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	<title>No le cuentes a mi padre &#187; Perro Del Mal</title>
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		<title>La noche perfecta</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 00:44:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
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		<description><![CDATA[A veces los planetas parecen alinearse y, por lo menos una vez en la vida, todo sale a pedir de boca.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay ocasiones en que los planetas se alinean y todo parece salir perfecto.</p>
<p>3er año de preparatoria. A esa edad uno juega a ser adulto y las responsabilidades son mínimas.</p>
<p>El claxon familiar sonó como tantas otras veces. Bajé las escaleras y salí por la puerta de la cocina. Afuera estaban el Jawi y el Pirru en el carro del último.</p>
<p>Mis papás se fueron a Culiacán y mi casa está sola –dijo el Pirru.</p>
<p>Tenemos una botella de whisky –agregó el Jawi.</p>
<p>Eso bastó para convencerme. Era viernes por la tarde. Metí ropa a una mochila y le avisé a mis papás que iba a quedarme a dormir en casa del Pirru. Salí sin problemas.</p>
<p>En realidad nada fuera del otro mundo. El Jawi es mi mejor amigo y el Pirru es un chilango que había llegado a Mazatlán hacía tan sólo unos meses y que se hizo amigo de ambos rápidamente. Los tres vivíamos en la misma colonia, a escasas 3 cuadras uno del otro. Llegamos a su casa, pusimos algo de música y nos servimos unos pistos. Salimos a la terraza para fumar un porro y unos cigarros. Estuvimos platicando de pendejada y media, como casi siempre. Hablé con la que era mi novia en ese entonces, le comenté que estaba en casa del Pirru con él y el Jawi y que nos íbamos a quedar ahí a pistear hasta el día siguiente, ella me dijo que iba a ir a un evento con su mamá de no sé qué chingados, algo de beneficencia por lo que esa noche no nos veríamos. Me preguntó si pensábamos salir y yo con toda naturalidad le dije que no, pues estábamos muy tranquilos ahí sin sus papás.</p>
<p>Ya entrada la noche llegó la hermana del Pirru con una amiga. Las dos son menores que nosotros por un año; llevaban todavía el uniforme de la escuela.</p>
<p>La hermana del Pirru siempre se me hizo muy atractiva. No era la más guapa pero tenía una cara de cachonda, de cara larga, labios gruesos y un lunar cerca de la boca. Era alta con un cuerpo delgado y bien delineado. Con busto pequeño pero firme y unas largas y delgadas piernas. De pelo castaño y piel dorada, siempre parecía bronceada. Su amiga, Claudia, era de cuerpo similar pero más blanca, casi rubia, ‘güera de rancho’ dirían en mi pueblo. No era muy bonita pero tampoco era fea.</p>
<p>Las dos salieron a la terraza y su hermana dijo que Claudia se iba a quedar a dormir ahí también. Nos robaron algunos tragos y luego se subieron al cuarto de la hermana.</p>
<p>Pasadas unas 2 horas nos entró el monchis y decidimos salir a comer a McDonald’s. El que está enfrente del Bora Bora. Entramos al local y estaba vacío; nos dirigimos directamente al mostrador y cada quien ordenó su comida. Mientras el Pirru estaba ordenando llegaron unas gringas y se pusieron detrás de nosotros. Las estaba escuchando platicar detrás de mí sin que yo volteara a verlas. En eso una de ellas menciona la marca de los pantalones de mezclilla del Pirru que siempre ponen en la parte posterior –no recuerdo la marca –y luego hace una exclamación de ‘mmmmhmm’ como  cuando uno prueba algo y sabe muy bueno. Las 3 rieron. Me giré para verlas, ellas me vieron y me sonrieron. Mientras caminábamos hacia una mesa les comenté lo sucedido y los 3 bromeamos con que no estaban nada mal y que era una para cada uno.</p>
<p>Las tres se sentaron en la mesa de al lado. No recuerdo bien ni cómo pero terminamos platicando con ellas. Estaban ahí por el spring break, venían en un grupo de su escuela, y tenían planeado ir al Bora Bora o al Valentinos, nos preguntaron cuál estaba mejor y respondimos que el Bora. Una de ellas preguntó que qué íbamos a hacer nosotros y los tres nos volteamos a ver con signo de interrogación, luego dijo que si queríamos podíamos buscarlas ahí y entonces se fueron.</p>
<p>Salimos del McDonald’s con cara de incrédulos sin estar muy seguros de qué había pasado. El Jawi propuso ir al Bora, pero yo no estaba muy convencido. Mi novia era bastante celosa y estaba seguro que me iba a encontrar a algún conocido y entonces se me iba a armar en grande. Los dos se burlaron de mi condición de mandilón resignado y en el camino de regreso siguieron insistiendo con la posibilidad de terminar regresando del antro con ellas a la casa del Pirru, que era prácticamente para nosotros.</p>
<p>Al salir del carro recuerdo haberle dicho al Jawi que para qué nos hacíamos pendejos, que tanto él como yo sabíamos que lo más seguro es que no íbamos a lograr cogérnoslas. Entramos a la casa y la música seguía sonando en toda la casa. Al salir a la terraza vimos que la hermana del Pirru y su amiga estaban bañándose en la alberca. La visión de ambas en bikini hizo que tuviera una erección involuntaria y casi por reflejo me senté para tratar de disimularla. Podía ver los pezones de la hermana del Pirru a través de su top que se transparentaba un poco, estaban erectos supongo que por el viento y el agua fresca, y eran pequeños y de color marrón oscuro.</p>
<p>Preguntó por qué no entrábamos a la alberca. El Jawi comentó que no traíamos traje de baño y ella contestó que podíamos bañarnos en calzones. Los tres volteamos a vernos y sin mediar más palabra comenzamos a desvestirnos. Ambas nos veían con mirada traviesa, como de mosquitas muertas. Los tres usábamos bóxers por lo que no nos cortamos ni nada de eso e inmediatamente entramos al agua. Las dos comenzaron a reírse con las típicas bromas de que se nos veía el paquete debajo del agua por la abertura que tienen los bóxers.</p>
<p>Ya las conocíamos cómo eran las cabronas. Aún cuando la hermana del Pirru se me hacía bastante cachonda yo le sacaba la vuelta porque era una morra medio conflictiva. Era una de esas fémmes fatales a las que suelen dedicarles canciones como la ‘Veneno en la Piel’ y en más de alguna ocasión le causó problemas a alguien por andarse metiendo con ella, cosa que no era muy difícil. Yo, no es que fuera muy conservador, pero tampoco quería meterme en pedos con el Pirru, que era mi amigo, y él algo celoso con su hermana.</p>
<p>Conforme los pistos avanzaron aumentaron los intentos del Jawi para convencerme de salir al Bora y terminó convenciéndome. Salimos de la alberca y fuimos a cambiarnos para irnos al bar.</p>
<p>Una hora más tarde estábamos entrando al Bora Bora. Había bastante gente. Mucho gringo por aquello del spring break. Nos dirigimos a una de las barras y ordenamos unas cervezas. Luego de brindar comentamos sobre las gringas del McDonald’s, ni rastro de ellas. Nos quedamos sentados en los bancos de la barra y estuvimos platicando muy a gusto. Estábamos en la segunda chela cuando veo en la entrada una morra que me dejó boquiabierto. Rubia de cabello rizado, no muy alta, de cuerpo con curvas y piel dorada, piernas y caderas anchas. Traía un vestido oscuro pegado al torso, sin tirantes y con falda corta, tableada con vuelo. No era delgada pero tampoco gorda, tenía un cuerpo y un tipo parecido a Claire, la cheerleader protagonista de Heroes. Gringa, obviamente.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/04/hayden-panettiere.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-931" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/04/hayden-panettiere.jpg" alt="hayden panettiere" width="450" height="333" /></a></p>
<address>Foto: <a title="Link to  colvanz718's photostream" rel="dc:creator cc:attributionURL" href="http://www.flickr.com/photos/44847311@N05/4308484296/"><strong>colvanz718</strong></a></address>
<p>Venía acompañada de una amiga que ni recuerdo bien físicamente. Ambas caminaron por el costado opuesto de la barra circular y siguieron caminando por detrás nuestro hasta pasar por un lado de nosotros mientras yo la seguía con la mirada. Al pasar por un lado mío volteó a verme y me sostuvo la mirada. Sus ojos eran verdes y me sonrió con su dentadura blanca impecable. Yo me sentí hechizado. Flechazo, lo juro.</p>
<p>Siguieron su camino hasta el espacio que divide las dos barras circulares del bar y ahí se quedaron platicando. Estaban como a unos 10 o 15 metros frente a nosotros. Yo seguía embobado con esa visión.</p>
<p>El Jawi y el Pirru seguían entrados en una discusión a la que no puse atención, ambos ignorantes de lo que yo estaba viendo.</p>
<p>Y en ese momento sucedió lo impensable.</p>
<p>Nunca he sido un hombre que ligue mucho en los bares. Y menos a esa edad. Tenía amigos de todo tipo, incluso los que casi siempre ligaban en los antros, a veces lograban coger, a veces no sacaban más que algún teléfono y la promesa de salir nuevamente. Yo no era uno de esos tipos. Tampoco voy a decir que nunca ligué pero definitivamente no era lo normal en una salida al antro.</p>
<p>Pero aquella noche fue diferente.</p>
<p>Yo seguía embobado viendo a la rubia de ojos verdes y melena rizada mientras ella platicaba con su amiga y de repente volteó a verme y nuevamente me sostuvo la mirada. Yo la verdad no lo podía creer, juro que incluso me giré para ver si no estaba viendo a alguien más detrás de mí, pero nada. Me estaba viendo a mí.</p>
<p>Ambas seguían platicando cuando observo que ella le comenta algo a su amiga y las dos voltean a verme, luego se ven y se ríen.</p>
<p>Una sensación extraña me invadió. Era una mezcla entre euforia y nervios. No sabía bien cómo reaccionar, pero tenía que hacer algo.</p>
<p>De repente, como si alguien hubiera encendido un switch, decidí que tenía que ir a decirle algo. Apuré mi cerveza de un trago para darme valor.</p>
<p>Señores –dije mirándolos muy seriamente –yo ahorita vengo, ahí me dicen quién ganó la discusión. –solté ante una mirada de extrañeza de parte de ambos.</p>
<p>Comencé a caminar hacia la gringa y su amiga. Mil cosas se agolpaban en mi cerebro, no tenía idea de qué decirle. Ése era mi problema, nunca sabía bien qué decir para sacarle plática a una chica, las veces en que lo había logrado todo sucedía muy naturalmente, como por ejemplo que a una de ellas se le cayera un bolso al piso o algo por el estilo. Nunca me gustó usar las típicas líneas que todo mundo ya conoce, y ahí radicaba la dificultad de la situación.</p>
<p>¿Qué decir? Era mi pensamiento conforme esos metros se extinguían como cable de pólvora rumbo a la dinamita. Estaba a punto de morir explotado. De auto inmolarme. Y nada llegó a mi mente.</p>
<p>Estaba frente a ella y ella me observaba fijamente con una sonrisa. Pasaron 2 segundos que parecieron una eternidad. Y nada salía de mi boca.</p>
<p>Entonces lo único que se me ocurrió fue acercarme a ella hasta el punto de darle un beso, y así lo hice. Fue un beso ‘de piquito’ como se dice. Uno de esos besos lentos pero que te agarran por sorpresa. Pude sentir un poco de humedad sobre sus labios. Al separarme de ella su cara era un poema. Sus ojos estaban muy abiertos y su mirada era de sorpresa y nerviosismo. Ambos reímos. No podía creer lo que había hecho. Su amiga estaba entre risueña y yo diría que hasta un poco espantada.</p>
<p>Le pregunté su nombre.</p>
<p>Regan –fue su respuesta.</p>
<p>Luego comenzamos a platicar lo típico. De dónde era, qué hacía en Mazatlán, cuantos años tenía, etc. Me presentó a su amiga, y cuando estaba a punto de quedarme sin preguntas se acercó el Jawi para hacer de copiloto y platicar con la amiga. Los cuatro subimos a una pequeña pista de madera que tenían hacia la playa y comenzamos a bailar.</p>
<p>En realidad más que bailar a mí me sirvió para acercarme a ella y rozar mi cuerpo con el suyo, como la música era tan alta me acercaba y le hablaba al oído. Su cuerpo y su pelo olían a bronceador de coco. No pasó mucho tiempo cuando comenzamos a besarnos.</p>
<p>Me di cuenta que era una gringa bastante ‘normal’ diría yo. No era una pinche loca que venía a embriagarse hasta la inconsciencia y encuerarse a la menor provocación como algunas veces me había tocado observar en spring break. Tenía 16 años. Estaba en la prepa y vivía con su familia en Michigan, una familia común y corriente como muchas otras. Ella estaba de vacaciones en Mazatlán con algunas amigas porque un año antes había estado de intercambio con una familia mexicana y se había hecho muy amiga de una de las hijas de su familia postiza y este año había regresado a visitarlas. Su hermana postiza y otras amigas había decidido ir al Canta Bar que está dentro del Valentinos y ella y su amiga había bajado a ver qué tal estaba el Bora.</p>
<p>Pasadas algunas canciones y algunas cervezas le propuse ir a sentarnos y ella aceptó. La tomé de la mano y nos fuimos rumbo a unos escalones que había al lado del Bora donde tenían antes una alberca y una cancha de arena para jugar voleibol.</p>
<p>Me senté en un escalón y ella se sentó por delante de mí, entre mis piernas, en un escalón más abajo. Recostó su cabeza en uno de mis brazos y yo comencé a besarla mientras acariciaba sus senos. Tenía unos pechos de tamaño mediano pero muy firmes al tacto. Ella no decía nada, sólo respiraba agitadamente. Se notaba muy cachonda. Yo, acostumbrado a que las mexicanas siempre te lo pongan más difícil, traía una erección considerable que poco podía disimular. Comenzó a pasar su brazo por mi entrepierna, como si estuviera apoyada en mi pierna pero lo movía de un lado a otro acariciándome. Yo estaba en la gloria, aunque sabía que no podíamos pasar mucho más allá de eso ahí en el bar. En esa zona incluso había vigilantes que estaban al pendiente de qué pasaba y no dejaban coger descaradamente.</p>
<p>Pensé en avanzar. Me bajé al mismo escalón donde estaba ella para poder alcanzar sus piernas por debajo de sus brazos y posé una mano sobre su pierna. Comencé a acariciarla avanzando y retrocediendo lentamente. Cada vez un poco más hacia el interior de su pierna. La metí por debajo de su falda y me encontré con la tela de sus panties, había un poco de humedad en ellos. Mientras la besaba quise apartar con la mano ese pequeño pedazo de tela que me separaba de su puchita pero su mano me detuvo. Yo estaba a mil y mi erección era muy evidente.</p>
<p>Quise insistir pero nuevamente me detuvo. Comencé a sentirme frustrado pero para mi sorpresa sentí que su mano se deslizaba hacia atrás y comenzó a acariciar el tronco de mi verga por encima de mi pantalón. Eso me devolvió la sonrisa y quedé satisfecho con la negociación.</p>
<p>Ya hacía rato que nos habíamos terminado la cerveza y ella quería ir al baño así que ella fue mientras yo ordenaba otras chelas. Al salir me dijo que si podíamos ir a bailar nuevamente y así lo hicimos sólo que lo hicimos muy pegaditos uno del otro y comenzamos ahí a fajar un poco. Yo estaba en el cielo hasta que alguien me sacó de mi mundo de fantasía cuando sentí una mano que me tocaba la espalda.</p>
<p>Era Karla, una compañera de la escuela.</p>
