centro?</li>
<li>Si tu culo fuera sartén, ahí estrellaría mis huevos</li>
<li>Aquioras bajas por la leche mamacita</li>
<li>Si como lo mueves lo bates, que sabroso chocolate</li>
<li>Con mi plátano y tu papaya hacemos un buen coctel</li>
<li>Dime quién es tu ginecólogo para chuparle los dedos</li>
<li>Apachurro mi dona contra tu churro</li>
<li>No tengo pelos en la lengua&#8230;porque tú no quieres</li>
<li>¡Quisiera ser aguacate, pa&#8217; embarrarme entre tus tortas!</li>
</ul>
<p>4. Chambas.  El gremio constructor no es el único permitido</p>
<ul>
<li>Quisiera ser pirata, no por el oro ni por la plata, ¡sino por ese tesoro que tienes entre las patas!</li>
<li>Yo sí te empasto el chimuelo</li>
<li>Poncho, parcho, vulcanizo, rebabeo y adsssooorrrbo. Se revisan tuberías y se destapan caños a domicilio.</li>
<li>¡Tú con tan buena herramienta y yo haciendo chambas a mano!</li>
<li>Quisiera ser mesero para acomodar mesas</li>
</ul>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/05/tonsque.jpg"><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-967" title="tonsque" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/05/tonsque-150x150.jpg" alt="tonsque" width="150" height="150" /></a></p>
<p style="text-align: center; ">Foto: <a title="La Ignorancia Mata" href="http://www.flickr.com/photos/laignoranciamata/2168433510/" target="_blank">la Ignorancia Mata</a></p>
<p>5. Partecitas</p>
<ul>
<li>¡Ese par de tetas, jalan más que mis carretas!</li>
<li>¡Eres mucha carne para este pobre par de huevos!</li>
<li>¿Qué tetas creyendo?</li>
<li>¡Nálgame Dios!</li>
<li>No me importa la cara ni tampoco los senos&#8230; mientras tenga buenas las nalgas lo demas es lo de menos</li>
<li>¡Ah que buenas nalgas! te las chingo ahora que salgas</li>
<li>Ay corazón cada que te veo, pal&#8217; pito</li>
</ul>
<p>6. Caca, culo, pedo y pis (y regla).</p>
<ul>
<li>Con tu caca me hago un sope y con tu regla le pongo salsa</li>
<li>Mi amor, sentirás solo la esencia, pues me acercaré con gran disimulo y ni notaras mi presencia cuando te la meta por el culo.</li>
<li>¡Quién fuera tus almorranas!</li>
<li>¡Flaca corazón de alpaca, dame el de hacer caca!</li>
<li>Me como tu caca</li>
<li>Mátame a pedos que quiero morir hediondo</li>
<li>¡Con ese culo has de cagar bombones!</li>
<li>¡Quien fuera pedo pa tronar en esas nalgas!</li>
<li>¡Mamacita, te lo chupo en tu días y chingo mi madre si escupo!</li>
<li>Tu regla me la pongo de loción, para oler a camarón.</li>
</ul>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>¿Alguno otro que falte?</strong></span></p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong><span style="color: #000000;"><span style="font-weight: normal;">Ayudaron a recopilar: <a href="http://laflaca.blogspot.com/" target="_blank">La Flaca</a>, <a href="http://www.blogger.com/profile/07654402651444454556" target="_blank">Pepo</a>, <a href="http://zonico.blogspot.com/" target="_blank">Zonico</a>, <a href="http://vagancianet.blogspot.com/" target="_blank">Vagancianet</a>, <a href="http://la-galleta-de-vainilla.blogspot.com/" target="_blank">Luisz</a>, <a href="http://instantesdistantes.blogspot.com/" target="_blank">Cazador de Tatuajes</a>, <a href="http://lamenteociosa.blogspot.com/">Asgrad</a>, <a href="http://elboqueno.blogspot.com/" target="_blank">Boqueño</a>, <a href="http://elboqueno.blogspot.com/" target="_blank">Guffo</a> y algunos anónimos</span></span></strong></span></p>
<hr />
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		<title>Gaspar</title>
		<link>http://www.amipadre.nolecuentes.com/gasar/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 Apr 2010 17:12:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Fiestas]]></category>
		<category><![CDATA[one-night-stand]]></category>

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		<description><![CDATA[El relato de una pésima aventura sexual que arruinó un bello recuerdo infantil]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando lo conocí en noche vieja pensé que era un idiota más con un script de ligue mediocre. Ojalá sólo hubiera sido eso. Cinco días después ese individuo me estaría jodiendo el día de reyes para siempre.</p>
