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	<title>No le cuentes a mi padre &#187; Miss Huntington</title>
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	<description>(ni a mi esposa)</description>
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		<title>Como veo doy</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jun 2010 02:59:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miss Huntington</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>

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		<description><![CDATA[La relación sentimental perfecta es aquella que responde con exactitud a la fórmula COMO VEO DOY. En el momento que uno empieza a dar más que el otro, puede considerarse completamente jodido.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La relación sentimental perfecta es aquella que responde con exactitud a la fórmula COMO VEO DOY. En el momento que uno empieza a dar más que el otro, puede considerarse completamente jodido. Sólo en el equilibrio, es posible encontrar la perfección.</p>
<p>Por eso, la relación perfecta tiene que ser entre dos que pueden dar y recibir exactamente lo mismo. Si tomamos esto al pie de la letra, sólo la pareja homosexual puede ser perfecta. Pero creo que nos hemos curado ya de absolutismos y payasadas, le digo a ella, mientras me mira con cara de “estás pachequeando otra vez”.</p>
<p>Tengo ganas de algo dulce, me dice. Le sonrío. Con ella he tenido que aprender a entender de más de una forma lo que dice. Quiero algo dulce puede significar en un plano sencillo para cualquier mortal, que quiere una nieve, un flan, una dona, un algodón de azúcar. Pero ella puede llevarlo todo más allá. Quiero algo dulce también puede ser una forma de pedirme que la trate bien, que tengamos algo bonito.</p>
<p>Cuando no sé cuál de los dos significados es el más probable, entonces trato de satisfacer los dos, así que le<br />
digo que vayamos por un helado, mientras la abrazo frente a todo el mundo y le digo lo feliz que soy porque está ahí, conmigo.</p>
<p>Subimos a las bicicletas con rumbo a la heladería, un trayecto corto en un lugar pequeño. Sobre nosotras, la<br />
tarde nublada, entre nosotras, sólo el aire húmedo y frío. Una de mis manos suelta el manubrio y busca la<br />
suya. Nos tomamos de las manos, ella nerviosa porque se siente insegura, su mano izquierda es la que dirige la bicicleta. Además, es especialista en perder el control, en la melancolía del naufragio.</p>
<p>Avanzamos un rato así, en paralelo, y lamentablemente soy yo quien tiene que soltarse primero, para maniobrar. En una mente tan minuciosa como la de ella, un gesto así podía desencadenar tragedias… la creo capaz de exigir una doble caída estrepitosa con tal de no soltarnos. Casi la puedo ver limpiándome los raspones, muy divertida y haciéndome sufrir un poco. Me ve titubear, se ríe, su pelo azul es oleaje con la velocidad del viento. Trago entonces saliva mezclada con la certeza de que voy perdiendo.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN4568.JPG"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1013" title="DSCN4568" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/DSCN4568-300x225.jpg" alt="DSCN4568" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Sabes que pierdes cuando contemplarla limpiar las manchas de helado en la chaqueta, te parece mágico.  Sabes que pierdes, pero no lo puedes asegurar, porque igual ella se queda absorta mirándote asegurar un bote de helado y un paquete de galletas en la canastilla de la bicicleta, encogiendo los hombros, en un gesto inútil por contener la llovizna que ahora cae. Es preciso regresar.</p>
<p>¿Te dormirás temprano? Pregunta. Es posible, le digo. Aunque tengo que trabajar un poco, ¿quieres venir<br />
conmigo? Se queda pensativa, posiblemente tenga que correr un poco por la mañana para llegar a la escuela.  Siento en ese momento que hay equilibrio, que aspirar a la perfección no es una locura inalcanzable. La tomo de la cintura y beso sus labios cálidos. No sé si se han dado cuenta pero sigue cayendo la llovizna y no nos importa, a nadie le importa.</p>
<p>Voy contigo. Dice muy resuelta. Su llegada a mi casa es siempre, un estira y afloja con los espacios. Mientras<br />
escribo, ella deambula en la casa, vigila que las plantas tengan agua, que los estantes no tengan polvo, se sienta en la orilla de la cama, dándome la espalda y se depila las cejas.</p>
<p>Ojea los libros que tengo en el buró, se pone mis zapatos, prepara un par de sándwiches a modo de cena. Hablamos de cualquier cosa, chismes locales, estrellas de rock, sus compañeros de la escuela, mi trabajo, mi madre, mis ganas de cambiar tantas cosas.</p>
<p>Apago la laptop y me siento en la cama junto a ella. Recarga su cabeza en mi brazo y dice categóricamente<br />