<p>Ya te vi, eh –fue lo primero que me dijo mientras me señalaba con el dedo y se reía.</p>
<p>Yo no sabía dónde meterme y me puse colorado como tomate. Ella conocía a mi novia, aunque distaban mucho de ser amigas porque Karla era más bien amiga de una ex-novia que tuve.</p>
<p>No hay pedo, yo no digo nada –dijo ante mi evidente cara de vergüenza –pero tú tampoco, eh –añade señalando al tipo con el que estaba bailando. Era un gringo.</p>
<p>Comprendí la situación: quería evitar que hablaran de ella porque andaba con un gringo; en la prepa se entendía que las locales que andaban con gringos eran morras facilonas, porque los gringos no son de manita sudada y se asumía que se las están cogiendo o no andarían con ellas.</p>
<p>Ya con confianza yo seguí en lo mío. Bailar y fajar. Pero nada pasaba más allá de pegarme a ella y hacerle sentir mi erección y de besarla como loco. Recuerdo que su lengua tenía un sabor muy dulce y yo me perdía en sus ojos.</p>
<p>Al rato el Jawi me hizo señas y me acerqué a ellos para ver qué pasaba.</p>
<p>Se me hace que acabo de ver a tu cuñada por ahí en la entrada –me dijo entre risas. Yo no sabía si era una broma o se reía de nervios.</p>
<p>¿Me vio? –le pregunté nerviosamente.</p>
<p>No tengo idea, la vi rápido y luego desapareció entre la gente –me contestó.</p>
<p>Me dirigí hacia la entrada tratando de buscarla pero había demasiada gente y no podía ver bien. Llegué hasta la entrada y no se veía por ningún lado. Me preocupé un poco pero pensé que quizá no me había visto porque nosotros estábamos al fondo, pegados a la playa, y la pista estaba llena.</p>
<p>Regresé y Regan me preguntó que qué pasaba, yo le dije que creí haber visto a alguien pero que ya no la había encontrado. Seguimos bailando un poco más. Al rato vimos pasar a las gringas del McDonald’s pero iban acompañadas de otros gringos. Yo pensé en que había salido mejor no haberlas encontrado cuando llegamos.</p>
<p>Pasó a lo mejor una hora más cuando se acerca a su amiga y algo le comenta. Ella me ve y me dice que se tenía que ir. Le pregunté la razón y ella me explicó que sus amigas ya se querían ir y que iban a ir al Frog’s. Busqué la hora en mi reloj y vi que eran pasadas las 2 y media de la mañana así que le comenté que no tenía caso ir al Frog’s porque lo cerraban a las 3 y después de eso lo único que quedaba abierto era el Bora. Obviamente yo no quería que así se acabara la noche. Le pedí que se quedara otro rato pero me dijo que no podía y sólo se acercó para darme un beso y despedirse. Su amiga la tomó de la mano y la vi alejarse entre la gente. Yo no podía creerlo.</p>
<p>Me sentí un poco extraño. Necesitaba tiempo para procesar lo que había pasado en toda la noche. Sentía una gran euforia y al mismo tiempo algo de frustración por no haber podido hacer nada más. Me acerqué a mis amigos y les propuse ir al Frog’s pero los dos me comentaron lo mismo que ya sabía, que no tenía caso ir al Frog’s si ya lo iban a cerrar. Me sentí impotente. Tenían razón.</p>
<p>Terminamos las cervezas y decidimos dar por terminada la noche.</p>
<p>Ya en la salida insistí en que habría podido seguirla al Frog’s y terminar cogiéndomela pero mis amigos me calmaron asegurándome que había tenido mucha suerte y que me conformara con lo que había pasado. A lo mejor tenían razón, seguro que no terminaríamos en la cama. Y dicho lo dicho enfilamos rumbo al carro.</p>
<p>Ya de regreso a casa del Pirru de repente se me ocurrió que tenía que ir al Frog’s así que le dije al Pirru que me prestara su carro, que los dejaba en su casa y luego me iba yo solo al Frog’s. Trataron de convencerme de que no lo hiciera pero ya lo había decidido y no perdía nada con intentarlo.</p>
<p>Su casa estaba muy cerca del Bora así que en cuanto los dejé aceleré rumbo al Frog’s en un carro que no era mío a buscar a una gringa de la que solamente conocía su nombre de pila. Al llegar al Frog’s vi que todavía había mucha gente adentro y alguno que otro afuera. Le pedí chance al de la entrada pero me dijo que ya habían cerrado y ya no estaban dejando entrar a nadie, que ya iban a desalojar.</p>
<p>Puta madre –pensé yo mientras veía como mi buena suerte comenzaba a terminarse.</p>
<p>Mis pensamientos estaban en eso cuando veo que la amiga de Regan estaba sentada ahí en la entrada, debajo del toldo en una de las jardineras. Luego de llamar su atención volteó a verme y luego se fue hacia la entrada haciendo señas de que aguantara. Minutos más tarde vi la cabeza de Regan con esa melena rubia rizada y esos ojos verdes asomándose por la puerta. Me vio y salió caminando hacia mí.</p>
<p>Luego de explicarle que ya no me dejaban entrar y que ya iban a cerrar se quedó pensando y me dijo que la esperara ahí afuera, que iba a decirle a sus amigas que se iba a ir conmigo porque ya iban a cerrar y yo la llevaría a casa de su hermana postiza.</p>
<p>Salimos rumbo al carro tomados de la mano. Subimos y lo primero que hicimos fue comenzar a besarnos y a acariciarnos. Luego me explicó dónde vivía su familia postiza y enfilamos para allá.</p>
<p>Me sentía muy nervioso porque no sabía qué hacer, si llevarla a su casa o intentar otra cosa aunque tampoco traía dinero como para llevarla a un motel, pensé que a lo mejor podíamos ir a casa del Pirru y pedirle el cuarto de sus papás prestados para coger.</p>
<p>Me sudaban las manos. A mis 17 años habían pasado tan sólo unos meses desde que había perdido mi virginidad con mi novia. Nunca lo había hecho con nadie más.</p>
<p>Ya en el camino ella comenzó a sobarme la verga por encima del pantalón. Yo estaba cachondo a más no poder. Entre la palanca de cambios y poner atención al camino comencé a tocar su puchita por entre sus calzones.</p>
<p>Le comenté de la casa de mi amigo pero inmediatamente me dijo que no, que le daba pena. Yo no sabía qué más hacer. Ella no decía nada.</p>
<p>Luego se me ocurrió que podía parar en un lugar que conocía que quedaba de camino a su casa, era una calle cerrada muy corta con lotes baldíos que daba a la barda del fraccionamiento del Cid, pero del lado del Dorado. Algunas veces había llevado ahí a mi novia y habíamos tenido relaciones en el asiento trasero del carro. No le comenté nada a Regan pero ya tenía un plan.</p>
<p>Claro que una vez la policía nos cachó cogiendo a mi novia y a mí en ese lugar y les tuve que dar mordida pero eso no ocurriría sino hasta dentro de unos meses así que me pareció buena idea.</p>
<p>A esa edad en la que comenzaba a tener relaciones siempre traía un condón en la cartera. Sé que no es muy seguro que digamos guardarlo ahí pero en esa época era algo muy común así que por eso no habría problema.</p>
<p>Al dar la vuelta en la cerrada ella me preguntó que qué hacía pero yo no le contesté nada. Al llegar al final de la calle, pegado a la barda estacioné al carro y apagué el motor y las luces. Todo estaba tranquilo, sin rastro de nadie, sólo se escuchaba la música en el estéreo. Le dije que me encantaba, que estaba hermosa y sin más comencé a besarla. Lentamente mi mano fue bajando hasta desaparecer en sus calzoncitos y esta vez no me dijo nada. Y así mientras nos besábamos y yo le acariciaba el clítoris ella llegó al orgasmo, sentí como sus caderas comenzaron a convulsionarse y sus gemidos se incrementaron. Abrió los ojos y me sonrió, luego de eso tomo mi cinturón y comenzó a desabrocharlo con desesperación, abrió mis bóxers y mi pene saltó como resorte y entonces comenzó a hacerme la mejor mamada que me habían hecho hasta ese momento, mucho mejor que mi novia. Con mi mano levanté un poco su vestido por detrás y estuve tocándola hasta que le propuse pasarnos al asiento de atrás. Nos brincamos e inmediatamente le bajé el vestido para tener acceso a sus senos. Todo fue muy rápido, como si los dos estuviéramos desesperados por hacerlo y asustados de que alguien pasara y nos viera. Luego me bajé los pantalones y los bóxers y ella se quitó sus calzones. Saqué el condón de la cartera que tantas veces me hizo el paro. Yo permanecí sentado y ella se montó en mis piernas para hacerlo frente a frente y comenzamos a acelerar el ritmo como si el mundo se fuera a acabar. Me imagino que si alguien hubiera pasado por ahí no habría forma de que no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo dentro del carro. No aguanté mucho tiempo hasta que me vine dentro de ella con el condón puesto. Ni me enteré si ella había llegado otra vez al orgasmo. Rápidamente comenzamos a arreglarnos las ropas y a tranquilizar la respiración. Se sentía la humedad dentro del carro. Nos pasamos a los asientos de adelante y encendí el motor. Nos reíamos de nervios. La casa a donde la llevaba estaba a unas pocas cuadras.</p>
<p>Hasta eso no hubo dramas ni grandes despedidas. Ella estaba nerviosa porque no quería que la cacharan los señores de la casa y yo estaba todavía apendejado de todo lo que había pasado en la noche. Nos despedimos con un beso y un bye-bye y listo.</p>
<p>En ése entonces todavía ni se usaban los correos electrónicos, las largas distancias al extranjero salían carísimas y a mí me daba hueva escribir cartas así que no había mucho que agregar a algo que pasó en una noche con una persona que vivía a miles de kilómetros de donde yo vivía.</p>
<p>Regresé a casa del Pirru y les conté lo sucedido pero como que nunca me creyeron si era cierto o no. Dormí como angelito esa noche.</p>
<p>Al día siguiente nos despertamos ya cerca del mediodía. Sentía algo de cruda moral. Además no se me había olvidado que a lo mejor mi cuñada me había visto. Visto lo sucedido no podía creer que toda la buena suerte que había tenido fuera a estar manchada con ese pequeño detalle. A lo mejor y ni había sido ella, yo nunca la vi.</p>
<p>Decidí marcarle a mi novia. Me contestó como si nada. Buena señal. Le pregunté cómo le había ido y ella me platicó el rollo pero ni le puse atención pensando en la posibilidad de que mi cuñada me hubiera visto. Luego ella me preguntó cómo nos había ido a nosotros.</p>
<p>Bien, tranquilo –le contesté yo.</p>
<p>¿Seguro? –insistió ella. Comencé a sentirme interrogado por la PGR. Era terrorismo.</p>
<p>Sí ¿por qué? –dije haciéndome pendejo.</p>
<p>¿Y no saliste? –comentó con tono sarcástico.</p>
<p>No –contesté –nada más fuimos a cenar y luego nos regresamos para acá.</p>
<p>Mentiroso –alcancé a escuchar antes de que colgara.</p>
<p>Ya valió madres –pensé. Me habían cachado.</p>
<p>Me fui caminando a la casa. Mientras caminaba iba pensando en todo lo que me dijo por teléfono. En realidad nunca mencionó a ninguna morra ni nada por el estilo. Lo único que me había preguntado fue si había salido. Evidentemente sabía que habíamos salido, pero hasta ahí, o eso creía yo. No estaba seguro.</p>
<p>Ya por la tarde le marqué y no estaba en su casa. Decidí marcar a casa de su mejor amiga y obviamente ahí estaba. Fui a buscarla y sin discutir ni nada me dijo que si la acompañaba a caminar. Le expliqué que habíamos ido al McDonald’s a cenar y que al salir habíamos visto a unos amigos de la escuela y que nos convencieron de entrar al Bora. Ella me reclamó el por qué no le había dicho y sólo me comentó que le dijeron que me habían visto entrando al Bora –cual pueblo de señoras mitoteras –pero nada más. Encajó con mi historia y ahí terminó la cosa, no sin antes pedirle perdón por haberle mentido.</p>
<p>De la gringa nunca más volví a saber nada.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<hr />
<p><small>© Perro for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Daniela</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 02:29:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[amante]]></category>
		<category><![CDATA[besos]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[vecina]]></category>

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		<description><![CDATA[De las relaciones raras que no parecen relaciones.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y yo estaba en mi quinto sueño cuando escuché el timbre del depa. Se me hizo raro y por eso medio me desperté, pasaban de las 3 de la mañana. Escuché al Herbert hablar con alguien en la puerta y luego a él tocar en mi cuarto. –Te hablan –me dijo a través de la puerta.</p>
<p>Luego de ponerme unos shorts y una playera y agarrar unas chanclas, salí del cuarto. Para ser sincero me habría esperado muchas cosas antes que ver la silueta de la que parecía ser la vecina nueva del 3.</p>
<p>–Hola –me suelta riendo nerviosamente como quien no acaba de creer lo que está pasando. La examino de pies a cabeza. Tacones y falda corta, top brillante en azul y bolsa al hombro. Cara de borracha pero consciente. Le devuelvo el saludo y pongo cara de sorpresa mezclada con confusión.</p>
<p>– ¿Estabas dormido? –me pregunta sin esperar una respuesta.</p>
<p>– ¿Vienes de alguna fiesta? –inquirí todavía sin reponerme de la confusa situación.</p>
<p>–Vengo del Boca, fui con algunos amigos –me dice volteando los ojos en ademán de decepción.</p>
<p>– ¿Y qué tal te fue? –pregunto para alargar la plática.</p>
<p>–La verdad más o menos – ¿ah sí? –Pues sí, pero bueno ya no me importa –contesta. Me sonríe.</p>
<p>Los nervios me ganan y me río. Nunca sé bien cómo actuar en estas situaciones, y no es que me haya sucedido muchas veces –quizás por ello mi incertidumbre –pero es que uno se imagina que fácilmente podría protagonizar una película porno y a la mera hora de la hora las dudas asaltan de volada.</p>
<p>–¿Cómo me dijiste que te llamabas? –finalmente le pregunto.</p>
<p>–Daniela –contesta ella.</p>
<p>Recuerdo bien el día que la vi llegar a ese edificio de estudiantes. Manuel Acuña. Departamentos “amueblados” para estudiantes. En el lugar el común denominador eran los estudiantes de medicina de la autónoma de Guadalajara. Estaba yo sentado en las escaleras bocetando a lápiz en un cuaderno que había comprado y que llevaba conmigo a todos lados. Trataba de retratar la fachada del kínder en la acera de enfrente cuando vi llegar una Cheyenne color verde con placas de Tamaulipas. Me llamó la atención porque de semejante camionetón se bajó una chava de ropa deportiva, lentes oscuros y paliacate en la cabeza. Iba y venía cargando cajas. Era una chava alta, de tez morena clara y cabello largo. Minutos después se acercó para pedirme que le ayudara a bajar el televisor y yo, fascinado con sus enormes tetas, acepté gustosamente.</p>
<p>Cargué el televisor hasta su recámara y me fijé que ya había estado decorándolo. El estudio olía a aromatizante de flores y vainilla. Cajas y ropa sobre la cama. Revistas de moda tiradas en el piso. Me dio las gracias mientras yo trataba de adivinar la forma de sus tetas y los pezones que se marcaban en su playera. Me despedí amablemente y me alejé pensando en su cara. No era una muñeca pero sí diría que tenía una belleza rara un poco exótica, era guapa.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/depas.JPG"><img class="aligncenter size-medium wp-image-790" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/03/depas-300x211.jpg" alt="depas" width="300" height="211" /></a></p>