<p>Todo comenzó un 31 de diciembre en Madrid, cuando después del clásico conteo regresivo de las 12 en Puerta de Sol, La Julia y yo nos fuimos de marcha a los antros del centro. Para tan especial ocasión, ambas decidimos ocultar nuestro pelo obscuro con pelucas de colores brillantes a la usanza local: plata para La Julia, morada para mí.  Ambas usábamos vestido negro y entallado, botas altas y, después de dos años de ser estudiante de intercambio, acento gachupín.  Sin embargo, nuestra cara nunca dejó de gritar “soy mexicana”, por lo que teníamos como bonita costumbre fingirnos turistas al momento de ligar.</p>
<p>En Europa ya estrenábamos 2006, por lo que decidí celebrarlo con una cubata de tequila.  El bar elegido fue la Monalisa, un lugar obscuro de música pop y corriente al que acudían principalmente extranjeros buscando un cuerpo igual de corriente al cual repegarse.  Yo estaba en la barra cuando se me acercó: moreno y cejudo, tenía el pelo negrísimo y los ojos (enmarcados por violetas ojeras) lo eran aún más. Su cara gritaba soy árabe y soy malote. Además olía a Falafel.</p>
<p>Me enamoré. Bueno no.</p>
<p>Me calenté.</p>
<p>Comencé a fantasear con tener sexo en una de esas tiendas de campaña café del desierto, entre pan árabe y cerveza sin alcohol. En la cabecera pondríamos sus pistolas de terrorista e ignoraríamos las alarmas de bombardeo en el campamento por estar haciendo el amor. Moriríamos en un abrazo apasionado y mentándosela al todas las generaciones de Bush que existen y existirán.</p>
<p>Mi fantasía se vio cortada cuando el árabe me aseguró que nunca había visto a la Monalisa en vivo, que no le gusta ir al Museo del Prado. –Está en el<em> Musée du Louvre</em>- Le recriminé su ignorancia, mientras acentuaba las “ges” de mi avanzado francés. Chingado, y yo que ya estaba pensando en inscribirme en esas clases de danza del vientre.</p>
<p>En eso se acercó La Julia y me pidió mi celular (¡móvil!, dijo móvil), acción que mandó por la borda nuestra mentira de ser turistas. Ella se dio cuenta de su error por la cara de “ya la regaste” que le puse y no le quedó más que ayudarme a huir. Sin embargo, el árabe falafelero me atrapó y con su teléfono en mano, comenzó a anotar el mío.</p>
<p>Cinco días después me llamó el terrorista caído en desgracia, invitándome a salir en esa víspera de día de reyes.  Como la rosca madrileña no tiene ese delicioso pedazo de azúcar de la mexicana, algunas copas de alcohol con refresco eran un buen sustituto para la ración calórica de la noche.  Supuse que lo peor que podía pasar fuera una plática plana y aburrida, nada con lo que no haya lidiado antes, ¿Cierto?</p>
<p>No.</p>
<p>A la una de la mañana estaba despertando a Lina para que me ayudara. Con voz desesperada y al borde del llanto, le contaba mi desgracia. Mi colombiana y adorada roomie, siempre tan comprensiva, comenzó a reírse. El nivel de carcajadas llegó a ser tan fuerte, que había dejado de ser burla muchos minutos antes.</p>
<p>- Ayúdame a ver si se quedó dentro &#8211; le suplicaba.</p>
<p>- ¿Estás loca? No me voy a poner a ver tu chocha! Jajajaja. Eso te pasa por andar de arrecherra, ¡jajajaja!</p>
<p>Por supuesto, a mí no me causó ni tantita gracia cuando a la mitad de una pésima cogida con el árabe falafelero, bajé mi mano y no sentí el condón. Histérica, le recriminé entre insultos de varias nacionalidades el habérselo quitado. Cohibido y sin erección, el puto árabe falafelero me aseguraba que ni lo había movido, mientras yo buscaba el pinche hulesito ese por la habitación. No lo encontré.</p>
<p>Apenas amaneció, mis zapatitos y yo estábamos en la Seguridad Social gachupina. Para mi mala suerte, el 6 de enero es día festivo y todo está cerrado. Tuve que ir a urgencias del Hospital 12 de Octubre en donde el asunto de “un condón perdido” no era importante. Para aumentar mi desgracia, la sala estaba retacada de niños llorones que habían sufrido accidentes varios por el uso indebido de los juguetes de reyes. “Sí, hay que usar bien los juguetes” pensaba yo.</p>
<p>Fue hasta después de un niño que se había metido un mini-Chewbacca a la oreja que me llamaron al consultorio. “A ver, la señora con el condón perdido en la vagina que pase”. Ya ni vergüenza me dio.</p>