que esta noche sólo le apetece dormir y que la abrace. (Quiero algo dulce, hace eco en mi memoria). Me levanto a lavarme los dientes y me pongo la pijama. De regreso, la veo quitándose el sostén y comparando en el espejo su figura. Que tenga un cepillo de dientes y pijama en mi casa, me hace pensar en que ella pierde. Que mis ojos se queden pegados en su desnudez me hace pensar que ella gana.</p>
<p>Es una eterna lucha de poderes.</p>
<p>Se acuesta frente a mí y todavía, conversamos largo rato: sus miedos de salir de la escuela, las ideas que no sabe cómo transformar en cosas tangibles&#8230; ahora su voz es casi un susurro, a pesar de que no hay nadie que pudiera escucharla. No me doy cuenta desde cuando, pero estamos tomadas de la mano, me da las buenas noches y un beso que podría sugerir otros rituales ya ensayados. Nuestras frentes casi se tocan, me pasa el brazo por la cintura, su respiración me hipnotiza.</p>
<p>Recuerdo ahora aquella canción “Voy a perder la cabeza por tu amor”. Y con un delgado hilo de conciencia alcanzo a pensar que también hay equilibrio si ambas perdemos.</p>
<p>Foto: Rox</p>
<hr />
<p><small>© Miss Huntington for <a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com">No le cuentes a mi padre</a>, 2010. |
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		<title>Señores que se van a las cuatro de la mañana</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jun 2010 16:43:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miss Huntington</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>

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		<description><![CDATA[No creo en esas ideas románticas de “que somos uno mismo”. Ni siquiera en el momento en que me penetras. No. Somos dos individuos que se regalan un poco de intimidad y placer. Felicidad efímera, si me permites el pleonasmo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los minutos pasan como queriendo aflojar los tornillos que mantienen en su lugar a la  consciencia. La noche calurosa hace rodar por mi cuerpo gotas de sudor. Es un mucho de bochorno y un más de somnolencia. Un aire tibio entra por la ventana y el ruido de la calle, insolente. Resisto porque quiero verte dormir. Pero también, es la marca en la espalda, la que no deja que esté totalmente tranquila. Son tus dedos marcados. No recuerdo en qué momento me sujetaste tan fuerte, así como para tanto.</p>
<p>Debo confesar que lo último fue un exceso. Sobre todo porque yo no soy masoquista. No me gusta el dolor, no lo disfruto, no sé cómo convertirlo en placer. Sólo sé que es intenso y que lo intenso me gusta, pero hasta ahí. Me gustan las sensaciones intensas, como meterte de buenas a primeras bajo el chorro frío de la regadera y sentir que te brinca el alma.</p>
<p>Recorro mentalmente la sesión. Besos suaves, buscando a discreción cada milímetro en los labios del otro, el abrazo de las lenguas.  Me gusta absorber tu aliento. Me gusta que vas lento,  aunque sea de madrugada, y haga calor y pesen los ojos de sueño. Aunque, de hecho, no es necesario abrir los ojos.</p>
<p>Me gusta que te acuerdes de lo que te he dicho que me gusta. Que cada movimiento sea preciso, como ensayado. Es muy curioso que lleguemos hasta aquí, casi sin conocernos, pero sí sabiendo mover los hilos y con la conciencia plena de que hay conexiones precisas: la medida de las circunstancias.</p>
<p>Eres un pronombre que se escribió solo. Eres un adjetivo que cayó como anillo al dedo. Eres un verbo que taladra. Eres una historia con fe de erratas que nunca saldrán a la luz. Eres una zona de confort itinerante.</p>
<p>No creo en esas ideas románticas de “que somos uno mismo”. Ni siquiera en el momento en que me penetras. No. Somos dos individuos que se regalan un poco de intimidad y placer. Felicidad efímera, si me permites el pleonasmo.</p>
<p>Eres el necio que se despierta a las cuatro de la mañana, e insiste en arañar la noche buscando su propia cama.</p>
<p>Yo, ferviente creyente del “aquí y ahora”, no me incomodo en nada al ver que te vas. Ya te he regalado lo mejor que tengo.</p>
<p>Buenos días.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/hombresque.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1000" title="Señores que..." src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/06/hombresque-200x300.jpg" alt="Señores que..." width="200" height="300" /></a><br />
foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/marcs-album/4497787415/">Marcusjroberts</a></p>
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		<title>Dos saltos a la fama</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Feb 2010 19:27:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miss Huntington</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Transexual]]></category>
		<category><![CDATA[twitter]]></category>

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		<description><![CDATA[Dos saltos a la fama.