<p>Los días fueron y vinieron y de vez en cuando nos saludábamos cuando nos cruzábamos en la entrada. Un domingo cualquiera se me apareció en el marco de la puerta, que casi siempre estaba abierta, para pedirme una ollita en donde hacer una sopa. Días más tarde me preguntó si no tenía unos envases de caguama que le prestara. Hola y adiós eran el protocolo.</p>
<p>–Vamos a mi depa y te invito un pisto –me dice Daniela.</p>
<p>–Vamos –contesté yo todavía incrédulo de que esto me estuviera sucediendo a mí.</p>
<p>Más que depa era un estudio, o mejor dicho, era una recámara con una cocineta con una barra pequeña y un baño al lado. Nos sentamos en los bancos junto a la barra. De la alacena sacó una botella de Bacardí blanco y un gatorade sabor pera. Brindamos.</p>
<p>Platicamos un poco de todo, como dos personas que no saben nada del otro y que se preguntan de todo. Me platicó que salía con un tipo, pero que no tenían una relación formal. Al parecer ella se molestó porque se lo encontró en el antro y se portó con ella con indiferencia. Ella al ver que él no la iba a pelar esa noche decidió irse del lugar y regresar a su depa. Supongo que estaría cachonda y con el desinhibe del alcohol decidió tocar a la puerta de su vecino para consolarse. Casi estoy seguro que en ese momento fue cuando realmente me cayó el veinte de que no iba a dormir sólo esa noche.</p>
<p>Apuré el trago que tenía en la mano. Le pedí permiso para servirme otro. Abrí la nevera para sacar la cartera de hielos. Estiré mi brazo para soltar el vaso sobre la barra y nuestras caras se encontraron a pocos centímetros, entonces decidí aventar el volado. Todo o nada.</p>
<p>Daniela posó su mirada en mis labios conforme éstos se acercaban a los suyos, noté que me deseaba. Era la respiración. Yo también la deseaba. Nuestras lenguas se juntaron y nos abrazamos desesperada y torpemente, tal cual se abraza una pareja que se desea pero no se conoce.</p>
<p>Bajé mis brazos palpando su cadera y acariciando sus nalgas en círculos. Mordí su labio inferior mientras ella soltó un gemido. Tracé un camino con la lengua hacia su cuello y su escote. No podía creer que esto me estuviera sucediendo a mí. Subí las manos por debajo de su blusa para alcanzar los ganchos del escote y los solté. Ella con maestría pasó los tirantes por sus brazos y sacó el escote por debajo de la blusa y lo tiró al piso.</p>
<p>Mientras la besaba tomé sus tetas y las acaricié con los dedos. Eran enormes y se sentían duras al tacto. Sus pezones estaban erectos. Era la primera vez que tocaba y besaba unas tetas operadas.</p>
<p>La tomé de la cintura y la alcé en brazos para sentarla sobre la barra. Acaricié sus muslos en mi camino hacia su tanga que segundos más tarde caía sobre uno de los bancos. Acaricié su vulva, estaba empapada. Chupaba uno de sus pezones cuando bajé mi cabeza hasta encontrarme con su puchita y encima una línea de vellos bien recortaditos. La probé, tenía un sabor dulzón que me recordaba a las moras. Me perdí entre sus piernas durante unos minutos en los que me dediqué a saborear y explorar pliegues. Me pidió que la penetrara y ahí mismo con ella sobre la barra y con sus piernas sobre mis brazos comencé a martillarla. Bajé mis brazos por el cansancio de estar de puntillas y con las manos libres me dediqué a masajear y besar sus lolas.</p>
<p>Esa noche no dormí realmente. En un momento nos pasamos a la cama. Había colgado unos trozos de tul con clavos en el techo y entre clavo y clavo la tela colgaba un poco para terminar en las esquinas como los se ven en las camas con cielo de tela. Toda la noche fue una revoltura entre dormir abrazados, coger, ir al baño y platicar con los ojos cerrados hasta el amanecer. Por la mañana me despertó porque tenía que ir a clases pero me dijo que me quedara dormido mientras regresaba. Me dormí profundamente hasta que escuché la puerta abriéndose pasadas las 10 de la mañana. Me vestí y salimos a comer unos tacos a unas cuadras. Al regresar hicimos el amor en la regadera.</p>
<p>Con el paso de las semanas nos fuimos conociendo. Supe que Daniela era originaria de Tampico, que se había ido a estudiar a Monterrey y que allí había conocido a un par de amigos, hombre y mujer, con los que vivía en un departamento. Los 3 decidieron cambiar de aires y solicitaron un cambio al campus de Guadalajara por un semestre. Rentaron un departamento aquí y al principio todo iba bien pero finalmente ninguno se logró adaptar al ambiente jalisquillo. Al final de semestre sus amigos decidieron regresar a Monterrey pero Daniela quería cursar una materia más aquí en Guadalajara por lo que se quedó y como no congeniaba con nadie realmente terminó rentando ese estudio para ella sola durante un semestre más.</p>
<p>Comenzamos a tener una de esas relaciones en las que uno no sabe cómo catalogar. A veces ella me buscaba, a veces yo iba y tocaba a su puerta. Otras tantas nos encontrábamos en la entrada o el patio central y ella me decía que pasara más tarde. No nos veíamos diario, sólo cuando queríamos hacerlo. Bebíamos, fumábamos, nos poníamos pachecos, veíamos películas, platicábamos y cogíamos como locos durante esas noches. Teníamos un código. Las noches en que venía el tipo con el que ella salía no nos veíamos. Aunque pocas veces lo vi en el departamento. Recuerdo una incluso en que ella fue a buscarme, yo lo había visto abajo pero me dijo que ese día no tenía ganas de verlo y que le había pedido que se fuera. Yo la verdad nunca le pedí explicaciones de nada, como yo tampoco le daba ninguna explicación de nada.</p>
<p>No había nada qué explicar. Yo no esperaba nada de ella ni ella de mí tampoco.</p>
<p>Fue una de esas genuinas y raras relaciones en las que ninguno de los dos nos enamoramos. Ni queríamos estarlo.</p>
<p>A decir verdad, la relación que Daniela y yo tuvimos fue una de las pocas relaciones que he tenido en las que las dos personas están de acuerdo y conformes con su papel de amantes y nada más. Fuera de su departamento nos comportamos como amigos en todo momento. Ni siquiera las veces que salimos a tomar a algún bar cambiamos los papeles. Pero de la puerta hacia dentro éramos dos amantes que pasaban  casi todo el tiempo desnudos.</p>
<p>El semestre pasó volando. Era diciembre y yo iba a pasar navidad con la familia en Mazatlán. Al regresar pensaba mudarme con otro amigo y dejar ese depa. Unos días antes de irme llegué al edificio y la vi cargando maletas en su camioneta. Regresaba a Monterrey. Nos despedimos rápidamente. Nos prometimos que seguiríamos en contacto, intercambiamos correos y ahí, por primera vez valiéndonos madre, nos besamos en público.</p>
<p>Todavía un año después me contactó en el messenger y me dijo que iba a venir unos días de vacaciones, quedó en llamarme para vernos. Nunca llamó. Yo perdí sus datos y nunca más supe de ella.</p>
<p>Pero nunca olvidaré esos sándwiches de queso en la madrugada, enredados en las sábanas. Sin saber qué esperar el día siguiente.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<hr />
<p><small>© Perro for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Shine On</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 03:20:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[amante]]></category>
		<category><![CDATA[bañera]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasías]]></category>
		<category><![CDATA[masturbación]]></category>
		<category><![CDATA[Musica]]></category>
		<category><![CDATA[Orgasmo]]></category>

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		<description><![CDATA[Pasajes musicales de un domingo en la bañera.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(haz click en los vínculos para escuchar cada canción)</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/00-Ceremony.mp3" target="_blank">New Order &#8211; Ceremony</a></p>
<p>Siente el agua bajo sus pies. Toma la toalla humedecida por el vapor de la bañera. Los hilos de agua surcan la piel en dirección al piso. Se retuercen en rombos por todo el cuerpo, recorren toda la espalda y el goteo se pierde entre el valle de las nalgas. Da un paso hacia el tapete verde olivo de bolitas que absorben las gotas y masajean sus plantas por un instante. La puerta se cierra de golpe mientras el volumen de la música queda en un segundo plano, cada vez más lejos. La falda de manta se atora entre las gotas restantes y lucha por adherirse a la piel mientras ella la empuja hacia abajo. Se ciñe el corpiño de siempre que usa para dormir. La tela trasluce la piel mojada y se adhiere.  Apresura el paso ante la insistencia del timbre de la calle. El mosaico frío se torna resbaladizo ante sus aún mojadas plantas. Los pezones erectos se transparentan debajo de la blusa mojada que se ciñe a los senos, el escote abierto los exhibe descaradamente. Observa a Marifer por la mirilla de la puerta con una actitud nerviosa y un poco desesperada. –Abre ya, por favor –. Le  dice Marifer al escuchar sus pasos sobre el marco de la puerta– ¿Qué pasa? ¿Por qué vienes así? –. Le contesta después de abrirle para dejarla pasar –Es mi papá. Está muy mal.</p>
<p>Se prepara para la ducha. Cierra el libro mientras baja la cadena del excusado. Lo deja sobre la repisa de caoba hinchada por los vapores de la ducha. <em>Elogio de la Madrastra, Mario Vargas Llosa, </em>Tusquets 1988. Su nombre es Mariana. En las bocinas, junto al ipod, se escuchan los acordes de Ceremony de New Order a cover de Joy Division. Canción que la pone siempre de buen humor, como anticipando un día feliz, un día esperanzador. Oh, I’ll break them down, no mercy shown. Heaven knows, it’s got to be this time. Watching her, these things she said. The times she cried. Too frail to wake this time. <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/httpwww.flickr.comphotosnomeacuerdo3726220542-nomeacuerdo.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-719" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/httpwww.flickr.comphotosnomeacuerdo3726220542-nomeacuerdo-300x161.jpg" alt="httpwww.flickr.comphotosnomeacuerdo3726220542 nomeacuerdo" width="300" height="161" /></a>Es el primer sencillo que sacó New Order meses después de que su exlíder se suicidara colgándose en su casa. New Order tomó la grabación de mala calidad que tenían con Ian en los vocales y ellos hicieron su propia versión con la voz de Sumner al micrófono. Se despoja lentamente las ropas como en un ritual cotidiano. Primero la blusa, con el cuello estirado que deja asomados sus hombros, de algodón blanco que muestra en serigrafía la célebre portada de London Calling de The Clash. La deja caer sobre el cesto de la ropa sucia. Luego los pantalones de mezclilla ya enredados entre las piernas. Entubados. Rasgados intencionalmente. Después el sostén, blanco, cálido sobre los pantalones. Por último caen, al paso de sus muslos gruesos y hacia los tobillos, los calzones pequeños enrollados sobre sí mismos al jalarlos hacia abajo, dejados sobre el piso como malacostumbra normalmente.</p>
<p><a href="../wp-content/uploads/2010/02/10-Love-Will-Tear-Us-Apart.mp3" target="_blank">Joy Division &#8211; Love Will Tear Us Apart</a></p>
<p>Gira la llave del agua caliente mientras ésta cae a la cañería volviendo sobre sí misma. Coloca el tapón de la bañera y comienza a llenarse. El rasguido de la guitarra de Love Will Tear Us Apart de Joy Division hace aparición en el playlist. Ella imagina la escena de la película de Control donde Debbie le reclama a Ian que pareciera que no la ama cuando le confiesa que él estaría de acuerdo en que ella tuviera relaciones con otros hombres. Ian le contesta que no cree amarla. When the routine bites hard. And ambitions are low. And the resentment rides high. But emotions won’t grow. And we’re changing our ways. Taking different roads. Then love, love will tear us apart again. A ella le parece irónico. La canción le despierta un sentimiento de melancolía mezclada con nostalgia ochentera. La historia de un amor agonizante. Un presagio del accidente que viene a 100 kms. por hora y que inevitablemente ves venir. Y sabes lo que sigue. Quizá ella sea una versión propia de Annik Honore. En todo caso ella se permite fantasear con sus sentimientos.</p>
<p><a href="../wp-content/uploads/2010/02/01-Shine-On-You-Crazy-Diamond-1-1.mp3" target="_blank">Pink Floyd &#8211; Shine On You Crazy Diamond 1</a></p>
<p>El ambiente se torna pesado conforme la habitación se llena de vapor. A veces le gusta hacerse estos regalos. Prolongarse en la ducha. Ritual de fines de semana para recuperar las energías perdidas en las fiestas que terminan cuando las rutas locales de camiones ya comienzan a operar. Y es un ritual consciente. Velas e inciensos aromáticos con trazas de vainilla y flor de loto. Enciende un gallo y le da unas caladas. Una sensación cálida comienza a recorrerle todo el cuerpo. Pequeñas olas que rebasan el borde la bañera cuando deja caer su cuerpo en el agua. Bajo el lavado, al lado de la taza los chorros de agua forman un <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/httpwww.flickr.comphotosvector09-4197643538inpool-sydbarrettmemorial-Psy-Vektor.jpg"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-722" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/httpwww.flickr.comphotosvector09-4197643538inpool-sydbarrettmemorial-Psy-Vektor-150x150.jpg" alt="httpwww.flickr.comphotosvector09 4197643538inpool-sydbarrettmemorial Psy Vektor" width="150" height="150" /></a>pequeño charco. El agua caliente abraza su piel y ella se relaja. Los hilos de agua recorren su cuerpo y siente un cosquilleo. Saca el brazo por encima de la bañera y recoge la copa de vino sobre el piso para darle un sorbo.  Entonces suena Shine on You Crazy Diamond de Pink Floyd. La música comienza como con esas imágenes del cosmos. Una trompeta irrumpe el vacío sonoro con las cuerdas al fondo en tono dramático, sus lastimeros aullidos remiten un dejo de nostalgia. El requinto inconfundible de David Gilmour se deja sonar como un aviso inequívoco de que algo grande está por llegar. La espera prolongada en la quietud del sonido. Pau pau pau pauuuu. La lira. Y repite. Una y otra vez. Pau pau pau paaaaa tum tum tum tum tum. El ritmo pausado y enérgico en cada beat, con requintos que se funden y el sonido de un órgano como de iglesia al fondo.</p>
<p>La bañera se llena. El tapete se inunda. Las puntas de sus dedos rasgan sus costados provocándole pequeñas descargas de placer mientras su cuerpo se arremolina en el agua vaporosa. Posa su mano derecha sobre el vientre haciendo caricias en piruetas. Toca su vello ensortijado y estira los pendejos rozando su monte de venus. Con su dedo índice alcanza el blando entre las piernas. Se masturba lentamente en círculos perfectos. Estira cada pliegue. Se moja.</p>
<p>Se respira melancolía. Un melodrama en cada una de las notas de las guitarras. El blues del amigo perdido. La trompeta acompaña nuevamente al bajo y las percusiones. El requinto llorando su blues, transpira notas que seducen.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/2636405358_4bb0009a17.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-723" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/2636405358_4bb0009a17-300x300.jpg" alt="2636405358_4bb0009a17" width="300" height="300" /></a></p>