<p>Cuando por fin lo sacaron, me dirigí a mi casa deprimida y recriminándome todas y cada una de mis actividades libertinas. Me prometí ser más juiciosita, seleccionar con más cuidado a mis amantes y olvidarme de los one-night-stands.  Toda la tarde me tiré a ver la televisión sin poner realmente atención y a comer tortilla española con salsa Valentina. Para animarme, Lina me invitó a ver la cabalgata de reyes al centro. “Anda Cari, y te invito un chocolate con churros… o un kebab”. Pinche Lina, al menos me hacía reír.</p>
<p>A pesar de estar retacada de enanos diabólicos, la mentada cabalgata de reyes no estaba tan mal. Había varias caravanas, en las que los reyes eran el centro de atención. También desfilaron animales de verdad –incluso un elefante- vestidos de terciopelo rojo y tiritas doradas, con su respectivo rey mago encima. Del cielo caían papelitos, había muchas luces y se escuchaban villancicos de los altavoces.</p>
<p>Comencé a recordar mis días de reyes mexicanos: cuando de escuincla me levantaba antes de la salida del sol y buscaba mis zapatitos para ver los regalos que me habían dejado esos míticos y bondadosos seres. O cuando partíamos la rosca en familia y yo volvía a meter el monito que me había salido por abajo del pan. Y de lo rico que sabe la rosca mexicana, con ese cachito azucarado, que es mi preferido.</p>
<p>En esos alegres pensamientos me encontraba cuando reconocí al pinche árabe falafelero subido en un camello y disfrazado de Gaspar. Agaché la cabeza y con un suspiro de resignación supe que me habían jodido el día de reyes para siempre.</p>
<p>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/jexweber/4248843391/sizes/m/in/set-72157623148220522/">Jexweber</a></p>
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		<title>Bestia</title>
		<link>http://www.amipadre.nolecuentes.com/besti/</link>
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		<pubDate>Wed, 31 Mar 2010 21:46:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[grupie]]></category>
		<category><![CDATA[Musica]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando las Bestias te hacen entrar en celo, no sabes lo que puede pasar en una noche de Rock]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Contemplaba a la enorme luna llena de octubre asomarse al final de la calle cuando a mis oídos llegó el llamado de guitarras y batería.  El ritmo me sedujo por lo que sin siquiera preguntar, jalé a mi acompañante de la mano y entramos a aquel bar.  La obscuridad del lugar cedía ante luces blancas y azules que iluminaban el escenario donde los cuatro integrantes de Bestias Míticas dominaban su territorio.</p>
<p>Lobo cantaba con la garganta, con las manos, con las piernas; con todo él.  La gente coreaba sus canciones y las mujeres aullaban.  Yo observaba desde la barra del bar y entré en celo, bajo su poder y escuchando sin oir&#8230; Vestido de pantalón negro, camiseta de Judas Preist –negra-, converse –negros-, muñequera de cuero –negra- y guitarra al hombro, el vocalista era sin duda, el macho alfa de la manada. El micrófono de metal rozaba sus labios mientras sus dedos acariciaban la guitarra con intensidad, con una mezcla de sexualidad y ternura de esas con las que comienzas a chorrear.  Es sudor le comenzó a escurrir por esa melena mal cortada y a contra luz, las gotas brillaban con cada brinco que daba en la plataforma de madera.</p>
<p>Mi respiración ya estaba agitada, por lo que me acerqué al escenario, para ver esos ojos negros y brillantes de cerca.  A empujones, logré estar a centímetros de él, sin embargo, no me podía mover.  Todos mis órganos y sentidos se dedicaron a ver.</p>
<p>Cuando la canción se lo permitía, comenzó a acicalar ese pelo despeinado con sus dedos y comencé a imaginar que eran mis dedos los que lo recorrían y que después bajaban por su barba y su delgado pecho.  Mi mente estaba a punto de desabrochar su pantalón cuando una banda de rockeros haciendo slam me tiró al piso de nalgas.  Mi novio acudió en mi auxilio.</p>
<p>–¿Qué estas tonta? –me dijo.</p>