El primero. Tendría no más de 20 años cuando aparecí bajo el reflector por primera vez. Mi atuendo en esa ocasión era sencillamente exquisito: vestido blanco de seda que caía suavemente sobre mis senos y torneaba mis caderas y muslos, zapatos altos y una cadenciosa boa de plumas. Estoy convencida de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dos saltos a la fama.</p>
<p>El primero. Tendría no más de 20 años cuando aparecí bajo el reflector por primera vez. Mi atuendo en esa ocasión era sencillamente exquisito: vestido blanco de seda que caía suavemente sobre mis senos y torneaba mis caderas y muslos, zapatos altos y una cadenciosa boa de plumas. Estoy convencida de que las plumas eran una exageración, pues mi rostro quedaba suficientemente bien enmarcado por mi barba. Sí, mi barba que era la causante de toda esa situación.</p>
<p>A nadie le importó entonces mi curvilínea figura, la frescura de mi piel, la negrura de mi pelo, el aroma entre mis muslos. Vaya, tenía una horripilante barba y una nula posibilidad de que un hombre me pretendiera. Era el principio de los ochentas y nos arrastrábamos de feria en feria, de pueblo en pueblo, con los últimos fragmentos de una insana costumbre que irremediablemente tenía que morir. Los circos de fenómenos ya no eran bienvenidos en una sociedad que había llegado a tal punto de civilización, que hacían colectas anuales para que esos fenómenos tuvieran un lugar en donde sentirse más cerca de la normalidad, aunque muchos de ellos terminaran invariablemente siendo parte de un circo.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/circus.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-745" title="circus" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/02/circus-300x300.jpg" alt="circus" width="300" height="300" /></a></p>
<p>El que pensé sería mi segundo salto, terminó en tragedia. Todo comenzó con la muerte de mi padre, cosa que no representaba una tragedia en lo más mínimo,  pero sí desencadenó mi liberación del circo y con ello pude, al fin, deshacerme de la barba. Depilación con cera, cremas para inhibir el vello y un continuo sufrimiento fueron las herramientas, en esos tiempos la depilación con laser era una fantasía. Una vez que mi apariencia fue la de una mujer normal, se dio la consecuencia lógica: me deshice de todo pudor y rastro de conciencia. Perdida como estaba en un ambiente que no conocía, tuve que echar mano de lo único que me pertenecía: mi cuerpo.</p>
<p>Ahí sí, tengo algo que agradecer al circo, pues fue dentro de él donde aprendí qué era lo que realmente vendía en este mundo de porquería: el sexo, sobre todo cuando se tienen dos. No era mi caso, pues tristemente, yo no pasaba de ser la repugnante mujer barbuda, quien había sido “bendecida” con ese don era, la mujer que había de convertirse en mi primer amor.</p>
<p>Kalesha, había sido siempre la estrella del circo, pero pocos sabían por qué. Las funciones de ella eran a puerta cerrada, con un selecto público dispuesto en dos círculos alrededor de una pequeña pasarela con un diván de terciopelo rojo. Cada noche aparecía ahí la bella Kalesha, caminaba sensualmente por la pasarela ataviada con una bata oriental y sonreía de un modo electrizante. Se sentaba en el diván y mostraba sus torneadas piernas, sus blancos hombros. Todos los ojos se posaban en ella de una forma que siempre envidié. Muy pronto, la bata resbalaba por su piel y mostraba sus pequeños senos y su turgente miembro.</p>
<p>Había dos ayudantes, hombre y mujer quienes aparecían completamente desnudos a excepción de las capuchas que ocultaban su identidad. Su función era representar con ella, las múltiples posibilidades del amor carnal. Su rutina favorita, porque creo que realmente la disfrutaban, era cuando el hombre penetraba a Kalesha desde atrás y así permanecían representando una pareja como cualquier otra,  después la mujer se deslizaba debajo de ella y recibía la verga de Kalesha. En este punto, el público presente guardaba un sepulcral silencio, no era raro ver algunos que abandonaban la carpa, atormentados, quizá, por las imágenes vistas. Al final del acto, el hombre se retiraba y dejaba a ambas chicas sumidas en un fuerte abrazo, ellas continuaban unidas, hasta llegar al orgasmo.</p>