<p>Apartamentos Aurora, en Libertad y Robles Gil. Interior 4. Reminiscencias de la ciudad de la arquitectura Art Decó perdida con el paso del tiempo. Edificio de 3 pisos encima del Café Pacífico y la Librería Esotérica Tao. Cuatro mil pesos mensuales de renta. Sus padres desde su ciudad natal pagan el alquiler religiosamente desde que ella decidiera estudiar la universidad en Guadalajara. Las viviendas son amplias, de techos altos y cuarto de baño decorado con tapiz barato. Mariana toma un largo baño. El aire se respira húmedo por los vapores que emanan de la bañera. Sus dedos manosean delicadamente el clítoris erecto. La mano izquierda soba y estruja sus pezones mientras los remolinos de agua caliente se forman al interior de de sus piernas. Repasa mentalmente sus propios encuentros sexuales. Disfruta de sus caricias al ritmo que a ella le gusta. Cierra los ojos y aprieta los labios.</p>
<p style="text-align: left">Remember when you were young, you shone like the sun. Shine on you crazy diamond. Now there&#8217;s a look in your eyes, like black holes in the sky. Shine on you crazy diamond. You were caught on the crossfire of childhood and stardom, blown on the steel breeze. Come on you target for faraway laughter, come on you stranger, you legend, you martyr, and shine! Los miembros restantes homenajean al líder perdido, venido a menos mentalmente debido a los abusos en las drogas psicodélicas. En la cima de la popularidad Pink Floyd nos regala su álbum más personal. El Wish You Were Here que no es sino un lamento por Syd Barrett, el flautista que encantaría a todos en el primer álbum de Pink Floyd y, cual supernova, caería en decadencia en el camino de la banda a la cima del rock mundial.</p>
<p style="text-align: left"><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/4287956726_58889dd28a1.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-735" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/4287956726_58889dd28a1-213x300.jpg" alt="4287956726_58889dd28a" width="213" height="300" /></a></p>
<p>La canción forma parte del soundtrack de los encuentros sexuales de Mariana con Joaquín. –Para escuchar esta canción como debe ser lo mejor es andar pacheco– . Le dijo él la primera vez que la escucharon juntos. Joaquín Alba.  43 años. Casado con Ximena Ortiz al quedar embarazada después de terminar ambos la carrera. Dos hijos. Abogado de profesión. Los martes y los jueves se encuentra con Mariana para dar rienda suelta a sus pasionales relaciones. Al final de la clase de las 5 de la tarde ella toma su Volkswagen Sedán descapotable en dirección a la Colonia Americana desde el Iteso. Modelo 71 en color azul cielo. Interiores en crema. Joaquín llega cerca de las 5:30 pm y pide un expresso cortado con espuma de leche en el Café Pacífico. Debajo de los Apartamentos Aurora. Al cuarto para las 6 llega Mariana y sube desesperadamente rumbo al interior 4. Se despoja rápidamente de sus ropas mientras pulsa play en el playlist de Pink Floyd. Suena Shine on You Crazy Diamond. 15 minutos más tarde Joaquín sube las escaleras al lado del café. La puerta del interior 4 está abierta. La música suena a un volumen considerable. Deja sus zapatos en la entrada de la puerta y se dirige a la habitación principal. Mariana está recostada sobre la cama pegada a la pared que queda al costado de la entrada. Joaquín entra y de frente observa una película porno en el televisor mientras Mariana finge no observarlo de reojo y toca sus pezones inflamados. Él se acerca y se sienta por un lado. Extiende el brazo para sobar los senos. Ella cierra los ojos y arquea su espalda echando la cabeza atrás. Le besa y le muerde el cuello. Mariana suelta un gemido casi imperceptible. La cama atestigua la relación prohibida de un hombre de cuarenta que le dobla la edad a su amante.</p>
<p>Mariana incrementa la presión en su clítoris. Su mano masajea en círculos su entrepierna. Piensa en Joaquín. Se repasa mentalmente cabalgándolo. Los chasquidos que producen los dedos sobre el agua se hacen cada vez más frecuentes. Su voz se torna aguda y sus quejidos constantes. Contra la pelvis cuando siente un espasmo. Sus pezones se inflaman. Fantasea con el cuerpo de su amante imaginándose recorriendo las manos por sus nalgas. Besando los vellos en su pecho. Mirándolo a los ojos. Tomando y estirando su pene ya erecto. Arrodillándose para tomar el glande con su lengua y masajearlo. Cómo le gusta ver la cara que pone Joaquín cuando introduce su falo en la boca cálida y succiona. Las imágenes se agolpan en su cabeza y recuerda la sensación de tenerlo dentro de ella. Las circunferencias digitales incrementan su frecuencia y ella siente que se va.</p>
<p>You reached for the secret too soon, you cried for the moon. Shine on you crazy diamond. Threatened by shadows at night, and exposed in the light. Shine on you crazy diamond. Well you wore out your welcome with random precision, rode on the steel breeze. Come on you raver, you seer of visions, come on you painter, you piper, you prisoner, and shine! El saxofón exprime notas jazzísticas hasta alcanzar el clímax y se pierde en una orgía de sonidos. El bajo marca marcialmente cada tiempo cuando se escucha al fondo el instrumento de viento ya desordenado como en un largo y lastimero quejido por el amigo que ya no está.</p>
<p>Los dedos arrugados por el tiempo inmersos siguen sobándola por la inercia para prolongar el orgasmo. El teléfono timbra a lo lejos pero ella está perdida en sus pensamientos.  Las partes VI a la IX de la canción permiten dar tiempo para recuperarse. Con el resto de la canción se completan 26 minutos y 1 segundo. Puestas al principio y al final del disco para englobar el homenaje a la leyenda. El teléfono timbra de nuevo insistentemente. Mariana no se doblega y piensa que su placer es más importante. Quita el tapón de la bañera. El agua baja lentamente.</p>
<p>Impacto lateral entre dos vehículos en el cruce de López Cotilla y Unión. La Toyota Sienna color arena modelo 2009 transitaba correctamente de norte a sur a la altura de López Cotilla. Al cruce del semáforo en luz verde sale al paso el Volkswagen Passat en color negro modelo 2005 a 80 km. por hora. La velocidad con la que embiste la Sienna sobre la posición del conductor convierte al vehículo en un arma mortal sobre la humanidad del mismo. El golpe seco como martillo que se siente sobre su cabeza le hacer perder la vista por un segundo mientras la columna no resiste la fuerza y se fragmenta como lo hace una vara de madera doblada por encima del límite de su elasticidad. La fuerza de rebote provoca el estallamiento de órganos a esa velocidad de impacto. Son las 13:47 hrs del domingo. Fierros retorcidos sobre el cuerpo sangrante del conductor del Passat negro. Las ambulancias están en camino. El agente vial pide dos. Daniela, la conductora de la miniván color arena, siente el volante incrustado sobre su vientre. Ella mantiene sus manos firmes sobre el mismo. Las lágrimas forman pequeños riachuelos sobre sus mejillas en camino a su barbilla. Los agentes viales no logran llamar su atención con las señas que le hacen para que abra la puerta o baje el vidrio de la ventanilla. Ella permanece estática, con los ojos puestos sobre la cabeza de perfil del conductor del Passat negro con la frente recostada sobre el volante. Un hilo de sangre la recorre desde la frente hasta la mejilla. Está en shock. El pánico se apodera de su mente y su instinto le pide a gritos resistirse a pensar en lo que ella ya sabe. Por fin uno de los agentes de tránsito logra llamar su atención y ella lo escucha cuando le pide que baje el vidrio un poco. Suelta el volante y con la mano izquierda oprime el botón para abrir la ventanilla. El tránsito mete el brazo en cuanto puede para alcanzar la manija y abrir la puerta. Cuando al fin la abre los 2 agentes se sorprenden al ver a Daniela abrazando su propio vientre. Está en el séptimo mes de embarazo. Un embarazo que está por encontrar su final en pocos minutos si no recibe la atención adecuada.</p>
<p>Gritos de reclamo en la habitación. Registros de llamadas telefónicas en el celular de Joaquín. Ximena reconoce el teléfono de Mariana. Mensajes de texto comprometedores. Joaquín los niega rotundamente. Ximena le avienta el celular en la cara. Nunca se había sentido tan humillada. Le amenaza. Le recrimina que Mariana por su edad bien podría ser su hija. Él no la escucha y le encoleriza que su esposa revise su celular. Ximena habla de divorcio. Joaquín sólo atiende cuando escucha a Ximena balbucear que nunca más verá a sus hijos. Él sale deprisa. No quiere seguir escuchando. Toma su auto y se dirige a alta velocidad para ver Mariana y advertirle.</p>
<p>Accidente potencialmente fatal en el cruce de López Cotilla y Unión. Joaquín yace sobre el volante de su Passat negro. Piensa en su hija. Quisiera poder verla en ese momento. Se arrepiente de no haberle dicho que la amaba antes de salir conduciendo escandalosamente de su casa. Y piensa en Mariana. Y en la primera vez que estuvieron juntos. El recuerdo se torna distante. En su lugar escucha las sirenas de las ambulancias que se acercan a cada segundo.</p>
<p>Apartamentos Aurora. Interior 4. Mariana distingue la cara de Marifer por la mirilla de la puerta. Se nota nerviosa y un tanto ansiosa. Marifer es su mejor amiga. Le conoce de la universidad, estuvieron juntas toda la carrera. –Abre ya, por favor –. Le  dice Marifer al escuchar sus pasos sobre el marco de la puerta– ¿Qué pasa? ¿Por qué vienes así? –. Le contesta después de abrirle para dejarla pasar –Es mi papá. Está muy mal.</p>
<p>¿Qué sucedió? –pregunta Mariana. –Se peleó con mi mamá cuando descubrió que le era infiel. Salió enojado de la casa y chocó. Está muy grave. Está en el hospital. –Indicó Marifer. –Siempre supe que mi papá te estaba cogiendo.</p>
<hr />
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		<title>el regreso de la gran &#8216;O&#8217; pt. final</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 00:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Clítoris]]></category>
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		<category><![CDATA[punto G]]></category>
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		<description><![CDATA[la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... de cómo comprobé que la eyaculación femenina no es un mito.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba yo diciendo en la primera parte que durante aquella época, cuando estábamos en plena acción y yo sentía que la puchita de la Puchona (parece pleonasmo, o ¿es pleonasmo?) parecía contraerse y sentía que sus músculos me empujaban hacia afuera (a veces pensaba que era porque la estaba lastimando) yo le pedía que continuara, que se hiciera pipí, era porque yo pensaba que lo que venía era su orgasmo&#8230; ya alguna vez he mencionado que a mí me encanta la pornografía, y como todo buen pornófilo tengo entre mi pornoteca varios géneros, muy normalitos la verdad, nada demasiado bizarro o ¿ilegal? –quizá no en todos los países– en realidad nada de qué preocuparse. Yo había leído algo del tema y había visto en varias películas acerca de la eyaculación femenina, aunque también había leído cuestionamientos en los que se decía que todo era fingido y que las actrices porno en realidad se hacían pipí, etc, etc. Además nunca había conocido a una morra que le pasara, pero yo presentía que quizá podía ser algo así ¿por qué no? ¿por qué no pensar que el squirting existe? quizá la puchis era de las morras que eyaculaban.</p>
<p>Estábamos de vacaciones en Mazatlán y ese día habíamos salido a pistear un rato y regresamos ya bastante pedones, una vez encerrados en el cuarto y al amparo del ruidoso aparatejo del aire acondicionado empezamos a cachondear, y los dos estábamos muy excitados, más que de costumbre. Empezamos con sexo oral, haciendo un 69. Una vez que ella se vino me coloqué encima de ella y la penetré, notaba que estaba muy excitada, los dos lo estábamos. Al cabo de unos minutos se colocó en 4 patas y me pidió que la penetrara (le encanta esa posición). Llevábamos un rato así cuando noté que su puchita comenzaba a contraerse &#8216;empujándome&#8217; hacia fuera y nuevamente le dije al oído que no parara, que siguiera hasta el final, pero me contestaba que cómo se iba a hacer pipí en la cama&#8230; entonces aceleré el ritmo y nuevamente sentí cómo arqueaba la espalda y sus músculos se tensaban pero me pedía que parara, que ya no aguantaba&#8230; entonces tomé un tapete que había en el cuarto y lo coloqué sobre el piso frente a la cama y entonces le pedí que se arrodillara en el piso y que recostara los brazos sobre el borde de la cama y nuevamente comencé a penetrarla, esta vez con más fuerza y más rápido, sentía como mi verga topaba con la pared anterior de su puchita y eso la hacía gemir bastante, justo cuando sentí que su vagina se contraía se me ocurrió hacer lo que siempre he visto en las películas que hacen&#8230; se la saqué y comencé a restregarle la verga en el clítoris, como masturbándola dándole golpecitos sobre el botón y eso hizo que rápidamente arqueara la espalda, las piernas le temblaban y parecía que no la sostenían mientras su vagina expulsaba un chorro de líquido caliente a presión, al mismo compás de las contracciones que estaba teniendo. Yo pensé que nos iban a escuchar porque prácticamente estaba gritando. Cuando terminó de eyacular había un charco de considerables dimensiones de un líquido con consistencia acuosa, no era espeso ni muy viscoso, parecía entre transparente y blanquecino, lo olí&#8230; no olía a orina, de hecho no olía a nada en particular si acaso tenía un aroma un poco dulzón, casi imperceptible&#8230; la Puchona estaba como desmayada, no tenía fuerzas ni para recostarse en la cama, le temblaban las piernas y se perdió por unos segundos, cuando vio el charco se quiso morir de la pena –¡Y en casa de tus papás!– me decía. El tapete quedó empapado así que fui a tenderlo afuera y de paso tomé un trapeador para borrar la evidencia.</p>
<p>Cuando estábamos acostados a la Puchona le daba risa nomás de verme, de esas risas nerviosas&#8230; no sabía qué decir, ni que pensaba yo. –¿te gustó?– le pregunté. –nunca había sentido un orgasmo tan intenso– me contestó. –es muy diferente&#8230; ¿a ti te gustó?– me preguntó ella.</p>
<p>La verdad es que me gustó mucho, fue algo muy intenso sentir un chorro de líquido caliente sobre mi verga, fue una sensación muy agradable y excitante. Sonrió cuando se lo dije.</p>
