Los latidos del corazón a mil por hora y la mente hecha un caos por completo. Bajo instrucciones precisas fue directo al elevador y al momento de entrar en él, apretó el botón del tercer piso. Caminó por el pasillo que la llevaría a la habitación designada; el número de esa puerta bombardeaba su cabeza.
-No te vayas a equivocar – se repetía a si misma rodeándose de los demonios mas comunes ante un primer encuentro. Definitvamente, las mismas preguntas que a través de los años han rondado en el sencillo miedo de los humanos.
Al tocar la puerta esperó sólo unos segundos antes de que unos ojos cansados y de alma vieja le abrieran la puerta.
- Pasa – le dijo con una voz suave, el hombre que ya la esperaba. Adentrándose en la improvisada cueva, ella escuchaba algunas palabras y contestaba otras pero estaba tan turbada que no sabía ni lo que decía. Dejó sus cosas en donde pudo y pasó hasta el final de la habitación. Un pequeño canje de miradas y risas nerviosas fueron el rompehielo de la esperada situación. Él se fue acercando un poco e intercambiaron algunas otras frases, que para relajar, no sirvieron de mucho.
No había imaginado la situación así del todo. Cuando se dio cuenta y depués de un húmedo beso, ya estaba totalmente desnuda a disposición del amo. Esposas en las muñecas para inmovilizar, ojos vendados para la incertidumbre, collar para la perra que ahora era, mordaza para ahogar el gemido, pelo enredado y las ideas torcidas la disfrazaban de pies a cabeza. Eso era en ese momento: una perra, una puta a la merced del dueño que ya reclamaba con derecho de autoridad.
A medida que iba pasando el tiempo las indicaciones cambiaban una y otra vez; sentada con las piernas abiertas, de pie en noventa grados, las manos marcadas en las nalgas y los nervios líquidos en la piel eran la orden del día. La sumisión, el susto y la ansiedad del siguiente castigo, la tenía al borde de la demencia. Siempre excitada, siempre saltando entre sorpresas al tacto.
- ¡Mira nomás!- exclamó el hombre al meter su mano en la entrepierna y notar toda la humedad de la hembra. La acarició, la manoseó, la observó. Ella solo tenía que obedecer y no había pauta para escapar, para decir un “no quiero más”. ¿A qué hora? Si lo que menos quería ella era parar.

- ¡En cuatro, puta!– ordenó entonces el hombre – ¿quieres mamar, verdad perra? – le preguntaba con un tono burlón.
- Si, señor – respondió la sumisa. Dudosa se acercaba para intentar reconocer el sabor de la verga de su amo. Tenía como tarea aprenderlo de memoria.
Las órdenes eran fuertes y los movimientos atrevidos. Entre juguetes jamás vistos por ella, se le escapaban los gemidos, los espasmos y el placer. Tal vez el hombre no era real y era salido de algún bizarro guión de una película de corte tipo bondage; de esas extrañas tipo hentai –pensaba ella-. Tal vez todo era parte de una graciosa página pornográfica; de esas que inmediatamente tienes que cerrar por la etiqueta de enfermo que puedes adquirir si alguien te descubre el gustito. Todo se quedaba en tal vez cuando de nuevo se estremecía ante una nueva caricia o ante un nuevo ataque del hombre.
- ¡Di que eres una puta! – le ordenó su Señor.
- Soy una puta.
- ¡Más fuerte!
- Soy una puta.
- ¡Dilo más fuerte, puta!
- ¡Soy una puta, Señor!
- Asi, putita. – contestaba complacido el amo. Un poco sorprendida por lo que veía de lo que era capaz, se dejaba llevar. Quería aprovechar la oportunidad de saber bien lo que era obedecer, donde lo mas íntimo y bien mostrado se manejara a placer. Ahora ninguna parte de su cuerpo le pertenecía, todo era de él. Ni su boca, ni su vagina, tampoco su ano era suyo. Todo era regalado al hombre que la rondaba y que ahora le ordenaba ponerse en cuatro una vez más.
No habría por que entrar en más detalles después del orgasmo que le causó el amo a la sumisa dándole duro por el culo. No habría que mencionar lo que se retorcía la mujer de éxtasis cuando la tenía bien agarrada de las caderas sin dejarla escapar mientras ella se venía. Mucho menos se tienen ustedes que enterar de los interminables segundos en los que entre convulsiones se le escapaban las lágrimas de puritito placer.
Dice ella que lo último que recuerda es hacerlo terminar a él. Torpemente metió el miembro del hombre en su boca para intentar regresar un poco de lo que ella seguía sintiendo. Primera vez, primeras sensaciones. Nunca antes tan puta, tan zorra y tan sumisa. Nunca antes tan expuesta y violada.
- Hasta el fondo, perra – le dirigió por último el hombre. Atragantándose un poco con él, tomando el anhelado líquido, logró que culminara todo.
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« Literalmente rendido a tus pies…
Alcohol. »
jeje uno de mis mejores recuerdos….
Gracias por hacerme volver
que Extasis¡¡¡¡
Besitos…
Hola:
Vaya que me agrado y HARTO, recibir ese tipo de ordenes de tu Amo y Señor, debe ser eXXXcitante, yo deseo me den ese tipo de ordenes, sin que lleguen a ser exageradas, mmmmmmmmmmmmmm, que esperas Amore Mio???.
Besos Brujos*
Esitmada Mlkvn,
Esto no fue ficcion o si?, mas bien creo que tu secreto, jeje.
BB Bitchita, y ahora que dices?, se te cumplio o le falto?
Saludos.
Querido Rey Hidrogeno:
Eso fue solo el principio, hace falta HARTO para llegar a la culminacion total de lo que deseo sentir, que me ordene, que me haga sumisa,que me someta, asi que tu diras Amore Mio.
Besos Brujos*
Mui Bueno