<p>En mis sueños, yo era aquella mujer y era poseída por Kalesha, podía sentir el roce de  sus senos en el abrazo y despertaba con la mano en el sexo y el pelo y la barba completamente alborotados.</p>
<p>El dueño del circo, era el único que podía visitar a Kalesha, no era extraño verlo salir de su tienda por las mañanas. Poco a poco, yo logré acercarme a ella, la devoción que sentía era mucho más poderosa que cualquier advertencia. Los días en que el dueño del circo se quedaba dormido abrazado a una botella de whiskey, era ella la que se deslizaba a mi tienda. Sin temor a ser sorprendidas dábamos rienda suelta a la imaginación que despertaba en mí al contemplar su espectáculo. Ella me amó, sin que le importara es atributo masculino que manchaba mi rostro, posiblemente, por que su cuerpo también era un evidente ejemplo de dualidad.</p>
<p>La muerte de mi padre rompió con todo aquello que me ataba al circo.  Una noche, habiendo nulificado al dueño del circo, montaba a Kalesha mientras ella sujetaba fuertemente mi barba, entre jadeos y un absoluto frenesí, me acercaba ansiosamente al orgasmo. Miré a Kalesha y sus ojos se llenaron de miedo, sentí una mano jalando mi cabellera y caí al suelo. Lo siguiente que escuché fue un golpe seco, vi a mi padre en el suelo junto a mí, su lampiño rostro estaba totalmente contraído. “Eres igual de puta que tu madre”, fue lo último que me dijo.  Como consecuencia lógica, ese escándalo provocó mi expulsión del circo y que no volviera a ver a quien pensé sería el amor de mi vida.</p>
<p>Pero volvamos a mi verdadera tragedia. Había aprendido muy bien sobre el magnífico placer que se brinda a través de los ojos y así, muy pronto conseguí resguardo en un elegante burdel.  Pocas chicas se percataron de mis extraños hábitos depilatorios pues además de un rostro impecable, lucí siempre un pubis infantil, cualidad que no muchas mujeres ostentaban.</p>
<p>En aquellos días, frecuentaba el burdel un fotógrafo famoso que contaba con la admiración de muchas chicas, quienes ilusamente pensaban que las podría catapultar a la fama. Una de esas ilusas era yo y no sólo lo admiraba, terminé perdidamente enamorada.</p>
<p>Él tenía predilección por mí, y no se cansaba de alabar mi cuerpo y acariciar mi sexo desnudo, me hablaba de todas las posibles sesiones fotográficas, videoclips y películas en las que yo podría aparecer. En aquel entonces, una marca de pantimedias buscaba a la chica que sería su nueva imagen. Tomó algunas fotos de mis piernas, otras de cuerpo completo y las envió. Mis fotos fueron elegidas y me sentí casi tocando la fama y la gloria. Pero ese momento nunca llegó. El día anterior a mi audición hubo un zafarrancho en el burdel y terminamos, como siempre, las pobres putas en el bote.</p>
<p>El segundo salto, el bueno, fue además, un salto tecnológico. Entré “por la puerta grande” a la virtualidad. La modernidad inunda todos los ámbitos posibles, y así, muy pronto nos vimos todas las putas, concertando citas por email, y algunas incluso, dando servicio por webcam. En Internet, se pueden encontrar nichos perfectamente definidos, no me costó mucho hacerme de una buena clientela que apreciara además de un cuerpo bien conservado y un pubis naturalmente peludo, una tupida barba. Así que decidí no ocultarla más. Si les interesan mis servicios o conocer detalles de mis encuentros,  pueden seguirme en Twitter, mi nick es @Barbarella.</p>
<p>Barbarella.</p>
<hr />
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		<title>Ojo por ojo</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 23:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miss Huntington</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Mordidas]]></category>