<p>¿Y después? Bueno, hemos aprendido poco a poco sobre este pedo. Para empezar no es orina, de eso sí estoy seguro, no se ve, ni tiene la misma consistencia, ni es del mismo color, ni huele a orina. También que sale de la uretra, no de la vagina, así que no es flujo vaginal ni es espeso, ni huele igual tampoco. No es una secreción, es un chorro de líquido que sale a presión como lo hace la orina. No hace mucho escuché por ahí una queja de una chava que decía que no conformes con la presión que sienten por alcanzar un orgasmo ahora resulta que la exigencia para que una mujer eyacule es cada vez más frecuente&#8230; me dió risa. Según esta persona, esta &#8216;moda&#8217; de las mujeres que hacen aguas se da gracias a la pornografía, donde un malévolo grupo de actrices se orinan a manera de complot fingiendo tener un orgasmo&#8230; bola de putas desgraciadas. Y bueno, a mí me da risa porque esto no es una &#8216;exigencia&#8217; ni nada por el estilo, es simplemente la única forma en la que la Puchona puede experimentar un orgasmo durante el coito, así de fácil. Y además a mí me encanta, claro, pero según la información que hemos encontrado no a todas las mujeres les pasa esto. No se trata de que con perseverancia lo conseguirán ni nada por el estilo, algunas mujeres eyaculan, otras no y punto. Ahora no es que sea la octava maravilla, ni que sea mejor o peor, repito: es la única forma que conozco en que la Puchona puede experimentar un orgasmo mientras la estoy penetrando y además tiene sus inconvenientes porque detalles como mojar la cama muchas veces detiene a la Puchona, a veces se trata de encontrar el momento y el lugar adecuado (gracias moteles de paso), pero en general es algo que disfruto mucho porque luego la Puchis parece multiorgásmica cuando le abre a la fuente.</p>
<p>Increíblemente no se sabe mucho del tema. Aparentemente ya desde la antigüedad se hablaba de la eyaculación femenina pero fue hasta 1960 cuando Ernest Gräfenberg documentó algo al respecto, el mismo que descubrió el Punto G. Aún así nadie parece ponerse de acuerdo y existen incluso los que piensan que todo esto es falso, negando que tal cosa exista. Al parecer la eyaculación se trata de un líquido claro que es generado por las glándulas de Skene o Parauretrales y al ser estimulado el Punto G provoca la expulsión del líquido a través de la uretra. La explicación del por qué no todas las mujeres experimentan esto se debe a que el tamaño de las aperturas de las glándulas varían de mujer a otra, llegando a desaparecer en algunas.</p>
<p>Ya hemos ido agarrando experiencia con el tiempo, no es algo muy complicado, puede eyacular con penetración o con estimulación manual, ¿dónde hay que estimular? bueno, lo que hay que hacer es insertar un dedo (de preferencia el índice) dentro de la vagina en posición recta como apuntando hacia la cabeza de la mujer y después estimular hacia uno, es decir, hacia la pared anterior de la vagina, se siente como un poco rugosa, ahí mero es donde hay que estimular suavemente y conforme ella se excita hay que incrementar la presión y el ritmo, cuando notes que su vagina se contrae y que las piernas se tensan la mujer deberá sentir unas incontrolables ganas de orinar y sus músculos empujarán tu dedo hacia afuera, en ese momento hay que estimular el clítoris un poco fuerte y rápido y entonces saldrá un chorro disparado de líquido caliente. Bravo, lo has conseguido. Y recuerda, la práctica hace al maestro.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/lluviadorada.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-644" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/lluviadorada.jpg" alt="lluviadorada" width="322" height="364" /></a></p>
<p style="text-align: center">Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/santander/2130776960/" target="_blank">SATANAZ</a></p>
<p>Por eso la Puchona siempre dice que con ella sí hay evidencia física y tangible de su orgasmo, pero quién sabe, según esto las actrices porno lo fingen orinándose ¿no? la realidad es que para todo hay mañas.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<hr />
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		<title>El regreso de la gran &#8216;O&#8217; pt.1</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 02:32:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Secretos]]></category>
		<category><![CDATA[Clítoris]]></category>
		<category><![CDATA[Orgasmo]]></category>
		<category><![CDATA[the big O]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces los problemas en la cama pueden resultar ser una grata sorpresa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el primer episodio comentaba que conocía pocas mujeres con problemas para tener un orgasmo mediante la penetración, o por lo menos que me lo hayan manifestado. Una de ellas es la Puchona, mi pareja actual.</p>
<p>Las primeras veces que tuvimos relaciones me di cuenta que empezaba a excitarse y parecía que iba a llegar al orgasmo pero no lo hacía, al principio no le di mucha importancia pues le pregunté y ella me aseguró que sí se venía. Pero conforme transcurría el tiempo seguía esperando presenciar un orgasmo suyo sin conseguirlo, así que decidí abordar el tema nuevamente. Le pregunté si con alguna otra persona había tenido un orgasmo durante el coito y ella me respondió que no estaba segura, eso me dejó con más dudas todavía. Si ella había tenido un orgasmo no lo dudaría ni un segundo por lo que comencé a pensar que quizá nunca había tenido un orgasmo. Claro que podía disfrutar del sexo, eso era bastante obvio y lo que más me llamaba la atención era que realmente comenzaba a excitarse pero por algo no alcanzaba a terminar. Me decía que cuando se masturbaba si sentía placer pero no estaba segura si se venía tampoco. En sí no era algo que me molestara, claro que tenía ganas de conocer un orgasmo suyo pero confieso que lo medité y llegué a la conclusión de que en realidad estaba en una posición un tanto cómoda pues podía dedicarme a disfrutarlo sin ninguna preocupación, digamos que me sentía &#8216;libre de culpa&#8217;. Lo que me agüitaba era que ella no pudiera experimentarlo, que no supiera qué se sentía.</p>
<p>Nuevamente lo que me empezó a llamar la atención es que cuando lo estabamos haciendo había momentos en los que ella se veía como &#8216;lista&#8217; para venirse, comenzaba a excitarse, arqueaba la espalda, tensaba las piernas, la respiración entrecortada, los pezones erectos y todos los signos inequívocos pero de repente sentía que por alguna razón se detenía, se contenía por así decirlo. Una vez que estábamos en pleno foreplay decidí intentarlo masturbándola pues aunque en muchas ocasiones le había acariciado la puchita había sido solamente antes de tener relaciones. Comencé a acariciarle el clítoris y no voy a decir que estuvo pelado el asunto pero sí logró tener un orgasmo, muy intenso según ella, aunque también me dijo que era parecido a lo que sentía cuando se masturbaba, entonces concluí que sí tenía orgasmos con la masturbación; el problema estaba durante el coito, no lograba venirse con penetración.</p>
<p>Durante ese tiempo ella se empezó a interesar en el asunto, y comenzó a buscar información en internet, entendió que el orgasmo ahí estaba pero que ella no sabía como llegar a él, es como uno de esos rompecabezas de metal que venden en los tianguis, sabes que puedes separar los dos aros pero no entiendes cómo, y lo intentas y lo intentas sin conseguirlo y la lógica te dice que así como lo estás intentando no vas a conseguir nada pero no sabes de qué otra forma podrías separarlos, de repente la mente se abre y encuentras la forma de hacerlo, y después de repetirlo un par de veces no puedes creer que antes no podías pues ahora te resulta tan claro y obvio el mecanismo y ahí estaba frente a tus narices. Yo busqué métodos alternos, ya ven mi mente cochina. Un día cualquiera, sin que tuviera nada de especial, me presenté en su depa con una bolsa de regalo en la mano, y un paquete de pilas en la otra. Cuando abrió el regalo comenzó a reírse pero alcancé a verle la cara de curiosidad, y me aseguró que le había encantado su regalo. A mí simplemente se me ocurrió que quizá un consoldador podía ser de ayuda, para que pudiera practicar con la penetración y para agregar un poco de giribilla a nuestras relaciones, obviamente.</p>
<p>Resultó un buen juguetito después de todo, estaba divertido el asunto pero aún así no ayudó mucho, lo que sí le funcionó fue el asunto del vibrador así que de ahí en adelante lo ha usado más para estimular su clítoris que para la penetración.</p>
<p>Por esos días yo intentaba estimularla con la mano o con la lengua hasta el orgasmo antes de penetrarla, además así estaba más excitada cuando la penetraba pero nuevamente a mí me llamaba la atención que había un momento en que su puchita se contraía como si fuera a tener un orgasmo y en ese momento paraba, había ocasiones en que ella misma me pedía que parara, que le molestaba o que le &#8216;dolía&#8217; y yo sentía que por alguna razón se contenía. Cuando yo terminaba ella salía corriendo al baño a hacer pipí, y tiempo después me confesó que cuando hacía pipí después de las relaciones sentía algo más que alivio, algo placentero, como orgásmico. Yo deduje (obviamente) que cuando sentía que su puchita se contraía y ella parecía contenerse era porque sentía ganas de hacer pipí, algo que ella después me confirmó.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/againstwindow.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-600" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/againstwindow.jpg" alt="againstwindow" width="500" height="375" /></a></p>
<p>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/fairtomiddling/121345856/" target="_blank">concretecandy</a></p>
<p>A partir de entonces cuando estábamos teniendo relaciones y sentía que ella estaba a punto de pero nada comencé a pedirle que se hiciera pipí, que no se aguantara pero claro que a ella le daba pena, cómo iba a hacerse pipí, y además ¿sobre la cama? a ella el asunto le parecía medio extraño, yo temía que pensara que era un fan de las lluvias doradas, pero la razón era otra. Ya para entonces la Puchona y yo habíamos platicado las cosas y habíamos decidido pasar de vecinos/amigos/amantes a pareja que vive en el pecado, o arrejuntados como dicen por ahí.</p>
<p>Los meses pasaron y por ahí de los 8 meses de vivir juntos nos fuimos unos días de vacaciones a Mazatlán, llegamos a casa de mis papás, que está muy cerca de la playa, y durante el día nos tirábamos en la arena y por la noche nos íbamos a pistear dando la vuelta o en algún bar. La cuestión del sexo la resolvimos muy bien porque dormíamos con aire acondicionado, igual que mis hermanos y mis papás, todos con la puerta cerrada y con el ruido del aparatejo en su cuarto.</p>
<p>Y ahí, en el lugar menos pensado fue donde ocurrió todo.</p>
<p>Continuará&#8230;</p>
<p>Ahí se ven perros.</p>
<hr />
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		<title>el nazi contraataca</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jan 2010 04:31:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Secretos]]></category>
		<category><![CDATA[Orgasmo]]></category>
		<category><![CDATA[the big O]]></category>
		<category><![CDATA[venganza]]></category>

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		<description><![CDATA[Continua la saga sobre la batalla entre los orgasmos sentidos y los fingidos...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De pequeño me enseñaron en la escuela del Opus que &#8216;la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena&#8217;, la repetíamos y la repetíamos y cuando osabas mostrar un comportamiento vengativo no faltaba el adulto que rondaba cerca para recordártelo.</p>
<p>Pero yo mas bien aprendí el ingenioso arte de bloquear esos cuentos para asustar niños y repetir como merolico sin control, así que tomaré venganza por los orgasmos fingidos del sexo femenino.</p>
<p>Bueno, de hecho ya lo hice pero tengo que aceptar que el objetivo nunca fue ése.</p>
<p>Una vez salí con una chava que para ser sincero no estaba nada mal físicamente, pero no me atraía mucho, no sé&#8230; en pocas palabras tenía buen cuerpo y nada más, esa es la verdad. Salimos y como no sabía muy bien qué esperar no hice muchos intentos por ligármela y no estaba muy seguro de querer hacerlo tampoco.</p>
<p>Sin embargo esa noche cuando me fue dejar a mi depa la que tomó la iniciativa fue ella, cosa que muy rara vez me ha sucedido, y yo fácilote como soy terminé invitándola a subir. Empezó todo bien, sin complicaciones, pero una vez que ya estábamos haciéndolo, ella de espaldas a mí, empecé a pensar&#8230; y craso error, uno no está ahí para pensar, sino para sentir. Y pensaba que no estaba tan mal pero tampoco estaba yo en la gloria, y empecé a preguntarme qué demonios estaba haciendo yo ahí con esta chava que, para empezar ni había planeado terminar en la cama con ella, ni estaba siendo tan placentero el asunto. Trataba de concentrarme y no pensar pero ella tampoco ponía mucho de su parte, era un poco pasiva.</p>
<p>Hasta eso tenía una buena erección, esa no era la bronca. No tenía intenciones de venirme y no sabía como salir de la situación, a menos que dejara que el nazi descansara, pero tampoco quería que pensara que ya necesitaba bombita o pastilla azul.</p>
<p>Pensé en fingirlo, a lo mejor no se daba cuenta, total, con el condón puesto y con un poco de actuación (gracias ejercicios de Kegel) y lo hice. Inmediatamente después de interpretar una magistral venida donde imaginé todo un río desbordándose en un torrente que inundó todo el condón (sonidos incluídos), me lancé al baño a deshacerme del condón por si de casualidad era una de esas perversas que quería la prueba tangible de mi orgasmo.</p>
<p>Cuando regresé confieso que tenía miedo de encontrarme con una carota de <em>no-puedo-creer-que-pienses-que-soy-tan-ingénua</em>, pero en vez de ello encontré una carota de satisfacción y risas. No mamar me sudó el asterisco. Increíblemente pasé la prueba.</p>
<p>Prendimos un cigarro y me recosté en la cama con una sonrisa maliciosa. Me salí con la mía&#8230;</p>
<p>Lo que sigue resultó ser lo más irónico del asunto. Esta cabrona empezó a acariciarme y demás y eso hizo que me prendiera de nuevo&#8230; sí ya sé, creo que esa vez no aprendí. Lo hicimos &#8216;nuevamente&#8217; y esta vez sí me vine con todas las de la ley.</p>
<p>Yo no podía creer que otra vez me fui solito al matadero, si dejaré de ser hombre chingado. Pero bueno dentro de lo cabe ella se quedó con la idea de que me vine dos veces.</p>
<p>Y esa ha sido, hasta el día de hoy, la única vez que fingí un orgasmo.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-570" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/nazi.jpg" alt="nazi" width="500" height="333" /></p>
<h6>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/walkadog/3564135559/" target="_blank">Beverly &amp; Pack</a></h6>
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		<title>the Big &#8216;O&#8217;</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2010 02:54:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Orgasmo]]></category>
		<category><![CDATA[pinches viejas]]></category>
		<category><![CDATA[the big O]]></category>