<p>–Sí. -Contesté yo –¿No crees que el vocalista se parece a Dave Grohl?- añadí.</p>
<p>–Ah, ya comentaste de <em>pinche</em> <em>grupie</em> –me respondió enojado.</p>
<p>Sí, ya había comenzado de <em>pinche</em> <em>grupie</em> y mi prioridad era deshacerme de él.  Me lancé directamente a su yugular y le clavé mis colmillos.</p>
<p>–¿Y tu esposa te dio permiso hasta las doce, Ceniciento? Porque yo no me pienso ir. –le dije con saña.  Por respuesta obtuve un chillido lastimoso y dinero para pagar la cuenta.  Con la jaula abierta, sonreí.</p>
<p>Volví a la barra del bar para así acechar sin perder detalle.  Con suspicacia, mis ojos recorrieron la manada que rodeaba a mi <em>grounchiezco</em> vocalista.  Sin duda, entrar al círculo por el mánager hubiera sido muy efectivo pero para mi mala suerte, ese gordo sólo miraba a los lobeznos.</p>
<p>El bataco lucía un poco solitario, por lo que fue mi elección.  Me lancé a la caza con el escote descubierto y con la seguridad que da un litro de cerveza.  Mi BlackBerry me dio la carnada a utilizar: le aseguré que también había asistido a las tocadas de los días pasados en León, Celaya y Salamanca.</p>
<p>Algunos roces de mi mano contra su pecho y brazos después, el bataco me reveló el hotel y la habitación que alojaría al <em>after</em>. –Ahí estaré –Le aseguré muy cerca de su oído.</p>
<p>Pero antes huí a mi casa.  Los pantalones de mezclilla y los calzones de abuelita que llevaba no eran el ajuar requerido para acosar rockeros. Necesitaba maquillaje, necesitaba negro, necesitaba tequila.</p>
<p>Saludé al recepcionista del Real de Minas con los tacones y me dirigí a la cueva indicada.  En la penumbra de la cueva, una densa nube de humo cargada de feromonas me recibió.  Me tomé unos segundos para que mis ojos se acostumbraran a la obscuridad.  Sin embargo, mi tacto despertó antes cuando un par de manos me levantaron la minifalda y recorrieron con fuerza mi trasero.   Todos los vellos de mi cuerpo se levantaron al sentir el vaho de una respiración en mi cuello y un gemido se atoró en mi garganta cuando fue aprisionada por unos largos dedos.  En mi nuca, un par de colmillos se clavaron y mis rodillas empezaron a flaquear.  Justo a tiempo otro par de manos me sostuvo de la cintura mientras su húmeda lengua me abrió la boca.  Cerré los ojos y sentí una melena a través de mis dedos.</p>
<p>En ese momento decidí no abrir nunca más los ojos, rendirme y ser su presa.</p>
<p>Mi tanga comenzó a rozar mis muslos, pero las cuatro manos seguían en mi cuerpo.  ¿Cómo era posible? Supuse entonces que era un predador mitológico, un chupacabras, un caliente demonio cazador, una Bestia que sin misericordia me iba a despojar de mi ropa, de mi piel, de las míseras cogidas que hasta ese momento había tenido en mi vida.</p>
<p>En un rápido movimiento, la Bestia me tomó de las piernas y la espalda, arrojándome en un montón de pieles que estremecieron la desnudez de mi cuerpo.  Una serie de lenguas comenzaron a lamerme, a morder cada una de las protuberancias de mi cuerpo, a succionar mis pechos, a rasgar la piel cercana a los huesos.  “Soy el alimento de la noche” pensé cuando las mordidas fueron más salvajes y supuse que iba a morir.  De pronto, escuché un aullido ensordecedor que detuvo las mordidas.</p>
<p>Mi piel estaba al rojo vivo y sentía con intensidad los pelos del cuerpo de mi Bestia, de la que no distinguía –ni me importaba hacerlo– si eran manos o piernas.  El olor a sexo me picaba la nariz y los ojos, mientras no se cuántos penes entraron por todas las cavidades de mi cuerpo.</p>
<p>Fiel a mi promesa, nunca abrí los ojos y tampoco supe la cantidad de orgasmos que tuve antes de caer desmayada.</p>
<p>Desperté al sentir un chorro caliente resbalar por mi mejilla.  El olor a orina llegó a mi nariz y supuse que la Bestia estaba marcando su territorio.  Pero cuando volteé, un panzón era el que orinaba.  Al día siguiente, las Bestias se convierten en cerdos.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/CIMG8939.JPG"><img class="aligncenter size-medium wp-image-883" title="Bestias Míticas" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/CIMG8939-300x225.jpg" alt="Bestias Míticas" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Foto: Rox Grupo: <a href="http://disidente.net">Disidente</a></p>