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		<description><![CDATA[La mordida en la nuca.  Impulso animalístico que estimula las terminales nerviosas. La dominación que nos erotiza tremendamente y que conserva en sana proporción, el buscado equilibrio.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La mordida en la nuca. Es el punto al que quiero llegar siempre de forma totalmente consciente. Para eso, normalmente tienen que pasar de cuatro a ocho semanas. Luego de una película, un paseo o alguna sesión de juego de mesa en que la velada se adereza con un par de horas charlando sobre filosofía, política, libros, el trabajo, experiencias estéticas varias, formas de ver la vida, clarificación de conceptos básicos para comprender el existencialismo en el que se sumen nuestras vidas cuando no estamos apareándonos sin la intención de procrear. Y antes del final feliz, luego del cual nos abrazamos hasta dormirnos, hay un mínimo de una hora, leyó usted bien, UN MÌNIMO DE UNA HORA entre caricias, besos, toqueteos, frotamientos, juegos en que uno domina al otro y viceversa, se desviste y se medio viste de nuevo… y es entonces el momento de la mordida en la nuca, que es cuando pierdo todo sentido de voluntad y control.</p>
<p>En ese instante, él podría hacer que pusiera todas mis propiedades a su nombre, cederle mis cuentas en Suiza y entregarle la combinación de la caja fuerte con todas mis joyas.  Por supuesto lo más valioso que tengo son mis libros y mi música y sí con todo gusto los compartiría con él.</p>
<p>Pero estábamos en lo del juego de seducción que invariablemente termina con una escena en la que nos aparearnos sin tregua y, repito, sin la menor intención de procrear. Eso suena monótono y sí, es siempre un riesgo. Pero, gracias a Sade, hay tres ingredientes “mágicos”: perversidad, creatividad y observación.</p>
<p>Perdón por hablar de cosas que no les interesan, estábamos en la mordida en la nuca.  Dicho impulso animalístico, en nuestro caso, tiene un triple plus, el estímulo a las terminales nerviosas, el sentido explícito de dominación que nos erotiza tremendamente y el que nos gusten los felinos, a él los grandes ya mí los chiquitos, lo cual conserva la sana proporción, el buscado equilibrio.</p>
<p>Lo sé, para muchos de ustedes la mordida en la nuca puede ser cosa de todas las cogidas, pero para mí tiene un sentido muy romántico: la primera ocasión en que me mordió de esa forma, había logrado una de esas situaciones límite en la que si me soplaba en las pestañas, me estremecía de placer.  Y entonces cuando llegó la mordida, técnicamente, el orgasmo se trasladó a la nuca.</p>
<p>No sé si le arañé el brazo izquierdo con el que me tenía inmovilizada contra la cama, pero seguro sí moví el piecito derecho al más puro estilo del conejo Tambor.<br />
<a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/leones.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-461" title="Love Bite" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/leones-199x300.jpg" alt="Love Bite" width="199" height="300" /></a></p>
<p>Cuando un amante hace algo así por ti, lo primero en lo que piensas es en la venganza.</p>
<p>Y mientras continuábamos con la segunda caída, procuré acercarlo al punto de no retorno, queriendo y no, porque ese preámbulo siempre es placentero, pero también quería hacerlo desfallecer, que le temblaran hasta las uñas.</p>
<p>Así que invertimos los papeles -yo arriba, él abajo- mientras besaba su pecho y estimulaba sus pezones, mi cadera coqueteaba con la suya. Él se dejaba hacer, cerrando los ojos. Con besos intermitentes bajé por su costado y mordí suavemente su cadera, subí rozándolo con la nariz y dejando un poco de la humedad de mis labios en su piel. Me detuve a la altura de su axila y me encargué de que me observara detenidamente mientras inhalaba el olor de su sudor. Creo que hubo una sonrisa cómplice. Y digo creo porque al inhalar era yo la que tenía los ojos cerrados. Besé su boca y subí lentamente hasta besar su frente, metió su rostro en el espacio entre mis senos y entonces,  con mis brazos sobre sus hombros, aprisioné su cabeza, bajé la mirada y me encontré con sus ojos cerrados.  Fue muy claro. Esa era la oportunidad que estaba buscando y me lancé con la mejor de mis armas. Toqué con la lengua suavemente y de un lado a otro su párpado izquierdo y al siguiente segundo di dos lengüetazos rápidos en el párpado derecho.</p>
<p>Sus manos, que hasta segundos antes se posaban suavemente en mi cadera,  me sujetaron con fuerza  y respiró violentamente.</p>