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		<description><![CDATA[De lo difícil que puede ser el ponernos de acuerdo con el orgasmo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: trebuchet ms">El orgasmo femenino es uno de los grandes misterios de la humanidad, es increíble que nadie parece ponerse de acuerdo a la hora de hablar de él. Vamos, ni siquiera podemos encontrar una definición universal del tema, y todavía hay personas que incluso niegan su existencia.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">El otro día estaba yo leyendo que, de las mujeres que alguna vez en su vida han experimentado un orgasmo por cualquier medio —algo así como el 85%—, solamente el <span style="font-weight: bold">40%</span> lo obtiene a través de la penetración —imagine aquí una cara con expresión de sorpresa.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Eso me puso un poco triste, digo, por las mujeres claro pero también me dejó pensando. Me puse a hacer memoria y&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">¡Épa! ¿por qué no me salen las cuentas? mmm, como que los números no me checan. A ver, a ver, vamos viendo&#8230; o he sido yo un afortunado y me han tocado muchas de ese dichoso 40% o he sido engañado. No es posible, aquí hay gato encerrado.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Hace unos días estaba viendo <span style="font-style: italic">Seinfeld</span> y en el capítulo hablaban de algo parecido. <span style="font-style: italic">George</span>, tan inseguro como siempre, empieza a dudar de que esté realizando buenas faenas en la cama con la chica con la que sale y lo comenta con <span style="font-style: italic">Jerry</span>. Éste le desliza el comentario de que quizá esté fingiendo un orgasmo y <span style="font-style: italic">George</span> lo medita y lo niega. En eso llega <span style="font-style: italic">Elaine</span> y alcanza a escuchar que alguien está fingiéndolo y empieza a preguntar quién lo finge. <span style="font-style: italic">George</span> le dice que su novia <span style="font-weight: bold">NO</span> está fingiéndolo y ella le pregunta que cómo lo sabe, a lo que él contesta que<span style="font-weight: bold"> Él</span> sabe, y que si lo estuviera fingiendo claro que lo sabría. <span style="font-style: italic">Jerry</span>, para no quedar abajo le afirma que por supuesto que se daría cuenta, pero <span style="font-style: italic">Elaine</span> le revira con una excelente puñalada: <span style="font-style: italic">&#8220;pues tú <span style="font-weight: bold">NO</span> te diste cuenta&#8221;</span><br />
<em></em></span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms"><span style="font-style: italic">Jerry </span></span><span style="font-family: trebuchet ms">no lo podía creer, cómo era posible que no se haya dado cuenta </span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"><span style="font-style: italic">¿cuántas veces lo fingiste?</span></span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"> le reclama.<span style="font-style: italic"> </span></span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"><span style="font-style: italic">todas y cada una de ellas</span></span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"> le contesta con una sonrisa maliciosa. Obviamente, pasan los días y <span style="font-style: italic">Jerry</span> no lo puede superar, incluso termina pidiéndole una última oportunidad, él está seguro de que puede hacerla llegar al orgasmo&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">¿te suena familiar? espero que no, ja.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Lo que sí es un hecho es que el orgasmo femenino es un trofeo muy codiciado para los hombres. Es como ganar una medalla en las olimpiadas&#8230; vamos, si no ganas medalla no pasa nada, se agradece el esfuerzo y el simple hecho de haber llegado es ya meritorio, además lo importante no es ganar sino competir&#8230;</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms"><br />
</span><span style="font-family: trebuchet ms">síííííí, claaaaaro, permítanme reíre. Eso me recuerda a lo que dicen las mujeres cuando no alcanzan el orgasmo </span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"><span style="font-style: italic">no amor, estuvo de maravilla, lo disfruté mucho, no es necesario que me venga siempre, estoy un poco cansada quizá por eso</span></span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"> digo, no estoy diciendo que sean mentiras pero ¿en verdad piensan que eso nos convence?</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">¿ustedes les creen a todos los deportistas olímpicos cuando responden a las preguntas de si se sienten sastisfechos a pesar de no haber ganado? ¿a quién tratan de engañar? por supuesto que van por una medalla y harán todo lo posible por conseguirla, para eso se mataron 4 años, para poder tener una oportunidad de arrebatársela al que tienen enfrente. Y además, no se trata solamente de la medalla sino de cómo la ganaron, no es lo mismo ganar una medalla imponiéndo un récord a hacerlo sin pena ni gloria.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Eso es lo que buscamos los hombres, que nos digan que fuimos los mejores, que batimos un récord, que no hay otro medallista como nosotros, que pasará mucho tiempo para que alguien nos supere, bla bla bla bla.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Síííí, claaaaaro, lo que tu quieras papá.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Eso me recuerda a una campaña de <span style="font-style: italic">Pfizer</span>, el de la pastillita azul. Qué buena campaña, sale en primer plano la imagen de un hombre de lo más común y corriente, vestido de traje pero en pose de insufrible. Piernas firmes y bien separadas, manos a la cintura, espalda recta y mentón erguido como se pararía <span style="font-style: italic">Superman</span>. Una mujer con cara de satisfacción yace en la cama en segundo plano, y la cortina roja de la ventana vuela con el viento haciendo el efecto visual de una capa ondeando con el viento, y después se ve cómo el hombre se abre la camisa mostrando su pecho mientras se escuchan aplausos, aclamos y vítores de la gente y no estoy seguro pero creo que después sale una pantalla negra con un copy en blanco que dice <span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"><span style="font-weight: bold">para que seas su héroe</span></span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms">. Muy bueno, muy bueno.</span></span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Entonces, los hombres parece que nos obsesionamos con el mentado orgasmo. A veces, hasta de manera inconsciente y eso llega a perjudicar la relación pues estamos más preocupados por el pinche orgasmo que por difrutar el palo. Eso muchas veces orilla a las mujeres a fingir un orgasmo, creo yo. Es como decir <span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"><span style="font-style: italic">sí wey, ándale, ajá, lo que tú quieras, ya déjame dormir</span></span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms"> porque saben que si no lo hacen, nosotros no dejaremos de joder con lo mismo </span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms">literalmente</span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms">. Yo creo que eso refleja inseguridad por parte de nosotros, creemos que somos menos si no podemos llevarla al orgasmo, y dejamos de lado que para algunas mujeres es difícil tenerlo, punto. Ahora de que hay babosos que no saben ni cómo tocar a una mujer los hay, y por montones, pero son los típicos que piensan que son folladores profesionales innatos y nunca una mujer se ha atrevido a decirle que está perdido en el espacio.</span></span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Claro que no todas las mujeres son &#8216;orilladas&#8217; a fingir un orgasmo, tampoco vamos a decir que son unos angelitos cuando hay cada cabrona que miente sistemáticamente porque le conviene tener a su macho contento, por ejemplo. Hay otras que son más pasguatas, y no dicen nada por pena o por cobardía, pues no quieren verse en la necesidad de explicarle a su hombrecito cómo les gusta coger, o tener que pasar por la vergüenza de que el doctor les diga que es porque tienen un eyaculador precoz en casa, y prefieren fingir un orgasmo, más fácil.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Y por supuesto que existen muchos otros casos distintos pero, como ya lo notaron, estábamos generalizando.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Aquí viene lo particular <span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms">ya salió el peine</span><span style="color: black"><span style="font-family: Verdana">—</span></span><span style="font-family: trebuchet ms">: yo he tenido algunas experiencias al respecto.</span></span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">La verdad, la verdad, me han tocado muy pocas mujeres que tienen dificultades para venirse (aunque después de ver las estadísticas y de lo de <span style="font-style: italic">Seinfeld</span> ya no estoy tan seguro) pero sí me ha tocado. Y también me ha tocado obsesionarme con el orgasmo. Una vez conocí una mujer que sí tenía orgasmos, pero los tenía cuando se masturbaba o la masturbaban y rara vez cuando la penetraban. Por alguna extraña razón conmigo sí tenía orgasmos cuando la penetraba, en promedio se venía dos veces cuando lo hacíamos, según ella, y eso a mí me hacía sentir muy bien, me inflaba el ego claro. Sobretodo porque me lo recalcaba mucho, me decía una y otra vez cómo se le hacía aburrido coger con otros y que conmigo sentía diferente y bla bla bla. Yo fascinado, encantado por supuesto. Hasta que en algún momento dejó de ser divertido, pues yo empecé a actuar un poco como autómata. No sé, quizá creía yo que ya sabía todos los &#8216;movimientos claves&#8217; por así decirlo, y casi casi que tenía mi fórmula para hacerla venir dos veces siempre. El problema es que, para ser sincero, hasta dejó de excitarme un poco. Empecé a tener problemas para lograr venirme, a veces tardaba horas y horas y nada y eso empezó a crear dudas en ella, pues empezaba a pensar que a mí ya no me gustaba estar con ella, y claro que eso no era cierto. Empezó a reclamarme el por qué me costaba trabajo venirme y al mismo tiempo ella empezó a tener dificultades para venirse nuevamente.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Una noche decidimos platicarlo y resulta que yo estaba teniendo problemas para excitarme porque me presionaba para hacerla venir y por eso terminaba cansado y con dificultades para eyacular. Incluso recuerdo que a veces me empezaba a excitar al principio, o digamos después de que ella se venía una vez, pero empezaba a pensar en otra cosa para aguantar más tiempo hasta que se viniera nuevamente, pero luego tenía problemas para alcanzar ese nivel de nuevo. Todo esto hizo que ella empezara a dudar de sí misma, y creyó que ya no me gustaba, por lo mismo esos pensamientos y dudas no le permitían excitarse adecuadamente y todo era un círculo vicioso.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Me preocupaban sus orgasmos más que mi propio placer, qué estupidez.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Si existe un mito sobre el orgasmo, es que éste es un acto solitario y egoísta.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Nada más fuera de la realidad. El orgasmo es placer propio y un espectáculo de goce visual para la otra pareja. Es como una inyección de testosterona que hace excitarnos aún más, pero comprendí que buscarlo en la pareja como objetivo de la relación es mucho más egoísta. Lo único que estás haciendo es buscar tu propio goce visual, tu <span style="font-style: italic">rush</span> de sexo para poder tener un orgasmo placentero sin importar realmente el placer del otro, o el goce del otro. En cambio, si dejas de ser egoísta vas a procurar darle placer a tu pareja a través de tu propio placer. En otras palabras, si tú te dejas de mamadas y te concentras en disfrutarlo, tu pareja se excitará viendo cómo estás disfrutándolo y eso te se te regresa pues tú te excitarás viendo como disfruta tu pareja. Eso es dar y recibir.<br />
<span style="font-family: trebuchet ms"><br />
<span style="font-family: trebuchet ms">Lo platicamos y las cosas mejoraron sustancialmente. Ahora ya no me preocupaba si se venía o no, sino que me dedicaba a disfrutarlo; de todas formas ella se venía casi siempre y yo tenía una preocupación menos. Llegaron a mejorar de tal forma que hubo algunas pocas ocasiones en las que llegó a tener muchos pero muchos orgasmos, pero también a veces llegaba yo y lo que quería era un <span style="font-style: italic">rapidín</span>, en esas ocasiones había veces que no se venía y no había pedo, algunas se masturbaba o yo la masturbaba después que yo había eyaculado y felices y contentos.</span></span></span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">De cualquier forma estoy seguro que más de alguna vez habrán fingido un orgasmo conmigo, ni modo que no. Como todo buen hombre, después de <span style="font-style: italic">Seinfeld</span> empecé, entre broma y broma, a preguntar a la Puchona cuántas veces le había fingido&#8230; una risa nerviosa fue lo que obtuve como respuesta. Méndigas&#8230; malditas&#8230; y es que me pongo a pensar y realmente no creo que haya forma de estar 100% seguros de que una mujer esté fingiéndolo&#8230; en serio. ¿o qué? ¿ustedes creen que esos &#8216;espasmos involuntarios&#8217;, ese movimiento de cadera, la respiración entrecortada, los gemidos, etc no se pueden actuar? a huevo. Pero bueno, para qué preocuparse por eso, total, si la sujeta lo quiere fingir pues muy su pedo, uno debe estar en lo suyo disfrutando de una buena cogida, así de fácil.</span></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Ahí se ven, perros.</span></p>
<p style="text-align: center"><span style="font-family: trebuchet ms"><a href="http://www.flickr.com/photos/stinkiepinkie_infinity/2861912066/"><img class="aligncenter size-full wp-image-495" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/2861912066_0f4c9621de_c.jpg" alt="2861912066_0f4c9621de_c" width="348" height="205" /></a>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/stinkiepinkie_infinity/2861912066/">Stinkie Pinkie</a><br />
</span></p>
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		<title>La Puñeta</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jan 2010 05:31:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[puñeta]]></category>
		<category><![CDATA[pubertad]]></category>

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		<description><![CDATA[De cómo comencé mi larga vida de pajero...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: trebuchet ms">Primer año de secundaria, transición.</span></p>