<hr />
<p><small>© Rox for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Desmitificando a la Gran Verga</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Mar 2010 01:46:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rox</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace algunas semanas, le comentaba a Agustín que se me había hinchado la vena feminista ante una escena sado-lésbica en la que se usan straps-on.  Ya sé, lo último que soy es feminista. Y si de algo soy fan es de los juguetitos fálicos para damas.  Sin embargo, la idea de “sin pito no hay [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace algunas semanas, le comentaba a <a href="http://arbol.milnombres.net/wp/" target="_blank">Agustín</a> que se me había hinchado la vena feminista ante una escena sado-lésbica en la que se usan straps-on.  Ya sé, lo último que soy es feminista. Y si de algo soy fan es de los juguetitos fálicos para damas.  Sin embargo, la idea de “sin pito no hay orgasmo” me causa urticaria.  ¿Acaso es envidia por los símbolos fálicos? “Pinche loca, te estás contradiciendo” asegurará algún mal hablado lector.  Ya lo sé y mi única justificación es que soy mujer y tengo el derecho a ello.</p>
<p>Por eso, en los siguientes párrafos intentaré encontrar una la luz en el camino oscuro de la adoración por el pito.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/granverga.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-865" title="Mala mujer, mala" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/granverga-197x300.jpg" alt="granverga" width="197" height="300" /></a></p>
<p>Podría culpar al porno que exhibe superhombres que dan megacogidas, pero hay evidencias antropológicas en los que la importancia del importancia al pene (en contraposición a la vagina) es le-gen-da-ria.  Basta con darse una vueltecita por los museos para encontrar vasijas y demás estatuitas pitudas.  Así que no culparé a la parafilia visual masculina.</p>
<p>¿Y que hay con la sociedad patriarcal-occidental en que vivimos? En este mundo medido por superlativos, en las que donde más tienes más eres, la presión por ser excelentes amantes es mayor para los hombres que para nosotras las mujeres.</p>
<p>Quizá una equivalencia femenina sería la exigencia social y mediática por un flacucho cuerpo de modelo.  Afortunadamente, hay voces que ya se levantan a favor de los cuerpos naturales y las redondeces.  Esto es impulsado sobre todo, por cuestiones de salud física y mental. (Vean la columna de <a href="http://en.wordpress.com/tag/venus-pixeleada/" target="_blank">Venus pixeleada de Ángel</a>).</p>
<p>¿Pero qué voces se han levantado para bajarle de huevos (que bien queda esa frase jijiji) a la importancia del pene?  No me malinterpreten. No digo que se lo arranquen, tengan sexo sin coito o que nos manifestemos en las avenidas tirando nuestros vibradores a la basura… <strong>¡NO!</strong> no hay necesidad de ser extremistas.</p>
<p>Lo que intento decir es que tanta divinidad cargada a una parte del cuerpo es tan culero como hacerse su propia página de fans en facebook (y no ser celebridad).</p>
<p>En <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/la-verdad-verdadera-del-orgasmo-femenino/" target="_blank">este post </a>decía que las mujeres debemos hacernos responsables de nuestros orgasmos… ¿No vendría siendo el momento que los hombres lo hagan también? ¿Qué dejen de creer que su pene es el reflejo de lo que son? ¿No sería bueno que desmitifiquemos a la gran verga? De menos, por salud mental deberíamos darle su justo valor.</p>
<p>Por eso, el usar un pene falso en una escena sado/lésbica me parece fuera de lugar.  Si fuera feminista, haría un strap-on con una vagina estrujante.  Pero como no lo soy, creo que el uso de lenguas y manos son perfectos para la ocasión.  Ah!&#8230; y cremas, nalgadas, cadenas, collares y todo eso que el BDSM requiere…</p>
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<p><small>© Rox for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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