<p>Siguió el final feliz por todos conocido. Me sorprendí gratamente por la avidez con la que tomaba posesión de su lugar en el interior de mi cuerpo, luego de que llegara mi orgasmo y de los segundos en que se detiene para verme disfrutarlo, nos ocupamos del suyo, que llegó entre jadeos que rayaban el espectro sonoro de los gruñidos.</p>
<p>Mientras disfruto nuevamente de la experiencia al escribir esto, recuerdo las palabras de una amiga, “resulta que Cosmo y Veintitantos son como los nuevos instructivos para el sexo.” En definitiva yo creo que no hay nada como leer a los clasicos, y en especial a Bataille.  Si bien es cierto que muchas de esas lecturas relatan trasgresiones a las que legalmente no podemos llegar,  son puntos de referencia obligados en el esquema erótico  único de nuestra especie. No digo que aquellas otras lecturas sean despreciables o prescindibles, es que simplemente se basan en lo técnicamente efectivo, cómo una fórmula, y pasan de lo común a lo sórdido, sin hacer el necesario énfasis en que lo importante, son los detalles que hacen volar la imaginación.</p>
<p>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/arnolouise/358439737/" target="_blank">Arnolouise</a></p>
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		<title>Las ensoñaciones y el uso recomendado para los sillones rojos</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 15:34:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miss Huntington</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando el color, la textura y los sabores despiertan los bajos instintos...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para la gran mayoría, las primeras experiencias románticas-eróticas, se han dado a través de la imaginación. En los límites entre infancia y adolescencia, se echa mano de los clichés y estereotipos de las películas y las novelas que escriben solteronas tal vez cogidas. Pero luego, conforme las experiencias reales suceden, la materia prima se compone de recuerdos y fantasías con protagonista específico.</p>
<p>Hay algo que debo confesarles, para eso de las ensoñaciones subidas de tono, tengo piloto automático y éste se activa instantáneamente en los lugares menos pensados. Por ejemplo, cuando por razones ajenas a mi voluntad, me veo obligada a entrar a una iglesia o realizar alguna actividad relacionada con la religión. O cuando hay una enorme fila en el banco, o cuando hay reuniones de staff.</p>
<p>Sí me ven en una de esas ocasiones, no crean que estoy en un profundo trance producto de una experiencia mística. No. Estoy intentando camuflar los gemidos como un resfriado. Y es que en las ensoñaciones, uno debe hacer uso del mejor material que tenga y dejar que el cuerpo entre en calor y se sincronice con la mente. Cuando se logra buena concentración, se pueden evocar texturas y sabores específicos, y si todo queda bonito, se puede, por qué no, hasta ponerle dedicatoria.</p>
<p>Mis ensoñaciones comienzan con el susodicho platicando en la calle tranquilamente o ya metiéndonos mano por debajo de la mesa, y por  supuesto todas tienen fondo musical, unas veces relajante y otras bien heavy según el gusto y la ocasión. Muchas terminan en el sillón rojo de un depa conocido, no por ustedes, güeyes, que no sabrían como combinar un sillón rojo; ni por ustedes, bola de apuntadas, que quisieran ver de a cómo les toca. El sillón rojo está en el depa de aquél que ocupa el Penthouse de mis bajos instintos, por contradictorio que parezca. Y lo considero como una gran adquisición que ha revolucionado mi imaginario erótico que por culpa de Fred Astaire y Sinatra, antes era en blanco y negro.</p>
<p>Pero el protagonismo de este güey y su sillón, tiene un trasfondo muy sucio o en todo caso, obedece a una razón práctica. A él le gustan las cosas con calma, y en la chaqueta, trato de ser fiel a la realidad. Él empieza con caricias inocentes, susurros, arrumacos y poco a poco le sube a la intensidad, aplica manos y lengua, se pone rudo y hasta proyecta las tardes que se entretuvo viendo Animal Planet con el rifle en la mano. Tiempo suficiente para que uno pase sin ver la misa o el rosario completito con todo y letanía o aparezca en la pantallita del banco el número de su ticket.</p>