<p>Había empezado a interesarme en las mujeres en el aspecto sexual, cada ocasión, cada momento que podía estaba tratando de averiguar más sobre la anatomía femenina. Mis compañeros y amigos también, se nota en las miradas, en el acné, en las mejillas ruborizadas. A esa edad una cuestión de meses hacía la diferencia entre el cuerpo de una niña y el de una adolescente en desarrollo, cada día que pasaba más corpiños iban a la basura y eran sustituidos por sostenes. Las diferencias eran abismales entre una y otra, y por obvias razones, las alumnas de los salones C y D eran las que robaban más miradas pues nos acodomaban por salones de acuerdo a nuestra edad. Yo estaba en el A, por ende, de los más jóvenes y cuando entré tenía 11 años todavía. Mi complexión era muy delgada, parecía yo un cerillo. La nariz comenzó a crecerme y una enorme bola apareció en mi garganta, me estiré rápidamente durante el verano. Cuando entré a la escuela era de los más altos de mi salón aunque había otros que habían crecido muchísimo; lucía yo una piel morena a base de sol, por esa época comencé a ir con frecuencia a la playa.</p>
<p>Nos habíamos cambiado de casa a una zona con muchas áreas verdes y calles cerradas por las que no transitaban muchos carros por lo que teníamos mucha libertad para estar en la calle todo el tiempo, sobre todo los veranos y los fines de semana. En ese entonces solía juntarme bastante con algunos vecinos de mi edad tanto hombres como mujeres. Los más chicos salían a jugar béisbol o andar en bicicleta mientras los &#8216;grandes&#8217; nos limitábamos a sentarnos a platicar y decir pendejadas. Había una vecina que me llamaba la atención de nombre Claudia, vivía en la esquina con sus padres y dos hermanas menores. Curiosamente ella y sus hermanas coincidían con la edad de mis hermanos y la mía y había en ella algo que me llamaba su atención, tenía un aire de inocencia, de niña, una belleza de <em>girl-next-door</em>, de piernas flaquísimas y cuello largo y delgado, comencé a frecuentar su casa y nos hicimos buenos amigos, aunque yo secretamente la veía con admiración. En la escuela yo todavía no conocía mucha gente, y los de mi salón eran prácticamente nuevos para mí, algunos compañeros había estado en primaria pero nunca había coincidido con ellos en ningún salón así que solo los conocía de vista. Un día como cualquier otro iba yo caminando al rayo del sol mientras me dirigía a mi casa y al pasar por la casa de Claudia observé que estaba en la entrada sentada con uno de mis compañeros de salón, el Wico. Lo conocía de vista, había estado en la escuela desde chico pero nunca en mi salón; el Wico era uno de los que se había estirado en el verano era creo que el más alto del salón, de piel como bronceada, cabello rubio y ojos azules, tenía bastante pegue porque decían que se parecía a Luis Miguel, el único defecto según las damas era a la hora de hablar con él; para empezar decía muchas pendejadas y para terminar tenía una pésima dicción por lo que cuando hablaba parecía que tenía una sobredosis de Tafil. No era lento, era como&#8230; chiqueado. Llegué y los saludé, él me reconoció y me quedé platicando un rato con ellos. Días más tarde pasé por ahí y de nuevo vi al Wico con la Claudia, además de otro compañero del salón llamado Germán. El Germán contrastaba con el Wico porque estaba bien chaparro, yo diría que de los más bajitos del salón, tenía el pelo entre castaño y pelirrojo, y piel blanca y la cara llena de pecas. Bien podían caracterizar una versión de <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Spike_the_Bulldog_and_Chester_the_Terrier">Chester y Spike</a>. Llegué a saludarlos, el Wico traía carro y me invitaron a dar una vuelta. Me cayeron bien y comencé a platicar con ellos en la escuela. El Wico en la escuela se juntaba mucho con otro del salón: el Juancho. Así fue como lo conocí, gracias al Wico. El Juancho era un wey flaco, moreno, un poco más bajo de estatura que yo, con unas cejas estilo Frida Khalo y en ese entonces estaba rapado como niño de hospicio. Ya lo había visto antes en el recreo cuando estaba en primaria pero nunca había hablado con él. Comencé a juntarme con ellos, aunque era obvio que ellos eran más amigos, más cercanos, no recuerdo si ya se conocían desde primaria. Poco a poco comencé a forjar una amistad con ellos, iba a sus casas y conocía a sus familias, íbamos a nuestras primeras fiestas y nos quedábamos a dormir en casa de alguno.</p>
<p>A ellos les debo otra cosa, la música. Yo no tenía hermanos mayores que seguir en la música o que me dijeran qué escuchar, así que antes de conocerlos a ellos escuchaba yo lo que sea, pura basura. Lo que sonara en la radio para acabar pronto, y eso puede ser un camino muy peligroso. Ellos me abrieron los ojos con cosas como Depeche Mode, The Cure y New Order que definirían una buena parte de mis gustos musicales.</p>
<p>En casa del Juancho teníamos acceso a revistas y películas porno, sus papás tenía antena parabólica en su cuarto y nunca estaban en el día. Según recuerdo no teníamos acceso a los canales porno pero para todo hay maña. Había un truco para mover la antena y creo que luego calculando con el escáner dónde estaba el satélite lo desconectabas y la antena se quedaba en esa posición, por lo que a la hora de encenderla podías sintonizar el satélite con el Spice y el American Extasy, en ese entonces la puñeta era todo un tema. Me acuerdo en una ocasión que estábamos viendo una película porno y que en eso el Juancho se levanta y dice &#8220;ahorita vengo&#8221; mientras se dirige al baño. Minutos después sale el cabrón encuerado con la verga parada y un tarro de vaselina en la mano. El Wico por su lado tomó una revista y se fue a dar un regaderazo. En la escuela también se hablaba de las puñetas, algunos presumían que podían jalársela hasta 7 veces al día, otros comentaban que si te la jalabas demasiado te podían salir pelos en las palmas de las manos, o peor aún, barros y espinillas en toda la cara. Yo me hacía el loco, nunca me lo preguntaron directamente y yo no comentaba nada, solo me limitaba a asentir cuando alguien hacía un comentario sobre la puñeta pero en realidad no tenía una puta idea de lo que estaban hablando, solo sabía que se sentía &#8216;bien rico&#8217;.</p>
<p>Un fin de semana cualquiera me encontré a Claudia saliendo de su casa y me comentó que iba a ir al cine con la Lulú, una amiga suya y no recuerdo quién más, me invitó y le dije que sí. Quedamos de ir el domingo por la tarde. El sábado tenía yo la hormona alborotada, mis papás habían salido y yo el viernes había dejado grabando un cassette la película de <em>Friday After Dark</em> de Cinemax. Una vez solo me dispuse a verla y estuve sobándome la verga un buen rato al punto de la desesperación pues no comprendía qué hacer para soltar &#8216;la leche&#8217; como me habían contado. Al día siguiente me quedé solo otra vez en la casa pues les comenté a mis padres el plan de ir con la Claudia al cine y ellos se fueron a alguna fiesta que no recuerdo. Me instalé de nuevo frente al televisor y me puse a ver el resto de la película de la noche anterior. Era una de esas películas de soft porno pero para mí era suficiente para tener una erección permanente todo el tiempo. Comencé a sobar el glande y me gustó mucho la sensación, movía la palma de arriba a abajo acostado sobre la alfombra y la frotaba contra mi bajo vientre, resultó ser muy placentero. No recuerdo mucho cómo es que alcancé el orgasmo pues estaba concentrado en las imágenes de una tetona que cabalgaba a un wey sentado sobre un sofá. Lo único que recuerdo es cómo mi corazón se aceleraba mientras sentía como si mi pene concentrara energía y luego ya no pude contener más mientras sentía espamos y cómo unos chorros de esperma espeso y caliente caían sobre mi vientre y la alfombra. Todo pasó tan rápido y mi mente se nubló por unos segundos que no me di cuenta de cómo es que logré hacerlo, en serio. Tuve un intenso orgasmo, y entonces pensé que nunca me había imaginado que se sentiría tan bien. Nadie me había preparado para una sensación así, y la leche&#8230; ver la leche, que yo imaginaba mucho más líquida y de color sólido. No sé, en las pocas películas en las que había visto una eyaculación no me había fijado bien cómo era, pero recuerdo la impresión de verlo por primera vez. Me sentía diferente, algo había cambiado en mí, eso era definitivo.</p>
<p>Cuando fui al cine, me sentía muy contento, sonreía por dentro cuando recordaba la puñeta que me había cascado, me sentía diferente, todo un hombre. Hasta me atreví a pasar el brazo por detrás de la Claudia y abrazarla durante la película. Nada más pasó, eso sí, pasarían todavía muchas otras cosas antes de llegar más lejos.</p>
<p>Al día siguiente a la hora de bañarme intenté jalármela de nuevo pero esta vez no entendí cómo es que lo había hecho el día anterior y por más que lo intenté no entendí cómo. De cualquier forma lo intentaría nuevamente el siguiente fin de semana hasta lograrlo. Esa fue mi primera puñeta y con ella dió inicio mi vida de pajero.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-366" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/hj21.jpg" alt="hj2" width="300" height="240" /></p>
<p><span style="font-family: trebuchet ms">Ahí se ven perros.</span></p>
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		<title>Pubertad Divino Tesoro</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Jan 2010 02:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando entras a la secundaria, no sólo los compañeros cambian...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después del episodio de la Zenaida, y con escasa edad, mi actividad sexual fue prácticamente nula durante un buen tiempo, de hecho no tengo muchos recuerdos acerca del sexo durante una buena parte de la primaria. Algo que se me quedó grabado fue &#8216;la plática&#8217;, <span style="font-style: italic">you know.</span>.. <span style="font-weight: bold">&#8216;LA&#8217; plática</span> tan temida por todos los padres, la de sexo. Recuerdo a mi madre tratando de explicarme con palabras decentes y recuerdo que en un principio no entendía de qué diablos me estaba hablando, hasta que llegamos a la parte escalofriante. Mi madre se la pensaba demasiado y yo tenía cara de <span style="font-style: italic">what</span>&#8230; quesque <span style="font-style: italic">&#8216;las parejas cuando se quieren mucho&#8230;&#8217;</span> y bla bla bla, lo que me dijo a continuación me dejó helado: <span style="font-style: italic">&#8216;&#8230; y entonces el hombre mete su pipi en la cosa de la mujer&#8230;&#8217;</span> a ver momento, momento. Primero: ¿qué es &#8216;la cosa de la mujer&#8217;? ¿está hablando de la panocha? Segundo: ¿como que le mete el pipi? ¿y no le da asco? Si está lleno de pipí! ¿y las mujeres se dejan? cochinas!!! ¿y luego que hacen? ¿las orinan adentro? Miles de ideas y dudas se agolpaban en mi cerebro. Eso alimentó mi curiosidad lo suficiente como para que yo buscara información por mi cuenta, veía la palabra sexo y me ganaba el morbo. Lo primero que encontré fue un tomo del Almanaque de lo Insólito de Irving Wallace (ese Almanaque era buenísimo) que hablaba completamente de sexo. Yo esperaba encontrar una revista pornográfica pero obviamente estaba muy equivocado. En vez de ello encontré mucha información que poco o nada tenían que ver con lo que tenía en mente aunque definitivamente el tema me sedujo y comencé a leerlo. A decir verdad ya no recuerdo en específico lo que venía ahí pero hablaba de muchos aspectos sociales, culturales e históricos del sexo, creo que venía un glosario de palabras en donde entendía la mitad y la otra no sabía de qué estaban hablando; encontré personajes históricos relacionados de alguna manera con el sexo como Mata Hari, Cleopatra, los Borgia, el Marqués de Sade, etc, etc. prostitutas, mujeriegos, pervertidos, homosexuales, la revolución sexual, el feminismo, y demás cosas por el estilo fueron parte de la lectura que me desveló varias noches y que solamente alimentaba mi curiosidad por el acto en sí. Mi padre fue más práctico, se limitó a buscar algunos libros y me los dió, no recuerdo los títulos pero uno de ellos era el típico libro que le podían dar a un puberto con las hormonas a mil por hora con información sobre la anatomía de los géneros, las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos no deseados, la masturbación, y respuesta a muchas preguntas.</p>
<p>Aclaro que no era un libro mocho ni nada por el estilo, era un libro más bien objetivo que por supuesto traía su dosis de moralidad acerca de las consecuencias de nuestros actos pero nada más que eso. Según yo, me estaba preparando con información para cuando perdiera mi virginidad, como para que nada me espantara y saber qué hacer, qué equivocado estaba&#8230; Por esas épocas mis erecciones se hicieron más frecuentes, involuntarias, inesperadas, y algunas veces incómodas; todavía no me masturbaba, es más, para ser sincero no tenía idea de cómo hacerlo, solamente había leído algo sobre ello pero nunca explicaba cómo, además según recuerdo hablaba del tema en una forma muy ambigua, yo no tenía idea de por qué alguien querría masturbarse, no entendía bien cuál era el objetivo, recuerdo que aclaraba que no era algo malo y que ayudaba a conocerse y aliviar las &#8216;ansias&#8217; por así decirlo. Era una etapa muy confusa, todo era nuevo para mí: los pelos abajeños eran incipientes, un mero adorno de mis huevos, las facciones comenzaban a cambiar, estaba entrando en la pubertad, a punto de entrar a la secundaria, con escasos 11 años. Las niñas ya llamaban mi atención de una manera diferente, todavía recuerdo la &#8216;fiesta de graduación&#8217; de primaria en una casa club de un lugar llamado &#8216;Hacienda Las Torres&#8217;. Eran las primeras fiestas sin padres, las primeras fiestas en donde bailábamos y todavía no lo hacíamos en pareja sino más bien como en círculos, era muy chistoso. Había una alberca y a pesar de que no nos habían permitido usarla ¿qué más podíamos hacer? Terminamos todos adentro, recuerdo las playeras pegadas a los nacientes senos de algunas compañeras, la mayoría seguían usando corpiño. No crean que andaba de libidinoso&#8230; era otra sensación, era una sensación de algo desconocido, algo que despertaba mi curiosidad aunque no entendía muy bien por qué, despertaba mi curiosidad la atracción inocente que me provocaba ver esas imágenes, para mí todavía no era algo sexual, solamente algo nuevo.</p>
<p>Recuerdo que solía jugar con los vecinos entre los que había una niña llamada Violeta, en realidad no me gustaba sino que me caía bien. Jugábamos juntos, eso era todo. En una ocasión mis papás y sus papás nos llevaron a unas suites frente al mar con una alberca en la azotea. Era una noche calurosa de verano, yo había terminado la primaria y estaba de vacaciones; Violeta, mi hermano y yo entramos a jugar al agua y básicamente estabamos aventando agua entre todos. Ver a Violeta en traje de baño aún cuando apenas comenzaba a desarrollarse su cuerpo me hizo sentir algo &#8216;raro&#8217;, un calorcito por dentro. Sobretodo cuando por el mismo juego mi cuerpo rozaba con el suyo y entre los roces alcancé a sentir sus piernas desnudas y un poco sus nalgas y senos a través de su traje de baño, la verdad no fue intencional fue simplemente el juego pero eso me hizo tener una erección casi de inmediato. Luego me alejé, supongo que para que no se diera cuenta y me puse a meditar en lo que había sentido, incluso me cuestioné si no me gustaba la Violeta pero en concluí que fue la calentura del momento nada más. Al poco tiempo nos cambiamos de casa y a pesar de que Mazatlán no era muy grande jamás la volví a ver.</p>
