Por que algunos sueños pueden hacerse realidad,
en la complicidad y humedad de un coche.
Dos saltos a la fama.
El primero. Tendría no más de 20 años cuando aparecí bajo el reflector por primera vez. Mi atuendo en esa ocasión era sencillamente exquisito: vestido blanco de seda que caía suavemente sobre mis senos y torneaba mis caderas y muslos, zapatos altos y una cadenciosa boa de plumas. Estoy convencida de [...]
La brecha entre clases se rompe al amanecer y bajo la influencia de las pastas…
¿En realidad existe? Hay plumas y cámaras que sostienen que sí. Usted dirá.