<p>Ahora, hago especial énfasis en el sillón rojo, porque como ese cabrón sabe, los sillones rojos se hicieron para coger. Así que, si usted caballero, sigue siendo un nerd virgen con granos en la cara, cómprese un sillón rojo y verá que casi hace la chamba solito. No hay mujer que se resista a un sillón rojo y las que hay, son daltónicas.</p>
<p>Yo me imagino, que para otras personas, las ensoñaciones pueden tener un papel similar, por eso, si algún día ven distraído al compañero de trabajo, encuentran ensimismada a la ñora de la taquilla del metro, o ven a la abuelita con el tejido en el regazo y la mirada perdida en lontananza, por favor, por su mamacita santa, no molesten.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/sillon-rojo.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-382" title="sillon rojo" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/sillon-rojo-300x214.jpg" alt="sillon rojo" width="300" height="214" /></a><strong></strong></p>
<p><strong>Foto: <a style="color: #0063dc; text-decoration: underline;" title="Enlaza con la galería de Łukasz Strachanowski" rel="dc:creator cc:attributionURL" href="http://www.flickr.com/photos/myvector/">Łukasz Strachanowski</a></strong></p>
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		<title>Para atravesarnos</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 23:48:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miss Huntington</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>

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		<description><![CDATA[El encanto de una noche, desaparece ante la formalidad de un nuevo día.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Te vi de reojo y fue un rápido veredicto de “extraño con buen lejos”. Pero avanzaste y te sentaste en mi mesa con la confianza de ser a quién estábamos esperando. Cuando nos presentaban, sonreía mientras pensaba, quiero a este hombre en mi cama. Algo así como &#8220;lujuria a primera vista”. Pagaste la cuenta y salimos del restaurante y nos fuimos a una cantina, te sentaste junto a mí. Ponías canciones en la rockola y me mirabas, y me mirabas, y yo no sé cómo, hablaba contigo con mucha soltura, como si la entrepierna no me estuviera gritando que te atrapara. Nos cambiamos de mesa y nuevamente pretendiste sentarte junto a mí, y una de nuestras acompañantes, más amigas tuyas que mías, se sentó donde ya habías puesto tu saco.</p>
<p>A las tres de la mañana caminábamos un tanto ebrios  por la calle, unos policías se acercaron a “señalarnos” que no podíamos ingerir alcohol en la vía pública, pues  llevábamos cerveza en vasos de plástico, se fueron rápido y sin aceptar tu soborno. Te ofreciste a llevarme a mi casa y nos despedimos. En el camino, nos besamos sin decir nada y obviamente, terminamos en tu casa. Jugué con tu gato en la sala mientras escondías u ordenabas no sé qué cosa en tu recámara. Lo siguiente que recuerdo es que me tumbé en tu cama mientras me quitabas la ropa con los dientes. Estaba un poco menos ebria que tú pero deseosa de que no amaneciera.</p>
<p>Tu rostro se perdía entre mis tetas, tu cadera entre mis piernas. Nos atravesamos y nos tragamos. Poco importó que fuéramos dos extraños sin nada que ofrecer. Apenas sí sabíamos nuestros nombres, pero ya conocía yo la curvatura de tus nalgas y el delicioso sabor de tu semen. Dudo que dejáramos algún centímetro cúbico sin besar, lamer, acariciar o estrujar en el cuerpo del otro.</p>
<p><a href="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/Atravesarnos.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-334" title="Atravesarnos" src="http://www.amipadre.nolecuentes.com/wp-content/uploads/2010/01/Atravesarnos-300x234.jpg" alt="Atravesarnos" width="300" height="234" /></a></p>
<p>Al día siguiente, mientras yo seguía desnuda en la cama jugando con tu gato, tú dejabas de ser ese diablo desnudo, para convertirte nuevamente en Mr. Formalidad. Paso a paso dejabas de ser el salvaje que me había seducido y cogido toda la noche y aparecía el caballero que muy temprano, cumplió su palabra dejándome en casa antes de dirigirse muy a tiempo a trabajar.</p>
<p>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/mrmingle/238300816/">Sidblunder</a></p>
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