<p>El entrar a la escuela secundaria fue algo totalmente diferente a lo que hasta entonces había conocido. Tenía 6 años de conocer casi a las mismas personas, 6 años de tener una nana como maestra, 6 años de recreo, de entregar una agenda de tarea firmada por mis padres, de usar corbata uniformes de gala los lunes, de los juegos, de muchas cosas. Ahora era todo nuevo, aún cuando seguía en la misma escuela.</p>
<p>Para empezar entraron muchas personas de otras escuelas, eran más salones, más gente, más pubertas. El &#8216;receso&#8217; (que ya no recreo) lo usábamos para ver a quién le estaban creciendo las tetas, cuál era la más buena y cosas por el estilo. Las primeras parejas empezaban a aparecer y también las vergüenzas, las carrillas, las travesuras. También recuerdo las primeras reuniones en casa de los amigos, siempre en la tarde, haciendo pendejadas, intentando ser adolescentes. Las amistades se estaban convirtiendo pronto en la vara con la que me medíamos la aceptación, un tema importante para esa edad. Ahora ya no tenía material de lectura, lo había agotado y entonces me limité a buscar en los libreros de la casa cualquier cosa que tuviera algo relacionado. Encontré por ahí un libro que me llamaba la atención el título: &#8220;La muchacha que sabía demasiado&#8221;. Comencé a hojearlo y la verdad resultó ser una historia como policiaca, me aburrió de inmediato pues no encontré nada de lo que estaba buscando; encontré otro llamado &#8220;Cartas pornográficas a mi esposa&#8221; el título me emocionó. Resultaron ser como una colección a manera de diario de unas cartas dirigidas a su esposa que escribía un hombre que por razones de trabajo había pasado un tiempo en Holanda. No crean que encontré texto explícito ni nada por el estilo, sino hablaban de anécdotas llenas de las diferencias culturales que un latinoamericano puede encontrar en la sociedad holandesa referentes al tema del sexo, la prostitución y la pornografía en una ciudad como Amsterdam. Interesante, pero nada más. Obviamente esto no era lo único que leía pero ya estaba aburrido de los libros que leía en la infancia, los de Verne, historias como La Isla del Tesoro, El Barón de Münchhausen, Tom Sawyer, Rob Roy, y demás ya las había leído una y mil veces; la otra opción era Selecciones, lectura de WC, mis padres todavía no me dejaban leer &#8216;libros para adultos&#8217; porque creían que no tenía la edad suficiente así que opté por &#8216;robarme&#8217; los libros. Algunas tonterías como Shampoo, El Clan del Oso Cavernario; otras divertidas como Dos Crímenes, Esas ruinas que ves o Cien Años de Soledad; algunas interesantes pero muy elevadas para comprenderlas como Demian, El Lobo Estepario o El Anticristo; y otras que era para mí &#8216;educativas&#8217; como Pantaleón y Las Visitadoras, Macho Profundo o Juliette. Lo bueno era que siempre había libros que robarme en la casa.</p>
<p>En ese tiempo llegó la televisión por cable a mi colonia. Estábamos en la segunda mitad de los Ochentas y los canales que pasaban eran puros canales gringos, por fin pude ver MTV, lo acepto, lo abracé y me mantuvo alejado de cosas nefastas como el pop mexicano o cosas como la música ranchera, jeje. La otra buena noticia eran los Cinemax&#8217;s &#8220;Friday After Dark&#8221;, benditos&#8230; lo malo era que tenía que desvelarme pues lo pasaban no sé por ahí de las 12 o 2 de la mañana cuando mis padres ya dormían. A esas desveladas le debo el trauma de haber escuchado a mis papás cogiendo por primera vez&#8230; la primera vez que escuchas como que no entiendes muy bien qué es eso, ¿alguien está llorando? ¿es la tele? ¿qué es eso? después escuchas claramente a tu padre también jadeando y de repente te cae como balde de agua, &#8216;están cogiendo&#8230; no, no, no, ¿cómo crees? sí no mames, están cogiendo&#8217; y en automático apagas la tele y te vas a tu cuarto a dormir. Me tocó ver las series de Emmanuelle que yo pensaba que eran porno hasta que conocí el porno. Pero bueno, algo era algo. Aunque sólo me limitaba a ver y tocarme pues no tenía idea de cómo masturbarme.</p>
<p>Eso sí, mi primera puñeta se acercaba a pasos agigantados.</p>
<p>Ahí se ven, perros.</p>
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		<title>Mi Despertar Sexual</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 16:03:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Perro Del Mal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>

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		<description><![CDATA[Memorias de cuando no sabía que era, pero se sentía rico...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Zenaida</p>
<p>Yo soy una persona muy sexual.</p>
<p>Y conste que no dije sensual. La Puchona dice que soy un maniático sexual y a lo mejor tiene razón.</p>
<p>No creo ser un adicto al sexo, adicto a la pornografía&#8230; quizás, pero al sexo no creo. Digo, he tenido periodos de abstinencia bastante largos como para pensar que soy adicto. Reconozco que hay días en que no pienso otra cosa más que sexo, tengo algo de gusto por el voyeurismo y a veces fantaseo con el exhibicionismo. También tengo un gusto especial por la puchas. Me encantan. O mejor dicho, me fascina ver puchitas.</p>
<p>Y creo saber bien dónde adquirí ese gusto. Fue lo que podría considerar quizá como mi despertar sexual.</p>
<p>Recuerdo que de niño cuando solía tener erecciones me asustaba un poco, no sabía qué era lo que me estaba pasando y recuerdo que mi mayor temor era quedar &#8216;tieso&#8217; para siempre. Lo más curioso es que no decía nada, es decir, me daba miedo pero aún así no le preguntaba a mis papás qué era lo que me estaba pasando, no se por qué, la neta. También me acuerdo que me gustaba mucho restregarme la verga y los huevos contra la cama cuando estaba acostado boca abajo y no tenía idea de por qué pero se sentía rico. Yo creo que la primera vez que conecté el sexo con las erecciones fue una vez que estaba acostado con mis papás en su cama viendo la tele, no recuerdo qué programa pero salió Olga Breeskin y a mí se me paró el pizarrín. De repente escuché a mi mamá diciendo a mi papá &#8211; Mira, ¿ya lo viste? &#8211; mientras me señalaba y mi papá soltaba la carcajada. Yo sentí un poco de pena y en seguida lo relacioné. </p>
<p>Entendí que se me paraba cuando veía mujeres encueradas.</p>
<p>Pero en realidad, mi curiosidad por el sexo se había despertado antes.</p>
<p>Mi hermano nació cuando yo tenía 17 meses de edad por lo que está presente aún en mis primeros recuerdos; y como mi mamá también trabajaba teníamos una niñera de tiempo completo. Dormía con nosotros incluso.</p>
<p>Su nombre era Estela y tendría unos 14 años cuando llegó a la casa. Era de un rancho cerca de Mazatlán y yo estaba muy encariñado con ella. Tenía una hermana menor que se llamaba Zenaida y que regularmente iba a visitarnos, recuerdo que la Zenaida tenía el pelo negro chino, como cabeza de micrófono y que me caía muy bien, era muy buena onda conmigo, mientras la Estela se portaba un poco más como mamá la Zenaida era como más desmadrosa.</p>
<p>Tendría entre 4 y 6 años de edad (juro que no recuerdo bien) cuando en una ocasión entré a mi cuarto y vi algo que me sorprendió (recuerden que era muy chico): vi a la Zenaida acostada en la cama con el vestido levantado a la altura de la cintura, en principio me asusté un poco pues no entendía que pasaba, conforme me fui acercando vi que tenía su mano en la entrepierna y algo estaba haciendo, lo que vi después creo que me marcó para siempre: una vulva rosada con pelos negros ensortijados y abundantes. La imagen era un poco grotesca para mí, creo que incluso sentí un poco de asco pues parecía como una herida según recuerdo, pero al mismo tiempo sentí una curiosidad cabrona; quería ver más.</p>
<p>Yo sinceramente pensé que le dolía algo porque la veía como quejándose y ella al verme solamente se sonrió y abrió más las piernas para dejarme ver. Yo abrí los ojos lo más que pude del asombro y ella con una voz muy dulce me decía que me acercara, que no tuviera miedo.</p>
<p>Yo la neta estaba temblando de miedo, y dudaba seriamente si dar un paso al frente o no. Ella me tomó del brazo y jalándome me dice: &#8211; enséñame tu pipi&#8230; &#8211; pero no me atreví. Me lo pidió varias veces y a todas negaba con la cabeza pues estaba muerto de miedo y de curiosidad al mismo tiempo. Después estiró la mano y me tocó el pito y con voz muy dulce insistía: &#8211; ándale, no seas malito, enséñamelo&#8230; &#8211; y aún cuando lo tenía en su mano yo seguía diciendo que no. Sentí luego luego como se me llenaba la verga de sangre, levantándose involuntariamente y sentí mucha pena.</p>
<p>En eso entró la Estela con un canasto de ropa para guardar en la cómoda pero después volteó la cabeza, nos vió y le gritó:</p>
<p>Estela: &#8211; hey, ¿qué haces? déjalo en paz -</p>
<p>Zenaida: &#8211; ay ¿qué tiene?, pa&#8217; que vaya sabiendo -</p>
<p>Estela: &#8211; ya ándale dejalo en paz &#8211; le dijo mientras se reía. Yo no comprendía pero me gustaba la sensación de que la Estela me defendía.</p>
<p>Zenaida: &#8211; pues yo creo que sí le gusta&#8230; &#8211; y le señaló a la Estela mi pequeña e incipiente erección. Las dos se rieron.</p>
<p>Zenaida: &#8211; cómo me gustaría que ya estuvieras grandecito, estás bien bonito&#8230; &#8211; me decía a mí, y me dió un beso en la mejilla.</p>
<p>Eso fue todo. Después de eso, la Estela me agarró de la mano y me sacó del cuarto mientras la Zenaida terminaba su faena. Yo me fui a jugar y ya no pensé mucho en eso.</p>
<p>Esa no fue la única vez. No estoy seguro de cuántas veces pasó pero yo creo que por lo menos unas 3. La situación era la misma; la Zenaida masturbándose delante de mí mientras yo trataba de descifrar qué demonios era lo que hacía y sobretodo, qué demonios era esa raja roja con pelos; pero jamás pregunté nada, me llegaba la timidez y no me atrevía a hacer nada, solo observaba.</p>
<p>Después de eso, el voyeurismo se convirtió en mi nueva actividad recreativa. La Estela usaba siempre vestidos, de esos de falda ancha, con mucho vuelo y yo me daba vuelo. No perdía oportunidad, en cuanto la veía ocupada haciendo algo me acostaba en el piso, me metía debajo de su vestido y me disponía a verle los calzones o lo que pudiera de su puchita hasta que se movía de lugar. Lo más chistoso es que ella me veía y solamente se reía, pero nunca me dijo nada ni intentó que no la viera.</p>
<p>La verdad sí quería mucho a la Estela, quizá tanto como a mi mamá; todas las noches me dormía con cariñitos en la espalda y el pecho, los domingos nos hacía crepas temprano en la mañana, y siempre tenía una mamila con limonada lista en la mañana para mi hermano.</p>
<p>Un día, antes de que naciera mi segundo hermano, mi mamá nos avisó que la Estela se iba a casar, y que se iba a ir. Yo al principio no comprendía por qué tenía que irse pero mi mamá me explicó que se iba a casar y que iba a tener sus propios hijos y que los tenía que cuidar. Eso no me gustó mucho, por primera vez sentí celos, sobretodo de su novio; pero tampoco hice mucho drama, se despidió y tan tán.</p>
<p>Fue a vernos varias veces pero ya nunca fue igual entre los dos, me daba gusto verla pero sentía un poco de desconfianza acercarme a ella, o pena, no lo se.</p>
<p>La última vez que la ví fue a recogernos a mi hermano y a mí para ir al cine. Creo que vimos los Aristogatos un domingo temprano por la tarde. Me la pasé bien pero ni siquiera cruzamos palabra creo. Yo tendría no más de 10 años y ya teníamos otra niñera; aunque para Hulk, mi hermano menor. Me enteré de cuando tuvo hijos, eso sí recuerdo. Nunca más volví a saber de ella.</p>
<p>Mis papás siempre fueron muy abiertos con nosotros en cuanto a su cuerpo, recuerdo bien que mi papá se metía a bañar con nosotros y a mí me llamaba mucho la atención su verga también porque la veía muy diferente a la mía: se veía enorme, oscura y con pelos. Todo un dilema para un niño de 5 años (quizá menos). Mi mamá también se metía a bañar con nosotros en ocasiones aunque nunca me llamó mucho la atención su cuerpo hasta que conocí la pucha de la Zenaida, sobretodo en una ocasión.</p>
<p>Normalmente yo me bañaba solo o con mi hermano y al salir de la regadera llegaba mi papá o mi mamá para secarnos, envolvernos en la toalla y llevarnos al cuarto. En esa ocasión me bañé solo y al salir le grité a mi mamá para que viniera a secarme. Lo hizo y me envolvió en la toalla mientras yo me quedé agachado en el tapete del baño frente a la taza; entonces mi mamá se levantó el vestido, se sacó los calzones y se sentó en la taza; yo me fijé en su panocha. Lo que me impresionó fue que se quitó una toalla con sangre, eso sí que me sacó de onda pues ahora sí que no entendía nada de nada y mil preguntas se agolparon en mi cerebro, ¿mi mamá hace pipí roja? ¿está enferma o herida? ¿por eso la Zenaida tenía roja la vulva?</p>
<p>Después de que la Estela se fue, no volví a ver a la Zenaida. Lo último que supe de ella es que estando todavía chica, menor de 18 creo, se fugó con su novio. Quién sabe dónde habrá quedado, su puchita es de los recuerdos más memorables que tengo de la infancia.</p>
<p>Mucho tiempo pasaría antes de conocer mi propio esperma. Muchas fantasías y aventuras que habría de experimentar para lograr entender lo que había visto. De hecho creo que nunca relacioné lo sucedido con la Zenaida con el sexo cuando finalmente pude comprenderlo. No se, es difícil explicarlo. Ya en la adolescencia por supuesto que sabía lo relacionado a los órganos sexuales y al sexo pero como eso sucedió antes de que yo tuviera ese conocimiento pues nunca lo relacioné y lo enterré en el baúl de los recuerdos.</p>
<p>Van a decir ustedes ¿cómo es posible que olvides algo así? Pues sinceramente no lo se. Como que era un recuerdo que estaba ahí, archivado mas no clasificado y realmente nunca tuve que recurrir a ese recuerdo después de mi infancia por lo que se quedó bien guardado y nunca en la superficie. Pero ahí estaba, nunca lo bloqueé ni nada de eso.</p>
<p>Muchos años después, cuando ya había perdido mi virginidad, estaba platicando con una amiga de pendejadas y entramos en el terreno del sexo. Ambos teníamos 18 años y ella me confesó que nunca había tenido un orgasmo. Yo en mi faceta de Freud le pregunté si nunca le sucedió algo extraño cuando era niña, pues no se por qué pensé que podía ayudar a saber por qué no lograba venirse.</p>
<p>Ella me comentó que no, que para nada. Que lo más extraño que le había sucedido fue una vez que sorprendió a su hermano mayor chaqueteándosela. Nada más.</p>
<p>Y en ese momento yo me transporté a mi infancia. Recordé a la Zenaida abierta de piernas, con su panocha oscura, de pelos ensortijados. &#8211; Éso era&#8230; &#8211; pensé para mí. Se estaba masturbando y nunca lo supe.</p>
<p>A mis 18 calenturientos años lo único que se me ocurrió pensar fue: &#8211; Chále! Otra que me pude haber cogido&#8230; -</p>
<p>Ahí se ven perros.</p>
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